Sapphire Princess: TransoZeanic

1ª parte

(Podría interesaros leer antes "El último amanecer".) Pero si no la leeis, no importa, más sorpresas.

 

            Jackson había regresado de Afganistán con ganas de gastar buena parte del dinero ahorrado durante la guerra y era el primer verano que viajaba en un crucero.

            A sus treinta y siete años podía afirmar que las mujeres eran su punto débil. Puede que Dios le concediera un don al dotarle de la mejor mezcla posible de razas pues lucía la piel bronceada todo el año, era atractivo, tenía infinidad de habilidades como correr sin cansarse o aguantar en el desierto tres días sin probar bocado.

            Pero a Dios se le olvidó darle labia con las chicas. Qué importante era eso para acercarse a las mujeres, conocía a personajes, más feos que pegar a un padre, que se habían enrollado con preciosidades. Él, en cambio, no conseguía pasar del "Ey que tal". Ellas respondían que "bien" y él se quedaba en blanco y se encogía de hombros. Y cuando la chica era especialmente atractiva se quedaba en blanco incluso antes de acercarse a ella.

            James Cassidy era su mejor amigo y le dijo un día:

            — Tienes un grave problema amigo, necesitas patearte el mundo, ve solo de vacaciones y trata de conocer gente. No busques rollos, ve a la aventura. Suéltate, tío. Necesitas confianza en ti mismo.

            Y le hizo caso. Si algo quería hacer era eliminar el problema que le dejaba catatónico ante las chicas que le gustaban.

            Cuando lo decidió parecía una gran idea, pero al verse solo en ese inmenso barco creyó que nunca hablaría con nadie y que hubiera necesitado la compañía de Cassidy para romper el hielo con los desconocidos.

            Sin embargo  estaba equivocado, un día una chica le dirigió la palabra.

            — Eh, me has salpicado.

            Se había zambullido de cabeza en la piscina cubierta del barco y por lo visto la mojó mientras tomaba el Sol en una tumbona al borde del agua.

            — No pretendía hacerlo, discúlpeme, señorita.

            — Las excusas solo sirven para los imbéciles —seguía enojada—. Ahora tengo frío y mi toalla está mojada.

            — Te dejo la mía, no me importa.

            Se la entregó gustoso. Helen la aceptó con cierta soberbia, algo que le hizo muchísima gracia tratándose de una adolescente de no más de dieciséis años de pelo oscuro tirando a rojizo y con el rostro más perfecto que había visto en su vida.

            Así se conocieron. Desde ese día iba a la misma piscina y se veían allí. Al principio con reservas, colocaba su toalla a varios metros de la de ella, que siempre iba sola.

            — Te pareces a Eddie Murphy —le dijo al día siguiente cuando caminó frente a ella para tirarse por el trampolín—. ¿Eres familiar suyo?

            — No me parezco —replicó sonriente—, si lo dices porque soy mulato creo que podría ofenderme.

            — ¿Ofenderte? Pero si es muy guapo, más bien tómatelo como halago.

            — ¿Cómo te llamas?

            — Helen. ¿Y tú?

            — Bueno mi nombre es Jeremy, pero todos me llaman Jackson. Dicen que me pega más.

            — Pero... Te llamas...

            — Jeremy Jackson. Puedes llamarme como quieras.

            Ella le empezó a llamar "moreno" o Jackson, según le daba. Siempre se sentía objeto de su mirada y era ella quien le hablaba.

            Cuando nadaba, al salir del agua, al peinarse, al tomar el Sol... La miraba y ésta le sonreía tras sus gafas oscuras.

            — Es una niña —se decía.

            Pero era la criatura más bonita que jamás había visto. Siempre la veía en bikini y su cuerpo a medio hacer mostraba unos senos emergentes bajo la fina tela de su top. Su piel tersa y pálida, joven, en los mejores años de la vida le daban aspecto de ángel.

