Nueve de corazones

8ª parte

 

            Tanta sinceridad dejó sin habla a Antonio. No solo porque parecía estar advirtiéndole que si se enamoraba de él no duraría mucho sino porque debía ser difícil haber sentido tantas veces algo bonito sabiendo que pronto desaparecería y finalmente teniendo razón. Él no tenía consejos para ella porque nunca antes se había enamorado. Nunca hasta ese día, claro.

            - Supongo que si todos pudieran ser el amor de nuestra vida - explicó -... El verdadero amor no existiría. Pienso que eres una mujer que se entrega totalmente a los hombres a los que amas pero estos no son como realmente son y cuando te das cuenta, dejas de amarles. Porque nunca fueron sinceros. El día que quieras a alguien, mostrándose tal cual son...

            - No, no creo que sea eso, aunque es buen consejo - cortó ella -. Mis primeros novios eran unos incomprendidos, no fingían ser lo que no eran. El problema es que al principio me fascinaban... bueno, no son un buen ejemplo porque uno se acostaba con todo lo que se movía y el otro me dejó cuando yo más le quería...  Creo que cuando me gustan de verdad, ellos me rechazan y cuando no, me aburren.

            - Mujer, no se puede generalizar. Cada persona es un mundo - aleccionó él, pensando que había leído eso en alguna parte.

            - Lo sé... Pero no vinimos a hablar de mí - replicó ella, con una mirada inquisitiva -. Cuéntamelo todo. Ahora no tienes excusa.

            Antonio le sostuvo la mirada. Era casi sexual y le excitó que aquellos preciosos ojos marrones le miraran con tanta intensidad. No sabía qué tenía Brigitte, pero le hacía hervir la sangre incluso sin haberla visto, a través de un Chat. En persona era mucho más seductora aún.

            - ¿Por dónde empiezo?

            - Cuéntame tu vida... lo que consideres importante.

            - Nací después de casi diez meses de embarazo...

            - Venga ya, no seas tonto - le cortó ella, dándole un manotazo en el brazo.

            - Está bien, está bien... - Antonio no pudo contener la risa -. Pasaré a la pubertad directamente. Siempre me apasionaron las historias de fantasmas y de fenómenos paranormales. Habré visto las películas de Poltergeist unas diez veces cada una. Y eso que son malas, ni siquiera se basan en hechos reales.

            - ¿Es que hay alguna película de fantasmas que sí? - preguntó ella, sorprendida.

            Antonio frunció el ceño, acababa de recibir la primera señal de que si continuaba con ese tema ella se asustaría mucho.

            - Pues sí, alguna hay - reconoció, sonriente.

            - ¿Cuál? - preguntó Brigitte -. Me gustaría verla.

            - A ver, déjame pensar...

            Qué buena pregunta le había hecho. Precisamente el cine no se podía enorgullecer de contar historias reales ni siquiera de las que versaban de un personaje real. ¿Qué película de fantasmas estaba basada en hechos reales? "Ghost" era un pastelazo creado para hacer llorar. "Ojala fuera cierto" era una historia preciosa pero ni siquiera había un fantasma de verdad... De los "Cazafantasmas" no podía hablar sin que ella se carcajeara de él y "Atrápame esos fantasmas" era de risa."Los otros" era la que más se acercaba a la realidad, pero no era una historia real, "El ojo" era de miedo y pintaba a los fantasmas como payasos macabros que en lugar de risa daban miedo, "La maldición" era más o menos lo mismo... Había varias películas de exorcismos basadas en hechos reales y tenía el vago recuerdo de una en la que una familia se iba a vivir a una casa donde pasaban cosas muy extrañas y resultaba que era una antigua funeraria. Sin embargo eran datos demasiado específicos y prefirió no mencionarlos para evitar que pensara que estaba demasiado informado sobre el tema.

            - La verdad, no creo que haya ninguna - reconoció finalmente, consciente de que le mentía por primera vez -. No sé por qué te he dicho lo de las películas.

            - ¿Tú sí crees en ellos? - preguntó Brigitte, como si fuera algo trivial.

            - No - respondió dudando -. Para creer en algo hace falta no haberlo visto, ni haber tenido experiencias personales. En cambio yo he visto cosas... soy testigo directo. Verlos u oírlos depende de la capacidad de cada uno. Solo te puedo decir que si me pides pruebas no te las puedo dar, pero pueden comunicarse con los vivos desde los sueños.

            - Bueno, yo pienso que hay algo después de la muerte, pero no sé qué es.

