Sapphire Princess: TransOzeanic

9ª parte

 

                La niña miraba a Erika como si esperara una respuesta. Pero Rodrigo no admitiría objeción alguna. Eran las últimas y no las dejaría salir con vida de allí.

                - No pienso hacerlo –susurró la vampiresa con lágrimas en los ojos-. Esto es lo que nos convierte en monstruos.

                - Tú ya has hecho bastante -respondió, jovial-. Descansa que de estos me ocupo yo.

                - ¡No te acerques! -Amenazó el oficial del arma.

                Rodrigo no hizo caso y al verle acercarse el hombre disparó a bocajarro. No esquivó la bala, rebotó en su cara y no sufrió ni un rasguño. El proyectil impactó en una pared y acabó alojándose en el pecho de una de las chicas.

                - Eso ha dolido -se quejó con un gemido.

                - ¡Camila! -Gritó su hermana.

                El oficial miró hacia atrás y vio que la muchacha se derrumbaba en el suelo con el pecho lleno de sangre. En ese segundo el vampiro le quitó el arma y la trituró entre sus dedos como si fuera un trozo de pan crujiente.

                - ¿No irás a culparme? -Gruñó, enojado.

                Clavó las uñas en sus hombros y le mordió el cuello con voracidad arrancándole la nuez y provocando una terrorífica herida abierta de la que brotó un torrente imparable de sangre que no dudó en beber con avidez.

                El otro oficial no dejó de apuntarle pero no se atrevió a disparar. Rodrigo le cayó encima en un abrir y cerrar de ojos y la pistola se deslizó a los pies de la chica morena, Rebeca.

                Éstas se abrazaban junto a la moribunda sin hacer el menor intento de defenderse mientras el vampiro se saciaba con la sangre del segundo oficial. Cuando acabó se limpió la cara con un pañuelo que extrajo del bolsillo.

                - No las toques -advirtió Erika.

                - No podemos dejar testigos -argumentó-. Y si pudieran matarnos lo harían sin dudar. Es cuestión de supervivencia.

                - Somos unos monstruos -corrigió Erika-. Y no quiero seguir matando inocentes.

                - ¿Acaso puedes elegir?

                - ¡Claro que puedo!

                La chica vampiro se lanzó sobre su compañero y le clavó sus colmillos en el cuello. Se aferró con tal fuerza que fue incapaz de quitársela de encima. Trató de aplastarla contra las paredes de acero pero sólo consiguió abollarlas pues el frenesí de la sangre la tenía poseída.

                Pero no se dio por vencido,  buscó por el suelo y vio las linternas encendidas de los oficiales. Cogió una y pegó su foco en la cara de Erika. Luego la agarró del pelo y tiró de su cabeza hasta que la soltó de su cuello.

                Rodrigo respiró, aliviado. La miró mientras ella seguía luchando por volver a alcanzarle. Sus ojos se habían vuelto rojos y brillaban en la oscuridad, el frenesí de la sangre la hacía temible. Sus colmillos alcanzaban la longitud de la falange de un dedo buscando con vida propia alcanzar su cuello.

                - Esto no te lo perdonaré jamás -sentenció alumbrándola a la cara-. ¿Has intentado matarme? Después de todo lo que he hecho por ti, zorra...

                Sin mediar más palabras la mordió en el cuello y succionó para dejarla sin una gota de sangre.

                Se escuchó un disparo y notó que la bala rebotaba en su espalda.

                - Usa la linterna Brianda -instó la chica morena que sostenía el arma caída de los oficiales.

                La madre de la niña enfocó su linterna hacia él y la otra volvió a disparar a su cabeza.

                La bala atravesó su cráneo y quedó tendido sobre la vampiresa, aparentemente muerto.

                Cuando Erika se levantó su rostro volvía a ser humano.

                Sin embargo las supervivientes enfocaron las linternas a ella y la pistola estaba alineada con sus ojos de tal manera que veía el proyectil en la recámara.

                - Enfocarle a él. No voy a haceros daño.

                Una obedeció, el resto no.

                - Dispararle otra vez sugirió Erika.

                - No sabemos las balas que nos quedan -replicó la chica morena omitiendo la amenaza de que si quedaba alguna la emplearía contra ella.

                Erika no quería discutir, desatrancó la puerta y antes de irse se volvió hacia ellas.

