Salió cerrando de un portazo.

                Se quedó en la puerta unos segundos con el corazón destrozado. Era demasiado... Una chica tan guapa no se fijaría en él ni borracha. Era la historia de su vida...

                ¿Dónde estaban los zombis?

                Escuchó gemidos en dirección a la escalera y se dirigió hacia allí. Cada paso que daba le arrancaba un pedazo del amor que creía sentir por Erika... Se convenció de que ella no le quería más que por llenar su estómago y si no le atacó fue porque pensaba acecharle... ¿Pero por qué no le retenía? Le gustaba la caza.

                Cuando pasó por el camarote 4899 se detuvo. Podía salvar a esas dos personas encerradas, ahora no se lo impediría nadie.

                Intentó abrir la puerta pero no se movió. Resopló al recordar que habían salido por el balcón y ese acceso estaba cerrado con pestillo. Si los zombis no pudieron con ella, él menos aún.

                Buscó la siguiente habitación hasta que encontró una abierta. Entró y golpeó a una mujer zombi derribándola al suelo.

                Aprovechando su lentitud, debida a la obesidad, fue corriendo hasta el fondo del camarote saliendo por el balcón. Su decepción fue mayúscula cuando vio un panel bloqueando el paso. Tragó saliva y se planteó pasar por encima de la barandilla. El barco se movía ligeramente y no tenía donde agarrarse.

                 Demonios, esto parece un concurso de  "elige cómo morir".

                No lo pensó dos veces, pasó el respaldo de la silla que usaba como arma al otro lado y se subió a la barandilla. Estuvo a punto de perder el equilibrio cuando el panel se movió con brusquedad.

                — Largo de aquí hijo de puta —gritó un hombre.

                El terror le había enloquecido y movía la mesa que colocó para cortar el paso. Jackson tuvo que soltarla pero al estar sobre el palo de madera abrió los brazos tratando de no caerse y finalmente logró saltar a suelo firme.

                La mujer zombi se le echó encima y no tenía armas para defenderse. La sujetó por las muñecas y su cabeza avanzó hasta su pecho como si no le importara dislocarse los hombros.

                La esquivó por acto reflejo y al caer sobre la barandilla con toda su fuerza la zombi se balanceó en ella. Como vio que no caería sin ayuda la cogió por una pierna y tiró hacia arriba. ¡Cómo pesaba la condenada! Tuvo que coger la otra y tirar con todas sus fuerzas. Cuando al fin cayó escuchó su gemido alejarse hasta que impactó con el agua. Fueron al menos cinco segundos... Como caer de un sexto piso.

                Aliviado por la aparente calma se puso en pie mientras su corazón latía frenéticamente. Demasiados sustos en tan pocos segundos.

                — Escuche, señor. No soy un zombi. Necesito pasar a una habitación.

                — ¿De qué demonios habla? Sé que es un pirata. No pienso dejarle pasar. ¿Cómo sé que no me matará para robarme? No soy estúpido.

                — No me importa el dinero, es... Da igual, ya buscaré otro camino.

                Volvió a la habitación pero sus voces habían atraído más zombis y al estar la puerta abierta se colaron dentro. Eran dos viejos con heridas muy feas en los brazos, piernas y pecho.

                Agarró una silla y al levantarla le tembló el pulso. Debía pesar cinco kilos y estaba tan nervioso que sentía que tenía brazos de gelatina.

                Golpeó al primero pero al segundo no le dio tiempo y le agarró del cuello (ya había aprendido que agarrar a los zombis por los brazos era poco efectivo) y el viejo le arañó con sus uñas ensangrentadas. Con un giro rápido y le  lanzó sobre el otro. Salió del camarote y vio a tres más entre él y 4899.

                Corrió embistiendo contra uno, que cayó de bruces, pero el zombi logró agarrarle de una pierna. Le derribó con él y los otros dos se dejaron caer con la boca por delante.

                Cerró los ojos y sus cuerpos cayeron como pesos muertos sobre su pecho.

                Al hacinarse uno encima de otro, el de abajo se quedó con la cabeza lejos de él y no podía morderle y el de arriba intentaba alcanzar su hombro desde arriba. Por suerte para Jackson eran zombis jubilados, con mucha hambre y poca o nula habilidad. Pero su sobrepeso le estaba aplastando y necesitó serpentear con gran esfuerzo debajo de ellos para salir de la pequeña melé.

