Tierra de dragones

24ª parte

         Aterrizaron en una explanada cerca del pueblo. Debido a las columnas de humo pensaron que llegaban tarde aunque Antonio y Ángela bajaron  a examinar el terreno, ocultos con sus escudos ópticos. A pesar de todos los vehículos destrozados aún veían a una decena de soldados examinando los restos. Dos de ellos vigilaban la entrada de una tienda de campaña.

         —Si están vivos allí deben estar —señaló Antonio. Ángela asintió.

         —Oye, dime una cosa, ¿tú y yo hemos sido amantes en este tiempo?

         Antonio se detuvo en seco, avergonzado.

         — ¿Sabes que está escuchando Amy?

         —Claro, mejor así, me ahorro tener que contárselo después.

         —Ah... Pues, bueno, amantes no fuimos. Fue mucho más complicado que eso.

         —Muévete mientras hablas —ordenó la chica, pues él se quedó paralizado.

         —Sí, claro... Verás —caminó hacia la tienda vigilada que estaba a unos veinte metros—, tú y yo... Sí fuimos amantes. Pero no tú, sino la Ángela que vive en este tiempo.

         —Eso es obvio —replicó.

         —Aunque no duró mucho, fue algo raro que pretendemos ignorar.

         —Ya, pues no sabes cuánto me extraña. No eres mi tipo en absoluto.

         —Supongo que intervinieron fuerzas ajenas a nuestra voluntad que lo forzaron un poco. No creas que yo volvería a hacerlo.

         —Si seguís contando intimidades vais a terminar enrollándoos antes de rescatarlos —comentó Amy, divertida.

         — ¡Cállate! —Exclamaron Ángela y Antonio al mismo tiempo.

         Se introdujeron en la tienda, pasando frente a los dos soldados y vieron al grupo, dos militares desarmados y dos extraños que Antonio no había visto en su vida. Desactivó su escudo, se quitó el casco y al aparecer de repente junto a ellos, Yenny, Elisa y Vanessa gritaron del susto. Al llamar la atención suplicó silencio y volvió a ocultarse al ver que los vigilantes entraban a ver qué ocurría.

         — ¿Qué pasa ahí dentro? —Preguntó uno de ellos.

         —Una rata —se apresuró a contestar Yenny—. Se fue por ahí.

         —Acostúmbrate joder, esto es el campo —replicó el soldado, aburrido. Y salió de nuevo.

         Cuando todo volvió a la calma Antonio decidió actuar antes que le vieran de nuevo. Con un cuchillo de campaña cortó la lona trasera lo justo para que pudieran salir todos.

         —Soy Antonio Jurado y he venido a salvaros —se quitó el casco y se hizo visible en cuanto abrió la tienda—. Seguidme.

         Pasó por el hueco. Después de pensárselo unos segundos Jaime fue tras él, luego Alfonso y cuando vio que estaba despejado avisó a los demás para que les siguieran.

         Corrieron atravesando el pueblo, sorteando casas y alejándose de la iglesia. Cuando llegaron a una explanada aparentemente vacía apareció junto al mecenas una mujer vestida de traje negro brillante, como una armadura futurista de obsidiana. Era morena y muy guapa lo que provocó que Chemo se quedara paralizado mirándola.

         —Subid a la nave —ordenó.

         Justo en ese momento apareció el Halcón frente a ellos, como una estructura traslúcida y cristalina surgida de la nada. Los científicos y la francesa se quedaron fascinados por la visión, excepto el chico del futuro.

         —Nunca pensé que los ángeles vistieran de negro —contestó el muchacho con sonrisa torcida que trataba de ser seductora.

         —Por eso me llamo Ángela Dark —respondió con sorna—. Vamos no pierdas tiempo.

         —Chemo, tío, ¿En serio? —Alfonso le empujó y subieron a la nave sin más demoras.

         — ¿Ves? —Indicó Ángela antes de subir los últimos—. Ese jovencito es mi tipo.

         Chemo se dio la vuelta, sorprendido.

         —Demasiado fácil —replicó Antonio—. Pero bueno, para gustos...

         —Morenito, joven y descarado... justo como me gustan —susurró mirándole y sonriendo antes de cerrar la compuerta.

         — ¡Los prisioneros no están! —Escucharon los gritos del campamento. Escucharon pasos corriendo en su dirección pero hicieron invisible la nave antes de que pudieran descubrirla.

