Raíces en el infierno

1ª parte

 

El diario de Ángela Gutiérrez Padilla

 

7 de mayo de 1999

         Me llamo Ángela y tengo diecisiete años. El psicólogo me ha dicho que me vendría bien escribir aquí mis anécdotas, que se me quitarán las ganas de golpear a la gente o insultarla. Pues bien, aprovecharé esta, mi primera página, para escribir que por fin seré libre. Esta misma tarde me largo de la casa de estos viejos insoportables que se creen dueños de mi vida.

         Nunca he sido de estudiar y todo eso, soy huérfana y he vivido en un... ¿Centro de acogida? Una mierda, un orfanato de toda la vida. Sería injusto explicar así de rápido mi infancia.

         Recuerdo perfectamente el día en que mi padre se divorció de mi madre, yo tenía seis años y es un momento tan doloroso que se me han borrado todos los demás recuerdos anteriores. A veces suelo que estamos en el campo los tres, pero mi madre siempre mira al infinito y mi padre juega conmigo. Es como si mi ella nunca hubiera estado en casa, tenía la mente lejos y es todo lo que se dé ella. Ni siquiera sé si está viva ni me importa. Es una guarra que se largó con otro y nunca se ha vuelto a acordar de mí.

         Ni siquiera cuando mi padre murió mientras rodábamos una película. Era director de cine de un estilo muy específico que no gustaba a mucha gente.

         Eso es otro tema, ella nunca apareció. Supliqué que la buscaran, no podía soportar la idea de que sabiendo que estaba sola sería capaz de abandonarme.

         Nadie logró localizarla si es que las buscaron, nunca lo sabré.

         Un buen día, con trece años me avisan diciendo que una familia está deseando conocerme. Que buscaban una niña pero eran muy mayores para empezar de cero.

         Así conocí a estos desgraciados. Son muy cariñosos, tenían un niño de siete años y querían que yo fuera su familia cuando ellos ya no estuvieran.

         Final feliz, todos dándose palmadas en las espaldas felicitándose de lo bien que me habían colocado.

         Soy su niñera. Voy a colegios públicos y o estudio nada, suspendo todas y dicen que no tienen dinero para otro colegio ya que les cuesta una ruina pagar el de su hijo, que estudiando y haciendo los deberes con profesores particulares es un inútil redomado. Aprueba justito y creo que a base de chequera.

         Claro, ¿cómo van a tener dinero para pagarle los estudios a la niñera?

         Se largan todos los fines al cine, a la discoteca y me quedo yo con el crío. No puedo tener vida social porque no me dejan salir nunca. 

         Hasta ahora resistí por el cariño que le tengo a José, pero ya me he cansado de tanta mierda. Cogeré pasta del cajón, ya cumplí los diecisiete años y me voy a independizar. No pienso ni dejar una nota de despedida. La analizaría la psicóloga... Que por cierto para esa zorra si tenían pasta.

         Ah, una última cosa. Yo usas no tengo apellidos. El único que reconozco es el de mi padre que el que figura en mi DNI.

 

5 de junio de 1999

         No es tan fácil independizarse, me marché y tuve que volver cuando me di cuenta de que tengo todas mis cosas en casa, mi walkman, mi ropa, mi cama. Y que una discusión con tus padrastros no debería ser suficiente, pueden llamar a la policía y sin tener donde meterme me encontrarían con todo el dinero, ya que no tengo dónde guardarlo.

         Pero no aguanto más, he estado pensando en las maneras de salir de modo convencional: por trabajo... Que con diecisiete recién cumplidos nadie me lo daría, y echarme novio que tenga su propia casa. Aquí tengo una oportunidad, en mi portal hay un tipo del que nadie sabe nada y que me cruzo por la escalera a diario.

         Aunque lleva unas horribles gafas de Sol de cristal negro y redondo sé que me mira el culo cada vez que nos cruzamos. Cuando me pongo camisetas ajustadas me hacer un escáner visual completo y luego pasa de largo como si no me conociera de nada.

         Estos días le he tratado de sonreír y hasta le saludo por las escaleras. Al principio me miraba asustado, luego me correspondía con un gesto de cabeza y hoy conseguí que dijera: Hola.

