Tierra de dragones

18ª parte

            Activaron con éxito el panel temporal ante el asombro de Ángela y Amy, que no se terminaban de creer lo de la máquina del tiempo hasta que la vieron funcionar.

            —Deberíais sentaros y poneros el cinturón —aconsejó Antonio—. Los viajes temporales son aún más raros que los normales.

            —Como si te enteraras de algo —replicó Abby—. Este se duerme todos los viajes, aunque tiene razón, deberíais sentaros y poneros el cinturón.

            Ángela negó con la cabeza con suficiencia, pero Amy obedeció sentándose en la parte de atrás, en el asiento más cercano a ellos.

            Antonio miró a Ángela con el ceño fruncido. Conocía bien a esa mujer, era rebelde y desobediente por naturaleza pero no era tonta.

            —Mis piernas y brazos son implantes de titanio. Me siento más segura sujetándome con mis propias manos que si me tengo que fiar de un cinturón de seguridad.

            —Vaya... Lo siento.

            —¿Por qué?

            —Pues...

            —Descuida —interrumpió Abby—, si tenemos éxito en esta misión, volverás a ser humana. Cuando yo luché contra los grises, sobreviviste sin secuelas.

            —¿No decías que nos fundimos con el tiempo presente? Esa de la que hablas ya no seré yo.

            Antonio se mordió el labio inferior, dudoso. Abby le miró de reojo asintiendo con la cabeza.

            —Allá vamos. 1972, Madrid.

            Sin más pausas la teniente presionó el botón "Go" y se activó el campo de antimateria. Antonio trató de mantenerse consciente todo el tiempo que pudo para saber qué ocurría exactamente al viajar en el tiempo.

            El fuselaje de la nave se volvió traslúcido, como cuando viajaban en modo teletransporte. Abby pilotó por la sima de la montaña, atravesando granito y rocas. La cabeza comenzó a dolerle y los ojos se le irritaron tanto que lagrimeó. Se aferró al asiento con fuerza tratando de mantener la consciencia a pesar del dolor. En seguida fue tan intenso que temió que la cabeza le estallara. Comenzó a gritar sin escuchar su propio grito, por efecto del campo de antimateria, y finalmente todo fue oscuridad.

 

            Alfonso llegó sin aliento al hangar donde sus compañeros departían alegremente sobre dónde iba a colocarse cada uno con su equipo.

            —¡Chicos! Nos han descubierto, no tardarán en entrar.

            —¿Qué?

            —No me dio tiempo de apagar la luz, la vieron antes, estaban cruzando el pasadizo y me escucharon llegar. Les bloqueé el camino pero no creo que tarden mucho en despejar la entrada.

            —No me fastidies —dijo Elisa—. Ya pensé que se habrían marchado.

            —Estamos muy jodidos —sentenció Alfonso.

            —¡No! Tú te tienes que salvar —exclamó Chemo—. ¿Qué harías?

            —Abriría la puerta del zombi y saldría corriendo. Pero no sé si es una buena opción.

            —¿Qué puerta? —Protestó Yenny.

            —¿De quién? —Dijo Elisa.

            —¿A qué estás esperando? ¿Por qué no lo has hecho ya? —Apremió Chemo—. Vamos, te acompaño.

            —Es muy peligroso, ¿y si ya están ahí? Iré sólo, se supone que yo sobrevivo, ¿no?

            —A lo mejor morimos por no acompañarte —argumentó Jaime—. Vamos todos.

            —O por acompañarme —rectificó Alfonso sin aceptar esa solución—. Iré solo.

            —No nos puedes obligar a quedarnos aquí —replicó Olivia.

            —Hacer lo que os dé la gana —se rindió el chico mientras corría de nuevo a los ascensores.

            Escuchó que todos le seguían y supo que estaban cometiendo un gran error. No estaba seguro de si prefería soldados asesinos o zombis hambrientos dispersos por las instalaciones.

 

 

            —Esta es la casa de mis sueños, Tony —dijo Brigitte—. Vale un poco más pero merece la pena, mira qué entrada con jardín, tenemos garaje para cuatro coches, mando a distancia, una sola planta sin escaleras, un salón de buen tamaño, cinco habitaciones, cada una con su baño... Más cerca de mi trabajo, desde aquí llego en diez minutos.

            —Quinientos mil euros es más que un poco. Estamos hablando de un palacio. Con ese dinero podemos comprar dos casas similares a la nuestra.

            —Hablas como si no tuvieramos —protestó Brigitte.

