Seis vidas

 

James, 32 años

 

 

            El reloj marcaba las 6:54 A.M. cuando se paró a causa de un impacto con el marco de la puerta.

            Le despertaron los gritos de la calle, centenares de voces chillaban por el pánico y James se vistió a toda velocidad. ¿Vendría un tsunami? Estaba en un bungalow de madera, rodeado de otras chozas similares para turistas que se aguantaban sobre el mar en pedestales de madera y plataformas que se elevaban un metro del agua encrespada en plena marea alta. Ya se había acostado intranquilo pensando en lo terrible que sería estar ahí en plena tormenta de modo que su mente se mantuvo alerta durante la vigilia. Cuando salió se golpeó la muñeca contra el marco de la puerta y su reloj se paró.

            Nada más salir una masa humana corría desesperada por la plataforma en dirección a tierra firme. Contagiado por el pánico corrió  detrás sin saber de qué estaban huyendo. Siguió a un viejo que corría sin mirar atrás y parecía turista como él.

            — ¿Qué está pasando? —Preguntó mientras lo tenía delante.

 

 

6:56 Frank, 52 años

 

 

            No le contestó, sabía que iban a morir de modo que ignoró al que le seguía. Cuando volvió la cabeza para indicarle que no malgastara sus fuerzas en hacer preguntas estúpidas vio como uno de los zombis le arrancaba un trozo de cuello al pobre desgraciado que extendía sus manos hacia él suplicando ayuda.

            "Ve a Tupana, el paraíso desconocido" había leído en algún cartel de camino a su trabajo. Soñó con bailarinas exóticas, bares en medio de piscinas tan grandes con mares, noches interminables en compañía de otros turistas como él y hasta podía encontrar una chica... Y ahora corría con todas sus fuerzas, sin aliento y dudando si viviría para beber otra copa. Sus ojos captaban los últimos momentos de decenas de personas que caían ante él, atrapados por esas gentes enloquecidas y rabiosas que mordían allí donde podían.

            Frank corrió con más ganas al ver que los tenía casi encima y alcanzó la línea de la playa donde los zombis se daban un festín con los turistas que, como él, iban directos a sus fauces. Algunos de esos monstruos eran chicas en bikini... Y quedarse quieto y darse cuenta de ese morboso detalle uno le saltó al cuello con ferocidad y se dio un festín con su carne mientras chillaba de el dolor, mezclado con el pánico repentino.

 

 

 

 

6:56 Lisa, 3 años

 

 

            Había mucho ruido fuera, su hermanito se despertó y lloraba con todas sus fuerzas desde hacía rato. ¿Por qué no aparecían papá y mamá? Se levantó y puso la mano sobre la barriguita de Leo, le meció un poco y se calmó durante un momento. Luego volvió a llorar. Se dio cuenta de que se le había caído el chupete a un lado y se lo colocó en la boca. Al fin logró que se callara y los oídos dejaron de pitarle. Entonces escuchó que alguien golpeaba la puerta de su habitación. Se acercó y preguntó:

            — ¿Quién es?

            Hubo otros golpes fuertes y tuvo miedo. Se agachó y miró por el hueco de la puerta. Era su padre, tenía sus chanclas. Qué tonto era, quería asustarla.

            Cogió el pomo y abrió la puerta.

 

 

6:57 Fátima, 69 años

 

 

            Esas camas de hotel eran horribles, toda la noche sintió los muelles, pero su marido dormía como un tronco a su lado. Se levanto y fue al diminuto baño. La calle era un nido de locos que gritaban como si los estuvieran matando. ¿Acaso no sabían dormir igual que el resto del mundo? Odiaba esa isla, sólo había dos tiendas, una de comida y otra de ropa horrenda para turistas. El resto eran restaurantes exóticos que hacían comidas insípidas o asquerosas. Sólo llevaban allí  un día, era su "Luna de miel" financiada por sus hijos y nietos con motivo de la celebración de sus bodas de oro. ¡Cuánto dinero tirado a la basura! Con esa cantidad podían haber reformado la cocina, que les hacía mucha más falta.

            Harta por los gritos de la calle abrió el ventanuco del baño para asomarse y vio a gente corriendo por todos lados, la mayoría ensangrentados.

            Uno de ellos la vio asomada y corrió como poseído por mil demonios y se lanzó hacia el hueco tratando de colarse dentro.

            —Ayúdeme, ¡déjeme entrar! ¡Me han mordido!

            — Váyase, descarado, estoy en camisón.

            Le abofeteó empujándole hacia fuera, pero el hombre se puso furioso de repente, sus ojos se le llenaron de venas y la agarró de muy malas maneras. Tiró de ella y la mordió en la cara.

 

 

6:58 Sara, 23 años

 

 

            Jaime tardaba demasiado en regresar, había salido a pedir un desayuno y llevaba media hora sin volver. Se levantó de la cama, se puso el camisón para que nadie la viera desnuda  por las ventanas del bungalow y calzándose las chanclas abrió la puerta de su choza.