         Tiene la voz ronca, debe tener entre treinta y cuarenta años. Moreno de aspecto gitano o italiano, alto, bien aseado, cara recia y sería. Aún no he visto sus ojos.

         Hoy venía con su misterioso maletín de cuero, su gabardina negra y zapatillas de deporte desgastadas y silenciosas. Algunas vecinas dicen que trabaja en algún matadero porque le han visto volver varios días con las manos manchadas de sangre. Mi madrastra dice que hay que cerrar la puerta con llave a diario porque le tiene miedo y vive justo encima de nosotros.

         No sé, a mí no me asusta, parece algo tímido pero sé que nunca me haría daño. Lo veo en su mirada tras estos cristales ridículos que apenas tapan el color de sus ojos. También es verdad que Julia, mi madrastra, a menudo le dice a Tomás (su marido) que yo le doy miedo. Creo que le asusta hasta su propia sombra, es una loca histérica.

         Yo no me llevo bien con sus familias, el último lío que tuvimos mi abuelastra por parte de Tomás, me reprendió la última vez que la visitamos en su casa por andar tocando su colección de figuritas de cristal. Hice caso y las dejé de tocar pero el enano se metió una en el bolsillo a escondidas y la loca de la abuela me culpó a mí. Empezó a decir que esto pasa cuando se adopta a una gitana y que no volvieran a llevarme a su casa. En lugar de defenderme José empezó a reírse de mí y exploté de cólera, le cogí de la oreja y le obligue a confesar. Como no lo hacía le metí la mano en el bolsillo y saque el cisne de cristal. Pero sólo empeore las cosas, creyeron que maltraté al niño por meter la figura en su bolsillo y así poder culparle.

         Desde ese día voy al psicólogo una vez por semana. Qué asco de familia.

         Y ya que estoy pues termino de contar las maravillas de haber sido adoptada.

         En el Instituto, en los últimos exámenes, no he podido aprobar todo porque el fin de semana anterior mis viejos pensaron que sería maravilloso irse a un balneario ese fin de semana. Me dejaron a cargo de José y por ser la mayor era la encargada de que terminara sus tareas del cole. Para ser sincera él y sus deberes me la traen al fresco y pasé de él como de comer mierda. Intenté estudiar pero el muy... No puedo decir tacos, que la puta psicóloga luego revisa lo que escribo... Uy ¿Cómo la he llamado a esa desgraciada? Bueno ya está escrito.

         ¿Por dónde iba? Ah que el muy hijo de puta de mi hermanastro (tiene razón doctora esto desahoga un huevo), se puso a hacer fuego en medio del salón y los vecinos llamaron a los bomberos y se lio en casa un Cristo de aquí te espero. Claro, cuando vinieron del balneario les esperaba una factura de los bomberos y con todo el jaleo no estudié nada. Suspendí todas.

         Evidentemente la culpa fue de la menda y según la madre de José, cualquier día les dejo sin casa y sin hijo.

         Eso sí, sus escapaditas no se las quita nadie y me siguen dejando al diablillo cada fin de semana que les apetece trincar.       Si pasa cualquier cosa, que casi siempre me lía alguna, con culparme y decírselo a la psicóloga están justificados.

         Ahora que lo pienso no puedo dejar que la loquera lea esto. Me gusta desahogarme aquí así que continuaré escribiendo pero a ella le daré otro cuaderno donde escriba cuatro chorradas.

         Si me voy de casa no quiero que esa remilgada se chive a los viejos.

 

 

10 de junio de 1999

 

         No puedo creer lo que he hecho, cuando la loca histérica de mi vieja llegó de trabajar José no estaba en casa y yo no me había enterado.  Madre mía, que bronca me echó, salimos a buscarlo y le vimos en el parque de columpios con amigos del cole. ¿Y la muy zorra le gritó? No, no, se acerca a él y le pregunta que porque sale sólo de casa. El muy canalla va y dice "Ángela me dijo que venía conmigo". Ese miserable... Le voy a matar.

         Me cabreé tanto que les deje allí y me fui corriendo a casa mientras las chiflada me gritaba en medio de la calle cosas horribles.

         Un momento, ahora que recuerdo creo que José si me dijo algo de salir al parque. Le dije  que me dejara en paz pero no que se fuera y mucho menos que iría con él.

