Supervivientes

Diario de Tony

                Capítulo 1

 

                Hace años que le perdí miedo a la oscuridad, nunca he temido a los lugares cerrados pero si salgo de esta jamás volveré a coger un ascensor ni a apagar todas las luces de mi casa.

                Llevo más de tres horas aquí encerrado, en el ascensor de la oficina donde trabajo. No hago más que repetirme que soy un estúpido por tratar de escapar por aquí ya que la luz se iba y venía, pero todo el mundo se había vuelto loco y vi que las puertas se abrían en el momento oportuno. Pensé que podría conseguirlo, sólo tenía que aguantar la luz durante un minuto, el tiempo justo para bajar y escapar de esa masa de salvajes asesinos. ¿Qué diablos les habrá ocurrido para comportarse así?

                Estaba haciendo mi trabajo, corrigiendo un programa de cheques, cuando de repente se escucharon gritos desde la puerta. Vi cómo varios hombres ensangrentados corrían hacia la sala de grabación causando el pánico entre mis compañeros. Lo vi todo paralizado, sin poder mover un músculo, como si viera una película. Pensé por un momento que había habido un atentado y que esos eran los supervivientes de alguna masacre en la planta de abajo. Eso debieron pensar los que fueron a ayudarles, pero los gritos de los primeros en hacerlo alertaron al resto, que vieron con horror cómo esos supuestos heridos estaban devorando a mordiscos la carne de quienes querían ayudarles. Cundió el pánico en un instante, la gente corría y trataba de esconderse en cualquier parte. Vinieron como locos a refugiarse en mi despacho pero instintivamente cerré la puerta porque ya todos para mí eran de los que se comen a la gente. Vi cómo me suplicaban que les dejara entrar, golpearon con fuerza los cristales, pero sus heridas me asustaron y pensé que sólo querían matarme.

                Sin dudar un instante esos heridos se abalanzaban sobre las chicas y les arrancaban a mordiscos trozos de carne. Estas chillaban de dolor y cuando parecían caer muertas los que las atacaban buscaban a otros, y las víctimas se levantaban al momento a hacer lo mismo que le habían hecho. Los gritos de las víctimas y las que lo contemplaban me helaron la sangre. Quería ayudarlas había muchos y cada vez eran más. Parecían perros rabiosos y sabía que si me acercaba acabaría como ellos. Me plantee muy seriamente tirarme por la ventana, prefería morir a terminar comiéndome a la gente. Sin embargo mi corazón me decía que yo tenía una oportunidad, nadie podía entrar, el cristal era fuerte y la puerta robusta.

                Fue entonces cuando vi que la gente salía corriendo del edificio. Los locos estaban demasiado ocupados con sus presas y los pobres desgraciados se convirtieron en una masa descerebrada. Vi como algunos se metían en el ascensor justo cuando se iba la luz. Esos rabiosos les pillaron allí dentro y no quise mirar cómo terminaba eso. Entonces vi que podía salir del despacho sin peligro, corrí sin que me vieran ya que los que quedaban estaban ocupados devorando a sus últimas víctimas y los demás subían a todo correr a las plantas superiores. Hacia abajo no había peligro, bajaría por las escaleras a toda prisa y saldría del edificio, buscaría ayuda en la policía.

                Cuando salí de la oficina a las escaleras, oí que la gente de abajo gritaba aterrorizada y al asomarme al hueco vi que muchos trataban de subir desesperadamente. Entonces volvió la luz y la puerta del otro ascensor se abrió. Corrí y me metí dentro pulsando repetidamente el botón. Una chica me vio entrar y le dije que entrara, pero dudó y por culpa de ello la puerta se cerró y el ascensor empezó a bajar. No quiero saber qué fue de ella, me siento culpable, pero si hubiera dado el botón de abrir, seguramente los dos seríamos como ellos.

                Fueron diez segundos, los más largos de mi vida antes de que de repente todo se volviera oscuridad y los gritos de las últimas personas cuerdas se convirtieron en mi única compañía.

                Han pasado ya tres horas en la inquietante negrura de este ataúd de metal y gracias a que siempre llevo encima mi PDA puedo escribir lo que ha ocurrido para los que me encuentren aquí encerrado si es que no estoy consciente o vivo. Puede que no me sirva de nada, pero me siento mejor habiendo escrito esto. Espero que la policía acabe pronto con esta extraña epidemia y me rescaten antes de que me vuelva loco aquí dentro.

