Tierra de dragones

Parte 15

            Alfonso logró mover la última roca que bloqueaba el paso. Al otro lado se abrirá un túnel oscuro entre los escombros, pues todo parecía destruido como si el techo se hubiera venido abajo y alguien trató de salir hace tiempo... Dándose por vencido. Por el tamaño de las rocas apartadas, o eran muchas personas o una muy fuerte.

            —¿Hola?

            Nadie respondió salvo su propio eco. Poco después se unió Jaime a él.

            —Tío ¿qué has encontrado?

            —No sé a dónde lleva esto pero debe haber alguien... O al menos había.

            Su amigo alumbró con su móvil. La luz no llegaba muy lejos y sólo vieron más pasadizo. Te acompaño. Espera, vamos a avisar.

 

 

 

            Sin el consentimiento de las chicas continuaron la exploración por la misteriosa gruta y descendieron con mucho cuidado pues el acceso se veía muy delicado. Les animó que en zonas más estrechas hubieran apuntalado las rocas con hierros y parecía seguro continuar. Aquel túnel era el trabajo manual de alguien que trató de escapar. Un esfuerzo titánico que debió llevar años.

            Después de casi dos horas de descenso la gruta se expandió. Vieron una cueva tan alta que no se veía el techo. El camino llegaba hasta una especie de asentamiento moderno destruido por un derrumbamiento del que sólo quedaban ruinas. Del techo de la bóveda caían varias cascadas, de las cuales les regaba una fina capa de agua pulverizada como llovizna.

            —¿La isla está sobre este agujero? Se puede hundir en cualquier momento —valoró Alfonso.

            —El subsuelo de toda la corteza terrestre es como un laberinto de cuevas. Dicen los científicos que se desconocen más de la mitad de las especies porque nunca hemos llegado a ellas —explicó Jaime.

            —Alguien construyó aquí unos laboratorios y un derrumbamiento debió sepultarlos —dedujo Alfonso como si no le hubiera escuchado.

            —Y al menos hay un superviviente —señaló Jaime—. O ha salido por otro lado.

            Alfonso comenzó el difícil descenso por los restos de rocas y Jaime se quedó atrás. Al volverse hacia él le vio asustado e indeciso.

            —Vamos, ahí abajo sería posible completar la máquina. Si encontramos otra salida podríamos meter las cosas y nadie nos molestaría más.

            —De hecho lo harás. Pero nosotros no regresaremos.

            —Ya estamos con tu teoría. Macho vamos a cambiar el tiempo, lo que pasó es otra dimensión o corriente temporal, como prefieras llamarlo.

            —Yo no creo en los multiversos.

            —Haz lo que quieras, yo voy a investigar.

            Jaime vio alejarse a Alfonso mientras susurraba que para él era fácil seguir, sabía que iba a sobrevivir.

            Negando con la cabeza se dio la vuelta y regresó con los demás.

 

 

            Alfonso llegó a las instalaciones con varios raspones en las manos y piernas. Las rocas eran volcánicas y estaban bastante afiladas. Cuando al fin pisó sobre cemento y vio la puerta ante él, se dio cuenta de que el camino podía haber terminado ahí. No había cerradura ni intercomunicador.

            —Mierda —murmuró.

            Se acercó a probar suerte y puso las manos sobre el firme y helado metal.

            —Ábrete sésamo —siseó.

            Y la puerta no se movió. Cerró el puño y comenzó a golpearla.

            —¿Hay alguien ahí?

            Insistió golpeando con fuerza y causando fuertes golpes metálicos. Cuando le empezó a doler la muñeca cesó su llamada. Escuchó con la esperanza de escuchar algo pero los ecos enmudecieron y el silencio fue absoluto.

            —Tiene que haber alguien.

            Con los dos puños insistió y goleó la puerta, que está vez no sonó sino que se abrió porque estaba abierta y sólo necesitaba empujar con fuerza.

            —Sí, lo sabía —dijo triunfal.

            Cuando empujo vio luz al otro lado, luz intensa de fluorescentes, como de un hospital. Entró a un pasillo sin adornos, con paredes blancas sin ventanas. Cada tres metros había una puerta solamente a la izquierda. Algunas estaban abiertas y en ellas vio rastros de una sustancia reseca y negra. Al acercarse vio que eran huellas aunque las manchas tenían mucho tiempo a juzgar por el polvo.