            Ella se sentía atraída por él, lo intuía, pero Jackson creía haberse enamorado. Tanto más se daba cuenta de lo prohibido que era, más irremediable era lo que sentía. Pero no podía evitar ser tan tímido y si hablaban era porque ella iniciaba la conversación.

            Cada mañana se imaginaba acercándose y ni aún en su imaginación lograba decir algo que no sonara estúpido.

            Ese día fue decidido a preguntarle por qué estaba sola y se arregló como si fuera a un desfile militar. Salió de su habitación y caminó por el vestíbulo en dirección a la piscina. Se preguntó qué bikini llevaría hoy su "princesa", el amarillo chillón le quedaba francamente bien. No se sentía sucio por apreciar la perfección de su cuerpo porque antes tocaría un clavo al rojo vivo que rozar su suave piel.

            — ¿Qué tal estas guapa? —Susurró, ensayando la conversación—, no,  daría sensación de seguridad... Creerá que soy un chulo y los que nos vean pensarán que me quiero aprovechar.

            — ¿Cómo es que estás siempre sola?

            Sonrió. Eso podía decirlo, no era tan difícil.

            Llegó a la piscina y caminó como todos los días, sin mostrar inquietud por el hecho de que la tumbona donde solía ponerse estaba vacía.

            Colocó su toalla en otra, a dos tumbonas de distancia. Lo suficientemente cerca para que ella no pensara que quería acercarse, pero no tan lejos como el día anterior.

            Se acercó al trampolín y miró su reloj. Eran las diez de la mañana y ella solía llegar sobre esa hora.

            Saltó y se zambulló en las cristalinas aguas azules sintiendo su repentino frescor envolviendo y recorriendo su cuerpo mientras se deslizaba, buceando, por el fondo de la piscina. A su paso acarició el suelo disfrutando de la embriagadora ingravidez. Le encantaba nadar, era algo sin lo que no podía vivir.

            Cuando volvió a la superficie y regresó a su toalla vio sus perfectas piernas en la tumbona de siempre, sentada y quitándose la camiseta mientras le miraba.

            Al cruzarse sus miradas, Helen le saludó con los dedos de la mano y una sonrisa angelical. Sus ojos estaban cubiertos por las mismas gafas de sol de siempre.

            Si no hubiera controlado sus impulsos habría salido corriendo. Pero tuvo que sobreponerse y caminó hacia su toalla como si tuviera carbones encendidos en el suelo y le costara respirar al aproximarse a ella.

            Maldita asfixia, era la culpable de que no supiera hablar con ella ni con ninguna chica guapa.

            — Buenos días, moreno —le saludó.

            — ¿Qué tal estas hoy Helen? —respondió, queriendo morirse por lo forzado que había sobado.

            — De vacaciones es difícil no estar bien.

            —¿Disculpa? — al escucharse decir eso quiso golpearse. Por qué preguntaba eso, no estaba sordo—. Me he fijado que siempre vienes sola —trató de rectificar—. ¿Con quién estás? Eres muy joven para...

            — Viajo con mi padre —respondió enojada.

            — ¿Y dónde está? ¿Por qué no baja contigo?

            — Él siempre trabaja.

            — Ah —se acabaron las preguntas, ahora estaba en blanco otra vez.

            El odioso silencio se apoderó del espacio que les separaba y con el paso de los segundos el aire se volvía denso.

            — ¿Y tu mujer? —Preguntó ella como queriendo vengarse. ¿Ya la había molestado? Si apenas habían cruzado tres frases.

            Soltó una risa exagerada.

            — He venido solo. Quiero decir, no tengo mujer.

            — Mi padre las tiene por semanas. Desde que murió mi madre he perdido la cuenta de las que me ha presentado. Todas quieren agradarme y creen que se van a casar con él. Pero las utiliza, es muy mujeriego.

            — Debe ser duro para ti —no sabía qué decir.

            — No me importa. Es mi padre y le quiero.

            Jackson se encogió de hombros.

