Sapphire Princess. TransoZeanic

6ª parte

 

 

                Guardaron silencio varios minutos y Jackson no supo romperlo. Hellen era un misterio para él y conocer ese difícil secreto no la favorecía. La inocencia que aparentaba al conocerla ya no existía.

                Ahora, incluso la temía. Los dos zombis que se encontraron no pudieron perder la cabeza simplemente por el susto de verlos.

No sabía cómo, pero de algún modo Hellen acabó con ellos. No... Ahora lo sabía. Le había mentido para que dejara de preguntar.

                Iba a preguntarle por todo ello cuando escucharon que alguien rompía un cristal.

                - Ni respires -ordenó Hellen.

                Todos los camarotes tenían acceso a cubierta a través de una cristalera junto a la cama de la habitación principal.

                A pesar de ser cristales templados, formidablemente fuertes, alguien los había roto y estaba entrando.

                Guardaron silencio y hasta aguantaron la respiración para evitar ser detectados. Fuera quien fuese, si pudo romper esa puerta, la del baño sería como de papel.

                - Hellen, lo siento -escucharon-. Sé que estás por aquí...

                Era el padre.

                Jackson suspiró aliviado y se iba a levantar, pero la chica casi le rompe el brazo al sujetarle. La miró extrañado y vio que estaba aterrada. Le suplicaba silencio con el dedo índice en los labios.

                - Hellen no me hagas buscarte por todo el barco -insistía el hombre con fingido dolor.

                Por suerte no les detectó y se fue al siguiente camarote.

                Jackson pensó que si tanto apestaba, como decía Rodrigo ,¿ por qué no le olió?

                - Él no era quien te olía, se refería a los zombis -susurró Erika, como si hubiera escuchado lo que pensaba.

                Se la quedó mirando asombrado y ella le sostuvo la mirada. Esos segundos le pareció mucho más atractiva y madura de lo que realmente era. ¿Cuántos secretos escondía?

                - Escúchame, negro estúpido - siguió hablando su padre a pleno pulmón, ya fuera del camarote-. Esa mujer que te acompaña no es de fiar. Te está utilizando y te hará creer que te quiere, puede que te prometa cosas con las que nunca soñaste, pero antes de una semana estarás criando malvas. No tiene alma ni corazón, es un monstruo como yo. Más te valdría huir de ella.

                Escuchar esas palabras mientras la miraba a los ojos fue bastante extraño. Ese hombre la conocía suficiente para decir la verdad... ¿O acaso mentía con el propósito de que desconfiara y la delatase? Desconfiar ya desconfiaba sin su ayuda, pero aún más de él.

                - Ya se fue -susurró, sin dejar de mirarla.

                - Este sitio ya no es seguro -replicó ella-. Hay que buscar otro.

                - ¿Por qué le temes?

                - Nunca me lo perdonará.

                - ¿Que te fueras de su lado conmigo?

                - No, que te cuente nuestros secretos. Vamos, ya hablaremos más tarde, busquemos otro sitio.

                Salieron del baño y justo en ese momento se estaba asomando un zombi a la habitación desde la terraza. Al verles levantó los brazos y entró aparatosamente tropezando con la parte inferior de la puerta. Golpeó su cabeza con una silla y su mandíbula salió despedida por el impacto.

                Se levantó sin emitir la menor queja y les siguió hasta la puerta de salida que cerraron justo para que no pudiera seguirles.

                Su alivio duró muy poco. Dispersos por el pasillo debía haber un centenar de zombis más, desorientados. Algunos grupos deambulaban sin un objetivo claro, otros golpeaban alguna que otra puerta.

                - Creo que mejor volvemos a entrar -susurró Jackson.

                Un violento golpe al otro lado le la superficie metálica delató ante todos su delicada situación.

                Los no muertos volvieron la cabeza hacia ellos y se lanzaron en una furiosa lucha por ser los primeros en alcanzarles.

                El corazón de Jackson se detuvo cuando más de una veintena caía sobre ellos como ratas a por un trozo de pan.