                - No soy un monstruo. Yo que vosotras me largaba del barco inmediatamente. Es lo que pienso hacer yo.

                Sin miedo a ser abatida le arrebató la linterna a su "padre" y la colocó en el suelo alumbrando la herida de la cabeza. Mientras lo hacía siguió hablando:

                - Cuando se gasten las pilas más os vale haberme hecho caso.

                - ¿No hay modo de matarle del todo? -Preguntó la morena.

                - Parece que no entendéis que está muerto. Es un ser indestructible.

                - Si le cortamos la cabeza y la arrojamos al mar...

                - Umm... No se me había ocurrido -musitó.

                - También podemos atravesar su corazón con una estaca -dijo la rubia herida.

                Erika miró el cuerpo de Rodrigo conmocionada. ¿Realmente quería matarlo? No se imaginaba el mundo sin él. Sin embargo en cuanto despertara acabaría con ella sin dudarlo un momento.

                - Yo me ocuparé de él -dijo, cogiendo su cuerpo-. Que nadie me siga o tendré que hacerle daño.

                - No dejes que se vaya -urgió la madre de la niña-. Dispárala.

                Caminó hacia el pasillo sin mirar atrás, si la mataban no le importaba demasiado.

                Pero la dejaron marchar.

 

                Podía sostener con una mano la linterna enfocando la herida mientras se acercaba al cuerpo sin vida de Jackson.

                Depositó a su mentor en la tumbona de al lado y colocó cuidadosamente la linterna para que el horrible boquete de su cabeza no se bañara en oscuridad.

                Escuchó alejarse a las naufragas, debían estar buscando los botes salvavidas. La chica herida las impedía moverse con rapidez.

                ¿Qué iba a ser de ellas? No le importaba mucho, la verdad.

                Las dos únicas personas que amaba en el mundo estaban muertas. Uno regresaría si no le tocaba pero éste no descansaría hasta encontrarla y aniquilarla. Si Jackson bebía sangre vampírica quizás se levantara como su semejante aunque ignoraba si podía usar la suya propia, nunca lo había hecho y no sabía si funcionaría después de muerto.

                Podía salvar a ambos. Podía matar a su padre y dejar de vivir con miedo a sus represalias.

                Con sus colmillos se hizo un corte en la muñeca y brotó un hilo de sangre.  La puso sobre la boca de Jackson y esperó.

                Un muerto no tenía alma por lo que dudó que funcionara, pero necesitaba intentarlo. La herida de su muñeca cicatrizó casi de inmediato.  El chico seguía inmóvil. Después de varios minutos no pasó nada.

                Ahora ya lo sabía, su sangre no podía transformar a nadie. Y no quería vivir sin él. Sólo tenía una cosa que hacer para reunirse con Jackson.

                Apagó la linterna y esperó su destrucción.

 

                Pero ésta no llegó. Abrió los ojos y se encontró a Rodrigo sentado frente a ella. No parecía enojado.

                - Estoy lista. Termina conmigo.

                - He escuchado todo -respondió-. Y no me has matado. Ahora puedo confiar plenamente en ti.

                Se levantó y se cortó la muñeca como hizo ella. La puso sobre la boca de Jackson y en cuanto tocó sus labios el chico se incorporó con un gemido de dolor.

                ¿Estaba vivo? Erika quiso abrazarlo pero Rodrigo la sujetó por el hombro.

                El marine se retorcía de dolor y cayó al suelo emitiendo un quejido similar al de los ghouls. Ella quería ayudarle pero la mano de su padre y su propio sentido común  le instaban a que guardara las distancias.

                - Jackson, ¿Estás bien?

                Al escucharla la miró y dejó de gruñir. Tenía los ojos negros como el carbón. Carecía de aura. Puede que se moviera y gimiera pero sus colores eran los un zombi.

                Sin mediar palabra saltó hacia ella como una alimaña, abriendo la boca y buscando morderla.

                - ¡Qué diablos te pasa!

                Le esquivó por acto reflejo y miró a Rodrigo, que parecía igual de sorprendido.

                - ¿Le había mordido algún ghoul? -Respondió.

                Jackson no escuchaba, siguió lanzando ataques rápidos y certeros. Uno de sus puñetazos golpeó en su estómago y la dejó sin aliento. Si hubiera sido de día la habría partido por la mitad. Tenía más fuerza que Rodrigo. Justo a tiempo, antes de que la mordiera, Rodrigo le propinó una patada oriental en su cara y lo lanzó a varios metros de distancia.