                Cuando se liberó de los zombis seguían buscándole debajo.

                El camino estaba despejado y buscó otra puerta... Pero la única que había en esa dirección era la de Erika.

                — ¿Seguirá ahí? —Se preguntó.

                Pensó en entrar y pasar de largo pero al coger el pomo de la puerta y girarlo se dio cuenta de que deseaba reconciliarse, quería olvidar lo que le contó y continuar el idilio que empezaron.

                Empujó la puerta pero no la encontró dentro.  Pasó a la habitación principal y fue directo al balcón. Le aliviaba pensar que se hubiera marchado y en cierto modo sintió dolor porque no pudo volver a verla.

                Cuando salía por la puerta rota la escuchó sollozar en el baño. Fue como una descarga eléctrica, se quedó sin respiración y no pudo moverse.

                Los vampiros no existían pero ella creía serlo. Aunque eso pensaba de los zombis y ahí estaban.

                La imagen del padre y la hija amordazados en el baño del camarote contiguo le despertó del trance y salió apresuradamente por la puerta rota para rescatarlos.

                Qué cerca estaban, apenas a cuatro metros encontró la siguiente puerta de cristal.

                Pero una plancha de vidrio, firme como una pared de hormigón le impedía el paso. La otra la destrozó Rodrigo de un golpe pero si era cierto que era un vampiro, podía tumbar un tanque sin apenas esforzarse.

                Para colmo las sillas y tumbonas estaban fijadas en el suelo. No tenía modo de romper ese cristal.

                Excepto si volvía al camarote de Erika a coger algo contundente.

                La rabia le hizo dar una patada al cristal y éste ni tembló.

                — Maldita sea... No pienso creer que le duele que me haya ido.

                Regresó convencido y al volver escuchó que lloraba pero dejó de hacerlo al entrar y acercarse.

                — ¿Cuándo piensas salir a acecharme?

                No recibió respuesta.

                Aferró una de las sillas de madera maciza y salió decidido a no volver nunca más por ahí.

                Con todas sus fuerzas, golpeo el vidrio con el pesado objeto y se rompío en pedazos. Se quedó con el respaldo en la mano y el resto se había desecho por el impacto en multitud de astillas, palos y tornillos.

                Pero el cristal resistió sin un rasguño.

                — ¡Mierda!

                Para colmo la vibración del estallido de la madera le llegó a las manos y se le quedaron doloridas.

                Y Rodrigo la rompió como si nada.

                Se iba a dar por vencido cuando se dio la vuelta y se encontró a Erika mirándole con curiosidad.

                Le dio tal susto que retrocedió un paso.

                — ¿Qué haces?

                — Nada, no te importa.

                — Pues para no hacer nada estás haciendo demasiado ruido.

                Esta vez su voz ocultaba un reproche contenido.

                — ¿Puedes abrirme la puerta de tu camarote?

                — No.

                Claro que no, le habían advertido por activa y por pasiva que no se acercara a ese lugar.

                — Hasta que no los veas no te vas a quedar tranquilo, ¿no?

                Jackson retrocedió otro paso chocando con la barandilla.

                — ¿Entiendes ahora por qué te lo ocultaba? Yo no he cambiado... Pero tú... No me miras igual.

                — Me acabas de decir que vas a matarle. ¿Cómo quieres que te mire?

                — Es cierto, pero he sido sincera. Podría torturarte, eso es lo que hacen los monstruos, y no lo he hecho.

                — Te equivocas, los monstruos toman vidas ajenas como si no valieran nada.

                — ¡No soy un monstruo!

                — ¿Ah no?, entonces ¿me dejarás salvar a vuestros tentempiés?

                Sin pensarlo Erika lanzó un puñetazo a la puerta de cristal y esta se rompió en millones de cristalitos.

                El marine abrió la boca aterrado por la fuerza que demostró sin el menor alarde.

                — Ya no me importa, no quiero seguir viviendo así.

                Se dio media vuelta y se volvió a encerrar en el baño. Jackson no se lo impidió aunque le dolía mucho verla tan triste. ¿Por qué? Maldita sea, era un monstruo a pesar de que pareciera tener sentimientos.

