Sapphire princess: TransoZeanic

4ª parte

 

 

                Salieron por la cubierta del barco y la gente la tomó por la hija de un millonario. Ambos poseían esa mirada de prepotencia y suficiencia, como muchos otros pasajeros.

                - Vamos a la planta baja, los de aquí tienen demasiados amigos y nos han visto -indicó Rodrigo... George, debía recordarlo.

                - Te sigo -sonrió.

                Al llegar a las escaleras alguien subía los peldaños tres en tres. Un chico alto, fuerte y mulato... Era Jackson.

                - ¡Hellen! Al fin te encuentro. Tenemos que salir de este barco inmediatamente.

                - ¿Qué?

                - ¿Salir? -Preguntó jocoso Rodrigo-. Estamos en medio del mayor océano del planeta.

                - ¿Qué ha pasado? -Intervino ella.

                - ¿De qué conoces a éste...? -No otorgarle un adjetivo despectivo para terminar la frase fue aún más insultante que si se lo hubiera hecho.

                - De la piscina, es amigo mío.

                - ¿El tarado? -Se burló con una media sonrisa.

                Jackson abrió los ojos como platos y la miró con fuerte interés. ¿Le habló del otro chico y no de él?

                - ¿Cómo va a ser ese? Te dije que el retrasado me molestó, no es mi amigo.

                - Siento interrumpir esta interesante conversación familiar -urgió, impaciente y asustado-. O salimos del barco o buscamos un lugar seguro donde escondernos. Ya están llegando.

                - ¿De quién hablas? -Inquirió la chica.

                - Luego te lo cuento, ha ocurrido algo... Estaba en cubierta y escuché que subían la embarcación de las naufragas... Algo les pasó, había unas estacas ensangrentadas, uno se manchó, no sé cómo ocurrió porque no podía verles pero de pronto este mordió a su compañero y se volvieron locos mordiendo a todo el mundo... Ahora están subiendo, contagiando a todos lo que tengan en su camino. Se propagan como la pólvora.

                Apoyando sus palabras subió un griterío general por el hueco de la gran escalera.

                - Vamos al camarote -urgió Erika al asomarse y ver que subían por docenas individuos ensangrentados.

                - No puede estar pasando aquí -dijo Rodrigo al verlos con sus propios ojos. Lo más extraño era que  lo que parecía sorprenderle era encontrarlos en el barco.

                Como él estaban todos los demás pasajeros, paralizados y esperando que alguien les dijera qué hacer.

                - ¡Vamos papá!

                Su planta era la cuarta, los infectados ya habían alcanzado la segunda y algunos subían derechos a las de arriba.

                - A nuestro camarote -Aceptó.

 

                Corrieron cuanto les permitieron las piernas y se encerraron en el 4399. Jackson se regañó a sí mismo por memorizarlo ya que no tenía ningún sentido saberlo ahora, con el barco lleno de locos caníbales.

                El padre de Hellen era notablemente más joven de lo pensaba. Debía tener su misma edad por lo que sintió estúpido por pretender salir con su hija, ya que él mismo podía ser su padre.

                Se mantuvieron expectantes, mirando la puerta por si los... ¿Infectados? ¿Cómo llamarlos? La primera palabra que le vino a la mente al ver a los primeros fue "zombi". Pero, ¿iban a ser eso? Por Dios se estaba volviendo loco.

                Escucharon acercarse las pisadas ruidosas de los primeros. Cruzó los dedos mientras pedía al cielo que pasaran de largo.

                Suspiró al escuchar que se alejaban y atacaban a otros. Sus gritos cortaron su plegaria de agradecimiento. ¿Cómo iba a dar gracias a Dios por que habían muerto otros en su lugar?

                Entonces golpearon su puerta.

                - Malditos ghouls -rugió el padre de Hellen-. ¡La culpa es suya! Sácalo de aquí.

                Le señaló mientras le mataba con la mirada.

                - Por Dios, si abro entrarán -protestó ella.

                No le gustó nada que hablaran de él igual que si fuera un simple atrezo de teatro. Del padre lo esperaba, pero ella hablaba como si le hubiera echado si no tuviera que abrir y exponerse a que entraran.

                - Si no se larga éste estamos perdidos -insistió el padre-. Apesta tanto que los atraerá a todos.

                - Oiga un respeto -se quejó, furioso.

                - Vamos al baño, la puerta es más fuerte -propuso el padre.

                - De acuerdo -aceptó Hellen-. ¿A qué esperas Jackson?, no te quedes ahí parado.

                Tanto el padre como la hija se resguardaron allí y el chico no supo qué hacer.

                Cuando los golpes arreciaron con más fuerza obedeció, pero el padre se precipitó a la puerta y se la cerró en las narices.

                - ¡Papá! ¡Qué haces!

                - No puede entrar aquí, estúpida.

                - Entonces déjame salir.

                - Ni se te ocurra.

                - Déjale entonces.

                - ¿Estás loca? Como abras esa puerta...

                - ¿Me estás amenazando? ¿Qué vas a hacerme?