            —Y lo tenemos, ¿Pero por eso hay que malgastarlo? Podemos comprar otra un poco más grande por la mitad sin tener que venir a Fuenlabrada.

            —¿Malgastarlo? ¿Que compremos la casa de mis sueños es malgastar el dinero? Entonces dime, ¿en qué pensabas gastarlo bien tú?

            —No es el lugar ni el momento de hablarlo delante de extraños —Antonio miró al vendedor.

            —Haz lo que quieras, es tu dinero... Pero nunca te he pedido nada hasta hoy. Ya sé por qué...

            —Mujer —Antonio suspiró derrotado—. Está bien, nos la quedamos.

 

            Despertó en el asiento de copiloto de la nave gracias a un par de bofetadas que alguien le estaba dando.

            —Dios mío, pensé que esta vez la habías palmado.

            —¿Cuánto tiempo hace que llegamos?

            —Hemos perdido cinco minutos en despertarte. Espero que no nos afecte en la misión —protestó Ángela.

            —No hay problema. Tenemos dos meses y medio para prepararnos, no podemos viajar al día exacto de tu nacimiento, sólo al año y estamos en Agosto.

            —¿Dos meses? —Ángela bufó desesperada —. ¿Y qué vamos a hacer todo este tiempo?

            —Buscar a John —opinó Antonio—. Si viajó el mismo día que nosotros ya estará aquí. Tenemos la ventaja de que él no sabe que venimos así que dudo que sea cuidadoso borrando sus huellas.

            Dicho eso se llevó las manos a las sienes tratando de aliviar el dolor palpitante de su cabeza mientras trataba de ubicarse en el lugar donde estaban. Era el año que él nació, por tanto... Su madre ya debía estar embarazada y en la clínica que estuvo ingresada la mayor parte de su embarazo. Esa información probablemente no la tenía John Masters, ¿o sí?

            —No, hay que ir al hospital Puerta de Hierro, de Madrid, y vigilar a mi madre. Estará ingresada allí. John no esperará a que nazca, irá directamente a por ella.

            —Estamos perdiendo el tiempo —bufó Abby, corriendo a los mandos de la nave.

 

            Acudieron en apenas unos segundos gracias al Halcón. El parking era clara evidencia de su época pues vieron coches como el Sinca 1000, numerosos Seat 600 y 124, tan antiguos y al mismo tiempo tan nuevos que sin duda estaban en el año correcto. Aterrizaron en la azotea del hospital, que era el único lugar donde nadie se chocaría con la nave accidentalmente.

            Bajaron armados con fusiles de plasma, Abby con el suyo y Antonio con uno de los de la nave, previa anulación del código genético pues debido a las numerosas bajas y falta de recursos estratégicos, se vieron obligados a modificar las armas para que no explotaran si un soldado que no fuera su dueño las empuñaba. Además de esas mejoras ahora parecían más robustas y potentes.

            Antonio cargo con la pesada escopeta que le robó a Irving aun sabiendo que podía no funcionar, o incluso explotarle en la cara al apretar el gatillo. En cuanto corrió con ella al costado se arrepintió pues hacia un ruido terrible y pesaba bastante. Si ya era más lento que el resto, eso le convertía en ruidoso y desesperante.

            —Tira esa cosa o nos escucharan hasta en la otra punta del hospital —ordenó Abby.

            —Creo que tienes razón.

            La dejó dentro en de una papelera y esperó que a su regreso se acordará de recogerla. Memorizó la planta 5 y puerta de azotea, justo a la derecha.

            Bajaron en completo silencio por la escalera, con los escudos ópticos activos y procurando esquivar a los escasos transeúntes que la usaban.

            —¿Cómo sabremos la habitación? —Preguntó Ángela.

            —Buena pregunta —respondió Antonio—. Empecemos por abajo, tenemos la ventaja de que yo reconoceré a mi madre.

            —Ellos tendrán incluso la foto —puntualizó Abby.

            —No seas tan negativa, ellos no saben mi nombre, ni siquiera que mi madre estará aquí. Lo más probable es que se esperen al día de mi nacimiento.

            —Eres un iluso, lo saben todo —replicó Abby.

            —Es ese caso ya deberían haber cumplido la misión —contestó él, sombrío—. No hay tiempo que perder.

            Mientras hablaban por los comunicadores llegaron a la primera planta y comenzaron a inspeccionar las habitaciones. Antonio verificaba a sus ocupantes mientras ellas le cubrían por si veían a John por allí.

            El edificio tenía una curiosa forma de "S" y a pesar de ser uno sólo, era enorme. Tardaron más de media hora en recorrer la primera planta sin éxito.

