Tierra de dragones

12ª parte

 

            —No han venido —Olivia entró en la iglesia con cara de fastidio—. Espero que no les haya pasado algo que les impida venir a sacarnos de aquí.

            — No seas catastrofista, mujer —dijo Jaime—. Tampoco era tan necesario venir. Seguro que mañana, no hay que ponerse en lo peor. Además así cobras dos días.

            — Ya. Eso espero.

            — Muy bien chicos, reunión de equipo —se acercó a ellos Elisa—. Vamos a la sala de reuniones.

            Se juntaron en la antigua sacristía de pie, pues no había sillas, y el último en entrar fue Alfonso.

            — Yenny, ¿cómo va el casco?

            — Tengo un boceto pero depende de la cantidad de baterías que necesitemos.

            — Cuenta con que haya que poner el doble, cariño —explicó Elisa—. Imagínate que construimos y necesitamos más espacio.

            — Eso supone hacer una máquina más grande y hace falta más baterías —replicó Alfonso.

            — En ese caso no tiene sentido diseñar nada hasta que no conozca el volumen exacto a transportar —protestó Yenny.

            — Trabajar con supuestos, por amor de Dios —indicó Elisa, como si no entendiera el problema.

            — Ya, no es tan fácil —murmuró Alfonso.

            — Estoy segura de que ambos sois los mejores en vuestro terreno —añadió la jefa—. Conseguiréis encontrar el punto medio entre los dos.

            Ambos guardaron silencio y asintieron.

            ¡Pom!, ¡pom!, ¡pom!

            Era de noche y alguien llamaba al portón principal de la iglesia. Se miraron entre ellos contándose visualmente y finalmente Olivia dio un salto de alegría.

            —¡Están aqí! —Exclamó Pletórica. Iba a salir corriendo pero la cogió del brazo Jaime.

            — ¿Y van a llamar a la puerta frontal que está apuntalada? Ellos saben que se entra por detrás.

            La madera volvió a retumbar con golpes tan fuertes que hicieron temblar las mesas de los equipos.

            — ¡Qué fuerza! —Se asustó Yenny.

            — Es imposible, ahí fuera no hay nadie —protestó Jaime.

            — Yo no diría eso —replicó Alfonso—. Escuché ruidos en aquella entrada secreta. Te dije que había supervivientes dentro.

            — No mencionaste el ruido.

            — A ver, era obvio, ¿cómo iba a saber que había alguien si no hubiera escuchado nada?

            — Chicos, alguien de fuera quiere entrar —intervino Vanessa aterrada.

            — ¡¿Quién es?! —Preguntó Olivia.

            Escucharon un grito fuera de la iglesia.

            — ¿Hay alguien ahí? —Se escuchó la voz de un muchacho.

            Era un ser humano, de eso no cabía duda.

            — Yo diría que apuntalemos también la puerta de atrás —sugirió Yenny con cara lívida del pánico.

            Jaime se acercó rápidamente al único acceso que tenían para entrar cuando abrió alguien y la puerta le golpeó en la cara.

            — ¡Abierta!  ¡Lo conseguí!

            Las chicas salieron corriendo, Jaime cayó al suelo por el golpe de la puerta y sólo Alfonso se quedó paralizado.

            — ¿Está Vanessa con vosotros?

            — Eh chicas, esta claro que no es un monstruo —anunció Alfonso—. ¿Quién eres y de dónde sales?

            — Soy Chemo y vengo del futuro para avisaros de que os escondáis en un lugar seguro. Mañana vendrán helicópteros con soldados a mataros y sólo te salvarás tú.

            — Repite eso —se quejó Jaime ya de pié.

            Chemo era un chico moreno de unos veinticinco años y guardaba mucho parecido con Vanessa. Su ropa era demasiado simple, camiseta sin cuello ni costuras, parecía de papel. Solamente sus botas eran normales, su pantalón  ajustado como unos leggins de goma revelaban unas piernas flacas, casi esqueléticas.

            — Cielo santo que moda tan espantosa —dijo Olivia, que fue la primera en volver con ellos.

            Después entró Vanessa con cara de estar viendo un fantasma.

            — ¿Eres Chemo?  —Preguntó tímidamente—. ¿Mi niño...? ¡Qué guapo te has puesto!

            — ¡Mamá!

            Se abrazaron con fuerza, ella aún confundida y él con lágrimas en los ojos.