         Se acomodaron en los asientos disponibles del aparato y en cuanto abrocharon sus cinturones activaron el campo de antimateria. Al no haber sonido no hubo más conversaciones hasta que aterrizaron en otro lugar, apenas unos segundos más tarde.

         — ¡Alucinante! —Exclamó Chemo en cuanto sus oídos volvían a escuchar ruido.

         — ¿Qué diablos es esta nave? —Preguntó Elisa.

         Todos tenían preguntas que hacer, creando un murmullo en el todos elucubraban, algunos rebatían sus teorías. Pero guardaron silencio cuando Ángela abofeteó al mecenas en el asiento de copiloto.

         — ¡Vamos despierta! —Gritó.

         —No le des tan fuerte que le matas —intervino Amy, preocupada.

         Ángela le puso la mano en el cuello y buscó su pulso. Se quitó el guante de grafeno y volvió a buscarlo. Su insistencia preocupó a todos, que se levantaron de sus asientos excepto Abby y John, que seguían atados.

         —Está muerto —declaró la capitana —. No respira, no tiene pulso...

         —Eso lo explicaría todo —dijo John con tranquilidad—. Y simplifica las cosas.

         —¿Cómo que ha muerto? —Preguntó Olivia—. Nos debe mucho dinero.

         —¡Joder tía! Te acaba de salvar la vida —replicó Alfonso.

         —Lo siento...

         —¿Quién es? —Inquirió la francesa.

         —El que pagaba nuestras investigaciones —respondió ella.

         —Si era el novio de la morenaza, a rey muerto viva el rey —bromeó Chemo.

         Nadie rio la gracia pero logró que todos los de atrás le dedicaran una mirada seria. Se rascó la cabeza, avergonzado.

         Ángela se sentó de nuevo en su puesto de piloto y suspiró. La palidez de su compañero evidenciaba que no había mucho que hacer.

         —Aprovechemos y llevemos su cuerpo al cuartel. El comandante se alegrará de verlo —alegó Abby—. Seréis bienvenidas, se os premiará como si le hubierais matado vosotras.

         —Largaos no hay razón de que tenga que seguir soportándolos, Amy suéltalos —ordenó Ángela.

         —¿Qué? —Protestó John—. Un momento...

         —No quiero ni veros, marchaos antes de que me arrepienta.

         —¿Qué piensas hacer? —Preguntó Amy.

         —No les concierne a ellos pero desde luego lo cambia todo. Vamos, suéltalos.

         Obedeció. Abby y John se frotaron las muñecas y salieron de la nave. Estaban en la explanada donde solían dejar su coche antes de realizar sus misiones. Allí estaba el de Abby que la policía aún no había encontrado... Probablemente ni lo habían empezado a buscar.

         —De vuelta a casa —suspiro Abby—. Vamos John.

         —¿No te creerás en serio que ha muerto? —protestó Masters.

         —¡Ni se te ocurra dar la vuelta! —Amenazó Ángela desde la puerta de la nave—. Me trae sin cuidado lo que creas.

         En cuanto bajaron se cerró el portón y la nave desapareció.

         —Necesitamos su cuerpo, Abby. El comandante no nos creerá...

         —Está muerto John. Seguramente van a devolverlo a su casa y tenemos medios de asegurarnos de que no nos mienten.

         El capitán suspiró con calma y asintió.

         —Tienes razón. Vámonos.

         Subieron a su coche y desaparecieron en la distancia.

         Ángela los vio alejarse con una mirada seria.

         —¿Qué pasa? —Pregunto Amy—. Has visto morir a decenas de compañeros con los que has tratado mucho más tiempo.

         —Es como si hubiera muerto un pedazo de mí —respondió—. Yo tampoco lo entiendo.

         —¿Podemos irnos nosotros también? —Preguntó Elisa, con temor.

         —Abre, Amy. Por supuesto, iros a vuestra casa.

         —¿Dónde estamos? —Inquirió Olivia.

         —En Parla, junto al hospital Infanta Cristina —respondió Ángela—. Al menos eso ponía en el mapa.

         —¿Tan lejos? ¿Algún metro cerca? No tenemos dinero, ¿cómo vamos a ir a casa? Por cierto nos deben tres días de trabajo.

         —El único que podía pagarte está muerto. ¿En serio quieres hablarle del tema? —Se burló la capitana.

         —Vale, vámonos —respondió airada.

         Obedecieron y salieron de uno en uno a la explanada, incluida la francesa. El último fue Chemo que le dedicó una mirada a Ángela como esperando una despedida especial.

         —¿Quieres mi teléfono? —Preguntó.

         —¡No hablaba en serio! —Le gritó.