                - Hay que acabar con él, es demasiado peligroso -sentenció su padre.

                Esa declaración pareció entenderla Jackson porque apenas tocó el suelo ya estaba en guardia y lanzó una especie de rugido mirando a Rodrigo.

                - Eso ven a por mí -le retó.

                Pero Jackson se volvió y con dos potentes zancadas le perdieron de vista en la oscuridad.

                Estaban demasiado sorprendidos para reaccionar.

                - Le mordí cuando era una ghoul -reconoció Erika.

                - Luego me lo cuentas con más detalle. Tenemos que impedir que salga de barco. Si uno es tan fuerte, no quiero ni pensar en un ejército de ellos.

                - Será fácil encontrarlo, sólo queda un grupo de supervivientes así que irá a por ellos.

 

 

 

 

                -¿Qué demonios está pasando? -Se quejaba Bianca-. ¿Qué va a ser lo próximo, hombres lobo?

                La herida de su hermana sangraba sin cesar y no se habían parado ni a vendarla. Bianca la ayudaba a caminar agarrándola por la cintura con su brazo bueno sobre sus hombros.

                - Ese estúpido capitán no debió disparar ahí dentro -Respondió, con la voz quebrada.

                - Estoy bien, hermanita. Es un arañazo.

                Pero Bianca veía el torrente de sangre que manaba de la espalda de Camila y no quería decirle lo grave que parecía. El destrozo de la bala hizo un agujero en el que podría alojar el puño. En cuestión de minutos, se desangraría y no quería ni pensarlo. En el mejor de los casos llegarían a un hospital en 24 h y la vida de su hermana no duraría ni diez minutos.

                - ¿Cómo se llega a los botes? -Preguntó Brianda.

                - No tengo ni idea - Rebeca alumbraba en todas direcciones y no se atrevió a decidir si el camino correcto era por la derecha por la izquierda.

                - Da igual -impuso Bianca-. Tenemos que llegar a cubierta.

                Sin esperar a las demás tomaron el camino de la derecha. Camila perdía fuerzas por segundos y Al ver las dificultades de su hermana, Rebeca la ayudó.

                Apenas unos diez metros más allá se encontraron la escalera principal y los ascensores. En uno de los movimientos de linterna Brianda creyó ver a alguien mirándolas desde las sombras pero al volver a alumbrar no encontró más que cadáveres.

                - Tengo mucho miedo, mami -susurró la niña.

                - Lisa, todas estamos asustadas. Sé buena y no te separes de mí -le instó Brianda.

                - Por allí -señaló Rebeca hacia unas estrechas escaleras que bajaban una planta.

                - ¿Estás segura? -Inquirió Bianca.

                Alumbró una indicación. Se apreciaba en el dibujo un bote salvavidas y una flecha indicando la dirección.

                Tan deprisa como pudieron siguieron la indicación y llegaron a una puerta que parecía dar al mar.

                - Aquí está.

                Pero Rebeca se detuvo. Alumbraba a alguien a quien Brianda y su hija no podían ver.

                De repente la figura oscura cayó sobre ellas y mordió salvajemente a la chica herida, Camila. Su velocidad y fuerza eran aterradoras. Ni Bianca ni Rebeca se atrevieron a defenderla pues devoraba carne a grandes bocados.

                Lisa chilló con todas sus fuerzas causando un chirrido similar a un cristal arañado por unas tijeras.

                - Correr -gritó Brianda, cogiendo a su hija en brazos y alejándose de aquella grotesca escena sin apenas alumbrar por donde pisaba.

                Su pie derecho encontró un bulto y cayó de bruces al suelo junto con Lisa que rodó sobre ella.

                Entre tanto Rebeca tiraba de Bianca suplicándola que se moviera. Pero la chica rubia estaba petrificada viendo cómo ese monstruo despedazaba a su hermana a un escaso metro de distancia.

                Lisa fue incorporada por una mujer. Su madre miró hacia arriba y vio a la vampiresa, sonriendo a su hija. Se cayó de espaldas por el sobresalto.

                - No le hagas daño, te lo ruego.

                - Levántate preciosa -susurró Erika sonriendo.

                Sus escalofriantes colmillos brillaban con el fulgor de la linterna. En el interior de sus retinas parecía haber fuego.

