Supervivientes

Capítulo 7

         Este ha sido un día muy largo. Una de esas cosas ha escapado cuando probamos una nueva vacuna. Arrancó las tiras de cuero… Aunque me estoy precipitando y lo quiero contar todo ordenadamente. El día empezó tranquilo cuando el científico me contó lo que sabían del Virus Zombi.

         Se trata de un complejo proteico con forma de tubo que es capaz de inyectarse en cualquier tipo de célula. El ADN que inyecta lo crearon en un laboratorio, artificialmente, a partir de ADN humano. Combinaron los genes del crecimiento, regeneración y otros relacionados con el aumento del tamaño muscular y tejido óseo y los pegaron en una única cadena de ADN. Luego cogieron un virus extremadamente volátil y contagioso (la gripe) y sustituyeron el ADN por el creado por ellos. El resultado, los primeros minutos es el esperado y deseado, las células infectadas son capaces de regenerar tejido perdido. Pero al cabo de unas horas el crecimiento se vuelve incontrolable.

         Esto ha provocado que la única vacuna posible contra el Virus Zombi sea un simple inhibidor, una forma de decirle al cuerpo que ignore lo que se inyecta en cada célula. Aunque en realidad lo que hace no es producir anticuerpos, sino inyectar ADN semejante al del virus, pero sin funciones genéticas conocidas (un virus inocuo). Al llegar e infectar la célula, ésta rechaza el ADN y no se combina. Esa vacuna es como silicona dentro de una cerradura. Y sólo funciona si la mutación no ha empezado, por lo que si la infección lleva más de tres horas en la sangre, la vacuna es inútil. Pero si llega a tiempo, el Virus Zombi nunca se activa y por tanto no hay mutación, aunque sigue estando presente y los pacientes curados con la vacuna siguen siendo portadores de la enfermedad y de la vacuna, por lo que realmente es como si estuvieran sanos.

         Durante las explicaciones trajeron a un sujeto de pruebas con el fin de demostrar los efectos de la última versión de la vacuna. Supuestamente servía para restablecer el ADN dañado de las células y corregir las mutaciones producidas por el Virus Zombi. Gracias a varias pruebas lograron identificar la posición de la cadena vírica dentro de los infectados y la vacuna contenía un Virus Z modificado con el código genético que debería estar en dicha posición.

         Sin embargo el paciente se liberó. Era un hombre de unos 40 años con una mutación severa del brazo derecho y con el rostro completamente deformado. Al inyectarle la vacuna entró en cólera y soltó sus cadenas rompiéndolas como si fueran de plastilina. El científico salió corriendo y los guardias intentaron reducirle a base de disparos tranquilizantes. Sin embargo yo me quedé paralizada cuando reconocí ese pantalón y esa camisa. Se trataba de Tony, el hombre que conocí en esta pesadilla, en Bringhan. No me di cuenta de lo peligroso que era hasta que aplastó la cabeza de un guardia con su mano gigante y estrelló el cuerpo contra una pared. Luego vino a por mí y el terror se apoderó de mí. Me miró con una furia irracional y cuando me iba a golpear desvió el puño hacia un ordenador y lo convirtió en trocitos de metal y plástico del que salían chispas. Luego retrocedió y las drogas hicieron su efecto hasta que se quedó dormido.

         El científico no se explicó lo sucedido. Es la primera vez que ve a un espécimen demostrar piedad por alguien. Parece ser que pierden completamente su raciocinio cuando se convierten en esas bestias pero el hecho de que hoy no esté muerta ha dejado desconcertados a todos. Alfred me ha pedido que no vuelva a participar en los experimentos por temor a lo que me pueda pasar, pero le he dicho que por favor que me deje seguir. No habríamos descubierto esto si no llego a estar yo en el laboratorio y además, posiblemente sus soldados habrían muerto si no hubiera estado presente.

         Estoy asustada. Cada día que pasa puede ser el último, pero necesito seguir investigando, es lo único que puedo hacer si quiero encontrar una manera de detener el avance de este virus. Además, ya no tengo nada que perder.

 

 

 

         No puedo quitarme de la cabeza la muerte del soldado. Oigo crujir su cráneo como un huevo reventado y me atormenta pensar que quien lo hizo fue un amigo mío y el soldado muerto pudo ser el que conocí el otro día. Pero lo que más me asusta es la frialdad con la que estoy analizando todo lo que ocurre aquí. ¿Es que no tengo sentimientos? Sí, los tengo, pero no puedo controlarlos, los ignoro y trato de mantenerme ajena a sus gritos. El que más me domina y con el que no puedo luchar es el miedo. Estoy aterrorizada y no consigo vencer esos miedos. Hoy me he negado a bajar al laboratorio porque aunque quiero encontrar esa vacuna me he dado cuenta de que este lugar no es seguro y allí abajo mi vida es tan frágil como un trozo de papel cruzando una llamarada. Entiendo las medidas de seguridad y las vigilancias que han montado en mi puerta y también me doy cuenta de que probablemente esos soldados serán incapaces de rechazar a un monstruo como el de ayer. Todo eso, así escrito no son más que palabras, pero el miedo me tiene agarrotada y soy incapaz de reaccionar. Tiemblo continuamente y no hace frío.

