Tierra de dragones

13ª parte

 

            — Eso es imposible, querían el traje pleyadiano -rechazó Antonio.

            — No, era Montenegro... El EICFD te quería muerto. No podemos volver,....

            Tosió escupiendo sangre y  tardó unos segundos en poder respirar.

            Escucharla enfureció a Antonio. Apretó los puños y quiso golpear algo, pero no quería perder el control delante de Abby.  Se fue a la compuerta de salida y tuvo que abrirla manualmente. Le faltaba aire y la pecera se empezó a empañar. Una vez fuera se la quitó y respiró con cautela por si era una atmósfera tóxica.

            Olía a cenizas de hoguera, pero podía respirar.

            — Al menos ya sabemos que hay bosques en alguna parte. Algo se debe estar quemando.

            Dejó el casco en un asiento de la nave y salió al exterior. Cogió su fusil y subió por la montaña cenicienta para adquirir una buena vista del terreno. En todo momento mantuvo activo su escudo óptico por si un dragón pasaba por allí. Aunque el último fue capaz de verlos.

            — Me quieren muerto... Si regresamos sólo hay un modo de sobrevivir a esto. Hay que destruir la maldita Organización.

            Se sentó en una roca alta y dejó el fusil sobre ella.

            — Génesis -siguió hablando-. Dime que aun me escuchas...

            Su mente estaba tan desierta como aquel paisaje.

            — Dime algo o enloqueceré.

            «Abby está hiper ventilando, ve a ayudarla»-escuchó su inconfundible voz femenina en el silencio de su mente.

            — ¿Qué puedo hacer por ella?

            «Sálvala.»

            — ¿Cómo?

            «Utiliza el traje».

            — ¡No lo he traído! Lo sabes.

            «¿Por qué no escuchas? Esa prenda de Elías era simbólica. El poder de Dios te lo daba la fe. Acércate a Abby y cúrala como si lo llevarás puesto».

            — No funciona, lo he intentado. Con el traje puedo hacer cualquier cosa pero si no lo tengo soy incapaz de nada.

            Hubo silencio. Aunque era un alivio seguir escuchando a Génesis le costaba mucho acatar su consejo. ¿Cómo iba a acercarse a Abby y decirle: "Estás curada",  y enfrentarse a su cara si no lo lograba?

            — ¿Qué año es este? -Preguntó.

            El Silencio fue su respuesta.

            — ¿Cómo vamos a volver si no sabemos el año en el que estamos?

            «Como no podéis viajar más en el tiempo. ¿Qué importancia tiene el año?».

            Antonio se quedó sin aliento. ¿Realmente Génesis le dijo eso? Debía volver, de hecho sabía que volvería. Él mismo le dio un pendrive.

            — ¿Y qué hay del bucle temporal del que me hablé en el video? Tiene que haber alguien que arregle la nave.

            «Aquí no encontrarás a quien os pueda ayudar en eso. Estáis en un páramo salvaje. Nadie en su sano juicio se acerca por aquí, la llaman "Tierra de dragones". Debes ayudar a Abby y viajar al Norte. Coger lo que podáis cargar y nunca miréis atrás. Será un camino muy largo y jamás volveréis a esta nave. Si no lo aceptas, moriréis.»

            — Pero la necesitamos para volver.

            «No funciona» -respondió Génesis.

            — No podré convencerla. Suponiendo que pueda curar a Abby...

            «Te ayudaré en eso. Déjame entrar en tu cuerpo y yo la curaré.»

            Antonio se quedó callado y asustado.

            «Ya lo hicimos cuando eras más joven. Entonces intentaba dominar esa técnica, pero ahora soy mucho más hábil, no tengas miedo.»

            — ¿Tú la curarás?

            «Ajá. Relájate, respira profundamente y déjate llevar.»

            Antonio cerró los ojos, puso las manos sobre sus rodillas, vació su mente y sus sentidos se afinaron. Escuchó el susurro del viento, olió el azufre, sintió el frío del aire, percibió con claridad el murmullo de Génesis.

            «Estoy dentro. Relájate.»

            Abrió los ojos y observó alrededor, su cabeza se movía sin intervención de su voluntad, se volvió a poner el casco, se levantó sin ordenárselo a sus piernas y sintió un gozo difícil de describir por dejarse llevar por su amiga "imaginaria".

            Caminó con premura hacia su compañera Abby y se arrodilló a su lado. Ella le miró extrañada y sin apenas fuerzas para entornar los párpados.

            — Ahora te vas a poner bien -dijo.

            Al instante las costillas volvieron a su lugar el color macilento de su cara se volvió rosado y saludable.

            Abby se levantó asombrada.

            — Llevas puesto el traje -dedujo.

