Sapphire princess: TransoZeanic

2ª parte. Las naufragas

 

 

 

2-. Las náufragas

 

10 P.M. Cubierta de mando del crucero Sapphire Princess.

 

                - Capitán, una embarcación se aproxima. Han lanzado una bengala.

                Varios hombres comenzaron a dar órdenes por radio a la sala de máquinas.

                - ¡No paren! -Gritó encolerizado al ver que los suboficiales iban a dar la orden.

                - ¿Por qué? -Inquirió.

                - Estamos en aguas internacionales. Existe una política muy estricta sobre este tipo de situaciones, no podemos recoger a nadie, no sabemos si son secuestradores o incluso refugiados que buscan un billete de solo ida a Osaka.

                - ¡Hay que detenerse! -Exclamó el timonel. De lo contrario les embestiremos y nos meteremos en un lío mayor. Mire, vienen de frente a toda velocidad.

                - Esquívalo.

                - No tenemos tanta capacidad de maniobra, nos los llevaremos por delante.

                - No es asunto nuestro si se suicidan -rugió el Capitán.

                Uno de los miembros de la tripulación enfocó una cámara a la lancha y al hacerlo varios focos del mástil central la alumbraron.

                - ¡Hay una niña! -Exclamó.

                El capitán soltó un bufido y se asomó a la pantalla. En la pequeña embarcación había cuatro chicas asustadas haciendo gestos con los brazos suplicando ayuda.

                - Demonios, paren las máquinas, timonel, vire a babor.

                Agarró la cadena del techo y tiró con fuerza haciendo sonar el cuerno de vapor tan fuerte que debieron escucharlo a cientos de kilómetros de distancia.

 

                Jackson despertó al escuchar el estertor.

                En el exterior se escucharon unos altavoces.

                "Aquí el crucero Sapphire Princess, aléjense de la trayectoria, repito, salgan de nuestra línea de navegación y eviten la corriente de arrastre o su embarcación no resistirá el empuje de las olas. Apaguen motores, enciendan todas las luces que tengan y esperen a nuestro regreso, la maniobra de giro requerirá tiempo."

                - ¿Qué demonios está pasando ahí fuera? -Se frotó los ojos y se sentó en la cama, fastidiado. Justo acababa de dormirse.

                Encendió la luz y se encontró una sorpresa. Helen estaba en pie ante su lecho, con una mirada extraña... Parecía sonámbula.

                - Cielos, me has asustado -exclamó.

                Ella parpadeó varias veces y dio dos pasos hacia atrás, contrariada.

                - ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado? ¿Quién te ha dicho cuál es mi camarote?

                Verla en ese estado de trance le estaba asustando.

                - Creía que querías ser mi novio -susurró, con timidez.

                - Pues claro. No me molesta que estés conmigo, es que me has sorprendido, ¿tienes idea de las ganas que tenía volver a verte?

                - Menos mal -dijo ella, suspirando.

                No le pasó desapercibido que la chiquilla respirara con ansiedad. No podía creer que estuviera frente a su cama cuando le acababa de decir que no tendría sexo con nadie hasta el matrimonio. Sabía que la atraía pero no pensaba que tanto. Su atuendo era... Extraño, sugerente y nada adecuado para una visita inocente. Llevaba unas medias negras, blusa abullonada y estaba descalza. Parecía a medio desvestir e increíblemente sexy.

                - Escucha, yo también quisiera que entraras en mi cama y nos dejemos llevar, pero no puede ser. Es mejor que vuelvas a tu camarote.

                - Hueles tan bien -susurró ella, como hipnotizada.

                Jackson se olisqueó y no entendió por qué lo decía. No usaba perfume para dormir.

                - Gracias.

                - ¿Eres virgen? -Inquirió.

                - Bueeno, tengo que admitir que no he tenido mucha suerte con las mujeres.

                - No te disculpes, es maravilloso que lo seas...

                - ¿En serio?

                Ella asintió mientras se deslizaba a su lado sin hacer el menor ruido. Se sentó junto a él y le agarró la mano con fuerza. Sus delicados dedos tenían firmeza para romperle todos los huesos. Pero le excitó que le hiciera daño.