         Al menos aquí, en mi habitación me siento segura, aunque sé que no lo estoy. Lo único que es cierto es que esas bestias están lejos. Sé que fueron personas alguna vez, que uno de ellos es Tony, la única persona que sobrevivió en la empresa donde trabajaba y con el que creí que llegaría a escapar de esta pesadilla. Me salvó ahí fuera, en momentos críticos cuando tenía perdida toda esperanza, de debo mucho. Me ayudó a creer que no sólo escaparíamos de aquí sino que lograríamos aportar algo al mundo para que esta enfermedad no se propagase. Solamente teníamos que encontrar a John y salir de aquí. Pero su transformación en monstruo me ha hecho perder toda esperanza, ya no creo que se pueda sobrevivir y me siento como una hormiga en medio de una tormenta. Lo que más me aterra es que a pesar de todo, no siento lástima por él. Mi corazón se ha encerrado en una piedra tan dura que soy incapaz de sentir nada. Ni por él, ni por John, ni por nadie, no siento más que una cosa y es miedo a morir. Debo ser una egoísta pero no quiero salir de esta habitación. Enfrentarme a lo que está fuera me paraliza por completo. De hecho llevo horas acurrucada en la cama, tapada hasta la cabeza e incapaz de salir más que para escribir estas notas, buscando valor en la expresión escrita. Le he pedido a Alfred que por favor me lleve a un lugar más seguro y se empeña en decir que es casi imposible que los especímenes escapen de los sótanos. Se preocupa por mí y me ha prometido buscar algún lugar mejor. Creo que intentará sacarnos de Bringhan City ya que hablaba con algunos soldados acerca de trasladarnos. Espero que sea así, y sobre todo que me incluya en sus planes de huida.

         Me pregunto si superaré esto, si es que algún día vuelvo a tener una vida normal y segura. No siento nada por la muerte de mis padres o mi hermano pequeño. No quiero pensar en ello y me digo a mí misma que es mejor que estén muertos porque así no sufren y no ven este infierno. Pienso que si intentara volver a una vida normal en mi casa, voy a necesitarlos tanto que me moriría de pena. ¿Y qué voy a hacer sin John? Lo único que me impide volverme loca es el peligro que me rodea y la certeza de que si sobrevivo a esta pesadilla… Las pesadillas me perseguirán toda la vida.

         Siempre me había preguntado cómo es posible que los locos de los psiquiátricos puedan pasarse horas mirando a una ventana y moviéndose como péndulos sin atender a los que hablan con ellos. Pensaba simplemente que están locos y que no había más razones para ello. En este momento me siento al borde de esa locura. Sé que si no lucho con mis miedos puedo perder completamente la razón y quedarme catatónica o como se llame ese estado, para siempre.

         Dios mío, si tan sólo pudiera cerrar los ojos y dejar de ver cómo le reventaba la cabeza a ese soldado… Si pudiera desconectar un minuto y lograr dormir...

 

 

 

 

 

         Una tarde con Alexis me ha servido para serenarme y recuperar la cordura. Vino cuando estaba dormida, me despertó mientras me acariciaba la cara y me asustó. Ella dijo que no pretendía hacerme nada y que sólo quería hablar conmigo. Reconoció que hacía años que no veía a otra chica de su edad y que podíamos ser amigas.

         No sé si fue su aparente inocencia o su mirada sincera lo que me hizo bajar las defensas y acepté su presencia allí. No le pude decir nada, seguía bajo los efectos del shock, pero ella habló por mí:

         -Hace años mi madre murió mientras estaba investigando para Genomyal. Yo pude verlo y estuve a punto de morir pero no fue así. Tuve que presenciar cómo la despedazaba un monstruo de esos que estudia mi hermano, para el ejército. Los odio y si pudiera matarlos, lo haría. Les metería en una máquina de triturar y luego quemaría sus restos. Pero mi hermano dice que si no fuera por ellos nunca habrían descubierto la vacuna de mi enfermedad.

         En ese momento pregunté si estaba enferma, me di cuenta de que llevaba dos días sin hablar porque mi garganta emitió un sonido gutural.

         Ella respondió:

         -Tenía atrofia muscular desde los catorce años y que de no ser por el Virus Zombi y su vacuna no podría ni moverme de la cama. Cada vez que alguien muere ahí abajo pienso que diez personas se salvarán gracias a su sacrificio.

         Le dije que lo que le estaban dando no era una vacuna real y que era portadora de la enfermedad. Necesitaba una dosis diaria para mantenerla a raya. Ella sonrió y asintió, compungida.

         -A veces pienso que es mejor que me maten antes de que sigan investigando por mí -dijo.

         Le respondí que no era por ella, sino por el dinero que les tenía prometido el ejército. A pesar de todo no pareció escucharme y siguió contándome cosas.

         -Mi madre era muy parecida a ti, sólo que tenía más años. Se llamaba como tú. Creo que por eso Alfred se ha enamorado, nunca superó su muerte y contigo aquí ya no siente la pena de su pérdida. Él, nosotros, necesitamos que te quedes, que te recuperes. Es fácil acostumbrarse a la muerte aquí, pero no de las personas que queremos. Por ello obligamos a los soldados a que se cubran la cara y no nos gusta que intimen con nosotros, pero esto no se lo cuentes a ellos, es un secreto.

         Aproveché para preguntarle qué fue del chico del que me hice amiga. Me contestó que le habían trasladado a otras instalaciones.

         No me gustan estos dos hermanos, me da la impresión de que nunca han tenido que relacionarse con gente a su mismo nivel. A pesar de todo Alexis inspira un halo de inocencia que es difícil de explicar. Al contarme su historia me hizo ver que me estaba portando como una niña pequeña y creo que me he sobrepuesto, aunque eso lo sabré cuando baje a los laboratorios y sea capaz de ver a esa criatura una vez más... Y contener mis gritos de pánico.

 

Comentarios: 1
  • #1

    alex (lunes, 10 abril 2017 20:33)

    ya tengo ganas de recordar como sigue

Animal es el que abandona a su mascota.

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