         —Tú te lo pierdes —Chemo se fue, agachando la cabeza y encogiéndose de hombros mientras se marchaba.

          Una vez fuera Alfonso regañaba al chico:

         —Pero si no tú no tienes teléfono. ¿O te lo has traído del futuro?

         Ángela cerró la compuerta frunciendo el ceño.

         ¿Cómo que del futuro?

         Volvió a abrirla y fue tras ellos.

         —Un momento, ¿de qué habláis?

         —Alfonso, ya metiste la pata —acusó Jaime.

         —No, no, por favor, explicarlo —insisto Ángela—. Yo también vengo del futuro.

         Todos los miraron de arriba a abajo con una nueva perspectiva.

         —Pues más razón para ser mi pareja —explicó ilusionado el chico—. Tenemos mucho en común.

         —Sí, entre tú y yo hay muchas cosas de qué hablar —respondió Ángela—. Sube si quieres que te devuelva a tu casa.

         Chemo le dio una palmada de despedida a Jaime y corrió a besar a Vanessa en la mejilla. Le dijo algo y se abrazaron con fuerza.

         —Soy todo tuyo, puedes hacerme lo que quieras —regresó saltando como un colegial.

         —Ya... —Ángela le miro sonriendo—. No sabría por dónde empezar —bromeó.

         Entraron en la nave y desapareció dejándoles solos en medio de un campo aparentemente abandonado cerca de un edificio gris de reciente construcción.

         —Al fin fuera de mi isla —dijo Francesca.

         —¿A dónde irás? —Preguntó Yenny.

         —Aunque estuviera en Lourdes, donde nací, hace años que no voy. Mis padres murieron antes de marcharme y soy hija única. Al menos tengo una casa allí donde podría empezar de nuevo.

         —Estamos lejos de Francia —opinó Jaime—. Y no podemos avisar a la poli si no queremos que esos locos del EICFD nos encuentren de nuevo.

         —¿Dices que no volvamos a casa? —Protestó Alfonso.

         —Estoy con Olivia. Ella no tuvo delicadeza pero todos pensamos lo mismo, alguien nos tiene que pagar. Si Antonio no puede, tendrá que ser su familia.

         —Dudo que estén al corriente de sus actividades —manifestó con pesimismo Elisa.

         —Ya, pero firmó nuestros contratos y debe tenerlos en su casa.

         —¿Tenéis todos el DNI? —Preguntó Alfonso sacando su cartera del bolsillo.

         —Pues yo lo tenía en el bolso —contestó Yenny.

         —Y yo —señalaron Vanessa y Olivia.

         —Yo también —agregó Elisa apesadumbrada.

         —Estamos jodidos —concluyó Alfonso.

         —Si no os importa, ya no tenemos que seguir juntos —intervino la francesa—. Yo me marcho, buena suerte con vuestros pleitos.

         —¿Pero a dónde irás? —se interesó Elisa.

         —Necesito perderme?, si me disculpáis. Llevo demasiado tiempo en esa isla.

 

 

 

         —¿Dónde lo dejamos? —Preguntó Amy cuando estaban solas.

         —No sé dónde vive, en cualquier parte. Ya que estamos cerca del hospital, en el parking mismo.

         —Sí, buena idea.

         Sacaron a Antonio del asiento de copiloto y lo llevaron entre los tres al suelo de la bodega trasera. Pesaba una barbaridad y les costó mucho trabajo arrastrarlo hasta allí. Chemo cogió una pierna, Amy la otra y Ángela le llevó por los hombros.

         Lo desnudaron para que la policía no encontrara el traje de grafeno y no tuvieran más pistas de las necesarias sobre el EICFC y ellas.

         Ángela le miró una última vez. Era un cadáver más en camiseta y calzoncillos, de esos que había visto a millares. Pero abandonar a ese le producía una profunda herida en el pecho.

         —¿Había algo entre vosotros? —Preguntó Chemo.

         —¿Podríamos salvarlo? —Preguntó Ángela—. Tenemos una máquina del tiempo.

         —No vamos a cambiar nada, ya sabemos lo peligroso que es... y más este tipo —replicó Amy.

         —Tenemos su traje mágico, quizás funcione si le resucitamos.

         —Una falsificación —rectificó su compañera.

         —No es lo que dijo él. Podemos intentarlo.

         —Tenemos ocho horas hasta que podamos viajar en el tiempo de nuevo. Haz lo que quieras.