            — ¿Por qué no te has casado? —curioseó ella.

            Ya no parecía enojada.

            — No lo sé, aún no he dado con la desgraciada que tenga que aguantarme.

            Helen río de buena gana.

            — ¿Por qué lo dices? ¿Roncas mucho?

            — Es una broma, nunca he tenido una relación seria.

            — Yo puedo tener una aventura contigo, si quieres.

            Jackson se quedó sin habla, ¿lo había escuchado realmente o eran imaginaciones suyas?

            — Estoy deseando ver la cara de mi padre si te llevo colgado del brazo.

            El cerebro de Jackson estaba paralizado, era incapaz de hacer otra cosa que reírse.

            — Detesta los negros, en muy racista.

            Esa declaración le cortó la risa de inmediato.

            — Yo creo que me odiaría más por ser mucho mayor —protestó. "Genial, papi es racista. Así voy a llegar lejos".

            Esta vez la que no dijo nada fue Helen.

            — Si yo fuera tu padre, mataría al que te tocara.

            La chiquilla volvió a reír y se tumbó a tomar el Sol.

            Él hizo lo mismo. La conversación había degenerado lo justo para sentir vergüenza de hablar con ella una semana.

            — ¿Por qué no te pones más cerca? —Pidió Helen.

            La petición sonó como música celestial para el marine.

            — No muerdo y luego vendrá más gente que podría ponerse en medio. No tengo a nadie más con quien conversar.

            Se incorporó y la miró, de nuevo abrumado por su descarada actitud.

            Negarse hubiera demostrado lo cobarde que era pero hacerlo le situaría en su órbita, donde todos pensarían que quería aprovecharse... Aunque miró alrededor y no vio que nadie les mirase. De hecho, la gente no tomaba el Sol tan temprano, algunos paseaban pero estaban ocupados en sus cosas. La mayor parte estaba desierta y sólo descansaban en las tumbonas los haces solares que penetraban en el recinto por sus enormes ventanales en forma de cortinas etéreas.

            Amparado por la soledad que disfrutaban recogió la toalla y se sentó junto a ella.

            — ¿De dónde eres Jackson?

            — De Nueva York —reconoció—. ¿Y tú?

            — Mi padre es italiano pero vivimos en San Diego.

            — Vaya que suerte, tengo muchas ganas de visitar esa ciudad. Dicen que tiene las mejores playas.

            — Es el lugar más bonito del mundo. Hay tantas cosas que ver, Disney Word, su zoológico, que es el más grande del mundo, SeaWorld... Pero lo que más me gusta son las playas y la gente tan amigable. Vivimos en La joya, ¿la conoces?

            — No, pero suena a sitio caro.

            — Oh sí, no tenemos problemas de dinero.

            — Qué suerte la tuya.

            — ¿A qué te dedicas?

            — Soy marine.

            — Ya sabía yo que tenías pinta de algo así como policía, agente del FBI o heroico soldado.

            Jackson se sintió orgulloso de que le considerara una especie de héroe.

            — Tiene gracia porque mi padre siempre dice que los negros sólo valen para mandarlos a la guerra.

            La miró enojado pero era evidente que ella disfrutaba provocándolo.

            — En el sitio de donde vengo te pueden matar por decir eso —susurró con media sonrisa.

            — ¿Por qué? Sólo decía que mi padre lo pensaría. Y tienes que admitir que habría acertado contigo.

            — Antes de alistarme estudiaba en la universidad.

            Se pavoneó.

            — ¿Jugabas al fútbol?

            — Sí y soy muy bueno.

            — ¿Quarterback?

            — Defensa.

            — ¿Y qué estudiabas?

            — Terapia nutricional, pero si te soy sincero, no recuerdo haber cogido un libro en toda la carrera. Lo mío no es estudiar.

            Ella le miró por debajo de las gafas y sonrió.

            — A mí me encanta estudiar —declaró.