                - Quiero pasar la noche contigo, te deseo tanto... -Jackson sintió que su miembro viril respondía entusiasmado.

                - Y yo -fue capaz de decir.

                Helen deslizó su mano por su pantalón y comenzó a frotarla sobre su pijama. Luego se echó encima de él obligándolo a tumbarse debajo de ella y le besó por el pecho subiendo al cuello donde succionó provocándole un increíble escalofrío de placer.

 

                Jackson gimió de placer y  se despertó.

 

 

                Se sentó en la cama y encendió la luz, esta vez de verdad.

                Allí no había nadie y soltó un bufido de abatimiento. Luego se miró entre las piernas y chasqueó la lengua al sentirse mojado.

                - Genial, voy a tener que dormir sin pijama.

                Despertó a las diez de la mañana con un tremendo dolor de cabeza. Se asustó al ver que era tan tarde y se puso a toda velocidad el bañador, agarró la toalla, metió los pies en las chanclas sobre la marcha y cogió la llave del camarote antes de salir corriendo a la piscina, al otro lado del barco.

                - Por favor, aparece, no se te ocurra fallarme hoy.

                Bajó tan deprisa la escalera que casi tiró al suelo a una señora que vio tras una esquina.

                - Lo siento -gritó sin pararse a ayudarla.

                - Que juventud más desquiciada -escuchó protestar a la mujer-. Van con prisas a todos lados.

                Jackson soltó una carcajada silenciosa cuando ya no podía oírle. Hacía tiempo que nadie le incluía en el grupo de la juventud... De hecho, no se sentía tan jovial desde los veinte y aun así le costaba recordar un día que tuviera tantas ganas de ver a alguien.

                - Dios, esa chiquilla me tiene loco.

                - Un crucero jamás debería detenerse en medio del océano, que llamen a algún sitio y manden un equipo de rescate -decía indignada una señora de unos setenta años a quien debía ser su marido.

                Jackson se la quedó mirando extrañado.

                - ¿Qué ha pasado? -Preguntó.

                - ¿No te has enterado? Anoche recogieron a cuatro náufragos. Dicen que una era una niña de tres añitos, pobrecita... Pero estamos detenidos hasta que decidan qué hacer con ellos.

                - ¿En serio?

                Jackson estaba perplejo, hubiera jurado que lo de la barca y el estertor del cuerno de vapor lo había soñado, al igual que la visita nocturna de Helen.

                Continuó su camino prestando atención a lo que decía la gente. Todos parecían indignados de que el barco estuviera anclado, unos porque tenían vuelos el día de la llegada y suponían que el incidente les retrasará y lo perderían, otros porque temían que unos indígenas pudieran secuestrar el barco. Los demás simplemente criticaban la indecisión del capitán.

                Pero a Jackson no le importó. Si se retrasaban tendría tiempo extra para disfrutar con Helen ya que ese podía ser el día más feliz de su vida si le aceptaba como novio. Porque una de las razones por las que no quería seguir con esa aventura era que al final del viaje, sus caminos se separarían miles de kilómetros.

                Pero no había que pensar en eso, debía disfrutar cada minuto en aquel crucero, aunque le rechazara. Pero no lo haría, estaba haciéndose de rogar. Prácticamente se lo había pedido ella.

                Cuando llegó, Helen recogía sus cosas. Ese día llevaba un bikini rosado con bordes plateados y durante un par de segundos estuvo con el corazón detenido por la impresión de verla.

                - ¿Ya te vas? -Le preguntó cuándo se dio cuenta de que recogía.

                - Sí, prescripción del médico -dijo con una sonrisa triste-. Prohibido tomar el Sol a partir de las once. Tengo una extraña enfermedad en la piel. Alergia al Sol o algo así. Pero necesito dosis leves para no sé qué vitamina.

                - Por eso estás tan pálida -dedujo él, entre fascinado y triste porque ya se estaba marchando.

                - ¿Has oído lo de las náufragas? No hablan de otra cosa en el barco.

                - Sí, es toda una noticia. Están alborotados.

                - No me extraña, llevamos parados desde la noche -dijo ella.