                - Mami -suplicó la pequeña, tan aterrada que no tenía aire ni para gritar.

                - No voy a haceros daño.

                «Como tu amigo vampiro, que está dándose un festín con la pobre Camila» -pensó la madre.

                - Él se encargará de él -añadió la mujer vampiro.

                Caminando con tranquilidad, con las manos en los bolsillos, Rodrigo se adelantó. Estaba completamente restablecido.

                - Sabía que no le matarías.

                La conclusión de Brianda era como una despedida. El vampiro acabaría con ellas, estaba segura.

                Pero pasó de largo y tuvo tiempo de levantarse. Se acercó a su hija con temor y la chica vampiro, que parecía una chiquilla, la empujó delicadamente para que fuera a su lado.

                Rodrigo cogió por la blusa a las dos chicas que seguían junto a Jackson y las alejó. El espectáculo de verlo devorar a su víctima le hizo mostrar una sonrisa de complacencia.

                - Sácalas de aquí – ordenó a Erika-. Esto va a ser divertido y no quiero a nadie que me haga tropezar.

                La vampiresa se adelantó y se interpuso entre Jackson y él.

                - Si aún quieres que vuelva a tu lado, haz algo por mí –susurró-. Sácalas tú del barco, sálvalas. Yo me ocuparé de él.

                - No pienso dejarte con este monstruo. Puede que ni yo tenga fuerza para destruirle.

                - Yo sí podré –retó, convencida-. Vete.

                Rodrigo no volvió a replicar. Miró a las supervivientes y esbozó media sonrisa. ¿Salvarlas? Él pretendía acabar con ellas… Pero quería demasiado a Erika. Si ella se lo pedía y con eso podía arreglar las cosas, lo haría. Una vez las pusiera a salvo, volvería a ayudarla si es que sobrevivía.

                - Procura que no desaparezca de nuevo. No puedo rastrearlo y es demasiado rápido.

                - ¿Crees que no lo sé? –Replicó enojada-. Largo.

                Los escuchó alejarse sin mirarlos.

                Jackson se limpió el mentón con la blusa de su víctima. Camila estaba irreconocible. No podía sentir nauseas pero no le agradaba ver esos festivales de vísceras y evitó recrear su mirada en ella.

                - No sé si me estás escuchando, si te acordarás de mí o si puedo razonar contigo.

                Jackson se acercó un paso y ella dio uno atrás, intimidada.

                - Todos piensan que eres un monstruo. Yo creo que aun puedes elegir igual que yo cuando me convirtieron en lo que soy.

                El aludido siguió acercándose y ella volvió a retroceder.

                - La sangre de esa chica te debería dar la fuerza para ser humano vampiro. Lucha y saca lo mejor de ti.

                No sabía por qué le hablaba, ¿quería ganar tiempo? Recordaba perfectamente su experiencia siendo ghoul, cuando su único pensamiento era en sobrevivir y comer. Él la tanteaba como para saber si podía acabar con ella o debía desaparecer. Si se hubiera quedado su padre no lo habría pensado dos veces y hubiera escapado.

                - Jackson,... -Susurró.

                Le examinó detalladamente y no le gustaba lo que veía. Era un depredador invisible al ojo humano, su piel oscura le fundía con el fondo de la noche y sus ojos estaban del mismo color azabache. Por ser vampiresa no tenía problemas para verlo pero si desaparecía de su campo de visión estaría en clara desventaja ya que podía atacar desde cualquier ángulo.

                Jackson atacó ferozmente a una velocidad endiablada. Le cogió por las muñecas justo a tiempo pero él la dio un cabezazo tan fuerte que se quedó aturdida. Qué fuerza tenía el condenado...

                Aprovechando su derribo la observó un momento, manteniéndola inmóvil bajo su peso y con los brazos atrapados entre sus manos y la espalda pegada al suelo. Estaba a su merced pero no quiso cerrar los ojos, de alguna manera sabía que él se estaba controlando.

                La olió por el cuello y puso cara de asco. Después la soltó y desapareció de su vista.

                Erika quiso seguirle pero cuando se levantó y corrió tras él, no volvió a verlo más.

                - ¿Por qué no me has matado? -Susurró.

 

 

 

 

                -No funciona la grúa -anunció Rebeca, enojada.

                Rodrigo ya se alejaba de ellas, con Erika en la mente, y soltó un bufido de fastidio por tener que dar la vuelta.