            Antonio parpadeó varias veces y notó que su amiga invisible se despedía con un adiós silencioso.

            — No.

            — ¿Entonces era cierto?- Se entusiasmó la teniente-. Es cuestión de fe.

            Suspiró nervioso.

            «¿Y cómo se lo explico? -Pensó-. A ver, ¿recuerdas a la mujer que querían encontrar los grises? Sí esa que resultó ser mi esposa, pero que no era ella sino otra a la que cambiaron de cuerpo... No lo creerá. Joder, pero si le digo que llevo el traje me va a matar por no haberlo usado antes.».

            Volvió a suspirar.

            — Sí, es cuestión de fe, pero es mucho más complicado de lo que suena. He visto que si no salimos de aquí y vamos hacia el norte lo más seguro es que acabemos en la panza de alguno de estos dragones. Coge todo lo que puedas cargar y vámonos.

            — ¿Estás loco? Necesitamos la nave para regresar, no podemos alejarnos.

            — Si esto vuelve a funcionar una vez no será gracias a que la sepamos repararla nosotros. Podemos memorizar en el mapa del teléfono la posición en la que estamos.

            Sacó el aparato y abrió la aplicación de mapas. Después de un par de segundos apareció el punto azul de donde estaban ellos, supuestamente en el pueblo de Griñón, Madrid.

            — O esto está roto o lo que ha pasado aquí ha sido terrible -susurró.

            — ¿Funciona? - Preguntó Abby.

            — Me queda un treinta por ciento de batería.

            — Digo el GPS, idiota. Eso significa que hay satélites y no andamos lejos de nuestro tiempo. ¿Por qué no tienes el comunicador del EICFD? Ese tenía batería autorecargable.

            Abby se refería a que le regalaron un móbil idéntico al suyo con características extras muy interesantes como el generador perfecto (un ingenio de Tesla que lo recargaba usando el calor ambiente), además se podía hacer invisible para evitar ser visto y resistía bien los golpes, mejor que el comercial.

            — Se lo di a Ángela y nunca me lo devolvió -reconoció.

            — Genial, pues marca la posición en el mapa y apágalo del todo. Nos va a hacer falta.

            — ¿No trajiste el tuyo? -Se extrañó.

            — Lo traje, y... -lo sacó del bolsillo de la riñonera con la pantalla resquebrajada-. A menos que también sepas curar aparatos, está reventado. Por lo visto el grafeno no bastó para que resistiera la paliza que recibimos.

            — Vaya.

            Lo volvió a guardar. Fue un gesto muy significativo que le dio tranquilidad. Si lo hubiera tirado sería como dar por sentado que nunca volverían a casa. Al guardarlo pensaba devolverlo al EIFCD en cuanto regresaran para que le dieran uno nuevo. Ella tenía esperanzas de volver y él casi las había perdido.

 

 

            Cogieron la bolsa de víveres que era una mochila pensada para llevar a los hombros. La cargó Abby a pesar de que él se ofreció primero.

            — No quiero que tengas excusas para quedarte atrás -protestó ella.

            Al salir de la nave encontraron una criatura, que duplicaba la altura del Halcón, husmeando por encima de sus cabezas. Su piel era verde y exhibía unas uñas nacaradas, afiladas y largas como navajas.

            Ambos se quedaron paralizados frente a la puerta entre aterrorizados y aliviados de que aun no les hubiera detectado dentro.

            Esperaron hasta que su largo hocico asomó por la puerta y el dragón les observo con aparente mansedumbre.

            - Ni respires -ordenó Abby-. Puede que no nos haya visto.

            Miró a Antonio y éste asintió. Estaba oscuro dentro y afuera reinaba una luz diáfana como si hubiera Luna llena.

            La criatura introdujo la garra dentro de la nave mientras olisqueaba el interior.

            Antonio encañonó su cuello, que estaba justo delante de él.

            — No dispares dentro de la nave, por lo que más quieras -ordenó Abby-. La destrozaría con sus espasmos. Y puede que a nosotros también.

            Obedeció y subió el arma. Ese dragón debía pesar tres toneladas y era puro músculo. Sus antebrazos, más pequeños, duplicaban el grosor de los muslos de Antonio. Las patas traseras eran gruesas y recias como el tronco de un olivo centenario. Su cola era similar a la de una lagartija, rápida como un látigo. Imaginó los espasmos de ese dragón y supo que debía dispararle de lejos.

            Entonces la colosal criatura cerró los ojos y sus ollares se abrieron aspirando una gran cantidad de aire. Estaba oliéndolos y antes de que pudieran reaccionar lanzó una dentellada a escasos centímetros de Antonio.

            Por acto reflejo le arreó una patada al ojo más cercano y en cuanto retiro la cabeza de la entrada por el dolor que le causó, ambos corrieron al exterior.