                - Lo que no entiendo es por qué nos hemos detenido -Jackson se encogió de hombros y sonrió-. Por mí mejor, ¿eh? Que es tiempo de vacaciones gratis.

                - Visto de ese modo... Bueno, me alegro de verte moreno. Tengo que irme.

                - Espera, no me dejes así.

                Hellen se detuvo.

                - Te acompaño.

                - No te molestes.

                Molestia ninguna, que estoy en vilo sobre tu respuesta.

                - Una mujer necesita su tiempo para pensar esas cosas.

                - Ni siquiera sé cuál es tu camarote.

                - No puedo decírtelo. Mi padre me castigaría sin salir de allí todo el crucero.

                - Él no tiene por qué saber que me lo has enseñado.

                - Sabes que somos ricos, eres un hombre en paro, negro... Mejor dicho, medio negro e hispano -no pasó por alto que había cierto desprecio en su voz-. Me gustas, pero no puedo confiar en ti. Ya nos vemos mañana mejor.

                - ¿Cómo vas a fiarte de mí si no me das tiempo para estar contigo? No me das la oportunidad de dejarme conocer.

                Se le pasó por la cabeza contarle que soñó con ella, o quizás debía decirle que se habían acostado... No, odiaba parecer desesperado, lo tomaría como una indirecta y se enfadaría si pensaba que se interesaba por ella por el sexo.

                - Mañana vendré a las diez -zanjó Hellen-. Sé puntual y tendremos una hora juntos.

                - Estás enfadada porque no he llegado antes, ¿cierto?

                - Que va.

                Sus ojos decían lo contrario.

                - Hoy he pasado una noche... -¿cómo llamar mala a una noche así?, aunque se había despertado con muy mal cuerpo-. No dormí bien, por eso me desperté tarde.

                - Normal, seguro que saliste a bailar.

                - ¿Qué dices? Si lo odio. En serio, debí cenar algo estropeado porque me he despertado con un dolor de cabeza espantoso. Pero créeme, cada minuto que he estado despierto he deseado volver a verte, cuando he visto lo tarde que era al despertar temí que no estuvieras.

                - ¿Estás seguro? -le miró muy sería-. No te puedo llevar a mi camarote -algo cambió en su mirada-. Pero podemos pasear. Si no te importa perder tu natación matutina, claro.

                - ¿Quieres un café?

                - Como quieras -replicó.

                Hellen llevaba puestas sus enormes gafas de sol y una blusa marrón ocultaba con poco éxito su bikini de tiras negras. Abajo no se había puesto nada y sus piernas se mostraban con absoluta libertad hasta donde alcanzaba su larga blusa.

                - ¿De verdad has pensado en mí? -inquirió ella mientras caminaban.

                - Creo que empiezo a entender algunas canciones románticas desde que te conozco.

                - ¿Ah sí?, ¿cuáles?

                - No sé quién lo cantaba, no soy bueno recordando grupos musicales, aunque una decía algo así: "eres como un piojo, no puedo sacarte de mi cabeza".

                - Vaya, ¿gracias? Supongo... Pero no me suena de nada.

                Jackson sonrió avergonzado. Se esforzó en recordar alguna que realmente fuera bonita y le vino a la cabeza una que ponían en el hilo musical  bastante a menudo.

                - Esta me gusta más: "Este cuento sería perfecto si te viera algún día, aunque fuera un momento".

                - Oh, qué bonito.

                - Tampoco recuerdo quien cantaba eso.

                - Antonio Orozco. Me encanta.

                Jackson la vio sonreír emocionada y su corazón aceleró. Estaba casi seguro de que terminaría queriendo ser su novia y ese día sería como el cuento de la canción.

                Por el pasillo vieron que sacaban a tres mujeres y una niña de una sala y las escoltaban en la misma dirección a la que iban ellos. Les llamó la atención que las tres parecían desnutridas, sucias y nada contentas con el trato que recibían. Cuatro hombres de seguridad las acompañaban.

                - Serán las naufragas -murmuró Hellen.

                - Deben ser.

                - ¿Los seguimos? -propuso ella- Quiero enterarme de qué va todo esto.

                - No seas curiosa.