                Dios mío, ¿qué clase de… rabia tenía esa gente? Esto tiene que ser una pesadilla. Voy a intentar dormir a ver si despierto en mi cama y no aquí.

 

 

 

 

 

 

                Me desperté cuando volvió la luz, a eso de las cinco de la tarde. Me alegré tanto que cuando se abrieron las puertas y me encontré delante de centenares de esos seres no supe reaccionar y me quedé mirándolos embobado, como si no asimilara lo que veía. Cuando varios de ellos se dirigieron al ascensor me levanté corriendo y pulsé el botón de cerrar las puertas. Por suerte logré cerrarlas a tiempo, pero no sabiendo a dónde ir le di al botón de la tercera planta, la de mi oficina esperando que la luz durase lo suficiente como para llegar arriba. Lo que tenía claro era que no se podía salir por la única salida del edificio.

 

                Las puertas se abrieron en la tercera planta y por suerte no vi a nadie fuera. Ni supervivientes, ni … rabiosos. Aunque ya no sé lo que son porque los que vi abajo parecían mucho más tranquilos y lentos. Creo que los llamaré zombis ya que no tienen el menor atisbo de inteligencia en la mirada. Sus ojos son como blanquecinos, probablemente ven fatal así que si no hago ruido podría pasar cerca de ellos sin que se enteren.

 

                Escribo esto desde mi despacho. Ahora voy a proceder a revisar toda la oficina por si encuentro más superviviente y de paso, intentaré hacerme con algún objeto que me sirva de arma.

 

 

 

 

                Una chica se escondía en el lavabo de señoras y apareció cuando más convencido estaba de que no habría nadie.

                Me sorprendió tratando de asegurar la puerta de la oficina cuando me preguntó desde atrás si era uno de ellos. Tenía un palo de escoba en la mano para atravesarme si yo no hubiera saltado al oír su voz.

                - Que susto me has dado - dije.

                - ¿Cómo has sobrevivido? - Me preguntó, sin dejar de amenazarme-. Se transforman en eso unas horas después de morderte.

                - Me quedé encerrado en el ascensor. Nadie me ha mordido.

                - ¿Seguro?

                Su voz temblaba, estaba a punto de desmoronarse anímicamente, pero mostraba una frialdad y distancia que no podía reprocharle.

                Se trataba de una joven de unos veinte años, morena con el pelo largo que se llamaba Verónica. Lo sabía porque de todas las chicas que trabajaban allí, era la única que encajaba en la definición de mujer perfecta y cuando la veía mis sentidos se nublaban como si fuera adolescente. Ella sin embargo, seguramente no sabía mi nombre ni le interesaba. Nunca habíamos cruzado palabra. Supe cómo se llamaba un día que una compañera iba hablando con ella justo y cuando nos cruzamos la llamó Verónica.

                Saber que había sobrevivido me alegraba profundamente aunque hasta ese momento ni me había acordado de ella. Pero eso no impedía que su presencia afectara mis sentidos hasta el punto que mi mente se quedaba en blanco.

                Y ahora estaba ella allí, conmigo, como un capricho del destino, y no podía pensar en otra cosa que en lo guapa que era y lo idiota que debía parecerle en ese momento por no saber qué decir.

                - Tenemos que salir de aquí - dijo - los teléfonos no funcionan, ni siquiera cuando di la luz y estoy preocupada por mi familia.

                - Vaya, te debo la vida - respondí, nervioso -. Gracias a ti he conseguido salir del ascensor. Creí que moriría de asfixia allí dentro.

                - Espérate a que salgamos vivos antes de agradecer nada. ¿Intentamos bajar?

                - Ni hablar, hay cientos ahí abajo - la realidad me devolvió la cordura de inmediato -. Quería cerrar la puerta para que nadie pueda abrirla. Es mejor esperar a que llegue el ejército o la policía.

                - ¿Es que no te has enterado? - preguntó ella -. Lo último que escuché por la radio es que han sitiado la ciudad y ya no hay ejército ni policía. No sé cómo piensan arreglar esto, pero estoy convencida de que ya nos dan por muertos. Tenemos que salir de la ciudad como sea.