            — ¿Pero qué demonios acabas de decir? —Insistió Jaime—. ¿Quién viene a matarnos?

            — No tengo ni idea —respondió con dificultad, porque no tenía voz.

            Cuando se recuperó, habló.

            —Por lo visto Alfonso fue el único que no estaba. Tres helicópteros militares llegaron  esta noche y se liaron a tiros. Tenemos que escondernos contigo en ese lugar donde irás —señaló a Alfonso—. Me dijiste que lleváramos comida.

            El aludido le miró desconcertado.

            — ¿Te conozco? Quiero decir... no me conoces de nada y sabías que era yo... Y no le he dicho a nadie lo que pensaba hacer esta noche. Yo creo que dice la verdad. La pregunta es... ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Dónde está tu máquina del tiempo?

            — Es un viaje sin retorno. Tú, mucho más viejo, me trajiste y me dijiste que si todo iba bien, podrías devolverme a casa, junto a ellos.

            — Si lo que cuentas es cierto, es imposible —intervino Jaime—. A menos que no salgamos con vida de aquí salvo tú, Alfonso. Si es verdad lo que dices, nosotros no lo contamos.

            — ¿Qué? He venido a salvaros.

            — A ver Jaime, tu cerebro científico me fascina pero me estás asustando —reprendió Yenny—. ¿Dices que vamos a morir? No sé tú pero yo no pienso quedarme a esperarlo, me voy con vosotros.

            — Es imposible que él esté aquí si no hubiéramos muerto —se empecinó.

            — Si seguís discutiendo sobre banalidades moriremos todos —reprendió Chemo—. Salgamos de aquí...

            — ¿Y cómo sabes que no moriremos por hacerte caso? —se empecinó Jaime.

            — No puedo obligar a nadie —respondió Chemo—. Vamos mamá.

            — Llévanos a ese sitio, Alf —apoyó ella.

            El chico los miró preocupado.

            — Sólo hay un lugar donde estaríamos a salvo, en aquella gruta submarina. Pero será difícil entrar si no sabéis nadar.

            — Si tengo que hacerlo por salvar el pellejo, lo haré —respondió Yenny resuelta.

            — Está bien —protestó Jaime—, pero recordar lo que dije. Esto puede ser un error.

 

 

            Charly se apartó de la gente en la celebración de su cumpleaños. No le gustaban las multitudes y muchos de esos niños ni siquiera se llevaban bien con él en el cole. El único sitio del patio que no había gente era la zona de la piscina. La puerta estaba cerrada pero tenía la llave y entró sin problemas. Estaba cubierta por una lona azul y se puso a jugar a saltar las cuerdas.

            Todos hablaban a gritos y se tapó los oídos. ¿No se suponía que era su día especial? ¿Por qué siempre invitaban a tanta gente? La mayoría desconocidos, padres de compañeros de colegio que se burlaban de él y a los que prefería tener lejos.

            En el siguiente salto se tropezó y por suerte cayó sobre la lona. Rodó por encima y se mojó entero con el agua que salía de los agujeros. Intentó levantarse y las cuerdas de sujeción se rompieron por lo que se sumergió completo y le entró agua por la nariz, la boca y los oídos. No pudo nadar porque la lona lo envolvió, inmovilizándolo.

            «Papá, ¡ven! No puedo respirar...» —quería gritar.

            No sabía qué hacer y por más que trataba de salir a flote la lona se hundía y no podía ni sacar la cabeza. Una vez lo consiguió y gritó:

            —¡Papá!

            Vio que nadie le había visto, su padre no estaba allí, seguían parloteando y ya no le quedaban fuerzas cuando volvió a hundirse.

 

            Antonio despertó con el corazón desbocado. Otra vez esa pesadilla. Se alegró de que fuera un sueño y trató de situarse mentalmente.

            Seguía en el asiento de copiloto de Halcón 7 y Abby estaba completamente pálida a su lado. El cristal frontal tenía varias grietas y no veía nada más allá por la oscuridad exterior. Dentro había una luz de emergencia amarilla. El panel de mandos estaba negro, apagado o destrozado, no podía saberlo.

            Tocó el cuello a su compañera y lo notó frío.

            — No, Dios mío... No puedes morir.

            Apretó los dedos buscando el débil golpeteo de su corazón y lo notó lento y difícil de sentir.

            — Voy a sacarte de aquí.

            La desabrochó el arnés de seguridad y cayó hacia él soltando un gemido.