                - Ya te he advertido demasiadas veces. ¡Hazme caso maldita sea!

                Escuchó esa maldición justo cuando ella abría y se cerraba a su espalda de un portazo. Se quedó apoyada y soltó un profundo suspiro.

                - ¿Erika?

                - Sí, es mi segundo nombre. Vamos al otro baño, corre.

 

 

                Se encerraron en el servicio más pequeño y "Hellen" se sentó sobre el wáter con la cara entre las manos.

                - Es un gil... -comenzó a decir el chico, pero ella le cortó.

                - Cállate, no nos conoces de nada, no te atrevas a juzgarnos.

                - No tiene derecho a hablarte así.

                - Ya... -sus lágrimas gotearon por sus mejillas.

                - Gracias por dar la cara por mí.

                - De nada.

                Qué situación tan incómoda. Quería consolarla pero parecía capaz de enojarla incluso sin decir palabra así que prefirió el silencio y escuchar lo que ocurría fuera.

                Pasaron veinte minutos y los que golpeaban la puerta se dieron por vencidos y se marcharon a perseguir a otros.

                - Parece que tu olor no les llega desde aquí -susurró aliviada.

                Hellen parecía compartir la opinión de su padre respecto a que él era quien atraía a esos animales.

                - Creía que te gustaba como huelo.

                - ¿Qué?

                Jackson recordó el momento en que se lo dijo y cayó en la cuenta de que había sido por la noche, durante su sueño. No podía contarle eso, sería como admitir que pretendía acostarse con ella en cuanto le aceptara, di lo hacía.

                - ¿Eh? Perdona, no sé lo que digo.

                - De modo que otra mujer te ha dicho que hueles bien y pensaste que fui yo. Mi padre tenía razón, no puedo fiarme de ningún hombre.

                Hellen parecía realmente enojada. Ya la había fastidiado. Y esta vez no se le ocurría nada para tratar de arreglarlo. Bueno, podía decirle la verdad...

                - No me lo ha dicho nadie, es que ayer soñé contigo y recuerdo perfectamente que me dijiste eso.

                - ¡Qué adulador! Las otras seguro que pican el anzuelo. Eres un fresco, no me hables.

                - Te juro que es verdad -insistió desesperado-. ¿Qué puedo hacer para que me creas?

                - Ya no me creo nada de lo que digas -sentenció, arisca.

                Jackson se quedó hundido. Acababa de arruinar su primer noviazgo por una metedura de pata estúpida. Aunque no era buen momento para sentimentalismos, sabiendo que probablemente serían de los pocos que habían escapado de los zombis.

                Un rato después, tras un tenso y eterno silencio, alguien llamó a la puerta.

                - ¿Estáis bien?

                - Sí -Hellen se apresuró en abrir.

                - Lo siento hija, no debí hablarte así. Estaba muy nervioso.

                - No importa papá.

                Se abrazaron y Jackson se sintió aún más fuera de lugar.

                - ¿Qué son esas cosas? -Preguntó el marine-. No parecen personas.

                - No, son ghouls.

                - ¿Y eso qué es? -Insistió Jackson.

                - Hace mucho tiempo que no me enfrento a ellos.

                - Espere, ¿ya los habías visto antes? -Increpó, asombrado.

                - Si, pero han pasado muchos años.

                - ¿Cuántos? ¿Treinta? ¿De dónde es usted?

                - Nací en Roma. Y tengo algunos años más de los que piensas.

                Saber que el noviazgo con Hellen estaba descartado le había hecho perder el respeto a su padre.

                -¿Qué sabe de esos ghouls? Porque yo les daría otro nombre.

                - ¿Cuál?

                - Zombis, evidentemente.

                - Ah, cuánta mentira os enseñan los despreciables medios de comunicación.

                - ¿Mentiras? Joder, se supone que no existen, de mentiras nada, que yo nunca pensé que esos putos zombis fueran reales. Creía que eran cuentos como los vampiros o el hombre lobo. Pero hoy hemos visto que no, ¿no le parece?

                - ¿Pero tú sabes lo que significa la palabra zombi? -Replicó furioso-. Son muertos resucitados con el fin de servir a alguien. Algunos brujos de Haití utilizan sustancias y conjuros para reanimarlos y utilizarlos como esclavos. Un zombi es un cuerpo sin ningún peligro ni inteligencia, ni siquiera pueden contagiar a otros su estado. Hasta los informáticos tienen su propia definición de zombi, que es un proceso muerto que roba memoria al sistema sin hacer nada. Si esa gente realmente se comportara así podríamos pasear entre ellos sin ningún temor, incluso darles órdenes como que se arrojen al mar y lo harían sin la menor queja.

                Jackson se quedó callado, era imposible rebatirle nada.

                - Los que están ahí fuera son ghouls -señaló la puerta con furia.

                - De acuerdo bien, papá, explícale lo que son -se impacientó Hellen.

                ¿Ella también los había visto antes?

                - Son muertos vivientes que solo tienen una cosa en la cabeza: comerse a los vivos.