            —Será sangre —especuló—. ¿Qué ha pasado aquí?

            Recordó las advertencias de sus amigos acerca de ese lugar, podía ser el origen de la epidemia. Y se estaba exponiendo a lo que quiera que hubiera allí hace años.

            —Puede que no sea tan buena idea seguir adelante.

            Una sombra pasó en frente de una puerta, más adelante

            —¿Oiga?

            Desoyendo su puntual momento de sentido común corrió hacia allí y se asomó al marco esperando encontrar a algún tipo duro de oído.

            —Disculpe, ¿tiene idea de lo que ha...

            Un hombre estaba arrodillado en el suelo de espaldas y parecía estar comiendo los restos de un cadáver.

            —¿Pero qué...

            El tipo de dio la vuelta y le miró con unos ojos grises, secos y sin vida. Sus movimientos eran rápidos como si estuviera muy enfadado.

            —Ehh... No se preocupe, siga con lo suyo... Yo ya me iba.

            El tipo se levantó igual que un resorte y corrió hacia él, encolerizado. Alfonso cerró la puerta pero no lo suficientemente rápido como para impedir que le agarrase una manga de la camisa. Por suerte el marco se interpuso entre ellos y el propio infectado empujaba la superficie metálica bloqueado su pasó. Aprovecho para golpearle las manos tratando de que quedara encerrado. Pero el tipo era fuerte y tozudo y aunque estaba a punto de fracturarle los brazos no cejaba en su empeño.

            —¡Quédate dentro, cabrón!

            Como si su grito le diera fuerzas logro que le soltara y pudo encajar la puerta.

            La sujeto por la manija por si era capaz de abrirla pero se debió cerrar con algún cerrojo de seguridad.

            Respiro hondo apoyado contra la superficie metálica mientras se preguntaba porque no había hecho caso a sus compañeros.

            —Tengo que salir de aquí, ¿Quién me manda ser tan curioso?

            Se dirigió a la puerta por la que entró pero estaba cerrada y tampoco había mecanismo de apertura desde el interior del recinto. Si pudiera tirar de ella saldría, aunque recordó que tuvo que empujarla y le costó trabajo conseguirlo desde el otro lado.

            —Ábrete sésamo —repitió, por si antes funcionó con esas palabras.

            No ocurrió nada. Examinó el pasillo y vio que sólo había una salida, justo hacia el otro extremo.

            —Al menos éste cabrón no podrá llegar hasta los demás.

            Camino por el pasillo con cautela, temiendo que alguna puerta se abriese de repente. La que acababa de cerrar estaba en completo silencio cuando llegó a ella. Caminó de puntillas sin quitarle el ojo de encima y solamente al estar lejos se permitió el lujo de respirar.

            El pasillo se abría a una sala de seguridad repleta de monitores apagados. Vio otro acceso que estaba abierto donde podía seguir por dos caminos. Uno hacia unas escaleras llenas de escombros y de imposible acceso, el otro a un ascensor que parecía funcionar.

            Ya no tenía tantas ganas de encontrar supervivientes y entró pasando despacio sin hacer demasiado ruido. El próximo encuentro querría ser el primero en verlo y no al revés.

            Bajó una planta y las escaleras seguirán hacia abajo ya libres en aquella planta, aunque podría entrar en el edificio. Decidió que era mejor examinar cada piso, para no dejar amenazas potenciales a su espalda, eso sí, con prudencia.

 

 

 

 

            Jaime regresó con las chicas y el presunto hijo de Vanessa. Al ver que no venía Alfonso con él Chemo preguntó.

            —¿A dónde ha ido?

            —Vimos una especie de ruinas recientes y se empeñó en ir a cotillear.

            —¿Le dejaste sólo? —Inquirió—. Debemos seguirle, es el único que seguirá con vida.

            —Lo siento, pero yo creo que estamos más seguros aquí —respondió seco Jaime.

            —¿Y qué hacemos aquí? Intervino Vanessa.

            —Mantenernos a salvo, que no es poco.

            —Mamá, debemos ir con Alfonso —Insistió el chico.

            —La verdad es que no me gusta nada esta cueva, y si estos soldados aparecen por aquí no tenemos donde escondernos. ¿Alguien más viene a buscarlo?

            —Yo —dijo Elisa.

            —Yo no me quedó —se sumó Yenny, ya recuperada.

