Nueve de corazones

17ª parte

 

            En cuanto amaneció, le pidió a un mendigo que le hiciera un favor a cambio de mil dólares. Le hizo ir a un peluquero, fue con él a un Spa, donde cubrió todos los gastos de masajes, corte de pelo, baños en diferentes tipos de agua... y le hizo presentable. Le compró un traje y le dijo lo que tenía que hacer, entrar al hospital y preguntar por Brigitte. En cuanto le dijera cómo estaba, le daría los mil dólares para que se los gastara en las botellas de whisky que le apeteciera.

            Él aceptó encantado.

            Era medio día cuando le vio entrar en el hospital desde el bar en el que había quedado con él. Había leído en el periódico que estaba siendo buscado por toda la policía internacional y aparecía su vieja foto, de cuando aún era Avelino. Al parecer nadie había logrado fotografiarle con su nueva cara. Estaba a salvo, por el momento.

            El mendigo tardó más de la cuenta en salir, lo que levantó sus sospechas. No se tardaba tanto en entrar y preguntar por un paciente. Algo iba mal. Llevaba más de diez minutos y no salía. Posiblemente había contactado con la policía. Puede que hubiera una recompensa por su cabeza y esta fuera de más de mil dólares, suficiente para convencer a ese hombre.

            Se levantó y se marchó de allí. Quiso buscar un hotel pero no quería irse. Si tan solo pudiera saber cómo estaba ella…

            - Al diablo - se dijo.

            Caminó directamente al hospital y fue él mismo a preguntar a información. En su incursión buscó al mendigo con la mirada pero no lo vio por ninguna parte.

            - Perdone, soy inspector de policía - le mostró su placa falsa un par de segundos, con su habitual seguridad -. Recientemente han ingresado a una paciente y necesito saber su estado.

            La enfermera asintió y le pidió su nombre y apellido. Se los dijo, deletreando Brigitte, ya que la mujer se empeñaba en poner Bridget, y contuvo su impaciencia moviendo nerviosamente el pie y sin dejar de mirar a su alrededor por si veía algún policía.

            - Sí, ya la han subido a planta, habitación 789 - dijo -. Parece ser que ha despertado del coma y le darán el alta en cuanto verifiquen que se ha recuperado del todo.

            Al levantar la mirada, Antonio ya no estaba allí.

            Había subido a la habitación, cosa que no le resultó nada sencilla ya que no era hora de visitas. Si quería verla no podía esperar a esa hora ya que las probabilidades de encontrarse al marido aumentaban considerablemente. Como los ascensores tenían vigilancia, decidió usar las escaleras para llegar al séptimo piso.

            A medida que ascendía y el cansancio se iba haciendo mayor, su conciencia también aumentaba de peso. Había tenido un encuentro místico con el mismísimo Dios, había visto cómo le había salvado del infierno y aún así quería continuar con el adulterio. Sus piernas fueron perdiendo fuerza a medida que subía. Ya iba por la quinta planta y ya no tenía ni fuerzas anímicas para seguir. ¿Qué estaba haciendo? No podía seguir con ella... No podía forzarla a dejar a su marido. Debía verla solamente para darle el bolso y despedirse para siempre. ¿Qué vida podía ofrecerle él? Tenía mucho dinero, sí, pero nunca podría estar tranquilo, no sabía cuándo se darían cuenta de su documentación falsa y tarde o temprano le encontrarían. No podía quedarse mucho tiempo en un lugar y así no se podía formar una familia.

            Aquel último pensamiento le quitó las últimas fuerzas que le quedaban y se quedó apoyado en la pared, resoplando porque no podía subir un escalón más. Estaba en forma, pero después de las drogas que tomó la noche anterior su corazón latía débil.

            - Señor, tú sabes cuánto la amo - susurró -. ¿Por qué alguien como yo no puede llevar una vida normal?