                - Bueno tú haz lo que quieras, yo voy tras ellos.

                - Esta bien, pero no tan cerca.

 

                - Por aquí -indicó uno de los hombres señalando las escaleras.

                Subieron diez plantas hasta una zona donde había un cartel que decía: Acceso restringido a la tripulación.

                A pesar de ello, ninguna puerta o reja impedía el libre acceso.

                - Mami, ¿dónde nos llevan? -Decía la niña.

                - No te preocupes, todo irá bien -respondió la mujer.

                - No vamos a volver, ¿verdad?

                - Espero que no, corazón.

                El miedo en la voz de la chiquilla era tan profundo que Jackson sufrió un escalofrío al escucharla.

                - ¿De dónde vendrán? -Susurró Hellen, angustiada, agarrándose a su brazo con demasiada fuerza. Sintió sus afiladas uñas clavándose en su piel.

                Se encogió de hombros y siguieron tras el misterioso grupo.

                Llegaron a una puerta doble y se metieron dentro.

                Se acercaron aprovechando que no veían a nadie por allí y leyeron "Sala de mando. Prohibida la entrada a personal no autorizado".

                Hellen pegó la oreja a la puerta pero Jackson no fue tan valiente y vigiló las escaleras.

                - Vámonos, como nos pillen nos podemos meter en un buen lío -susurró Jackson, asustado.

                - Cállate, que no escucho.

 

 

 

                - Aquí están, le paso con una de ellas -escucharon la voz de un hombre.

                - Buenos días señoras, les habla el embajador francés en Osaka. Cuéntenme la situación -esa era una voz rasposa que se escuchaba muy débilmente, como una radio antigua.

                Hubo un momento de silencio antes de que ninguna se decidiera a hablar.

                - Señor, buenos días, somos cuatro de las últimas supervivientes de la isla de Tupana -era una voz de mujer-. Aún quedan veinte o treinta personas con vida. Solicitamos que envíen un equipo de rescate.

                - ¿Tupana ha dicho? Negativo, no se puede mandar a nadie a ese cuadrante.

                - Hemos estado hace cuatro horas, le confirmo que hay supervivientes.

                - Nos alegramos que hayan logrado huir a tiempo, vamos a abrir un expediente extraordinario y serán repatriadas a sus respectivos países. Por favor, hagan lo que les ordenen en el barco.

                - Pero no lo entiende, hay bastante gente esperando ayuda.

                - Nos consta que en breve enviarán un destacamento militar que se ocupará de asegurar la zona. No se preocupen y descansen.

                - ¿Militar? Ellos necesitan...

                - Está bien, Rebeca -corrigió otra mujer-. Necesitan gente armada.

                - Brianda, no creo que reciban ayuda. Más bien les acribillarán.

                - No se preocupe señora. Son militares preparados para crisis humanitarias -corrigió el otro hombre-. Retírense, ya lo han oído, recibirán alimento y camas pero les ruego que se mantengan alejadas del resto de pasajeros. No deben enterarse de nada.

                - ¿Nos llevarán a casa? -Preguntó la niña.

                - Claro, preciosa.

 

 

                Cuando Hellen escuchó pasos hacia la puerta se encontró a Jackson poniendo el oído en ese momento.

                - Vámonos, que ya salen.

                Le agarró de la mano, corrieron escaleras abajo conteniendo las risas de la emoción.

                - ¿Qué pasa? -Preguntó Jackson-. ¿Te has enterado de algo?

                - De muchas cosas. Invítame y te lo cuento.

 

 

Comentarios: 4
  • #4

    Ariel (sábado, 28 diciembre 2013 15:14)

    Parece buena, empiezo a unir piezas, pero no tengo claro a los personajes conocidos, todavía

  • #3

    melich (jueves, 26 diciembre 2013 22:20)

    que emocionante siempre lo dejas en suspenso

  • #2

    Vanessa (jueves, 26 diciembre 2013 03:06)

    Wuaoo que pasara ahora? que nervios

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 25 diciembre 2013 19:14)

    Al fin he conseguido tiempo para subir esta parte. Espero que os guste.

Animal es el que abandona a su mascota.

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