            - Tú a la izquierda -indicó Abby.

            Pero el dragón comenzó a lanzar dentelladas a ciegas muy cerca de ellos y tuvieron que salir por el mismo lado.

            — Es muy rápido -protestó Abby.

            En uno de los rápidos giros les alcanzó con la cola y cayeron rodando por el suelo. El arma de Antonio salió despedida a varios metros de distancia, la de Abby se mantuvo pegada a ella porque se había pasado la correa por la espalda, cosa que Antonio no hizo.

            — ¡Joder!

            Al hacerse visible el arma el dragón la cogió con la boca y la masticó con furia haciéndola pedazos.

            — Mierda... Espero que haya otra.

            — Estúpido -arengó Abby-, las demás no están asociadas a tu ADN.

            — Pero eso se hace en un momento.

            — En la base sí, aquí no tenemos conexión con la bases de datos de códigos genéticos.

            Entre tanto la criatura se cansó de masticar el aluminio chisporroteante y regresó a la nave.

            La levantó como si fuera de corcho pan y olisqueó por debajo. Tenían activado el escudo óptico y no parecía veros. Esta vez, al saber que no les veía se quedaron quietos y sin respirar.

            Al ver a Abby apuntar al.monstruo Antonio dijo:

            — Dispara ya, ¿A qué esperas?

            — A que esté distraído. Ahora nos busca con todos sus sentidos, podría esquivarlo y sabría donde estamos.

            Un ruido les alertó a sus espaldas. Se volvieron y un dragón tres veces más alto y fuerte que el otro aterrizaba a poca distancia.

            El más pequeño dio un salto y se fue volando a gran velocidad.

            — No respires ni te muevas, tenemos suerte de que no haya sombra con este cielo -dijo Abby.

            — ¿Seguro que no nos oye?

            El colosal monstruo miraba a su alrededor con los agujeros del hocico chorreando babas. Se percató de la nave y reptó sobre sus cabezas. Tuvieron que evitar una de sus enormes patas rodando y esquivándola.

            Cuando olisqueó la estructura puso sus extremidades delanteras sobre la cubierta cristalina y trató de aplastarla. La nave resistió aunque se hundió medio metro en el polvo. Abby le apuntaba y le miraba con rabia, si la destruía nunca podrían regresar a su tiempo. Pero esa monstruosidad tenía escamas tan recias como tejas y el plasma le haría un rasguño aunque le diera en el cuello. Sería necesario alcanzarle dos veces en el mismo punto. Cosa bastante difícil.

            Por suerte se dio por vencido, desplegó las alas y saltó emprendiendo el vuelo. La corriente de aire que provocaron sus extremidades superiores levantó tal polvareda que se quedaron cegados durante varios segundos.

            — Parece que la nave llama la atención. No duraremos mucho cerca -dijo Antonio.

            — No podemos abandonarla, es nuestra única esperanza.

            Antes de terminar la última palabra una cosa inmensa cayó y aplastó la nave reventando la cubierta de grafeno y envolviéndola en una nube de polvo fuego y humo. El dragón gris había tomado altura para caer sobre sus poderosas patas traseras encima del brillante aparato y lo examinó una vez más, sin encontrar nada de su agrado.

            — ¡Joder! -Bufó Abby, conteniendo su furia.

            — Debió confundirla con una cucaracha gigante -especuló Antonio.

            — Esperemos que no -replicó ella-, ¿te imaginas una de ese tamaño? Mas vale que no existan.

            — Pues mira, busca sus tripas... -señaló Antonio-. Fíjate.

            La criatura lamía los restos con poco éxito y escupía los cristales que se pegaban a su lengua.

            - Algo deben comer si siguen vivos -añadió él -. Debemos irnos, aquí ya no hacemos nada.

            Antonio se levantó despacio y la ayudó a levantarse, pero ella le dio un manotazo en la mano y se levantó sola.

            — Y ahora cuál es el norte -protestó él-.  Ah, el teléfono.

            — Menos mal que salimos y cogimos los víveres -susurró Abby-. Es como si supieras que pasaría esto.

            — Nura suerte. No te preocupes por la nave, encontraremos el modo de volver a casa.

            Encendió el móvil y señaló en una dirección mientras la colosal criatura trituraba la nave entre sus colmillos intentando sacar según jugo.

 

            Cuando el generador de antimateria hizo explosión ellos ya estaban a medio kilómetro. Puede que el dragón ya no estuviera allí.

 

 

 

            Uno a uno fueron sumergiéndose en la laguna. Yenny estaba muerta de miedo y le pidió a Alfonso que fuera tras ella por si le necesitaba. Le costó decidirse lo mismo que tardaron los helicópteros en aparecer en lontananza, sobre el Pacífico en calma.