                Cerró los ojos resignado a ser devorado cuando alguien tiró de su brazo y cayó de bruces en una mullida alfombra. Escuchó un portazo y se recompuso. Hellen sostenía la puerta con ambas manos  soportando las embestidas de los hambrientos zombis. Se giró para apoyarse y levantarse pero se encontró a su lado al zombi sin mandíbula... Y sin media cabeza.

                - ¡Ah! -Exclamó, sorprendido.

                Al asegurarse de que no se movía lo examinó con morbosa curiosidad. Le habían reventado el cráneo con algo duro como un martillo. Pero hacía un instante estaba golpeando la puerta... ¿Cómo...?¿Quién...?

                La sangre aun brotaba de su cerebro aplastado y al verla le vinieron arcadas y vomitó encima del cadáver.

                - Para ser militar eres bastante gallina -acusó Hellen.

                - Nunca había pasado por algo semejante a todo esto.

                - No me extraña, sino estarías muerto. Levántate y ayúdame a asegurar la puerta.

                Tragó saliva, avergonzado de que una chiquilla le estuviera llamando cobarde, y arrimó una pesada silla hasta su compañera. Ésta la clavó al suelo contra el pomo de la puerta.

                ¿Acaso era prima de Superman? Nunca vio velocidad y fuerza semejantes.

                - Tienes que contarme muchas más cosas -le dijo.

                La chica se volvió hacia él y le miró con ojos, desafiante.

                - No tengo por qué.

                - Al menos dime qué diablos eres, ¿De qué planeta has venido?

                La pregunta arrancó una sonora carcajada a la chica.

                - No puedo crees lo que has dicho. ¿Crees que soy de otro planeta?

                - Esa fuerza no es normal.

                - Por más que lo he intentado la normalidad no es algo con lo que pueda convivir. ¿Confías en mí?

                - Pues claro, me acabas de salvar la vida.

                - En ese caso no preguntes más y sigue confiando. Hay secretos que podrían matarte, ya te lo dije. Si quieres te cuento la verdad...

                - Tu padre ya lo da por hecho. Si me mata, que al menos sepa por qué.

                - Eres un idiota, pero si es lo que quieres...

                - Por favor.

                - Tengo cerca de trescientos años y me alimento de sangre.

                Jackson esbozó una sonrisa de incredulidad pero luego ató cabos.

                - ¿Una vampiresa? Imposible, te he visto tomar el Sol. Espera, ¿esa es tu enfermedad en la piel? Claro, por eso tenéis gente en el baño secuestrada... Espera no puede ser, los zombis eran demasiado...  ¿Sois vampiros?

                Erika no dejó de mirarle como si disfrutara escuchando sus conclusiones.

                - ¿Sabíais lo de los zombis? Por eso aparecisteis aquí...De algún modo estáis implicados en todo esto. Un momento, tu padre dijo que no me fiara de ti. ¿Es que piensas morderme?

                - Eres el único ser humano de este barco, que yo sepa. Aun no tengo hambre, pero cuando la tenga no hay suficiente barco para que puedas esconderte de mí.

                - Qué graciosa -rio Jackson-. ¿Es una broma? ¿No lo es?

                La seriedad de Erika le borró la sonrisa-. ¿Te alejaste de tu padre para no tener que compartir mi sangre?

                - El plan era fastidiarle, así de  simple. Pero las cosas se han torcido.

                - ¿Estás hablando en serio?

                - Con tu sangre viviré hasta cuatro días, luego morirás. Dentro de diez segundos serás incapaz de asimilar todo esto y no vas a creer nada, de modo que lo olvidarás.  Llegarás a pensar que te amo hasta el punto que me ofrecerás tu cuello para que yo viva un día más. Aceptaré tu sacrificio y veré la decepción en tus ojos justo antes de que mueras ante mí.

                -¿Me tomas el pelo?

                - Ha ocurrido antes. Y tengo demasiada experiencia con estas cosas. 

                ¿Qué podía responder a eso? Tenía previsto acabar con él y no parecía que eso fuera un problema para ella. Imposible... No podía creer nada de lo que le había dicho pero... Justo era lo que ella predijo, que no la creería.

                - No sé qué ocultas pero esas fantasías son inútiles, debes afrontar la realidad ¿Tu padre te pegaba?

                - ¿Eh? -Erika soltó una carcajada.