            Su primer instinto fue marcharse y no despedirse de ella pero cuando iba a bajar por las escaleras sintió una voz en su corazón:

            «Si haces caso a tu mente, ésta te traicionará una y otra vez. Escucha siempre a tu corazón

            No supo discernir si era la voz de Jesús o la de Verónica la que había sentido, pero quería obedecer.  Su corazón hablaba claro, tenía que verla. Encaró el último tramo de escaleras y subió hasta la séptima planta. No sabía lo que se encontraría, una habitación compartida con otros pacientes, algún invitado sorpresa como el marido... Debía ir con cautela y asomarse a la habitación como un curioso. Quizás Brigitte le ayudara a entrar o quizás le ignoraría si es que no quería verlo.

            Al fin llegó a la 789, la puerta estaba abierta y era una habitación individual. Solo podía ver los pies de Brigitte y había un hombre con las manos sobre su muslo. Tenía cara de preocupación y parecía estar hablando con ella. Antonio no tuvo valor de entrar y se apoyó en la pared, junto a la puerta, sabiendo que nunca podría entrar. Era el marido y ella nunca admitiría conocerlo. Quizás debía entrar haciéndose pasar por inspector, una vez más, y entregarle el bolso como si no la conociera de nada.

            Estando tan cerca, pudo escuchar la conversación que estaban teniendo ella y su esposo.

            - Dicen que no tienes nada en la cabeza pero siguen sin saber lo que te pasa. Quieren abrirte la cabeza porque temen que se trate de algo invisible a la resonancia y que solo pueden ver en una operación. Me han pedido que firme el consentimiento pero no sé si puedo hacerlo.

            - Estoy bien, no tengo nada - replicó ella -. He soñado con Dios, ¿sabes? El me liberó de mi prisión y... cuando lo hizo desperté. Estoy segura de que no me pasará nada, tienes que convencer a los médicos de que me den el alta. ¿No puedes decirles que fue un mareo?

            - ¡No! - gritó él -. Entraste en coma, ¿no lo entiendes? Podría volver a pasarte. Por cierto, sigo sin entender qué hacías en esa habitación de hotel con ese hombre. Tuve que justificar con un documento que era tu marido porque los enfermeros creían que era otro.

            Antonio miró el bolso, asustado. Adiós a su interpretación de inspector, solo ese hombre, o sea él, podía tener su bolso. No podía marcharse sin devolvérselo, tenía todos los documentos ahí, quizás debía dejarlo en la entrada, pero alguien podría llevárselo.

            - Era mi amante - reconoció ella, sin apenas dudar y dejando a Antonio con la boca abierta.

            El marido se quedó sin habla. Antonio sintió que su corazón se detenía, no esperaba que se sincerara así.

            - Arthur, tú y yo sabemos que lo nuestro no funciona. Creo que más bien vivo con mi hermano en lugar de que con mi esposo. Nos casamos demasiado rápido, y creo que si tú tuvieras amante me alegraría por ti. No es por las discusiones, que no las soporto, es que...

            - ¿Quieres el divorcio? - Preguntó él.

            - Quiero casarme de verdad, con el amor de mi vida - replicó ella -. No ir a un juzgado y firmar dos papeles para poder quedarme en un país. Quiero casarme ante Dios y hacerlo con el hombre de mi vida.

            Antonio sintió ganas de llorar, estaba claro que se refería a él. Aunque se conocían hacía tan poco tiempo, él también sabía que ese amor no podría volver a encontrarlo nunca más. Era demasiado especial, demasiado fuerte como para resistirse a él.

            - Tienes razón - dijo Arthur -, ya lo sabía. Pero si te divorcias tan pronto, perderás tu nacionalidad. Podrían deportarte.

            - No me importa, si me tengo que ir, me iré.

            - Envidio a ese hombre - reconoció Arthur -. Pero no te voy a poner el camino fácil. Tienes algo en la cabeza, podrías estar delirando. Voy a firmar el consentimiento, puede que cuando te operen vuelvas a ser tú, te olvides de ese hombre y te quedes conmigo.

            Antonio quiso entrar pero sabía que si lo hacía podría meterse aún en más líos y necesitaba pensar bien su reacción.