         Ángela sacó el extraño traje de una pieza, color plateado y se abrochó todos los botones como parecía que era necesario. Al hacerlo no pasó nada.

         —Prueba a cargar las baterías —sugirió Amy.

         —¿Cómo?

         —Dilo y ya está. Si funciona se cargarán.

         —Está bien, las reservas de energía están al máximo.

         No pasó nada.

         —Chemo, flota.

         El chico se sobresaltó pero no levitó como cabía esperar.

         —Menuda estupidez —protestó—, ¿y esto ha funcionado alguna vez? Vamos chaval, ayúdanos a sacar este fiambre, que ya empieza a apestar.

         —Si no queréis ese traje... ¿Me lo puedo quedar? —Preguntó Chemo.

         —No —respondieron las dos al unísono.

 

Comentarios: 7
  • #7

    Chemo (jueves, 27 abril 2017 02:08)

    Me ha gustado esta parte. No diré más, ya que todos ya han hablado sobre mí. Jaja. Espero la continuación.

  • #6

    Alfonso (jueves, 27 abril 2017 00:54)

    Pues yo dudo mucho que Chemo tenga algo con Ángela, como que no es del tipo de Ángela el pobre chaval. Aunque Jaime tiene razón, parece que Jaime, Alfonso y Yenny dejarán de aparecer en las siguientes partes para poner a Chemo y Ángela. Quién diría que Chemo se ha vuelto tan popular -mas no con las mujeres-.
    Tambén dudo que Antonio muera. Espero que haya un desenlace que sorprenda a todos. Ojalá pronto puedas mejorar, Tony.

  • #5

    Yenny (miércoles, 26 abril 2017 19:24)

    Habrá que celebrar que Chemo por fin consigue ligar, bueno algo así ojala se concrete. Sería un giro muy inesperado la muerte de Antonio al ser el personaje principal.
    Me pregunto si la francesa tendrá algo que ver con Génesis, lo pensé cuando mencionó Lourdes.
    Tony espero que con esas pruebas por fin te den un tratamiento que te ayude y que te puedas recuperar.

  • #4

    Tony (miércoles, 26 abril 2017 14:00)

    Terminada, a falta de los últimos flecos y correcciones el relato llegará a las 27-28 partes.
    No voy a decir nada para no fastidiados la sorpresa y por si quiero añadir algo de aquí a que lo terminé de corregir.

  • #3

    Tony (miércoles, 26 abril 2017 10:51)

    Pues un poco peor.
    A ver si las próximas pruebas me sacan lo que tengo y empiezan a tratarlo.. o lo que sea.
    En cuanto al relato, voy a darle un empujón esta semana así que posiblemente suba la 25 esta semana y el 26 el martes que viene. El relato no ha terminado aunque lo parezca. Hay muchas cosas inesperadas por delante.

  • #2

    Jaime (miércoles, 26 abril 2017 04:35)

    Hasta que Chemo pudo por fin ligarse a alguien. Enhorabuena, aunque no creo que le dure mucho, jaja. Qué mal que Jaime y los demás investigadores ya hayan regresado de la isla; parece ser que no volverán a aparecer en lo que falta del relato. Quienes seguramente volverán a aparecer en la siguiente parte son Chemo y Ángela.
    No creo que Antonio muera ya que es el personaje principal. Seguramente alguien lo revivirá con ayuda del traje pleyadiano.

    Por cierto, Tony, ¿cómo sigues de salud? Espero que las fiestas te hayan ayudado a mejorar un poco.

  • #1

    Tony (martes, 25 abril 2017 11:26)

    Espero que la próxima no me retrase tanto. Las fiestas son terribles en temas de mis relatos, no me dejan tiempo para nada.

Animal es el que abandona a su mascota.

Si es la primera vez que entras a la página, te recomiendo que entres al Indice.

¿Te gusta esta página?

 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

El asesino que escribía cartas de amor

 

Libro primero de la recopilación de relatos más relevantes de la página.

Disponible a la venta. 

 

Haz click para ver detalles.

  

Ilustración por Antonio J. Fernández Del Campo.

 

Próximamente:  Segundo volumen recopilatorio.

 

Fausta

 

Ya disponible en papel

 

CONTACTO: 

 

Si quieres recibir por email los avisos de las novedades más recientes, inscríbete en el enlace siguiente.

 

Si quieres contactar conmigo directamente por email, escríbeme a esta dirección:

 

tonyjfc@yahoo.es

Chat

Contenido protegido por la ley

El disco de 2 Gb más pequeño del mundo
El disco de 2 Gb más pequeño del mundo