Tierra de dragones

23ª parte

 

            La huida no duró demasiado pues el monstruo de piedra, que parecía haber salido de algún libro tipo: "La historia interminable", se interpuso en su camino y con los brazos les cortó la huida.

            —¡Deteneos! Ya me he cansado de correr, estúpidos —barruntó con voz ronca.

            El hecho de que pudiera hablar les dejó desconcertados y la evidente muestra de no querer hacerles daño les calmó un poco. Si hubiera querido les habría aplastado con sus imponentes puños rocosos.

            —¿Hablas? —Preguntó Olivia, como si fuera imposible.

            —Soy una persona, no un monstruo. Llevo años encerrada en esta isla. He visto lo que os iban a hacer y he intervenido para salvaros. Necesito que alguien me saque de aquí y los militares no lo harían.

            —No creo que sea muy buena idea —protestó Jaime con cara de arrepentirse de lo que decía.

            —Me llamo... Esperar, debería transformarme para que me creáis.

            El monstruo se dejó caer sobre sus rodillas y cerró sus ojos. Respiró profundamente y de pronto pareció una simple protuberancia del terreno, un montón de lava solidificada con forma humana. Entonces, como si fuera ceniza seca y pegada, los trozos de piedra se fueron desprendiendo como si fueran los últimos restos de una hoguera, hasta quedar una forma humana desnuda. Una mujer. Tenía pelo castaño, aspecto atemporal y mirada triste.

            Que estuviera desnuda no pasó desapercibido a los chicos que no apartaron las miradas. Olivia se apresuró a prestarle su chaqueta y Elisa su pañuelo para cubrir sus partes nobles.

            —Gracias.

            —¿Tú qué eres? ¿Una especie de Diosa? —Preguntó Alfonso.

            —Cuando dices mucho tiempo, ¿te refieres a miles de años? —Añadió Yenny.

            —Dejarla en paz, hay que buscarle ropa —reprendió Elisa.

            —¿Esa mujer ha destrozado a todos nuestros compañeros? —Dijo uno de los soldados, señalándola con desprecio.

            —Gonso, no seas maleducado —protestó el otro—. Tú mismo les disparaste a esos "colegas" cuando viste lo que nos ordenaron.

            —Ya, y pero Kimi estaba de nuestra parte, no debió matarlo. No os fieis de su aspecto, es un monstruo.

            —No debisteis dispararme, si estoy furiosa no respondo de mis actos. Me llamo Francesca, y soy la última superviviente de un laboratorio internacional abandonado hace años.

            —¿Qué clase de proyectos hacíais?

            —El mismo que acabó con la vida de todos los habitantes de la isla y de aquellos que han ido llegando desde entonces. Fabricábamos virus por encargo, nuestro trabajo consistía en encontrar una forma de divulgar una pandemia inofensiva capaz de matar a alguien por su código genético. Con un simple pelo, una gota de sangre, una célula muerta de piel, querían que creáramos un virus que, disperso por el mundo como una gripe, asesinara a la persona elegida de forma que nadie supiera cómo murió.

            —Eso me suena, lo leí hace años en las noticias... Me refiero al proyecto —comentó Jaime—. Pero pensé que era una teoría no que se estaba desarrollando de verdad.

            —Regresemos al campamento —propuso Elisa—. Allí hay ropa decente para ella.

            —Toma mi chaqueta —ofreció Chemo, servicial—. No tengo frío.

            —Gracias —respondió Francesca.

            —Si quieres mi camiseta... —añadió el joven.

            Sin esperar respuesta se la quitó y se la dio con una sonrisa. Todos pudieron ver que aunque estaba delgado se podían contar los músculos de su pecho y brazos.

            —No creo que me valga —replicó extrañada.

            Se encogió de hombros y se la volvió a poner.

            —Chicos, se nos echa encima la noche —intervino Vanessa—. Volvamos a ver que han dejado.

 

 

 

            De regreso a su año de origen todo parecía estar como lo dejaron. Era un alivio ver que no había coches voladores ni una ciudad devastada dominada por dragones.

            Antonio fue despertado a bofetadas por Amy y se llevó las manos a la frente por el intenso dolor.

            —Seguro que hay un tumor en tu cabeza. En el cuartel pueden ver lo que tienes y extirparlo —propuso Abby.

            —Dímelo de nuevo cuando pueda confiar en ti —respondió seco.

            —¿Y sin embargo tenemos que creerte? —Protestó John—. No vamos a entregar esa mierda al comandante.

            —La diferencia es yo tengo motivos y vosotros moriréis si no lo hacéis.

            El fusil de Amy en la cara de Masters cortó su respuesta. Éste reaccionó con rapidez, de alguna manera soltó las cuerdas de sus muñecas y la pilló por sorpresa. Golpeó el arma con el antebrazo, se tiró sobre ella y levantó el puño para golpearla. Pero Ángela le puso el cañón en la nuca y carraspeó antes que pudiera descargarlo.