                - ¿Cómo?

                - ¿Llegaste al sótano?

                - No,… ¡es cierto! Podemos bajar por ahí, no debe haber nadie.

                - Y allí hay coches - añadió ella.

                - De poco nos van a servir sin llaves.

                - Tengo las de mi compañera. La mordieron y se escondió conmigo. Tuve que matarla cuando la vi transformarse en mis narices.

                - Lo siento.

                - Mejor no pensarlo, la cuestión es que tiene el coche ahí abajo y yo sus llaves.

                Su media sonrisa me devolvió algo de confianza en mí mismo. ¿Me había vuelto loco? No estábamos en situación de pensar en ligues.

                - Salgamos e intentémoslo, si vemos que hay muchos ahí abajo subimos y listo.

                - Exacto - apoyó ella.

                Dicho esto agarré un teclado que estaba entre los trastos inservibles de una caja, junto a la puerta y ella me miró extrañada.

                - ¿Para qué te llevas eso?

                - Tú, tienes tu palo, para defenderme - respondí -. Puedo atizar fuerte en la cabeza y seguro que tardarán en levantarse.

                - Si es que no se parte al primer golpe.

                - Bueno, mejor será que no tenga que usarlo, además es de los antiguos y son duros de verdad – respondí pensando la cantidad de puñetazos que le había dado al de mi casa, que era similar, y seguía entero-, y no hay nada más que pueda llevar.

                Abrí la puerta con cuidado y me aseguré de que no hubiera nadie. Entonces salí y ella me siguió. El ascensor seguía allí, con lo que estaba claro que esos zombis no tenían suficiente cerebro como para llamarlo o recordar que habían visto a alguien meterse en él tocando botones. Era tranquilizador saber que nos enfrentábamos a una horda de estúpidos descerebrados.

                Una vez dentro del ascensor, recordé a la otra chica que invité a entrar demasiado tarde como para que le diera tiempo a llegar. Me sentí culpable de su muerte ya que no tenía ninguna duda de que esa chica ya era una de ellos.

                - Al sótano. Cruza los dedos - le dije a Verónica.

                - No te preocupes, como vea a alguno ahí abajo le pienso atravesar la garganta con esto.

                - Ya, recemos para que no haya una docena de ellos apiñados en la puerta.

                Ella me miró con evidente miedo.

                - … Cosa que debe ser muy improbable ya que todos estaban en el bajo - la tranquilicé -. No puede haber mucha más gente de este edificio.

                - Dale - me pidió ella, sujetando su palo con fuerza y mirando hacia la puerta.

                Presioné el -1 del panel del ascensor y las puertas se cerraron. Sentí cómo se me venía encima un cúmulo de recuerdos horribles y ese escaso minuto de descenso recordé lo terriblemente mal que lo había pasado en esa caja de reducido tamaño llegando a creer que sería mi ataúd. Aún podía serlo, sólo faltaban unos segundos para averiguarlo.

                Se detuvo en la planta del sótano. Las puertas se abrieron y una agónica oscuridad dejó que la atravesara la débil luz del ascensor. Cuando nos aseguramos de que allí no había nadie, salí y di la luz del pasillo del sótano descubriendo el cuerpo sin vida de una persona que conocía muy bien. Era mi jefe, Josh y estaba lleno de mordiscos por todo el cuerpo.

                - Corre - me urgió Verónica - se podría levantar en cualquier momento.

                - Sí, vamos.

                Salimos al parking y cerramos la puerta desde el otro lado. Esperábamos que ninguno de esos zombis sería capaz de abrirla.

                - Mierda, aquí no está su coche - dijo ella, con fastidio.

                - ¿Ya lo has buscado?

                - Ella solía dejarlo aquí - señaló una plaza de aparcamiento ocupada por una furgoneta -, y si no podía lo dejaba en la calle, a unos trescientos metros de la puerta del edificio.

                - Podemos intentar salir por la entrada del garaje - dije.

                - No tenemos otra opción, será mejor que nos preparemos para correr. Esos zombis pueden ser muy rápidos si quieren.