            - No quiero aburrirte con mis teorías metafísicas - añadió Antonio -. Estaba contándote mi vida.

            - Perdona, perdona - se disculpó ella -. Continúa.

            - A parte de ser un aficionado de los fantasmas, no tenía muchos amigos. Nadie me tomaba en serio, las cosas de este mundo me fastidiaban. Eran aburridas y muy poca gente soportaba mis salidas de tono, especialmente mis padres, que parecían hartos de tenerme en casa. Apenas hablábamos, si no era para pedirles mi paga y para comer y cenar. Encima esperaban que fuera un buen estudiante y estaban muy decepcionados de que solo pudiera estudiar una carrera como la de biología. Me veían en casa hasta los ochenta años y creo que por eso me odiaban. Éramos como extraños.

            Brigitte sonrió y negó con la cabeza. Parecía sorprendida.

            - Pensé que tus padres serían millonarios - intervino.

            - ¿Qué? Me daban diez cochinos euros a la semana y encima se quejaban de que a duras penas llegaban a fin de mes.

            - Es difícil llegar a fin de mes - reconoció ella con seriedad.

            - A lo que iba, mi vida iba directa al más absoluto vacío existencial hasta que un día me crucé con una chica pelirroja impresionante - al ver la cara de sorpresa de Brigitte, decidió no utilizar más adjetivos para describir a Sam -. Bueno, me invitó a su casa y le interesó mucho mi afán por lo sobrenatural. No sé cómo contarte esto sin parecer un chiflado pero... No es que yo le gustara, es que parece ser que la sangre virgen es como elixir de los dioses para... ella. Resultó ser una vampiresa...

            Antonio miró con expectación la reacción de Brigitte pero ésta no parecía sorprendida en absoluto. ¿Le estaba escuchando?

            - ¿Me estás contando tu vida o es una película? - preguntó Brigitte, extrañada.

            - Si no te cuento lo que pasó, no podré contarte cómo cambió mi vida. Necesito que me creas aunque sea lo más extraño que has escuchado nunca.

            - Está bien, lo siento - estaba asustándose. Podía verlo en sus ojos.

            - Ella mató a varias personas antes de intentar matarme a mí. Pero por algún motivo me perdonó, quiso intimar conmigo para poder morderme más veces y bajó la guardia. Aproveché para intentar matarla, le clavé un lapicero en el corazón y pensé que, por ser vampiresa, moriría.

            - ¿Le clavaste a una chica un lápiz en el pecho? - preguntó Brigitte, horrorizada.

            Antonio no supo replicar a eso. Si le parecía horrible, ¿qué pensaría si le contaba que había clavado un cuchillo a otra chica que ni siquiera pensaba que fuera un monstruo? Se arrepintió de haberle contado todo eso y sonrió, fingidamente asintiendo con la cabeza.

            - Es buena la historia, ¿eh? En realidad soy escritor. En mis ratos libres escribo.

            Brigitte suspiró aliviada.

            - ¡Qué tonto eres! Pensé que estabas chiflado - reconoció, frunciendo el ceño -. Vaya unas cosas que escribes, ¿no se te ocurre nada mejor que eso?

            - Bueno, no me gano la vida con ello. Y ya te dije que me encantan los temas sobrenaturales.

            - ¿Qué pasó con tus padres? ¿Cómo te has hecho millonario?

            - Me tocó la lotería - respondió sin emoción alguna -. Y...

            Se encogió de hombros. Dudó si seguir contando la verdad. Si le decía que la policía le había acusado de matar a las personas que la vampiresa había matado, podía estar seguro de que no volvería a ver a Brigitte nunca más.

            - ¿Y?

            - Y... - suspiró sin saber cómo continuar -. Y fingí mi muerte, me cambié de nombre, y me fui de casa. Mis padres pensaron que me había muerto.

            Brigitte abrió la boca, asombrada.

            - No me puedo creer que hicieras eso.

            - Pues sí, lo hice. No estoy muy orgulloso de ello.

            - Espera, espera - le cortó Brigitte -. Dijiste que ellos no te apoyaron cuando más los necesitaste.

            - Sí, les dije que quería ser escritor y me mandaron a la porra - mintió, era la segunda mentira que le decía y se mordió el labio inferior, arrepentido.

            Estaba claro que nunca podría llevar una vida normal si contaba toda la verdad.

            - ¿Cuál era tu anterior nombre? - inquirió ella. Evidentemente no había motivos para ocultárselo, al menos por lo que le había contado.

            - Da igual, no quiero que llames a mis padres a escondidas.