            —¿Estás seguro de que ella estuvo aquí? —Pregunto Amy.

            —Claro... Y no estaba sola. Aquí conoció a una amiga con la que mantuvo contacto muchos años. Adoración se llamaba.

            —Eso no nos ayuda —propuesto Amy, que ya ni siquiera entraba en las habitaciones detrás de él.

            —A mí sí, si la veo puedo reconocerla, aunque no sé si estuvo ingresada todo el tiempo con mi madre. Lo mismo aún no ha llegado o...

            —Tú concéntrate en tu madre —exigió Abby, harta.

            —Eso hago —respondió.

            La segunda planta fue igual de frustrante. Había muchas más personas por los pasillos por lo que fue más fácil ir abriendo las puertas sin llamar la atención.  Sus botas eran tan livianas y elásticas que no hacían el menor ruido.

            En una ocasión Antonio golpeó con la puerta a una mujer que salía y la hizo caer de bruces... Instintivamente fue a ayudarla y la levantó ante la cara de espanto de la señora, que estaba siendo incorporada por alguien invisible.

            —¿Pero qué haces? —Reprendió Abby—. No debes tocar a nadie.

            —Yo la empujé, pensé que debía asegurarme que esté bien.

            —No pienses. Por favor ten más cuidado.

            La mujer estaba aún en shock por lo que había pasado y se quedó paralizada por el pánico.

            —¿Qué te pasa mamá? —Preguntó una mujer desde la habitación.

            Antonio reconoció la voz... Era su madre. Y esa a la que había tirado al suelo, su abuela.

            —Debe haber sido el viento —reconoció, confundida—. La puerta se abrió de repente y me tiró al suelo.

            —¿Y por qué parece que has visto un fantasma?

            —Si te dijera que el viento me ha ayudado a levantar, no me creerías claro.

            —Qué tonterías dices, anda vete a casa a dormir. Llama a papá y que te lleve, que ya llevas aquí demasiado tiempo.

            —No me voy a ninguna parte. El menos mientras no nos digan que estás bien.

            —No saben por qué vomité sangre, me están haciendo pruebas y tardarán en darme los resultados. Seguramente es por alguna infección pulmonar. En la exploración del estómago no vieron nada raro.

            —Que no vieran lo que te pasa no significa que ya estés bien. Me quedo contigo.

            Abby dio dos golpecitos en el hombro de Antonio.

            —¿A qué esperas? —murmuró.

            —Es ella.

            —¿Estás seguro?

            —Y esta mujer es mi abuela. Ahora debemos hacer guardia por si llega...

            La teniente entró en la habitación aprovechando la puerta abierta de par en par. Se colocó frente a la cama de su madre y la observó con detenimiento.

            —No podemos equivocarnos Antonio. Necesito que me lo confirmes.

            —¿Qué te pasa? Pues claro que lo es, ¿no voy a reconocer a mí mad...

            Antes de que pudiera continuar contempló estupefacto cómo Abby la apuntaba y disparaba su cañón de plasma contra ella.

            —Misión cumplida —musitó mientras le miraba.

            Luego le apuntó a él y disparó de nuevo.

            Solamente vio pasar la bola de luz blanca junto a su oreja y luego se golpeó la cabeza contra la pared, aunque sin hacerse daño gracias al casco. Ángela le había salvado la vida por milímetros.

            Amy contraatacó y disparó repetidamente contra Abby, que terminó destrozada en la pared lateral de la habitación.

            —¿Qué diablos? —Bufó Antonio, aterrado—. Mi madre,... Yo... Estoy muerto...

            —Tranquilízate tío, estás en shock —decía Ángela—. Te juro que si llego a saber esto la reviento en cuanto la hubiera visto. Si es que no hay un cabrón de esa maldita organización del que te puedas fiar.

            —Todo estaba planeado —dedujo Amy—. Esa tía sabía lo que hacía, vino a matar a tu madre... Joder, Iván tenía razón, nuestro viaje sólo podía confirmar el presente del que venimos y encima lo hemos causado nosotros. ¡Nunca debimos venir!

            Su abuela estaba chillando aterrada y buscando ayuda en el pasillo tratando de buscar ayuda. Dos enfermeras corrieron en su auxilio y al entrar en la habitación se quedaron pálidas por el pánico. En la cama solo había restos humeantes de algo informe y destrozado que minutos antes era la madre de Antonio.

            —Vámonos, esto es lo último que necesitas ver. ¡Vamos! —Ordenó Ángela.