            Buceó torpemente y antes de llegar a la entrada de la cueva se empezó a asfixiar.  Se apoyó en las rocas y subió de nuevo  a tomar aire. Todos estaban ya dentro de la gruta, incluido Alfonso, que al verla retroceder no dudó ni un segundo y siguió bajando.

            — Gracias -bufó, ofendida mientras trataba de recuperar el aliento.

            Miró hacia la gruta y la vio inalcanzable. Ella no sabía bucear sin taparse la nariz o ponerse una pinza, y allí no la encontraría. Al bucear con una mano era imposible hacerlo rápido. Mientras pensaba todo eso  los tres helicópteros militares se detuvieron en el poblado y desplegaron una escala de cuerda por la que bajaron decenas de soldados armados hasta los dientes. Los perdió de vista cuanto tomaron tierra.

            — Chemo tenía razón -susurró.

            «Sólo tienes que aguantar la respiración y cuando metas la cabeza echas un poco de aire por la nariz y no te entrará agua» -recordó los consejos de su novio, un día en la playa de veraneo.

            — Como si fuera tan fácil.

            Cogió aire y practicó a soplar por la nariz mientras se sumergía parcialmente. Al no entrarle agua se animó a intentarlo en serio. Llenó sus pulmones y se sumergió con un impulso de los brazos. Expulsó aire y no le entró agua, aprovechó a nadar abajo impulsada por sus extremidades alcanzando las rocas y se impulsó con ellas hacia la gruta. Luego agarró otra y de asomó al hueco... El túnel era larguísimo y ya no podía aguantar mucho más.

            «Si no lo haces ahora, nunca lo harás» -se dijo.

            Con un fuerte impulso se metió en el hueco y reptó por los corales hasta que no pudo más y soltó todo su aire. Le quedaba medio túnel por descender cuando aspiró por instinto sus pulmones se llenaron de agua. Pataleó y quiso pedir socorro, se comenzó a asfixiar hasta que perdió el sentido.

Comentarios: 10
  • #10

    Yenny (lunes, 19 diciembre 2016 14:46)

    Tony me entristece saber que te encuentras mal, deseo que te recuperes pronto y todo esto quede en un mal recuerdo.
    Lo importante es tu salud, nosotros podemos esperar.
    Los mejores deseos y con fe que todo va a salir bien.

  • #9

    Lyubasha (lunes, 12 diciembre 2016 10:43)

    Qué malo eres Tony, siempre dejas la historia en la mejor parte! Espero que Yenny haya sobrevivido y que en la próxima parte se descubra por qué la organización quiere deshacerse de Antonio.

  • #8

    Irene (lunes, 12 diciembre 2016 10:08)

    Cada vez es más interesante. Tengo muchas ganas de leer la continuación para ver qué hay en los pasadizos y saber qué encontraran Abby y Antonio en el norte.

  • #7

    Alfonso (domingo, 11 diciembre 2016 00:59)

    La historia se pone cada vez más interesante. No creo que Tony pueda escribir tantas partes tan seguidas con tanta fiesta que se avecina; esperemos que al menos pueda subir dos más antes de que finalice el año.

  • #6

    Chemo (sábado, 10 diciembre 2016 17:59)

    Ya se hizo un lío de toda la historia. Yo creo que Chemo adulto irá a rescatar a Antonio y de paso conquistará a Abby. Jaja

  • #5

    Jaime (sábado, 10 diciembre 2016 02:31)

    Antonio debería usar el traje pleyadiano (o sea, la fe) para regresar al tiempo actual. ¿Por qué Génesis le habrá dicho a Antonio que fuese al norte? ¿Morirá Yenny ahogada? Espero leer las respuestas pronto.

  • #4

    Yenny (viernes, 09 diciembre 2016 17:31)

    No se por qué cuando escribo de móvil no manda el mensaje completo???
    Entonces esperaré con ansias la siguiente parte, la historia se está poniendo muy interesante y cada vez se hace más difícil esperar una nueva parte :(

  • #3

    Tony (jueves, 08 diciembre 2016 17:05)

    Tengo menos tiempo para revisar pero por suerte ahora tengo una técnica que me permite escribir más rápido. Desde que escribió en móvil me cuesta bastante avanzar todo lo que quisiera. También tiene sus riesgos y es que puedo cometer más errores.
    No te preocupes, Yenny, el próximo martes sin falta habrá parte catorce.

  • #2

    Yenny (jueves, 08 diciembre 2016)

    Gracias Tony por hacerte un poco de tiempo y subir esta parte

  • #1

    Tony (jueves, 08 diciembre 2016 00:05)

    Con tantas fiestas es complicado llegar puntual al martes. A ver si el próximo sí lo consigo.
    Por favor, no olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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