Tierra de Dragones

17ª parte

—O contagiarnos —protestó Ángela—. No nos podemos fiar, no tendremos una segunda oportunidad.

         —Olvidémonos del avión. Buscarme a mí —propuso Antonio—. Investigar donde estaré ese año, y por qué nunca conocí el EICFD.

         El informático le miró de reojo y luego a Ángela.

         —Hazlo.

         Escribió su nombre en dos segundos y pulso 'Enter'.

         Lo que vio le hizo encogerse de hombros.

         —Hay cientos. Ordenaré por fecha: Muere por intoxicación junto a su esposa Filomena con ochenta años..., Otro aquí murió en un accidente de camión en 1993.

         —No, no, no puede ser.

         —Es lo que me sale, yo no manipulo la información  —protestó el informático.

         —No digo que tengas la culpa —se explicó nervioso—. Busca mejor, Avelino Policarpio. Me cambié de nombre por el camionero y borré su muerte, el auténtico es ese. Me costó un pastizal por eso no puede ser que salga.

         Le miraron sorprendidos. El informático volvió a buscarlo con los ojos en blanco, como si perdiera el tiempo. Ángela perdió la paciencia y resopló. Ninguno parecía dispuesto a creer que el mundo estuviera jodido porque él no estaba.

         —Me salen cientos. Y eso que es un nombre feo.

         —Nací en 1972, en el hospital de la paz, 29 de octubre.

         —A ver... filtrando resultados... Nada.

         —Habrás tecleado mal —se ofuscó Antonio.

         —Qué manía, ¿eh? Lo he escrito bien, ¿te leo los nacimientos del 1972? Ninguno se llama Avelino. Y no es el archivo de La Paz, sino de toda España.

         —Eso significa que me han matado antes de nacer... Como en la película de Terminator.

         —¿Tú te estás oyendo? —le dijo informático, burlón.

         —Eso cambia todo —murmuró Abby—. El EICFD es el culpable de todo.

         Los que escuchaban la conversación que parecían haber dejado de creer a Antonio la miraron sorprendidos.

         —¿Qué? —Antonio la miró preocupado.

         —¿Crees que el único plan que tenían para detenerte era yo? Conozco a Montenegro, yo tenía que conseguir el traje. Además planeaba eliminarte, de borrar tu existencia. Tuvo que ser eso... Por eso convocó a John Masters. Me crucé con él mientras se preparaba para el combate. No participaba en ninguna misión desde hacía meses pero el comandante le propuso una en la que sí quiso intervenir. Hablé con él y me dijo que era alto secreto. Que si quería saber más o apuntarme, hablara con el comandante. Tiene sentido, nunca le caíste bien y si no existías tú él se podría llevar la gloria de la destrucción de los Grises. Todo encaja.

         —¿John? Pero si nos hicimos amigos.

         —Ese cabrón no hace amigos, sólo se acerca a sus enemigos —explicó Abby—. Después de los años de misiones juntos nunca le vi un gesto de cariño hacia nadie. Sólo argumenta la muerte de sus compañeros para ser más despiadado. Tiene otras virtudes, es obediente, letal y valor no le falta. Pero se ciega con su deseo de destacar y no olvidemos que si Montenegro le pide que se tire a un pozo, él le preguntara sin dudaría cuándo y cómo. Hay que detenerlo y no será fácil, seguramente reunió un comando completo del EICFD.

         —No fastidies —protestó Ángela—. Una cosa es disparar a dragones y monstruos, otra a compañeros. Yo he conocido a John y no quiero enfrentarme a él. ¿Estamos seguros de que si le detenemos podemos cambiar este mundo?

         —Lo hizo, puedes estar segura. Hay que salvar a Antonio... —Abby se quedó sin habla al recordar algo.

         » Es lo que dijiste tú en el futuro —añadió.

         —Sí, eso dije —continuó él—... Y si lo hacíamos, tú morirías. Pero hay una alternativa, que es salvarte a ti...

         —Cabrón, si no vamos a detener a John no cambiaremos este funesto destino... Esa no es una opción. Tendrás que evitar mi muerte, esa es tu misión. Y espero que uses todos los medios a tu alcance.

         Se miraron emocionados y asustados, sabían a lo que se enfrentaban y lo mucho que se perdería si no lograban arreglar las cosas.

         —Cuanto antes enderecemos el rio del tiempo, mejor —sentenció él.

         —Busca la misión del EICFD en la que interviene John —pidió Abby al informático —. Debes tenerla en los registros de la base..

         Éste negó con la cabeza.

         —Hay montones de carpetas y dosieres secretos a los que no tengo acceso. Especialmente la documentación de las misiones.

         —Abre la ficha de John Masters —apremió Abby.