            John suspiró resignado y se dejó atar de nuevo. Esta vez le hicieron más vueltas de cuerda.

            —No os lo toméis a mal. Como antiguos colegas entenderéis que debía intentarlo —se disculpó.

            —Yo no te conozco y no te lo tomes a mal, pero ha faltado un segundo para que te volara la cabeza —replicó Ángela, con aspereza—. No me vuelvas a tentar.

            —Estáis cometiendo un error colaborando con él. Si nos ayudáis a detenerlo y entregarlo se os dará un título en el EICFD. Al fin y al cabo sois de los nuestros —propuso Abby—. Y no creo que lo maten.

            —No sé qué parte de "no me tentéis" no has entendido, víbora —contestó Ángela apuntándola a la cara con su arma.

            —No entiendo esta actitud por mí. ¿Qué creéis que hice?

            —Hija de puta, ¿Cómo tiene el morro de preguntarlo? —Replicó Amy.

            —Sé que habéis tenido alguna alucinación compartida de que os traicionaba, pero eso nunca ha pasado. No podéis hacerme cargar con la culpa de algo que no he hecho.

            —Y por eso estás viva. Confórmate con eso —replicó Antonio—. Es la mayor muestra de piedad que puedes esperar de nosotros. Así que decidíos de una vez, ¿seguimos con lo pactado? ¿O queréis morir?

            —No nos matarías —acusó John—. Eres un cobarde.

            —Prefiero que mueras tú —añadió Antonio—. Si os dejo vivir, tarde o temprano vendréis a por mí. Mejor acabamos aquí la partida.

            Cogió un fusil y se puso en pie frente a los dos agentes del EICFD. Apunto a John al centro del pecho y sonrió.

            —¿Qué pasa si aceptamos? No podemos ir con los brazos atados al cuartel.

            —No, yo iré con vosotros —Antonio miró a Amy y Ángela —. Llevaréis el traje al comandante y nunca sabréis si llevo el auténtico puesto y no tenéis que decir nada de lo que creéis. Ayudarme a convencerlo de que es el original y cancelaremos el proyecto de mis científicos. Me ayudaréis a ir a por ellos y espero que se cancele mi orden de ejecución cuando todos sus documentos queden confiscados.

            —No creo que podamos hacer eso —repuso Abby.

            Antonio no quiso romper el silencio que guardó la rubia al decir eso.

            —Antes, al llamar para pedir que no les hicieran daño… —Continuó la teniente—. Me respondieron que era demasiado tarde.

            —¿Están muertos?

            —Seguramente, por lo visto el pelotón que enviaron ya lo encontró e interrogó. Cuando llamé ya habían dado su orden de eliminación.

            —Cambio de planes. Rumbo a Tupana ahora —replicó Antonio.

            —¿Estás seguro? —Preguntó Abby—. Vas a llegar tarde a la fiesta de cumpleaños de tu hijo.

            —Hoy no, esperamos al sábado —repuso—. Y ya le di su regalo ayer por la noche. Él cree que no llego a casa hasta las siete, así que… —Miró el teléfono para ver el reloj—. Tenemos dos horas y media.

            —Si supiera que me queda tan poco tiempo, yo no renunciaría a estar con mi hijo el día de su cumpleaños —replicó Abby.

            —Prefiero salvar la vida a mis chicos, ellos también tienen familia —respondió—. Y no sé por qué sigo dándote explicaciones como si fueras aún mi colega.

 

 

 

            El grupo de científicos regresó al campamento base y vieron que los jeps y los helicópteros estaban aplastados con sus ocupantes dentro. Encontraron restos carbonizados por todas partes y los dos soldados que les acompañaban parecían indiferentes.

            Entraron en la iglesia y Elisa le ofreció chaquetas y pantalones a Francesca pero la ropa de Yenny era más de su talla y prefirió coger la suya. Los chicos se quedaron fuera con los soldados y hubo un tenso silencio.

            La brisa apagaba los últimos restos de fuego. Entonces vieron aparecer por el cielo un helicóptero. Venía lleno de militares que les señalaban desde la distancia.

            —Joder, viene la caballería —protestó Jaime.

            —Tranquilo, me encargo yo —respondió el tal Gonso. Era un hombre corpulento, de tez morena y rasgos latinos que caía simpático por su casi permanente sonrisa.

            Se acercaron a donde estaba aterrizando y cinco marines les apuntaron a la cara. El soldado se acercó con calma y les dijo:

            —Chicos, llegáis tarde. Ya hemos reducido la amenaza.

            —¿Tú quién eres? ¿Dónde está el comandante? —Preguntó uno que llevaba insignias de sargento.

            —Muerto, la guerrilla local...

            —Detenedlos —ordenó el oficial—. ¿Hay algún superviviente más?