            - No lo harás, eres una buena persona, no me harías eso - replicó ella, enojada.

            - Haría cualquier cosa por mantenerte a mi lado.

            - No, no lo hagas, ¡no me hagas esto! Si lo haces no te lo perdonaré nunca, ¿me oyes?

            Arthur firmó el documento y salió de la habitación a pesar de que Brigitte le llamaba, desesperada.

            Por suerte, estaba tan preocupado por llevar ese papel a su destino que no se dio cuenta de que él estaba junto a la puerta. Al salir, entró y Brigitte se quedó sin habla.

            - Tony, gracias a Dios, tienes que sacarme de aquí.

            - ¿Estás dispuesta a venir conmigo?

            - Por supuesto, volvería al infierno si me lo pidieras - dijo ella -. Pero no tengo ropa, no me dejarán salir de aquí con este camisón.

            - Bueno, Dios siempre tiene un plan - alegó él, sacando su vestido azul del bolso -. Vamos, póntelo rápido.

            Se lo dio y ella sonrió pletórica, como si hubiera hecho un truco de magia. Se levantó de la cama y se desvistió. Mientras tanto él vigiló en la puerta. Antonio no sabía cómo debía reaccionar si veía venir al marido pero tuvo la suerte de que éste no llegó antes de salir ella. Al terminar, Brigitte se cogió de su brazo y asintió.

            - Sácame de aquí, mi valiente príncipe.

            Llegaron a las escaleras sin que nadie les dijera nada, a pesar de que ella iba descalza. Salieron del hospital como una pareja enamorada y cogieron el primer taxi que encontraron indicándole que les llevara a un lugar romántico. Fue como si alguien, ahí arriba, hubiera despejado el camino para ellos. Ninguno de los dos podía adivinar que Arthur apareció al pasillo justo cuando ellos entraron en el ascensor, el mendigo salió del hospital, acompañado por cuatro agentes, justo cuando se metían en el taxi. Desde el cielo se escuchaban gritos de júbilo mientras Verónica y Pedro, con ayuda divina, ponían las piezas en el sitio adecuado para que pudieran escapar sin problemas.

            En cuanto estuvieron seguros de que nadie les seguía, se besaron y quedaron prisioneros de ese momento que habían deseado tanto. Cuando ya nadie en el mundo podría separarlos más. Luego ella se quedó apoyada sobre su hombro y él puso la mejilla sobre su cabeza. Entrelazaron los dedos de sus manos y Antonio cerró los ojos sintiendo que su corazón estaba desbordado de amor y agradecimiento a Dios. No entendía cómo era posible que en apenas en una hora su vida diera un vuelco tan grande. Sintió vértigo al recordar que hacía solo unos minutos había decidido no subir a verla y marcharse de allí por respetar su matrimonio.  Había tomado la decisión equivocada, según la moral humana, pero había escuchado a su corazón y  ahora, de la desesperación por no saber qué haría con su vida, de pensar que no podría volver a verla nunca más, habían llegado a estar juntos. No sabía los problemas que tendrían en el futuro ni de qué manera los afrontarían, pero tenía toda una fortuna para moldear su destino.

            En cuanto al chico abducido, Antonio llamó al hotel donde se hospedaba la familia y al parecer ya se habían marchado a Texas, para el entierro de Terence. Nunca más volvería a saber de ellos, no tenía modo de encontrarlos. Pero, aunque hubiera podido hacerlo, ¿qué debería haber hecho? Matar a un chico que tenía un chip en el cerebro, y que probablemente no sabía lo que hacía, no era su concepto de justicia.

 

            Compró dos pasaportes nuevos, uno para él y otro para ella, los mandó modificar para que fueran acordes con su edad y tuvieran sus fotos.

            Fueron a San Diego, donde se hospedaron cerca de la playa y pasaron unos meses allí, conociéndose más a fondo y descubriendo que cada día se amaban más. Fueron a la playa en bicicleta a diario, comieron pescado frito, recorrieron las interminables playas llenas de surfistas, vieron el zoológico, Seeworld, fueron en coche a las montañas donde alquilaron una cabaña. Pusieron un colchón de aire en la terraza e hicieron el amor a la luz de las estrellas.