         Da igual, cuando llegué a casa no me apetecía verle la cara a esa bruja y me fui un piso más arriba.  Llamé a la puerta sin pensar y abrió el misterioso vecino. No dijo nada se me quedó mirando como una estatua.

         - ¿Puedo pasar? -Le dije.

         Miró detrás de mí, quitó tres cadenas de la puerta y con las manos en los bolsillos salió y examino la escalera. Luego volvió a su casa y cerró en mis narices.

         Que tío más raro, llevaba puestas las gafas de tontito, como si hubiera Sol en el pasillo de la escalera. No me atreví a esperar que abriera de nuevo y volví a mi casa.

         Aguanté la regañina preguntándome qué sería peor, esa familia de locos o el chiflado del piso de arriba.

 

 

 

Comentarios: 9
  • #9

    Tony (miércoles, 24 mayo 2017 00:28)

    Me gustaría haber podido subir una parte pero no he tenido tiempo de escribir estos días.
    Espero que pueda para, como muy tarde, el martes que viene.

  • #8

    Chemo (miércoles, 17 mayo 2017 02:53)

    Gracias a todos por vuestros comentarios. Me he vuelto popular en esta página. Qué mal que ya no saldré en esta historia. Hubiera estado genial si Ángela hubiese escrito lo que pasó en la nave antes del desenlace final. Me llevaré el secreto ala tumba.
    Por cierto, tiene buena pinta esta historia. Espero que te mejores pronto, Tony.

  • #7

    Tony (martes, 16 mayo 2017 23:55)

    No tengo intención de meterme en líos espacio-temporales con este relato, el hilo conductor es Ángela y este relato no llegará tan lejos como pueda parecer. Os recuerdo que escribió lo último en la nave y Chemo la interrumpió por lo que no pudo contar todo lo que todos quisiéramos.
    Y dicho esto, siento decir que Chemo no saldrá en el relato y si sale no será el mismo. Como Yenny, Alfonso, Jaime que serían personajes distintos. Lyubasha lo tiene más fácil porque no salió en el anterior.

  • #6

    Alfonso (martes, 16 mayo 2017 21:39)

    Pues no sé cómo pueda Chemo terminar lo que empezó con Ángela, si acabó muy mal. A menos que haya algún Chemo de alguna realidad alterna. Tampoco entiendo cómo podremos volver a salir en esta historia si Ángela nos conoce en la isla del Caribe, en el futuro.
    Dejando de un lado las conjeturas, se ve interesante la historia. También pienso que el vecino misterioso es Frank.

  • #5

    Yenny (martes, 16 mayo 2017 18:59)

    Me sumo a la petición para que Chemo termine lo que empezó con Ángela.
    La historia se ve interesante aunque se han colado pequeños errores pero nada grave.
    Tony espero que mejores.

  • #4

    Tony (martes, 16 mayo 2017 11:04)

    Gracias a todos por vuestros buenos deseos.
    Me sorprende que podáis una oportunidad para Chemo teniendo en cuenta que no acabo muy bien en Tierra de dragones pero tenéis razón, nunca se sabe que puede pasar.

  • #3

    Lyubasha (martes, 16 mayo 2017 09:57)

    Por fin la has publicado Tony! Tenía muchas ganas de leer esta historia. Yo también espero que Chemo tenga su oportunidad con Ángela y pueda terminar lo que empezó en "Tierra de Dragones" :)
    Muchos ánimos y ojalá te recuperes pronto.

  • #2

    Jaime (martes, 16 mayo 2017 01:52)

    Me ha gustado la historia. Creo que el vecino del piso de arriba es Frank, quien enseña a pelear a Ángela. También creo que Chemo estará más que feliz por aparecer en esta historia.
    Espero que te encuentres mejor, Tony, y que puedas subir la siguiente parte muy pronto.

  • #1

    Tony (martes, 16 mayo 2017 01:00)

    Espero que os haya interesado y enganchado esta primera parte. A los nuevos os recuerdo que si queréis saber más sobre la protagonista de este relato vayáis al índice y leáis los relatos de Ángela Dark.
    Y a los nuevos y a los viejos, por favor no olvidéis comentar. Puede que por hacerlo vuestro nombre aparezca en la historia.

Animal es el que abandona a su mascota.

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