            Un hombre gritaba mientras corría, perseguido por una jauría humana.

            Se quedó paralizada cuando uno de los locos se tiró a su cuello y le arrancó un trozo de carne y tendones como si fuera la primera vez que comía en semanas. Al verla asomada, los chiflados se dividieron, unos fueron hacia la playa y otros a por ella. Cerró la puerta y trató de poner el cerrojo pero estaba tan nerviosa que no acertó a encajarlo. Se abrió violentamente y la golpeó en la cara, perdiendo el sentido incluso antes de tocar el suelo.

 

 

 

 

6:59 Jaime, 27 años

 

 

            — ¿Alguien puede atenderme? —Preguntó, harto de esperar.

            Quería dar una sorpresa a su novia con un buen desayuno en lugar de las tostadas insípidas de siempre.

            Se casaron el día anterior por el rito típico de la isla, escogieron dos testigos al azar, pagándoles diez dólares americanos, y en la puesta de Sol más romántica de su vida ante una sacerdotisa wiccana, se juraron amor eterno.

            Su relación duraba tres meses, pero desde que se la presentó su amiga Cristina se quedó asombrado por lo guapa que era. Ella no tenía novio desde hacía dos años y él estaba saliendo de una dolorosa ruptura.

            Por eso conocer a Sara  le devolvió las ganas de vivir. Además el flechazo fue mutuo. Estaban tan enamorados que en seguida hicieron planes de viajar juntos y una vez en Tupana, al ver que la sacerdotisa hacía bodas sin papeles ni preguntas, se lo propuso la tarde anterior. Estaba loco por ella y se volvería a casar en España y donde hiciera falta porque no había nada más importante para él que pasar todo su tiempo al lado de ella.

            La noche fue inolvidable, apenas durmieron media hora y el resto del tiempo lo pasaron abrazados y haciendo el amor. Aprovechando que ella dormía salió a comprar un buen desayuno. No bastaba con el que ofrecían a los turistas de los bungalows, debía ser espectacular.

            — ¿Es que no hay nadie que pueda atenderme antes de mañana? Volvió a quejarse.

            ¿Por qué ponían "abierto" si no atendía nadie? Era una vieja choza de bambúes que vieron la tarde anterior y tenía puesto un cartel encima de la puerta anunciando deliciosos desayunos. Tuvo que recorrer la playa para llegar allí y llevaba más de diez minutos esperando en la barra.

            Su reloj marcaba las 7:00 A.M., no podía volver a su bungalow sin la comida. Además estaba hambriento.

            — Por favor, ¡Que me atienda alguien!

            Harto de esperar se atrevió a asomarse al interior de la cocina. El recinto era una ratonera en la que las paredes estaban cubiertas de botellas, bricks, tazones... Pero no había un alma. Sin embargo vio algo inquietante, un charco de sangre y varias manchas repartidas que llegaban hasta el baño.

            — Mierda —susurró, imaginándose un truculento atraco perpetrado por salvajes.

            La escena le puso tan mal cuerpo que salió de allí sin acercarse más con miedo a ser atacado por los mismos asesinos. Corrió por la línea de la playa hasta que vio salir una masa de gente del complejo de bungalows donde se hospedaban Sara y él.

            Algunos huían de una horda de locos ensangrentados y caían como moscas. El pánico les hacía torpes mientras los asesinos parecían tener alas en los pies. La escena fue tan dantesca que se le congelaron los miembros. Ese era el único camino para llegar a Sara y ni con diez botellas de whisky en el cuerpo se acercaría a ellos un paso más.

Se metió en el agua y comenzó a bordear la playa. Desde la distancia vio cómo los muertos se levantaban apenas eran abandonados por sus verdugos y buscaban sus propias víctimas con la misma ferocidad.

            El miedo pronto dio paso a la preocupación. Deseó con todas sus fuerzas que Sara estuviera bien.

            Nadó todo lo silencioso que pudo dando brazadas cortas hasta que alcanzó el muelle donde estaban las cabañas. Ahí arriba el griterío era generalizado aunque debía arriesgarse y subir por las únicas escaleras que había para subalcanzar el entablado. Estaba demasiado lejos de su bungalow pero ninguno de los rabiosos miraba hacia allí. Había dos que permanecían en pie mirando la playa mientras gemían como si sufrieran dolores insoportables.

Agarró una papelera hecha con acero y bambú por si alguno se volvía. El agua goteaba de su ropa y el ruido le delató. Los dos se giraron al mismo tiempo y corrieron a por él, su corazón duplicó sus pulsaciones y les esperó aterrorizado. El primero era un socorrista, no muy fuerte pero seguramente más que él.

            El impacto de la papelera con sus dientes fue suficiente para tumbarlo de un golpe. El segundo era un enorme turista de aspecto alemán que no le dio tiempo a detener. Se tiró sobre él y ambos cayeron al suelo mientras el alemán soltaba sonoras dentelladas buscando su rostro. ¡Qué fuerza tenía! Aunque logró evitar que le arrancara las mejillas a mordiscos, le salía de la boca una baba de color verde negruzco que le resbaló por el cuello y le causó arcadas de asco.