            La cargó a la parte de atrás, a la bodega de tripulación, y desplegó una camilla de emergencias. La sujetó con una corea por la cintura para que no se escurriera ya que la nave estaba inclinada unos veinte grados hacia atrás. Cogió la máscara de oxígeno y se la puso en la cara. Abrió la válvula y oyó el susurro del aire puro llegando a sus fosas nasales.  Su color mejoró pero temía que tuviera un derrame interno o los pulmones encharcados en sangre. Los golpes recibidos al caerle el dragón encima y los latigazos de su huesuda cola, podían haberla destrozado por dentro.

            Y todo culpa suya, por no hacerla caso.

            — Elias, tú me dijiste que nunca perdiera la fe. Ojalá tuviera aquí el traje pleyadiano... Todo sería mucho más sencillo.

            Su corazón estaba destrozado, tanto como el pecho de la teniente. Ignoraba cuánto tiempo había pasado inconsciente, por no mencionar que no sabía qué año era y que con la nave estrellada no podría regresar a su tiempo jamás.

            Su empeño por buscar en el futuro el bienestar de sus hijos, por evitar esa tragedia de Charly en la piscina que tantas veces había visto en sueños, era el culpable de que él no estuviera a su lado cuando ocurrió.

            — Voy a ver si consigo arrancar la nave —le dijo a Abby, sabiendo que sería imposible.

            Si le escuchaba debía darle ánimos y esperanzas de que saldrían de aquel infierno. Y él carecía de ambos sentimientos.

            Se acercó al panel y pasó la mano por encima. No había botones, ni luces.

            — ¡Vamos! ¡Enciéndete!

            Como era de esperar no pasó nada.

            Soltó un puñetazo sobre el panel y se hizo daño en la muñeca. Resopló y volvió con Abby.

            Ésta tenía los ojos entreabiertos.

            — Espero que tú sepas cómo se enciende —resopló.

            — Ssaaa... oteo —musitó ella.

            — ¿Qué? —Se acercó más para que no tuviera que esforzarse tanto en hablar.

            — Saboteo... —dijo con más claridad al levantarle un momento la máscara de oxígeno.

            — ¿Quién? ¿Cómo? ¿Po... Por qué?

            — No querían que... Regresáramos.

            Abby hizo un gesto de sufrimiento por esforzarse tanto.

            — La nave falló en pleno vuelo... se apagó de repente,... Caímos en picado.

            Abby le miraba con lágrimas en los ojos.

            — Han prescindido de mí... Me han sacrificado... Para deshacerse de ti.

 

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    Tony (miércoles, 07 diciembre 2016 01:41)

    Tengo casi lista la siguiente parte. Espero publicarla mañana.
    Gracias por vuestra paciencia.

  • #6

    Alfonso (sábado, 03 diciembre 2016 03:38)

    La historia tene buena pinta. Yo también pienso que la Organización está detrás de todo. Espero la continuación.

  • #5

    Jaime (viernes, 02 diciembre 2016 04:13)

    Yo pensé que ya no ibas a poner una nueva parte esta semana, Tony. La historia cada vez se pone más interesante. Como menciona Chemo, creo que la Organización finalmente ha decidido acabar con Antonio.Sólo espero que su sueño no se haga realidad.

  • #4

    Chemo (viernes, 02 diciembre 2016 02:14)

    Me ha gustado la versión adulta de Chemo. Esa vez espero que no muera inmediatamente o desaparezca. Me tiene intrigado toda esta conspiración de la Organización contra Antonio. Seguramente ellos están detrás de los dragones y del ejército que viene a deshacerse de Yenny y compañía.

  • #3

    Yenny (jueves, 01 diciembre 2016 18:37)

    Por fin algo interesante en la isla, Chemo no se puede quejar ya tiene versión adulta.
    Me da pena Abby espero que se recupere.
    Que cruel eres Tony, porfa sube las siguientes partes pronto :( no me gusta esperar tanto.

  • #2

    Lyubasha (martes, 29 noviembre 2016 22:25)

    Me ha gustado mucho esta parte, no me esperaba para nada la llegada del Chemo del futuro. Por otra parte, menos mal que la muerte de Charly solo fue un sueño :S

  • #1

    Tony (martes, 29 noviembre 2016 01:10)

    Siento la espera. Últimamente me falta tiempo para todo.
    Por favor no olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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