                Sin aire, como si alguien le apretara el estómago con el puño, se metió en el camarote. Vio la mochila con la toalla de Hellen tirada junto al sofá... No, su nombre era Erika.

                Golpeó con el puño en la pared del baño impelido por su lucha interna. No hacía más de media hora era el hombre más feliz del mundo porque ella quería que fuese su novio. Todo se había torcido y en ese cuarto estaba la confirmación de que la pesadilla era real.

                Abrió la puerta y se asomó.

                No vio a nadie.

                Corrió la mampara de la ducha y encontró lo que temía, una bañera jacuzzi donde cabían dos personas. Pero allí no estaban. No había rastro de ellos.

                — Joder, esto es de locos.

                Escuchó los gemidos de una chica, los mismos que sonaron cuando intentó entrar la última vez.

                ¿De dónde salían? Examinó el baño con detenimiento y vio un mueble empotrado en la pared junto a la bañera de lujo. Lo abrió y los encontró, una niña de unos quince años estaba atada y amordazada apoyada sobre el hombro de su padre, inconsciente y pálido, ambos con múltiples heridas en el cuello y brazos. La chica estaba despierta y le pedía con la mirada que les sacara de ahí.

                Antes de pensar las consecuencias si los soltaba y el gran enfado que causaría al padre de Erika ya había desatado a la chiquilla y empezaba a hacer lo mismo con su padre, un hombre algo rechoncho de no más de cuarenta años.

                Lo primero que pensó fue que la niña era muy fea, pero se enojó consigo mismo por pensar semejante cosa.

                "Pero qué estoy pensando".

                — Gracias —dijo la niña con voz temblorosa.

                Al liberar a su padre se despertó y se lo quedó mirando como si no entendiera qué estaba pasando.

                — No puedo prometerles que saldrán con vida del barco, pero no dejaré que mueran como ganado.

                — ¿Quién es usted? —Preguntó, confundido el padre.

                — ¡Ah! —Gritó la verdadera Hellen mirado a la espalda de Jackson.

                No tuvo tiempo de mirar. Alguien le agarró por el cuello y le hizo volar contra el espejo del lavabo. Cuatro costillas le crujieron por el golpe y en la caída se clavó el grifo en los riñones.

                Tardó unos segundos en recuperar el resuello y cuando lo hizo vio a Rodrigo frente a él.

                — He sido magnánimo contigo —sermoneó—, mi hija se ha encaprichado contigo. Pero te has pasado de la raya.

                Cerró la puerta de un portazo y echo el pestillo.

                — Veamos a qué sabe la sangre de un negro.

                Le cogió por el cuello dolorido y quiso gritar por la fuerza de su mano. Parecía una tenaza de acero.  Sus colmillos penetraron en su yugular como tenedores en carne tofu. Succionó y se mareó... Era una sensación familiar... Erika le había hecho lo mismo pero no lo recordó hasta ese momento.

                La niña lloraba, el padre respiraba entrecortadamente... Ninguno se movió para ayudarle paralizados por el pánico.

 

                Despertó en los brazos de Erika. Estaba sentada en el suelo y él tumbado con la cabeza sobre sus piernas. Trató de incorporarse pero ella le mantuvo inmóvil poniéndole la mano en el pecho.

                — No intentes levantarse —dijo—. Necesitas descansar unas horas.

                — ¿Por qué? No me encuentro mal.

                — Si te pones de pie no te llegará sangre al cerebro y caerás desmayado sin saber por qué.

                — ¿Qué? Me has salvado.

                — Si tú lo dices...

                — ¿Qué ha pasado con la niña y su padre?

                — Están muertos.

                — ¿No llegaste a tiempo?

                — ¿Me culpas a mí? Yo no fui quien se empeñó en sacarlos de ahí.

                — No podía dejarles.

                — ¿Por qué los mortales creéis que podéis conseguir cualquier cosa?  Has enojado a Rodrigo, y él no suele perder la calma por nada.

                — Entonces sigue vivo.

                Había sospechado que se enfrentó a él por salvarle y que lo había matado. Pero por lo visto no fue así.

                — Vives feliz en tu ignorancia y seguramente desearás que te lo cuente todo y si lo hago... Me arrepentiré de haberte conocido.

                — Hablas como si me quisieras.

                — ¿Cuándo te he dicho que no te quisiera?

                La miró a los ojos y estaba llorando.