            —No podemos separarnos —bufó Jaime—. Vamos todos, joder.

 

 

            Antonio y Abby se alejaron de los supervivientes sigilosamente para que no pudieran seguirles. La rudimentaria arma de Irving era la única que tenía él en caso necesario y no estaba dispuesto a devolvérsela.

            —El EICFD sigue en activo, son los únicos que tienen fusiles de plasma —comentó Abby—. Vamos, llama al cuartel inmediatamente, aún debe estar operativo.

            —Eso debimos hacer desde el principio —replicó él.

            Saco su teléfono y lo encendió. El contacto de Montenegro tenía un número móvil y otro de muchos números que era del cuartel y que se comunicaba por satélites. Al llamar recibieron respuesta casi inmediata.

            —Aquí la última guardia, responda brevemente y pronto estaremos allá.

            —¿La qué? Soy Antonio Jurado y estoy con Abby Bright. Necesitamos transporte inmediatamente.

            —¿Tendríamos que conocer esos nombres?

            —¿No es el cuartel general del EICFD? —preguntó él como respuesta.

            Hubo silencio unos segundos y luego se escuchó la voz de otra persona. Una mujer cuya voz era muy familiar para él.

            —Tenemos su posición, pronto estaremos allí, no se muevan.

            Se cortó la comunicación y Antonio tuvo un momento de shock. No esperaba escuchar esa voz en ese mundo remoto.

            —¿Qué? —Preguntó Abby, ansiosa.

            —¿No la reconociste? Era Ángela Dark.

 

            Apenas pasaron cinco minutos cuando se materializó frente a ellos el viejo halcón original, la primera nave que vio Antonio al ser reclutado para combatir a los grises. Estaba muy deteriorada y apenas parecía capaz de volar.

            Desactivaron sus escudos ópticos aunque era obvio que los de la nave podían verlos igualmente.

            Del aparato salió una mujer enfundada en un traje de grafeno reforzado con placas brillantes de aspecto plástico, aparentemente indestructibles. Era negro con brillos azulados y de su hombro colgaba un impresionante fusil chisporroteando energía azul en su cañón.

            —Eso tiene que hacer mucho daño —dijo Abby, sonriendo—. ¿Tienes más de esas?

            Antonio, en cambio, se quedó mirando su rostro. Su pelo cortado al estilo tazón dejaba al descubierto su rostro inconfundible y serio.

            —Ángela Dark, no esperaba encontrarte aquí.

            Le miró sorprendida.

            —Ignoro por qué conoces mi nombre, pero es evidente que tenemos información muy relevante que nos conviene compartir. Subid.

 

 

 

            La tranquilidad y estrechez del pasadizo se abrió a un enorme hueco natural medio derrumbado donde se podía distinguir un descenso encrespado entre escombros volcánicos hasta un nuevo pasillo artificial iluminado con fluorescentes blancos. Alguno de ellos parpadeaba como evidencia de su falta de mantenimiento.

            —Alfonso bajo por allí —explicó Jaime. Si no ha vuelto es porque pudo entrar.

            —No perdamos tiempo, no podemos perderlo —urgió Chemo.

            Descendieron con dificultad, especialmente Elisa que a su edad no tenía la agilidad de sus compañeros.

            Al saltar al pasillo se toparon con la puerta metálica y no pudieron continuar.

            —Alfonso, si estás por ahí, abre —urgió Yenny.

            No hubo respuesta y no se abrió.

            Jaime no sé resigno y dijo tres fuertes golpes en el metal de la puerta. La fuerza desplazó el pesado fierro pero luego volvió a su posición.

            —Está abierto. Vamos.

            Empujo la puerta y la abrió con facilidad.

            Al entrar todos estuvo a punto de cerrarse tras ellos y Yenny la sujeto al ver que no tenía manivela ni picaporte por ese lado y no podían volver a abrirla por ese lado.

            —Casi nos quedamos encerrados, dadme algo para sujetarla.

            —Supongo que esta piedra de aquí tenía esa función —dijo Vanessa recogiendo un pedrusco del suelo.

            —Está claro que alguien usaba la salida con frecuencia—reflexionó Jaime.

            —Hay, no descartes que siga aquí —completó Chemo.

            —Esperemos que se alegre de vernos —deseo Vanessa.