                - Admítelo, tienes problemas con los hombres.

                - No los tuve cuando te conquisté en la piscina -alegó ella.

                Tenía razón, no entendía cómo le había gustado con sus frecuentes meteduras de pata.

                - Un momento, no fue una pesadilla, ¿verdad? Tú me dijiste de verdad que olía bien, viniste a mi camarote, ¿Todo eso fue real?

                Erika se lamió los labios.

                - Supongo que no puedo ocultártelo más. Perdiste el sentido en mis brazos, fue muy tierno.

                - Por eso me desperté tan cansado... ¿Y te enfadaste conmigo sabiendo que era la verdad?

                Ella sonrió con picardía.

                La puerta tembló por un formidable golpe que venía del exterior. Hellen se apoyó con una mano y con los empujones sucesivos no volvió a temblar.

                Jackson la ayudó pero no tenía ningún sentido, su fuerza era inmensa.

                - ¿Por qué odias el agua?

                Le miró sonriente y pareció dudar si responder o no.

                - Me delataría si trato de bañarme y camino por su superficie. Los vampiros no tenemos peso.

                - ¿Qué?

                - Soy una visión tangible. No tengo ni vida. Lo que ves no es más que una ilusión.

                - Todo lo es -añadió Jackson-. Puede que me despierte en cualquier momento, esto es tan raro que dudo mucho que sea real.

                - Me gusta tu actitud. Creí que te asustarías y huirías de mi como todo el mundo, cuando se entera de la verdad. Envidio tu forma de ver las cosas. Da igual lo mal que lo pases, tienes la certeza de que todo acaba en algún momento.

                - ¿No puedes morir?

                - ¿Puede el vapor evaporarse?

                - Entiendo... Pero según las leyendas una estaca, el agua bendita, los ajos... El Sol, Pueden haceros daño.

                - En cierto modo así es. El Sol nos priva de las fuerzas y nos quema, la luz artificial nos hace vulnerables , el agua delata nuestra incorporeidad, al igual que los espejos, los animales... Y el ajo apesta a podrido. Tenemos un gran olfato,  puedo encontrarte aunque te escondas en la otra punta del barco.

                - Tu padre no nos encontró antes.

                Ella sonrió.

                - Está destruyendo a los ghouls, a eso vinimos. No nos buscaba, me advertía sutilmente que podía jugar contigo hasta que salgamos del barco. Si te mato me perdonará.

                -Definitivamente estoy jodido, ¿no?

                - Digamos que lo estás menos que los de fuera. Él no va a preguntar di están sanos o infectados.

                Jackson sonrió como si no le importara.

                - ¿Dices que sabíais que esto pasaría?

                - Algo así.

                - No lo habéis causado -afirmó dubitativo.

                - Rodrigo no descansará hasta que acabe con la plaga. ¿Por qué íbamos a causarlo?

                - ¿Pero cómo supisteis que la encontraríais aquí?

                - Hay una bruja gitana que nos ayuda desde hace tiempo. Puede enterarse de estas cosas de algún modo que no alcanzamos a entender. La semana pasada nos llamó y nos dijo que subiéramos en este barco si no queríamos que el mundo se acabara. Conoce a Rodrigo desde que cumplió los quince años. Ella sabe lo mucho que se obsesiona mi padre por mantener ciertas cosas bajo control.

                - ¿De dónde es esa mujer?

                - Vive en Europa, su nombre es Fausta.

                - ¿Entonces qué? ¿Esperamos a que los destruya a todos y luego me matas?

                - No pienso salir ahí mientras estén esos ghouls y mi padre -replicó ella.

                Jackson asintió. Pronto los zombis dejaron de embestir la puerta y pudieron relajarse.

 

                "Recuerda hijo, cuando conquistas una mujer estas son como la comida -recordó uno de los consejos de su padre-, imagina que vas a un restaurante donde puedes elegir cuchara o cuchillo y tenedor. Si eliges mal la jodiste. Hay dos clases de mujeres a la hora de empezar una relación, las que buscan una relación seria y las que solo quieren filete. No sé si me entiendes… A una mujer que busca una relación seria no puedes entrarle a cuchillo o la espantas. Y a una que te busca para tener sexo no se te ocurra regalarle flores.“

                Así era su padre, un filósofo urbano frustrado, pero a pesar de que nunca le sirvió para nada ese consejo, tenía bastante razón. Le recordó con una sonrisa ya que poco antes de morir cada vez que veían una tía buena su padre le decía “mira hijo, esa a cuchillo y aciertas.”