            —Perdona, soy de los vuestros.

            —Gonso, no sigas hablando, no arreglas nada —recriminó su compañero.

            Los cinco chicos fueron recluidos en una de las pocas tiendas de lona verde que aún se mantenían en pie. Les quitaron las armas y les vigilaron desde fuera de la tienda. Poco después trajeron a las chicas, incluida la mujer misteriosa que podía transformarse en un "Hulk" de piedra.

            —¿Qué está pasando? —Preguntó Olivia, asustada por encontrarse de nuevo en la misma situación.

            —No nos han dicho nada —respondió Jaime.

            —Haga algo, ¿no puede volver a enfadarse y romperlo todo? —Sugirió Alfonso.

            —Estoy agotada. Necesito descansar para transformarme.

            —Vaya por Dios —protestó Chemo sonriente—. Algún defecto debía tener.

            Francesca le miró y éste la sonreía como si valorase positivamente su indumentaria.

            —¿De dónde ha salido este chico? Me mira muy raro.

            —Ajá, es una larga historia —replicó levantando una ceja haciéndose el interesante.

            —¿Estás ligando conmigo? —Preguntó la francesa, extrañada.

            —Pues no lo había pensado —respondió—. ¿Le gustaría?

            Jaime soltó una carcajada. Alfonso se tapó la cara por la vergüenza ajena y Yenny se acercó a Chemo para echarle un cable.

            —Viene de muy lejos. Cuando se ha quedado solo con nosotras intentó ligar con cada una... Incluida Elisa —lo último lo dijo susurrando y evitando que la jefa lo escuchara.

            —Vaya personaje —comentó la francesa.

            —Conmigo no lo ha intentado  —le defendió Vanessa.

            —Es que eres... —un codazo de Jaime interrumpió la explicación de Alfonso—... Lesbiana. El chico se lo tiene creído, pero no tanto.

            —No te metas con él, que es muy guapo —reprendió la interpelada.

            —Sois un poco raritos para mi experiencia —comentó Francesca.

            —Somos científicos —explicó Alfonso, sonriendo con vergüenza.

            —Aun así, he trabajado con muchos y bueno... —suspiró—. Eso lo explica todo. Pero no pienso volver a enrollarme con un crio —miró a Chemo—. Créeme, mi aspecto engaña, tengo más años que ella.

            Señaló con la mirada a Elisa, que justo se unía al grupo en ese momento.

            —Y otra vez encerrados —comentó la jefa resignada.

 

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    Tony (miércoles, 26 abril 2017 00:21)

    Arreglado. Muchas gracias por avisar Yenny.

  • #6

    Yenny (martes, 25 abril 2017 23:13)

    La parte 24 sale en blanco :(

  • #5

    Chemo (jueves, 13 abril 2017 02:10)

    Pero qué malo es el Chemo de la historia ligando. Y en el peor momento. Tiene todo el estereotipo de un seductor de películas malas. Lo bueno es que es sólo una historia inventada, jaja. Me ha gustado la historia; lástima que está por terminar.

    Espero que te recuperes pronto, Tony. Mucho éxito.

  • #4

    Yenny (miércoles, 12 abril 2017 18:43)

    Jajaja los intentos de Chemo de ser seductor son tan graciosos, que pena que pronto acabe la historia.
    Tony no te deprimas porque pronto mejoradas.

  • #3

    Alfonso (martes, 11 abril 2017 04:59)

    Jeje. De verdad que Chemo me dio pena ajena. Hace mucho que no me reía con una de tus historias, Tony.
    Por cierto, yo esperaba que el monstruo fuese más terrorífico y tuviese un plan para escapar al haber estado atrapada por varios años. Pero quedé un poco desilusionado cuando se transforma en humana para depender de los sobrevivientes.
    Espero que te cures pronto, Tony. Y también espero que Chemo por fin logre ligar exitosamente. Jeje.

  • #2

    Jaime (martes, 11 abril 2017 03:19)

    Me ha hecho reir la historia. Genial interpretación de Chemo. Lástima que ya va en la recta final.
    Me alegra que estés mejor de salud, Tony.

  • #1

    Tony (martes, 11 abril 2017 00:30)

    Parece que he cogido buen ritmo y he escrito bastante.
    El relato no está terminando aunque lo parezca... Aunque sí es su recta final.
    En cuanto a mi estado de salud, hay días como hoy que estoy aparentemente mejor y otros que no sé cómo terminaré ya que las molestias son más fuertes que nunca. Parece que no le veo salida a este túnel.
    Es muy frustrante que sentir el dedo índice como si lo tuviera engangrenado sea "estar bien" ya que estar mal es sentir lo mismo de las dos manos y una pierna (y cada vez que empeora se añaden más zonas del cuerpo). Pero bueno, no quiero deprimiros con detalles escabrosos.

Animal es el que abandona a su mascota.

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