            Obedeció y regresó por donde vinieron.

 

 

 

 

Comentarios: 9
  • #9

    Tony (miércoles, 15 febrero 2017)

    Estoy a punto de subir la parte 19. Disculpar la demora, pero no ha sido por no haber trabajado en ella. Era complicada de escribir y revisar y seguramente más de uno se quedará a cuadros cuando la lea. Puede que al final del relato ponga un enlace a un esquema que lo explica todo mejor pero también es posible que el esquema os termine de liar aún más.
    Otra cosa, he enviado los fallos del reCaptcha y parece que están investigando por qué no reconoce bien los comentarios. Ahora veré si ya está corregido. Si entra a la primera, es que sí, sino iré añadiendo postdatas.
    PD: Me cago en la mar, menudo test psicotécnico sueltan ahora. Armaros de paciencia por favor.

  • #8

    Yenny (viernes, 10 febrero 2017 23:24)

    Desaparezco un par de días y me han ganado con los comentarios :( ,
    esta parte si no me la esperaba nunca imagine una traición de Abby solo espero que Ángela no traicione a Antonio, es uno de mis personajes favoritos.
    Habrán zombies de nuevo en la historia o por lo menos eso parece, que nervios ya quiero saber quien se salvará.
    Tony espero que estés mucho mejor y te recuperes pronto al 100%, siempre me ha sacado de quicio lo de ingresar códigos creo que no soy humana nunca me ingresan a la primera jajaja
    Pd.: Nunca vi la publicidad porno ¿por qué recién me entero? jajaja

  • #7

    Jaime (viernes, 10 febrero 2017 03:08)

    Buena historia. Espero la continuación. Espero que te mejores pronto, Tony.

    PD. El recuadro de verificación es un verdadero lío. Ojalá se pueda quitar pronto

  • #6

    Chemo (jueves, 09 febrero 2017 13:37)

    Pensar que no se que puede confiar ya en nadie. Ni siquiera en tus compañeros de trabajo como Abby. Hasta Tony ha puesto su verificador para evitar ser molestado, jaja. Y, peor aún, ni siquiera consiguió el teléfono de Adriana. Creo que es mejor confiar en Ángela, espero que sí logres conseguir su teléfono, Tony, jajaja.

    Por cierto, la historia se desenvuelve a un ritmo interesante. Espero que te recuperes pronto Tony.

  • #5

    Tony (jueves, 09 febrero 2017 11:29)

    He escrito a los responsables de jimdo y eso es lo que me han contestado.


    Adriana (Equipo de Jimdo)
    9 feb. 11:04 a. m. CET

    Hola Antonio:

    Gracias por escribirnos.

    Estamos conscientes de que este captcha se encuentra activado de manera automática en todas nuestras páginas, esto lo hemos realizado ya que se han reportado algunos casos de spam dentro de los libros de visitas y ha sido una medida para evitar esta situación incomoda para nuestros usuarios.

    Siento que esta acción por nuestra parte, te haya causado un disgusto pensando que tu página no funcionaba correctamente.

    En caso de que tengas alguna pregunta o te podamos ayudar en algo más, no dejes de escribirnos.

    Saludos,

    Adriana


    ----
    Chemo: no, no sé el teléfono de Adriana
    Al resto: Lo cierto es que se están produciendo muchas entradas con publicidad porno también en mi página y tiene toda la razón.
    Pd: Lo sé, si al menos funcionara bien lo admitiría pero lo pones bien y te hace repetirlo... Voy a quejarme, no os preocupéis.

  • #4

    Tony (jueves, 09 febrero 2017 05:40)

    Lamentablemente a pesar de que he puesto que no ponga el verificador, sigue saliendo igualmente. Es un error de jimdo (o es para evitar robots publicitarios, a saber)

  • #3

    Alfonso (jueves, 09 febrero 2017 03:54)

    Por cierto, espero que estés mejor de salud. Esperemos que no se te aparezca Abby para eliminarte por publicar los secretos del EICFD, jaja.

  • #2

    Alfonso (jueves, 09 febrero 2017 03:53)

    No me esperaba que Abby traicionara a Antonio. ¿Por qué su yo del futuro no le advirtió de ello? La historia está muy interesante.
    Por cierto, Tony, ¿por qué has puesto el recuadro para insertar el código? Pienso que muchos no se animarán a comentar con esta opción.

  • #1

    Tony (miércoles, 08 febrero 2017 14:33)

    La próxima parte va a salir muy pronto. No quiero que sufráis demasiado.

Animal es el que abandona a su mascota.

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