                Salimos por la puerta del garaje y como nos temíamos, la salida estaba infestada de zombis. Corrimos cuanto pudimos para evitar que nos vieran o alcanzaran. Algunos nos vieron y nos siguieron con pasos lentos y agónicos, otros estaban más fuertes y corrieron con ferocidad. El terror agilizó mis piernas y corrí como nunca en mi vida, sin embargo Verónica me sacó en seguida más de veinte metros de distancia. Esa chica está hecha una atleta.

                Alcanzamos el coche, que estaba donde ella predijo y a pesar de que corrí cuanto pude, uno de los zombis me alcanzó y me hizo caer al suelo. Por suerte sólo era uno y cuando quiso morderme pude meterle el teclado en la boca. El muy animal se rompió cuatro dientes en el intento de morderlo. Aproveché su desconcierto y corrí hasta el coche de Verónica, que ya lo tenía colocado para salir de allí quemando ruedas.

 

 

                Condujo como pudo por la carretera, llena de coches atravesados. Fuimos a su casa y vi cómo se venía abajo cuando descubrió su hogar completamente destruido. El ejército había descargado toda su artillería contra esos zombis y no quedaba una planta entera. Desconsolada se echó a llorar y tras muchas dudas le ofrecí mi hombro para que me golpeara cuanto quisiera. Y vaya si lo hizo, tengo varios moratones en el hombro derecho.

                Le dije que podíamos ir a mi casa, se estaba haciendo de noche y no sabíamos si esos zombis nos rodearían en cualquier momento. Ella aceptó y me dejó conducir hasta mi calle. Aunque había muchos cadáveres por el suelo y algunos zombis deambulaban por ahí sin rumbo fijo, las casas estaban enteras.

                Subimos y desde entonces hemos podido descansar sin problemas. Mi puerta está blindada y no entrará nadie a quien no abramos.

                Estoy cansado y necesito dormir. Mañana me despertaré y pensaré que lo he estado soñando porque la chica de mis sueños está aquí, en la habitación de al lado. Ojalá pudiera creer que esto tiene gracia o que voy a sentirme bien por una situación como esta después de un día tan horrible.

Comentarios: 9
  • #9

    Henan Aponte (viernes, 09 diciembre 2016 21:15)

    Hola tony! Saludos! me alegra saber que todavía tus historias están vivas y por lo que veo, muy vivas!

  • #8

    Renata (viernes, 23 septiembre 2016 15:00)

    Apenas comence a leer tus historias.
    La verdad son muy buenas, y sobre todo atrayentes aunque me dejes picada de con el continunara ...

  • #7

    Katti (miércoles, 07 septiembre 2016 16:16)

    Hola, me gusta mucho la historia, voy a esperar la siguiente parte con ansias.

    Tony saludos desde Ecuador

  • #6

    Yenny (viernes, 02 septiembre 2016 19:16)

    Siempre me quedé con las ganas de una tercera parte, sufrí mucho cuando acabé la segunda y no había tercera jajaja.
    Obviamente lo volveré a leer, quiero ver si hay correcciones o algún cambio.

  • #5

    Lyubasha (viernes, 02 septiembre 2016 14:47)

    Esta parte me ha gustado mucho. Tengo muchas ganas de leer la continuación.

  • #4

    Tony (viernes, 02 septiembre 2016 04:18)

    Puede que haya puesto enlaces pero aquí no lo puse. Siempre puedes echarle un rato, el relato es entretenido y ni yo recordaba bastantes detalles.
    Además, cuando termine de revisar y subir todo puede que me de por escribir el tercer libro de supervivientes... Cuando termine tierra de dragones.

  • #3

    alex (viernes, 02 septiembre 2016 02:27)

    muchas gracias por estar subiéndolo y dedicarle parte de tu tiempo

  • #2

    Yenny (viernes, 02 septiembre 2016 01:06)

    Si mal no recuerdo esta historia ya la habías subido (no hagas trampa jaja), muy entretenida me tenía enganchada en las épocas que no había mucho movimiento por acá.

  • #1

    Tony (jueves, 01 septiembre 2016 16:47)

    No olvidéis comentar.

    Este relato lo escribí hace 10 años.

Animal es el que abandona a su mascota.

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 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

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Ilustración por Antonio J. Fernández Del Campo.

 

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