         Obedeció y vieron varios archivos de misiones encriptados.

         —Solo me interesa la fecha, ordena.

         —Ostras es verdad, hay una del 1972 —dijo el informático.

         —Yo diría que no le dieron muchas vueltas para elegir cuándo eliminarte —comentó la teniente.

         —Esto no me gusta. ¿Qué pasa si lo impedimos? —Preguntó Antonio.

         —No lo sé, no lo he pensado. Pero seguro que tú tienes alguna sugerencia.

         —Volvemos al tiempo del que salió Masters y nos enfrentamos a Montenegro —respondió Antonio—. Si conseguimos mostrarle lo que hemos grabado en nuestros visores entrará en razón y comprenderá que impidiéramos que me mataran. Si no, habrá que acabar con él para que me deje en paz.

         Abby palideció.

         —Tengo amigos allí.

         —Aliados potenciales —añadió él—. Y no vamos a destruir al EICFD sino a mostrarles la verdad.

         —A Montenegro no le importa, sólo obedece las órdenes de la Organización. Ésta seguirá activa y si se empeñarán en eliminarte esa será la misión más importante del cuartel. Si superamos quienes son podríamos mostrarles los vídeos a ellos.

         —Yo puedo averiguarlo—añadió el informático sonriente.

         Tecleó rápidamente en su teclado portátil y sacó un listado de doce personas.

         —Donald Trump, Tony Blair, Jeffrey Immelt, Jeff Bezos, Carlos Slim, Warren Buffet, Jannet Yellen, Angela Merkel, Vladimir Putin, Javier Solana, Silvio Berlusconi y Xi Jinping.

         —¡Mierda! Joder, preferiría no conocerla —bufó Antonio.

         —¿Deberíamos conocerlos? —Protestó el mecánico.

         —Creo que hay que pensar en la posibilidad de no tocar a esa gente —sugirió Antonio—. No solo son multimillonarios sino que a una orden suya pueden borrar del mapa un país.

         —No vamos a echarnos atrás —protestó Abby—. Hay que llegar a ellos, a los más influyentes y mostrarles la verdad.

         —Yo digo que adelante —se animó Ángela—. Tenemos el efecto sorpresa de nuestro lado y estamos perdiendo el tiempo.

         —Pues vamos con ello —dijo Antonio sin mucha convicción—. Lo primero, evitar mi muerte.

         —Veremos si John se atiene a razones  —susurró Abby.

         —¿Qué pasa si os aniquilan o falláis? —Dijo Iván—. Provocaríais un paradigma temporal, tú, Ángela nunca podrías estar aquí si los dragones no hubieran existido. Ni tú tampoco, Kelly.

         Antonio le miró extrañado.

         —¿Qué dices? Si cambiamos el destino todo esto desaparecerá. Si queréis vivir, venir con nosotros.

         —No, amigo. No comparto tu opinión. Vais a fracasar y regresar aquí o... Morir. Lo sé porque nunca hubierais podido viajar si lo conseguisteis en el pasado. Mucha suerte, yo no voy a ninguna parte. ¿Tú que dices Pedro? ¿Te quedas?

         Antonio miró a Abby buscando una aliada en la conversación pero se encogió de hombros.

         El informático le dio un golpe en el hombro al mecánico.

         —¿Qué pinto yo allí? No soy soldado.

         —Venga, saca las birras. Hoy tenemos día libre. Espero que volváis de una pieza. Mucha suerte soldados.

         Los dos se salieron de la nave con humor y buen ánimo, como si fueran a ver un partido de fútbol importante. Sólo quedaban Ángela, la teniente Wright, Amy y Antonio.

         —¿Por qué has dejado que se vayan? Tú dijiste lo del rio del tiempo, todo cambiará si logramos evitar...

         —Jamás hay que llevarse a nadie en un viaje del tiempo salvo causa de fuerza mayor —replicó la teniente—. Ellas dos nunca podrán regresar a su tiempo, quedarán literalmente sepultadas en nuestro curso temporal. Para que lo entiendas, Cuando regresemos a este año existirán dos Ángelas y dos Amys. Ellas y las que nunca vieron los dragones. Y es imposible que puedan regresar a su presente, que es este, porque sencillamente ya no existirá.

         Ángela miró a Amy.

         —¿Insinúas que no quieres que vayamos con vosotros?

         —Yo no he dicho eso. Podría incluiros en la excepción, os necesitamos si queremos enfrentarnos a John. Es causa mayor, pero debéis saber que no volveréis y que tendréis que cambiar de identidad en el presente que nunca habéis conocido. No busquéis a vuestras respectivos alter ego. No tengo ni idea de lo que podría pasar.