            En esa ocasión Brigitte le preguntó por qué no le había contado que se dedicaba a buscar fantasmas. Él sabía que en su experiencia compartida en el infierno ella había tocado la mano de Dios y que seguramente había visto la verdad de su vida.

            - Tenía mucho miedo de que te asustaras de mí.

            - Debe ser difícil vivir todo el tiempo mintiendo a la gente.

            - Mucho, ahora ya no tengo que mentir a todos. Te tengo a ti.

            - Prométeme entonces una cosa. Nunca me mientas a mí.

            - Tuve que mentirte - admitió Antonio, recordando su primera cita.

            - Probablemente hiciste bien - reconoció ella -. Si no supiera la verdad, te habría tomado por loco y puede que hubiera creído lo mismo que los demás. Pero a partir de ahora, no más mentiras. Somos un equipo, ¿comprendes?

            Antonio volvió a admirar a esa chica, no solo por su belleza sino porque parecían hechos el uno para el otro. Nadie más podría aceptarle como era.

            - ¿Te molestaría que siguiera investigando en el futuro, si surge algún caso interesante?

            - Solo si me mantienes al margen, entonces me enfadaría. Quiero ser tu ayudante.

            Antonio se abrazó a ella y se embriagó de su calor, aún sin poder creer que fuera tan afortunado.

 

 

 

FIN

 

Esta historia es el final del libro "El asesino que escribía cartas de amor".

 

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Comentarios: 7
  • #1

    tonyjfc (martes, 07 junio 2011 09:55)

    Espero que os haya gustado. Ya sabéis, comentar vuestras impresiones y si faltan cabos por atar es el momento de decirlo. Si os interesa el libro y lo queréis comprar no lo hagáis hasta que os envíe un email afirmando que está completamente revisado (cuando me llegue mi copia).
    Y si no os habéis registrado a esta página (para que pueda escribiros) hacerlo en la página principal, abajo del todo.

    Os agradezco a todos que hayáis seguido palabra por palabra todas mis historias. Seguramente habrá continuaciones, aún falta saber qué va a ser de Sam, Verónica y Pedro no van a estarse quietos en el cielo y por supuesto, Antonio y Brigitte tendrán muchos casos más que resolver, pero puede que nunca más se encuentren todos en la misma historia. ¿O sí?

  • #2

    Mike (martes, 07 junio 2011 16:48)

    wow realmente me parecio genial, aunque esperaba que se quedaran juntos crei que les iba a ser un tanto dificil pero aun asi me satisfizo,
    gracias tony saludos

  • #3

    yenny (martes, 07 junio 2011 17:33)

    Muy bueno, aunque estoy un poco triste porque acabo T-T, me hubiera gustado que la parte en la que estan en el infierno hubiera sido un poco mas larga , pero estuvo buen.

  • #4

    x-zero (martes, 07 junio 2011 23:14)

    concuerdo con yenny, me esperaba mas en la parte del infierno, pero veo que no aun que esa parte fue aseptable, en cuanto a la historia completa exelente!
    salu2

  • #5

    Vanessa (miércoles, 08 junio 2011 00:29)

    muy buena historia :D me fascino

  • #6

    carla (jueves, 16 junio 2011 02:02)

    Increible, la mejor historia que he leido y eso es mucho decir!! Me encanto! Hubo un final feliz para todos!

  • #7

    luis daniel (viernes, 29 julio 2011 06:45)

    hola!
    pues quiero decirte que sinceramente, me encantan tus historias. de verdad, esque, son tan ffascinantes xd, que me las leo todo el tiempo!. la verdad esque sería super bueno, que se actuaran en películas. serías multimillonario! pero bueno, este es un simple comentario de un usuario de los muchos que se leen tus historias. sigue así, y aquí está tu lector fiel...

Animal es el que abandona a su mascota.

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 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

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