                Regresó junto a ellas y arrancó las cuerdas que sujetaban el bote. Con alguna dificultad lo levantó, pues pesaba media tonelada, y lo dejó caer  mar. La pequeña embarcación se hundió por completo y al cabo de un par de segundos regresó a la superficie. Era como un submarino amarillo que no se parecía en nada a los clásicos botes salvavidas que se veían en las películas.

                - ¿Cómo vamos a bajar ahora? -Se quejó la madre de la niña.

                - Ese no es mi problema.

                Se volvió para regresar con Erika y no dio dos pasos cuando escuchó el chillido de la cría.

                Al mirar vio a un ghoul vampiro agarrando del pelo a Rebeca y la boca iba directa a su cuello. Era la chica rubia a la que despedazó Jackson tan solo unos minutos antes.

                - ¡Camila! -Gritó Bianca, entre horrorizada y sorprendida por verla con vida.

                Aprovechando que las mujeres estaban bañando de luz a la criatura se abalanzó sobre ella propinándole un puñetazo capaz de arrancar una farola del suelo. La agredida salió despedida hacia atrás y su víctima se elevó por los aires dos metros antes de caer al mar.

                - ¡Rebeca! -Exclamó Brianda.

                La ghoul vampiro no tardó ni un segundo en ponerse en pie y saltar hacia Rodrigo con las manos por delante a modo de garras. Éste le arrebató la linterna a la madre de la niña y la enfocó hacia ella. Cuando le alcanzó, sesgó el aire con su mano plana y rebanó la cabeza de Camila. Los dos pedazos de su cuerpo rodaron por cubierta y se apresuró en aplastar su cabeza como una sandía y arrancarle los brazos y piernas, pisar su cuerpo incrustando el pie donde debía estar el corazón y acto seguido arrojarlo al mar como un muñeco de trapo.

                - Saltar -escucharon desde el agua.

                Brianda y Bianca se asomaron y alumbraron hacia abajo. Rebeca había abierto la escotilla de la balsa salvavidas y las  invitaba a bajar con la mano.

                - Vamos, el agua no está tan fría.

                - Estará infectada -dudó Bianca.

                Rodrigo cogió a Lisa por las axilas y la dejó caer al mar.

                - ¿Pero qué demonios hace? -Exclamó Brianda-. Alúmbrame, Bianca.

                - Está allí -señaló la chica rubia-. No hay muchas olas.

                Saltó desde la barandilla y Bianca las alumbró de arriba. Rebeca había visto caer a la niña y fue a por ella nadando. La alcanzó cuando su madre salía a la superficie.

                - Ve al bote, ya me ocupo de ella -recomendó.

                - Yo que tú saltaba con ellas -instó Rodrigo a la que faltaba.

                - Uy, no me lo repita dos veces.

                Imitó a su amiga y saltó en posición fetal abrazando la linterna.

                Al zambullirse vieron la luz rosada hundiéndose tres metros y volver a resurgir en unos segundos.

                - Ya no me concierne lo que les pase -susurró Rodrigo, echando una última mirada al bote donde Rebeca ayudaba a Brianda a salir del agua, y regresó, impaciente por reunirse con Erika.

Comentarios: 3
  • #3

    yenny (jueves, 13 marzo 2014 17:54)

    Recién puedo entrar a una pc para comentar no se porque no puedo con el móvil :( esperaba el final pero creo que hubiera quedado un poco inconcluso en una sola parte.
    Me hubiese gustado que Jackson sea un vampiro mas que ghoul, pero igual quiero ver que va a pasar.
    Espero que Brianda y su hija sobrevivan me dan un poco de pena todo les pasa a ellas.

  • #2

    David (miércoles, 12 marzo 2014 03:33)

    Ola q tal Tony....mi vida parece como una de tus historias xd, pero de todas maneras siempre visito las historias y ya me puse al dia con ellas. Me gusto esta de Sapphire y concuerdo contigo que los zombies ya hicieron su aporte aunque quien sabe no?...bueno creo que terminara con una explosion destructiva del crucero y la salvacion de las naufragas.

  • #1

    Tony (martes, 11 marzo 2014 14:40)

    Supongo que esperabais el final. La semana que viene (o antes) lo tendré listo.
    De momento comenta esta parte y si te atreves di cómo crees que va a terminar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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