            - No sé quién eres, yo te he dicho mi nombre de verdad. Dime tú el tuyo, no es justo.

            - Me llamo Antonio Jurado - se empecinó.

            Brigitte asintió con la cabeza. Justo en ese momento se acercó el camarero para que pidieran algo.

            - ¿Qué desean tomar los señores?

            - Nada, yo me voy ya - dijo ella, resignada.

            - Oh, vaya - dijo el camarero.

            - No te vayas, está bien, te lo diré.

            Ella le miró y suspiró. Miró al camarero y le dijo, con voz enojada:

            - Yo quiero una jarra de cerveza. ¿Qué marcas tiene?

            El camarero recitó una serie de marcas alemanas como Paulaner y otras americanas, como Budweiser y ella se decantó por la alemana, que resultó ser marrón oscura. La jarra contenía al menos un litro y tenía gotitas de agua pegadas entorno a la cerveza. Aunque a Antonio no le apasionaba esa bebida le dio sed ver aquella jarra. Al verla le dijo al camarero que él quería otra igual. En todo el tiempo que tardó en regresar con la suya no fue capaz de decir ni una palabra. Ella esperaba pacientemente a que se decidiera a hablar.

            - ¿Por qué te cuesta tanto sincerarte? - preguntó, cansada de esperar.

            Brigitte agarró su jarra y bebió un largo trago que acabó con la tercera parte del contenido. Antonio se quedó asombrado y trató de imitarla. Bebió dos tragos, sintió lo amarga que era y tuvo que dejar de beber. Llegó a su estómago como una piedra y se sintió repleto de alcohol. Notó debilidad en las piernas y cuando posó la jarra en la mesa se dio cuenta de que apenas había bajado su nivel.

            - Mi nombre anterior es Avelino Policarpo - reconoció con cara de circunstancias -. ¿Contenta?

            Ella le miró al principio con sorpresa. Después sonrió y luego soltó una sonora carcajada que llamó la atención de todos los que estaban en el restaurante.

            - Con razón te lo cambiaste. ¡Qué horrible!

            Antonio no tuvo más remedio que reírse con ella, aunque sabía que se reía de si mismo.

            - Sí, es vergonzoso - reconoció él -. Imagínate lo que te tienen que odiar tus padres para ponerte semejante nombre.

            - Yo quiero a mi familia y adoro mi nombre - replicó ella -. Si me fui no tuvo que ver con ellos, pobrecitos. Lo mal que lo deben estar pasando por mi culpa. Desde los dieciocho años estoy fuera de casa, en un país tan lejano que pasan varios años hasta que puedo verlos otra vez. Siempre que se despiden mi madre llora como si fuera la última vez que me va a ver y mi papi me apoya siempre aunque debe dolerle mucho separarse de mí tanto tiempo. Solo te digo que la familia no va a estar siempre ahí y que les has tenido que hacer muchísimo daño haciéndoles creer que has muerto. Pero tus motivos tendrás para haber llegado a eso.

            Antonio miró a la mesa, avergonzado. Había razones suficientes para que no solo sus padres pensaran que estaba muerto, sino también toda España. Si la policía averiguaba que seguía vivo, le encerrarían hasta que sus huesos se convirtieran en polvo.

            - Esa es mi historia - reconoció, sabiendo que las cosas más cruciales, como que se dedicaba a resolver misterios sobrenaturales, se habían quedado en el tintero.

            No era tan importante, bien pensado. En los años que llevaba dedicándose a eso, había tenido tres o cuatro casos. Era más un pasatiempo que una ocupación.

            Brigitte levantó la jarra de cerveza y bebió un largo trago.

            - Ahg, que sed tenía - dijo -. Me encanta esta cerveza.

            - A mi no me gusta la cerveza,...

            Bebió un par de tragos más y su sabor fuerte le hizo poner cara de asco. Estaba amarga y fresca pero entraba bien, casi como el agua.

            - Muy amarga para mi gusto - dijo, limpiándose la boca con una servilleta -. Pero quita la sed y se sube muy rápido.

            - Cuanto más amarga mejor - aleccionó ella, sonriendo.

            Cuando bajó la jarra vio la de Brigitte casi terminada y la suya aún tenía tres cuartas partes. Esa chica sabía beber, estaba claro que no era la primera que bebía.

            - Si quieres puedo ayudarte a acabarla - se ofreció sonriente.

            Si él hubiera bebido esa cantidad de cerveza, estaría bailando encima de la mesa, pensó. Sin embargo ella estaba como si nada.

           

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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