            Genial, acababa de darle la razón en que era un estúpido negro que no valía para estudiar pero sí para dar tiros como soldado. Pero lo hizo sin que se sintiera ofendido.

            — Y es genial que te guste.

            — Así que marine... ¿Cuánto cobras?

            — Ahora nada, me licencié el mes pasado. Pero me pagaron bien el servicio en Afganistán. Cuando vuelva pienso abrir una tienda de complementos vitamínicos.

            — Ah, vaya, que bien —Helen parecía decepcionada con sus planes y no era para menos, hasta él se preguntaba si podría abrir un simple negocio de perritos calientes, una tienda así no estaba al alcance de sus veinte mil dólares ahorrados.

            — ¿Y tu novio no quiso venir? —Preguntó, animado por la franqueza con la que le estaba hablando.

            — ¿En serio crees que tontearía contigo si tuviera?

            — E... ¿Estás tonteando conmigo? —Tartamudeó nervioso.

            — Pues claro —replicó.

            — ¿No soy demasiado mayor para ti? —Inquirió con media sonrisa.

            — ¿Tan joven me crees? Detesto que me traten como una niña.

            Otra metedura de pata.

            — No creo que lo seas.

            — Dudo que lleguemos a casarnos. Pero para un lío de verano estás muy bien.

            — ¿Qué dices? Es ilegal que tú y yo tengamos relaciones.

            Helen se levantó enojada y se apartó las gafas de la cara. Había albergado la esperanza de que tuviera ojos feos pero al ver sus iris de color azul zafiro se quedó fascinado.

            — No pretenderías acostarte conmigo —espetó, indignada.

            Jackson soltó una risotada. Lo cierto es que su mirada era demasiado segura como para ser una niña.

            — Eh, que tú fuiste la que propuso ser mi "lío de verano".

            — Me refería a salir juntos, no hacer otras cosas—replicó, como algo obvio—. Soy una chica decente, no dejaré que nadie me toque hasta que me case.

            — Haces bien —replicó él, sonriente pero tan avergonzado que no se atrevía a mirarla a los ojos.

            La había fastidiado, ahora era un negro, viejo y pervertido.

            — Entonces, ¿vas pedirme de una vez que sea tu novia?

            De nuevo la chica atrevida, Jackson no pudo evitar reírse de la situación. Le costaba trabajo imaginar un noviazgo sin sexo pero la idea de tener una relación sentimental pura con ella le entusiasmaba.

            — ¿Quieres ser mi novia?

            — ¿Tú quieres que lo sea?

            — No te lo estaría pidiendo de no ser así.

            — Pero necesito que me lo digas —le regañó.

            — Claro que quiero.

            — ¿Por qué?

            El chico se puso colorado como un tomate y no supo qué decirle.

            — Eres muy guapa, me gustas mucho.

            — ¿Sólo por eso?

            — ¿Hacen falta más razones?

            — ¿Ah, me dejarías por otra más guapa?

            — Jesús, qué conversación más surrealista —barruntó, entre risas.

            — Responde, ¿lo harías?

            — ¿Dejarte? pues claro que no. Porque me cuesta imaginar que exista una chica más guapa que tú y además ya estaría contigo y soy fiel.

            Helen sonrió, al fin decía algo que no la ofendía.

            — No sé...

            — ¿Qué no sabes?

            — Tengo que pensarlo —dudó.

            — Creí que querías —replicó, confuso.

            — ¿Yo? Eres tú el que ha estado mirándome desde hace una semana.

            — Tú también me mirabas.

            — Bueno, los vejetes que pasan por aquí no me interesan, no se pavonean como tú. A veces creo que lanzas al agua y pasas delante de mí para que te mire.

            — Disfruto con el agua, no tiene nada que ver.

            — Pues se nota, dan ganas de bañarse.

            Jackson se dio cuenta entonces de un detalle.

            — Tú nunca te bañas.

            — No sé nadar —admitió avergonzada.

            — No fastidies.