         —¿Nos ofreces un mundo sin dragones? ¿Dónde hay que firmar? —Respondió Ángela sonriente.

         —Yo también me apunto —completó Amy.

         —Abrocharos los cinturones —ordenó Abby—. Nos vamos.

 

 

 

         Alfonso subió la empinada pendiente del túnel exterior no sin resbalar varias veces y repetir ascensos de cinco metros buscando caminos alternativos. Al llegar arriba estaba exhausto y necesitó sentarse a descansar.

         —Joder, ¿cómo demonios vamos a traer aquí todo el equipo? La mayoría se estropearía si les cae una sola gota de agua encima y tenemos que sumergirlos más de veinte metros... Hay que pensar algo... Quizás con cuerdas y bolsas de plástico. Es imposible cargar esos chismes tan pesados mientras mantenemos la respiración.

         Desanimado, pero con la convicción de que entre todos conseguirían trasladar el material, prosiguió su camino por el estrecho túnel. Cogió una piedra del tamaño de un puño para romper los fluorescentes de la entrada y caminó pesadamente por la estrechez del túnel.

         —¡Están aquí! He escuchado un ruido.

         Era una voz masculina totalmente desconocida para él al otro lado del pasadizo despejado. Sus pisadas le habían delatado y algún soldado le escuchó. Fueron unos estúpidos confiados, aún era de noche y los soldados debieron salir a buscarlos cuando no les encontraron en la iglesia. Esa luz era demasiado vistosa en medio de una laguna negra. ¿Por qué no pensaron antes en romperlas?

         —Mierda —siseó.

         Corrió en dirección contraria y con la piedra que cogió trató de derribar algunas rocas que se mantenían en precario equilibrio tras sus pasos. Consiguió un pequeño derrumbe y la entrada se bloqueó pero no duraría mucho, esos soldados podían apartar las rocas en cuestión de minutos. Corrió tanto que no vio donde acababa el camino y cayó rodando por la empinada rampa de escombros volcánicos. Se golpeó los hombros, piernas y cabeza repetidas veces mientras rodaba hasta llegar abajo. No perdió el sentido y consiguió dirigir su caída en los últimos metros. Se levantó con miedo de haberse roto algo y por suerte sus piernas estaban bien, con arañazos y algún golpe, aunque obedecían.

         —Ya no estamos seguros aquí... Maldita sea, tengo que avisar al resto.

         Cojeando regresó al edificio subterráneo entre quejidos y pronunciando algún taco por el dolor de sus miembros.

 

 

 

Comentarios: 5
  • #5

    Chemo (miércoles, 01 febrero 2017 04:39)

    Me alegra que estés mejorando de salud, Tony, aunque lentamente. Espero que te recuperes pronto.
    Hasta ahora Chemo no ha tenido mucho protagonismo. Ojalá entre todos se les ocurra algún plan para rescatar a las chicas del grupo. Usar al zombi, por ejemplo, como menciona Alfonso.

  • #4

    Alfonso (martes, 31 enero 2017 04:23)

    Ahora que el futuro ha cambiado, espero que no sea Alfonso quien muera para que los demás sobrevivan. La única forma de sobrevivir es utilizar al zombi escondido dentro de las instalaciones.
    La historia es cada vez más interesante. Ya deseo ver el desenlace.
    Me alegra que sigas mejor, Tony. Espero que para cuando subas la siguiente parte nos puedas informar que te sientes como nuevo, jeje. Cuídate.

  • #3

    Yenny (lunes, 30 enero 2017 18:09)

    Gracias por subir nueva parte aunque quiero saber la continuación, suponía que Alfonso logró escapar por que los soldados no se dieron cuenta de su ausencia pero al no encontrar a nadie los van a buscar hasta debajo de las rocas.
    Tony lo bueno es que estés mejorando aunque sea lentamente, viendo el lado positivo debes estar abrigadito en casa y no sufres mucho el invierno jeje.
    Cuídate y sigue en reposo.

  • #2

    Jaime (lunes, 30 enero 2017 04:44)

    No me esperaba leer la nueva parte el lunes por la mañana. Me alegra que te encuentres mejor, Tony. Espero que pronto puedas darnos noticias de tu total recuperación.
    La historia es cada vez más compleja y no veo cómo Antonio puede salvar a su otro yo. Tampoco puedo presentir si Alfonso y compañía tienen algo que ver con la trama principal de los dragones.
    Buen inicio de semana.

  • #1

    Tony (lunes, 30 enero 2017 01:42)

    Lamento la tardanza. La mejoría es lenta y me cuesta concentrarme en la historia. Aún así quiero terminarla antes de volver al trabajo.

Animal es el que abandona a su mascota.

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