                — No lo entiendo... Me querías matar. Entonces ¿Por qué me has salvado?

                Ella le devolvió la mirada y puso su dedo índice en sus labios.

                — Guarda fuerzas, necesitas reponerte.

                — Quiero que sepas que nunca acepté que fueras tan mala. Que no he podido dejar de pensar en ti ni un segundo.

                Ella suspiró y dejó de mirarle. Elevó la vista al techo y él pudo ver su cuello. Tenía dos profundas marcas; Rodrigo la había mordido.

                Miró a su alrededor y vio el baño donde se refugiaron con la puerta cerrada.

                — Sé que me arrepentiré de que me lo cuentes pero, ¿qué pasa Hellen?

                — Soy Erika.

                — No, eres Hellen. Quiero creer que lo nuestro es real y el resto es una pesadilla.

               Hellen era la niña de la que me alimentaba. Yo soy la pesadilla.

                — No guardo ningún sentimiento por esa otra chica, te he conocido a ti.

                — ¿Me quieres?

                — No puedo evitarlo.

                — ¿Quieres la verdad? —Inquirió Erika.

                — Creo que ya la sé. Pero dímelo tú.

                — ¿Qué crees saber?

                Jackson cerró los ojos y dos lágrimas desbordaron por sus mejillas.

                — Sólo te dejará salir viva de este baño si acabas conmigo antes.

                Erika sonrió mientras le acariciaba la mejilla. Él cogió su mano  y la apretó contra su piel.

                — Tenías razón, voy a dejar que me mates porque quiero que te salves tú.

                La vampiresa lloró abiertamente al oír eso.

                — Hazlo.

                — Me amas aun sabiendo lo que te espera...

                Erika le subió hasta la altura de su boca y le besó en los labios. Aunque la sintió como una fría estatua de mármol, Jackson pensó que no podía imaginar una forma mejor de morir. Incluso ella parecía amarle, quizás se plantearía hacerle inmortal.

                Según lo pensó, sonrió. También eso se lo había advertido. Moriría sin saber lo que Erika sentía por él. Aunque ese beso no formaba parte de los planes. No, ella le quería...

                Los labios de Erika se separaron de los suyos pero no de su piel. Bajó hasta su cuello y lo mordió.

                "Esto es el fin" —pensó.

                Cerró los ojos. Erika hundió los colmillos en su yugular y él la abrazó mientras le succionaba  la vida.

Sapphire princess:TransoZeanic

7ª parte

Comentarios: 5
  • #5

    Hernan (domingo, 22 febrero 2015 18:18)

    Es la habitacion 4399, no la 4899! Saludos, buena historia.

  • #4

    yenny (miércoles, 19 febrero 2014 05:10)

    Entonces estare esperando.

  • #3

    Tony (lunes, 17 febrero 2014 07:11)

    El relato no termina aun. Podeis estar tranquilas.

  • #2

    yenny (lunes, 17 febrero 2014 04:55)

    Ciertamente es muy bueno y podria quedar como final pero quisiera saber en que quedan los zombies.
    En esta parte aprendi palabras que nunca habia escuchado, Tony quisiera saber el significado de impelido en este contexto seria impulsado ?corrigeme si estoy mal.
    Una septima parte muy interesante espero que haya otra mas.

  • #1

    Ariel (domingo, 16 febrero 2014 14:32)

    Ojala no sea el final de la historia, aunque es muy bueno

Animal es el que abandona a su mascota.

Si es la primera vez que entras a la página, te recomiendo que entres al Indice.

¿Te gusta esta página?

 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

El asesino que escribía cartas de amor

 

Libro primero de la recopilación de relatos más relevantes de la página.

Disponible a la venta. 

 

Haz click para ver detalles.

  

Ilustración por Antonio J. Fernández Del Campo.

 

Próximamente:  Segundo volumen recopilatorio.

 

Fausta

 

Ya disponible en papel

 

CONTACTO: 

 

Si quieres recibir por email los avisos de las novedades más recientes, inscríbete en el enlace siguiente.

 

Si quieres contactar conmigo directamente por email, escríbeme a esta dirección:

 

tonyjfc@yahoo.es

Chat

Contenido protegido por la ley

El disco de 2 Gb más pequeño del mundo
El disco de 2 Gb más pequeño del mundo