            Giró sobre si mismo y logró levantarse con más agilidad que el chiflado alemán. Aprovechó esa ventaja y corrió con todas sus fuerzas a la cabaña de Sara. Estaba tan obcecado en llegar que no vio a una niña de unos tres años cruzarse en su camino. Chillaba desesperada mientras era perseguida por otro infectado. Del impacto la niña rodó por el suelo y cayó al agua.

            No quiso entretenerse en rescatarla, al fin y al cabo si se ahogaba evitaría que alguien se la comiera. El bungalow de Sara estaba a diez metros y ahora le seguían al menos seis infectados furiosos, el que asustó a la niña y algunos despistados que habían escuchado los gritos.

            La puerta de Sara estaba cerrada, podía llegar a tiempo de que alguien hubiera entrado, sacó su llave y trató de abrir la cerradura pero los nervios le traicionaron y cuando atinó a meter la llave la puerta se abrió sin esfuerzo y luego se precipitaron sobre él. Al caer al interior de la cabaña los salvajes se pelearon entre ellos por morderle antes y eso le dio tiempo a gatear de espaldas hasta que se topó con un cuerpo. Era Sara, que tenía mordiscos en el pecho, la cara...

            Al tocarla despertó.

            — Estás viva —susurró, asustado, sin estar seguro de lo que decía.

            Ella se acercó a él y sin decir una palabra fue directa a su boca. El beso que él esperaba en realidad fue un horrible mordisco que se llevó todo su labio inferior y la piel de su garganta.

 

 

 

 

            Lisa, 3 años

 

 

            "Mueve los pies como un perrito y no te hundirás" —le había enseñado su papi el día anterior en la playa.

            El agua estaba muy fría, llevaba la ropa de dormir y ni sabía a dónde ir. De tanto llorar se le taponó la nariz por los mocos y las olas salpicaban su cara sin dejarla ver ni respirar. Logró mantenerse a flote moviéndose como un perrito hasta que sus pies tocaron algo duro y afilado . Era una roca llena de corales que emergía a poca distancia de las casas flotantes. Se encaramó como buenamente pudo y una vez a salvo en lo alto de arrecife se dio cuenta de que podía ver el perfil de toda la isla.

            Mirara donde mirase veía gente gritando para que otros no les comieran.  Al estar a salvo no pudo contener más su llanto y el eco de su tierno sollozo se unió a la orquesta de dolor que interpretaban los últimos supervivientes de Tupana.

 

 


Comentarios: 10
  • #10

    Jeannette (lunes, 22 diciembre 2014 18:32)

    Me encuentro aquí por primera vez, pero parece que me voy a quedar por un largo rato...

  • #9

    Tony (sábado, 20 abril 2013 22:58)

    Gracias Diana, con comentarios asi me animais a escribir mas.

  • #8

    diana (sábado, 20 abril 2013 02:47)

    increible tony es fascinante la forma en que me envuelves con tus historias. la verdad tenia mucho que no entraba es que soy muy desesperada y cuando inicio una historia debo finalizarla el mismo dia, me mata el suspenso estoy esperando que se acabe amnesia para leerla completa y se que esta historia ya me cautivo es como el inicio del ojo misterioso, o la isla de los caminantes sin almas aunque ha surgido una nueva historia con la pequeña lisa, lo puedo intuir. gracias tony !!!!!!!!

  • #7

    Robert Alexander (martes, 19 marzo 2013 23:04)

    Genial hace mucho no visitaba la pagina, de lo que me eh perdido pero ahora que puedo verla desde el trabajo ya aseguro un buen rato en mi dia :D

  • #6

    LULU69 (lunes, 11 marzo 2013 11:37)

    Ufff, la verdad es que la historia te absorve, es muy buena y se lee sin sentir. Me encantaría seguir las microhistorias. Muy buena

  • #5

    melich (viernes, 08 marzo 2013 18:53)

    seria bueno que alguien rescatara s la niña
    para variar

  • #4

    Tony (jueves, 07 marzo 2013 17:32)

    Seguramente sabréis más de la niña. Voy a escribir más microhistorias y el nexo de unión será Tupana. No se escribe nunca sobre los que casi lo consiguen, pues yo voy a hartarme de hacerlo. Segun vaya terminándolas las iré publicando de forma independiente.

  • #3

    yenny (jueves, 07 marzo 2013 17:23)

    Aunque es un relato corto te atrapa la historia, ya tambien quisiera saber que fue de la niña aunque no creo que sobreviva.

  • #2

    melich (jueves, 07 marzo 2013 16:19)

    que paso con la niña!!!!

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 07 marzo 2013 00:52)

    por favor escribe aqui lo que te ha parecido y si te gustaría alguna continuación o relato similar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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