                Le asaltó la duda ¿Qué era Erika? ¿Sopa o filete?

                Cuando la conoció estaba convencido de que era una sopita calentita. Después pensó que él era la sopa y ella la cuchara, pero ahora entendía que no era una simple metáfora. Si seguía a su lado, se lo bebería entero.

                - De modo que en tu camarote hay una chica de unos quince años -susurró.

                Erika le miró intrigada por lo que iba a decir.

                - ¿Qué será de ella y su padre? ¿Y las náufragas? Ah, déjame adivinar. No pueden quedar testigos.

                Erika no contestó, se limitó a cerrar los ojos un poco.

                - Claro, porque sois... Como súper héroes que salváis a la humanidad de las fuerzas oscuras, sin importar los daños colaterales.

                - Es inevitable, es necesario que se guarde el secreto...

                - ¡Y una mierda!, no pienso quedarme a ver cómo extermináis a los supervivientes.

                Erika entrecerró aún más los ojos.

                - ¿Qué vas a hacer? No tienes dónde ir.

                - Sí que tengo, prefiero que me transformen en zombi antes que servir de menú para un monstruo como tú.

                Erika abrió la boca ofendida.

                - Me largo -gritó furioso, arrancando la silla que bloqueaba la puerta.

                Le costó un gran esfuerzo liberarla de la palanca que ejercía con la puerta pero la furia le permitió arrancarla partida por la mitad. Aprovechó que tenía el respaldo en la mano para quedárselo como arma.

                - ¿Lo ves? -Dijo Erika cuando abrió la puerta-. Conocer mi secreto te va a matar...

                Jackson la miró sorprendido. Esperaba de ella que le atacara, que le impidiera irse.

                En cambio estaba llorando.

Comentarios: 6
  • #6

    yenny (viernes, 14 febrero 2014 05:40)

    Gracias Tony, la mayor parte del tiempo soy paciente pero en lo que se refiere a tus relatosentro en crisis de ansiedad jaja,
    eso significa que son muy interesantes.
    Espero que tengas tiempo pronto.
    Cuidate , bendiciones.

  • #5

    Tony (jueves, 13 febrero 2014 13:58)

    Ultimamente me falta tiempo hasta para hacer la comida. Pero trataré de subirla cuanto antes.

  • #4

    yenny (jueves, 13 febrero 2014 05:38)

    continuacion, continuacion me declaro en huelga de hambre hasta que subas la septima parte jajaja es una bromita pero Tony por favor siguiente parte

  • #3

    Tony (viernes, 07 febrero 2014 23:34)

    Unos años antes de conocerla. Pero es él.

  • #2

    yenny (viernes, 07 febrero 2014 23:29)

    Esta muy interesante quiero ver que pasa con las naufragas, espero que se salven.
    Una pregunta este Rodrigo esel mismo que era compa;ero de Samantha o me equivoco.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 07 febrero 2014 14:58)

    Comenta aquí tu opinión sobre el relato.

Animal es el que abandona a su mascota.

Si es la primera vez que entras a la página, te recomiendo que entres al Indice.

¿Te gusta esta página?

 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

El asesino que escribía cartas de amor

 

Libro primero de la recopilación de relatos más relevantes de la página.

Disponible a la venta. 

 

Haz click para ver detalles.

  

Ilustración por Antonio J. Fernández Del Campo.

 

Próximamente:  Segundo volumen recopilatorio.

 

Fausta

 

Ya disponible en papel

 

CONTACTO: 

 

Si quieres recibir por email los avisos de las novedades más recientes, inscríbete en el enlace siguiente.

 

Si quieres contactar conmigo directamente por email, escríbeme a esta dirección:

 

tonyjfc@yahoo.es

Chat

Contenido protegido por la ley

El disco de 2 Gb más pequeño del mundo
El disco de 2 Gb más pequeño del mundo