            — Y no pienso intentarlo, que casi me ahogo la última vez. Soy como... Una piedra. Ya puedo chapotear, que no floto.

            — Entonces imagina que eres una piedra pómez.

            — ¿Qué?

            — Una que flota.

            — Sí, claro.

            — Hay un truco y en cuanto lo pillas te enamoras del agua.

            — Ni lo sueñes, no pienso intentarlo.

            Jackson se levantó y caminó al borde de la piscina.

            — Sé una piedra pómez.

            Se dejó caer y desapareció limpiamente con un ligero chapoteo. Un par de segundos después emergió y flotó como una tabla de madera.

            Helen le miró con atención.

            — Yo nunca podré hacer eso —protestó.

            El marine salió del agua con enorme facilidad y se acercó a ella. Sus piernas musculosas carecían de bello y estaba casi seco en cuestión de segundos. Ella admiró cada una de sus fibras musculares.

            — No es magia, el secreto está en los pulmones.

            Cogió aire y lo soltó, como si las abdominales divididas por cuadrados trabajaran especialmente en ese momento para lucirse. Era consciente de lo mucho que le gustaban a Helen.

            — Nunca te quedes sin aire y flotarás.

            — No pienso intentarlo, ya te lo he dicho. Esa piscina no tiene zona de niños y no hago pie.

            — Yo te sujetaré.

            — Si me hundo y se me mete agua por la nariz, no te lo perdonaré jamás. No tienes idea del pánico que le tengo al agua.

            Jackson se sentó sobre su toalla y sonrió.

            — Cuando quieras te enseño, pero no hay nada peor que tratar de salvar a alguien asustado.

            — Puedes esperar sentado, que no me verás en esa tesitura.

            Le encantaba hasta su forma de hablar. ¿Qué chica decía esas palabras? Parecía del siglo pasado.

            — Prométeme una cosa —advirtió él—. Por favor te lo ruego, nunca lo intentes sola.

            Helen rio, como si le hubiera leído el pensamiento.

            — Te prometo que si un día se me quema el cerebro después de meter los dedos en un enchufe y decido probar a suicidarme en el agua, te avisaré.

            — Ja, ja, ja —rió el marine—. Lo capto.

            En ese momento se escuchó por megafonía la musiquita de un aviso general.

            "Estimados pasajeros, les informamos que estamos navegando en la proximidad de la Polinesia francesa. Si se asoman al mar descubrirán hermosos arrecifes a poca profundidad. Esperemos disfruten del crucero."

            — Sí, gracias —protestó Helen—. No necesitaba saber eso, ahora tendré miedo de que encallemos.

            — Seguro que conocen una ruta segura.

            — No hablamos de carreteras, es un barco y vamos por el mar. Aquí no hay caminos.

            — Este crucero lleva más de cinco años realizando las mismas rutas. Confía en la tripulación —trató de convencer el chico.

            — Cambia de tema, me pongo muy nerviosa —replicó—. ¿Puedes ponerme crema en la espalda?

            — ¿Vas a dejar que te toque un hombre que no es tu novio? —Bromeó Jackson.

            Ella sonrió con picardía y le miró de reojo.

            — Te he dicho que lo pensaría. De momento puedes tocarme, pero cuidado por donde pasas la mano.

            Con los dedos temblorosos abrió el bote de crema y se acercó. Ella se había soltado el top del bikini y tenía toda la piel de la espalda al descubierto.

            Cuando la tocó era tan suave que temió que le molestara la dureza de sus dedos, acostumbrados a la sequedad del desierto y las maniobras militares.

            No abrió la boca de modo que extendió con miedo toda la crema hasta que la piel la absorbió.

            — Hola Helen —escuchó desde atrás.

            Jackson se giró y vio ante él a un chico bajito con síndrome de Down mirándolo muy serio.

            — Aléjate de mi chica o te parto la cara —amenazó mirando a Jackson.