                - Puede que estén infectados de algo y sigan vivos -añadió Jackson.

                - Todo depende de lo que tú entiendas por vida.

                - Que aún les lata el corazón -respondió.

                Hellen y su padre se miraron ofendidos, como si les hubiera insultado.

                - ¿Qué he dicho ahora?

                - La vida -comenzó el hombre-, según la entiendo yo, es cuando son personas racionales.

                De repente se fue la luz y les envolvió un escalofriante silencio aderezado con los gritos lejanos de terror.

                Al ser medio día la luz del exterior aún era abundante a pesar de que entraba a la estancia por dos ojos de buey y la puerta del balcón.

                Jackson se quedó petrificado por las implicaciones de tal catástrofe, sin luz no había comunicaciones. Que fueran capaces de quitarla implicaba que la epidemia no respetaba ni a los que gobernaban el barco.

                - Dios Santo.

                Inmediatamente después de decir eso, regresó la luz con el murmullo apenas perceptible del sistema de ventilación.

                - Vaya, gracias Jesús.

                - Dudo que Dios tenga algo que ver -gruñó el padre.

                - Ni se te ocurra mencionar religiones delante de Rodrigo -aconsejó Hellen-. Es un fanático ateo.

                - Seguramente es el generador de emergencia -añadió en susodicho-, no creo que dure demasiado.

                - Me hizo gracia porque fue mucha casualidad.

                - ¿En serio vamos a tener que aguantar a este imbécil? Si no fuera amigo tuyo le sacaba a patadas de aquí.

                Hellen frunció el ceño enojada. Jackson bajó la cabeza con tristeza.

                - No es mi amigo -replicó furiosa.

                Al parecer ya no era ni eso... ¿Había forma de fastidiarlo todo peor? Que los zombis le hubieran comido sería menos doloroso que escucharla decir palabras tan duras hacia él. Jackson no se atrevió a mirarla y quiso salir corriendo, dolido, pero ella añadió.

                - Es mi novio.

 

 

Comentarios: 8
  • #8

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 28 enero 2014 16:39)

    Yenny, cuánto tiempo sin leer tus comentarios. Me alegro de que estés de nuevo por aquí.
    A ver si consigo publicar más frecuentemente porque ya tengo bastante avanzada la historia y me da rabia no tener tiempo de corregir y publicar.
    Por cierto, ¿yo he dicho que Samantha va a regresar en esta historia? Si es así,... No quiero contar nada en los comentarios para no arruinar lo que va a pasar así que espero que estés atenta a las continuaciones. Pero no te hagas ilusiones con eso.

  • #7

    yenny (martes, 28 enero 2014 15:47)

    Saludos Tony, despues de tiempo regreso y me encuntero esta historiav por lo que veo promete mucho y se ve interesante.
    Que bueno que tienes planeado que regrese Samantha en esta historia , sabes que es mi personaje favorito.
    Espero la continuacion pronto.
    Cuidate mucho espero que te vaya bien a ti y a tu familia.

  • #6

    Ariel (martes, 28 enero 2014 15:22)

    Me gusta la historia, espero como los demás que en un futuro vuelvas a tus historias tradicionales, pero esta esta bastante bien llevada.

  • #5

    Juan Antonio (domingo, 26 enero 2014 01:56)

    Sin ánimos de contrariar al autor del sitio, yo concuerdo con Anón. Aunque tiene relativamente poco tiempo que descubrí este sitio, muchas de las historias de esta web me han cautivado de sobremanera. Espero leer pronto una historia nueva de Antonio Jurado o de Génesis y Alastor, quienes son mis personajes favoritos.
    Saludos y felicitaciones
    JAGP

  • #4

    Tony (sábado, 25 enero 2014 04:58)

    Aunque parezca definitivo, no lo es. Los zombis cobrarán una importancia mínima en esta historia, donde yo mismo pensé lo que tú. Los zombis no dan mucho más de sí pero hay que cerrar "la sagas" abiertas que es lo que pretendo con este último relato.
    Antonio Jurado volverá, Samantha tsmbién, dudo que pueda volver a escribir sobre Verónica, aunque nunca se sabe. Lo que creo que es definitivo es que esta es la última historia de zombis que escribiré.

  • #3

    Anon (sábado, 25 enero 2014 01:49)

    Hace bastante que soy lector de esta página, y todavía no puedo comprender por que se hizo la transición definitiva a una temática tan pobre en valor estético como son los "zombies", las historias de terror clásicas sobre espíritus y vampiros pueden tener una cantidad de situaciones mucho mas ricas e interesantes que esto. Espero en un futuro cercano poder volver a leer historias como la saga de Antonio Jurado y las historias de los personajes cercanos a el. Saludos.

  • #2

    valeria (jueves, 23 enero 2014 20:52)

    estuvo buenísimo kiero mas!!!

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 23 enero 2014 11:46)

    Ya puedes comentar si te ha gustado o quieres pedir la continuación.
    Si no te ha gustado, seguramente no llegaras hasta aquí.

Animal es el que abandona a su mascota.

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