            Recorrieron el pasillo de paredes blancas con puertas, similares a las de un hospital. Ninguno se aventuró a tocar ninguna y continuaron hasta el fondo. Vieron la sala de seguridad con los monitores antiguos de rayos catódicos apagados.

            —Por aquí. Mirad, es un ascensor y parecer que aún funciona —dijo Jaime.

            —Eso espero porque las escaleras están llenas de escombros —indicó Yenny—. No sé qué pasó aquí pero la instalación resistió por muy poco.

            —Quizás un terremoto —sugirió Elisa.

            —Espero que no haya más en mucho tiempo —pido Vanessa.

            Entraron muy justos en la estrecha cabina donde ponía que podían entrar siete personas. Ellos eran cinco pero la jefa estaba gordita aunque Olivia compensaba su exceso. Aun así estaban apretados.

            —¿A qué planta? —Preguntó Yenny, que podía llegar a los botones.

            Miraron el panel y se quedaron asombrados. Había un montón de pisos debajo de ellos.

 

 

 

Comentarios: 9
  • #9

    Yenny (viernes, 13 enero 2017 16:34)

    Que bueno que ya estés en casa, ahora a descansar y a recuperarse pronto :).
    Estos chicos y su imaginación ¬¬ jeje me estoy dando cuenta que no importa la nacionalidad los hombres actúan guiados por sus hormonas.

  • #8

    Alfonso (viernes, 13 enero 2017 04:50)

    Tony, me alegro que la operación haya ido bien. Creo que todos tus lectores estamos al pendiente de tu pronta recuperación.
    Yo creo que Alfonso será el único en salir con via de la isla. Al menos Chemo obtuvo lo que quería (o piensa que lo obtuvo, jeje).

  • #7

    Jaime (viernes, 13 enero 2017 03:16)

    Me alegro de que la operación haya salido bien. Sé que en este tipo de operaciones te tardas para regresar a tu ritmo de vida normal, pero espero que pronto puedas estar mejor que antes, Tony.
    La historia va a buen ritmo. Yo también creo que la aparición de los dragones se debe al redescubrimiento del laboratorio secreto por parte de Alfonso. Por cierto, Chemo es todo un personaje con una imaginación desbordante. Ya me dio curiosidad por saber qué habrá pasado entre Chemo y las chicas mientras Jaime las dejó solas. Tony, deberías de dejarme a mí también solo con las chicas alguna vez, jeje.

  • #6

    Tony (jueves, 12 enero 2017 23:00)

    La operación fue bien. Ya estoy en casa.
    Chemo no he dado detalles de lo que pasa con las chicas para darte oportunidad de imaginar lo que quieras. ;-D

  • #5

    Chemo (jueves, 12 enero 2017 03:29)

    Primero que nada, Tony, espero que salgas bien de la cirugía y que te recuperes pronto.
    La historia se pone cada vez más interesante, y creo que los zombis y el laboratorio secreto tienen algo que con la aparición de dragones. De hecho, si Antonio no hubiese llevado a Jaime y los demás a la isla, el laboratorio no hubiese sido redescubierto junto con lo que se esconde allí.
    Lo que faltó de contar en el relato es lo que Chemo y las chicas hicieron mientras Jaime y Alfonso se fueron a explorar. Os lo dejo a su imaginación.

  • #4

    Lyubasha (martes, 10 enero 2017 17:02)

    Muchas gracias por dejarnos la continuación Tony. Tengo muchas ganas de saber qué hay en los otros niveles y si aún quedan supervivientes. Fue una sorpresa la aparición de Ángela, es uno de los personajes que más me gustan y no me la esperaba en esta historia.
    Espero que la operación de cervicales haya salido bien y que te recuperes pronto.
    Un saludo.

  • #3

    Yenny (martes, 10 enero 2017 15:45)

    Gracias por subir esta parte aunque me voy a quedar con ganas de saber que hay en los pisos de abajo jjeje.
    Tony tengo fe que todo va a salir bien y pronto vas a estar recuperado y disfrutando de tu familia, así que ponle ganas a la recuperación para tenerte de regreso muy pronto y con más historias :)

  • #2

    Renata (martes, 10 enero 2017 15:35)

    Todo saldra bien primeramente dios tony ten fe.

  • #1

    Tony (martes, 10 enero 2017 08:33)

    Esta tarde me operan. Oren por mí.

Animal es el que abandona a su mascota.

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