            Al verlo, el marine sufrió un ataque de risa.

            — Lárgate Quimi — ordenó la chica con desprecio—. Vete o le diré a tu madre que me has vuelto a molestar.

            — Como un perro maltratado agachó la cabeza, se dio media vuelta y se fue.

            — ¿Le conoces? —Preguntó.

            — Lleva algunos días molestándome.

            — Pobrecillo —susurró al verlo alejarse avergonzado.

            — Es un cerdo. ¿Sabes lo que me dijo ayer?

            — Qué.

            — "¿Puedo tocarte las tetas?"

            Jackson no pudo contener una sonora carcajada.

            — ¿De qué te ríes?

            — No se lo tengas en cuenta...

            — ¿Que no? Venía derecho a tocarme, tuve que empujarle.

            — El pobre tiene un problema, no seas cruel con él.

            — ¿Pero tú de qué lado estás? Mi novio debería defenderme aunque no tenga razón.

            Jackson se mordió la lengua. Estaba aprendiendo que para conquistar a una mujer debía tratarla como al sargento de su pelotón, darle siempre la razón y expresarlo enérgicamente, pero con otras palabras.

            — Estoy totalmente de acuerdo, no volveré a permitir que se te acerque.

            Instintivamente se llevó la mano a la frente como gesto de respeto marcial.

            Ella soltó una risita encantadora y aceptó sus disculpas.

            — Así me gusta —y se relajó dejando que el Sol empezara a trabajar sobre su piel pálida.

            Jackson admiró su precioso y delicado cuerpo y cuando su instinto le pidió a gritos lo que Quimi manifestó el día anterior, decidió que debía refrescarse para sacar esas imágenes de su cabeza.

 

            Después de nadar unos minutos y regresar a su toalla se encontró que Helen se había marchado.

            — Mierda... Con lo bien que iba la cosa.

            Ignoraba en qué camarote estaba, si volvería al día siguiente, si al volver a verle le aceptaría como novio o si se había enfadado por dar la razón al chico con síndrome de Down.

            Se quedó en la piscina toda la mañana y Helen no regresó. Cada minuto de espera se le hizo eterno y, aunque sabía que era demasiado joven para él y podía ser que nunca más la viera, era incapaz de quitársela de la cabeza.

            — Siempre me pasa lo mismo, me enamoro de quien no debo.

Comentarios: 7
  • #7

    eli (viernes, 23 enero 2015 02:00)

    la historia esta padre pero super larguisisisima

  • #6

    David (sábado, 28 diciembre 2013 00:54)

    Comenzando una nueva aventura...El paisaje en donde se desarrolla me agrada y me resulta familiar. Seguire leyendola, me gusta.

  • #5

    tony (viernes, 13 diciembre 2013 18:47)

    La segunda parte esta casi lista y a los que os habeis leido todos los demás relatos no os cosatará reconocer a viejos conocidos.
    En cuanto a los zombis... No puedo deshacerme de ellos, lo siento.

  • #4

    Jaime (viernes, 13 diciembre 2013 18:00)

    El primer capítulo de la historia se ve muy interesante, tiene pinta de ser una buena historia. ¿Podrías adelantarnos de qué tema sobrenatural (dioses, vampiros, fantasmas, etc.) va a tratar la historia, obviamente sin dar muchos detalles? Me gustaría que salieran algunos de los personajes de otras historias o que al menos estuviera relacionada con algo ya narrado (y que no sean zombis).

    Saludos

  • #3

    Ariel (martes, 10 diciembre 2013 05:25)

    Parece buena, el comienzo tal vez un poco largo, pero claro hay que presentar a los protagonistas, un saludo y gracias por las historias

  • #2

    melich (martes, 10 diciembre 2013 01:20)

    buen inicio!!

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 09 diciembre 2013 11:49)

    Inicio una nueva historia que responde a la petición de una lectora. No dudes en comentar qué te va pareciendo.

Animal es el que abandona a su mascota.

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