Tierra de dragones

6ª parte

 

          En cuanto llegaron al cuartel de EICFD Antonio preguntó a Abby qué hacían allí.

          El comandante tiene algo que comentar contigo, me pidió que te trajera en cuanto pudiera

          — Espero que no tenga que ver con una nueva amenaza mundial.

          — Pues... Sí tiene que ver... Pero ya te lo cuenta él. Ve subiendo al despacho, necesito fumar un cigarrillo.

          — ¿Fumas? -Preguntó, extrañado-. No te había visto fumar nunca.

          — No, sólo lo hago cuando me quiero escaquear de algo.

          Antonio captó la indirecta. Quería que subiera solo a la conversación con Montenegro.

          — Ya, ahora te veo.

          — Suerte.

          — ¿La necesito?

          — Siempre hace falta.

          No entendía ese aire distante de su ex-compañera de fatigas. Pero supo que cuando subiera a hablar con el comandante, lo entendería.

          La base estaba llena de gente, soldados, técnicos... Los despachos que conoció vacíos estaban ahora ocupados por jefes con muchos galones. La última vez que estuvo allí podía contar a todos con los dedos de una mano, ahora no tenía ni idea de cuantos eran ni quiénes.

          Llamó a la puerta del comandante Montenegro y escuchó un adelante firme con voz ronca pero joven.

          — Buenos días, me ha dicho Abby que quiere v...

          Al entrar alguien le cogió del brazo y tiró de él y otro cerró la puerta. Montenegro estaba custodiado por otros dos soldados.

          — Señor Jurado, póngase cómodo.

          Le invitó a sentarse en una de los sillones de cuero frente a su mesa.

          — Veo que se han acabado sus problemas económicos valoró.

          — Y gracias a usted. Por eso voy a darle la oportunidad de enmendar sus errores.

          Antonio se quedó callado, ¿de qué hablaba? Se sentó y dejó hablar al comandante.

          — El consejo nos ha encomendado una misión de vital importancia -comenzó-. Encontrarle y...

          Se interrumpió para inclinarse sobre la mesa mirándole fijamente.

          — Eliminarle.

          — ¿Qué?

          - No me han dado más explicaciones salvo que ha atentado contra la norma 901.

          Antonio no dijo nada porque sabía que Montenegro le estaba perdonando la vida bajo riesgo de su puesto de mando.

          — Dígame una cosa -continuó-, ¿está construyendo una máquina del tiempo?

          Antonio suspiró nervioso. No contaba con que se dieran tanta prisa en ordenar su ejecución, sabía que podía pasar si se enteraban pero no que utilizarían a sus amigos de allí para averiguar sus tejemanejes. Al menos creía que no le traicionarían y así perecía ser... ¿O no?

          — Sí señor -se sinceró-. No sabía que estuviera prohibido -mintió, ya que aunque nadie se lo había dicho de forma explícita, se lo habían sugerido al decirle meses antes que los inventos de Tesla que no estaban siendo usados fueron prohibidos por su peligro potencial.

          — ¿Puedo contarle algo y no se lo cuenta a nadie?

          — Claro, señor.

          — Le voy a matar. Es como un niño pequeño que tiene la asombrosa habilidad de encontrar el único enchufe que carece de protección, de coger lo que menos debe tocarse, de husmear donde nadie le llama.

          — Usted dijo que tenía una, pensé, ¿por qué no puedo tener yo la mía?

          — ¿La diseñó usted? No, claro. Dado que el plano sigue en custodia en la caja fuerte de la base y que no hubo signos de robo, que solo yo puedo abrirla y que no la había abierto desde hace años, entiendo que ha obtenido el plano con ayuda de una armadura Pleyadiana.

          Antonio se quedó sin habla asumiendo que estaba dándole la razón.

          — Pues bien, yo podría haber ordenado su muerte y ahora estaría criando malvas. Pero perdería la oportunidad de conseguir esa armadura -se sinceró el comandante-. Tiene algo que me interesa y yo puedo cancelar la orden de ejecución  siempre y cuando cancele su proyecto prohibido. ¿Qué me dice?

          — No pienso cancelar nada -le retó.

          — La tiene puesta, ¿eh?... -Montenegro sonrió-. Démela y podrá irse...

          — No la tengo encima, está en un lugar donde nadie podría encontrarla.

          — Miente.

          — ¿Por qué está prohibido construir la máquina si usted tiene una?

          — ¿No es obvio? Imagínese que un canalla se hace con una. Yo la tengo custodiada y en vigilancia constante de modo que nadie, ni yo mismo, puedo usarla para mis propios fines. Cuando la construyeron, los responsables hicieron una demostración que ha quedado registrada en periódicos de todo el mundo. Recogieron a un hombre del siglo XIX en el salvaje Oeste y lo dejaron en medio de Nueva York, que fue atropellado porque no sabía cruzar las calles. Al investigarlo la policía todos los medios se hicieron eco del "misterioso viajero del tiempo". Sucedió en 1950 a las 11:30 en la quinta avenida de Nueva York.

          » Llevaba un token de cobre para una cerveza valorada en 5 centavos, que tenía impreso el nombre de un salón, que era desconocido, incluso por los residentes más antiguos de la zona.

          » Una factura por cuidar a un caballo y lavar un carruaje, escrita por un establo en la avenida Lexington, que no figuraba en ninguna libreta de direcciones.

          »Cerca de 70 dólares en billetes antiguos, una tarjeta extraña con el nombre de Rudolph Fentz y una dirección en la Quinta Avenida.

          » Una carta enviada a esta misma calle, en junio de 1876, desde Philadelphia.

Ninguno de estos objetos mostraba ningún signo de envejecimiento.

          » Hubert Rihn agente de la oficina de desaparecidos del Estado de New York fue el encargado de iniciar la investigación para encontrar a los familiares de la víctima comenzando su búsqueda por los emigrantes de origen Austriaco, Alemán y Centro europeo que tuviesen el apellido Fenz, llegados a EEUU después de la 2ªGuerra Mundial, pero todos los intentos tuvieron resultados negativos. Cuando ya lo daba todo por perdido  se encontró con un número de teléfono en un listín telefónico del año 1939 en el que figuraba un tal Rudolf Fenz Junior. Se puso al habla con esta dirección y se encontró a la viuda de Rudolf Fenz Junior. Se trataba del mismísimo hijo de la persona atropellada. »

» La viuda comentó que el suegro desapareció en 1876 cuando salió a dar una larga caminata por el campo tal y como solía hacer habitualmente, pero desde ese día no han sabido más de él…

          » Este dato se terminó corroborando cuando encontraron a Rudolf Fenz en la lista del archivo de personas desaparecidas del Estado de Nueva York en el año 1876. Según el informe dio un salto en el futuro de 74 años, hasta 1950.

          » Al reivindicar este hecho, en secreto, por nuestra parte, esta noticia causó más miedo a Estados Unidos y Rusia que la bomba atómica, por entonces las grandes superpotencias mundiales. Podría decirse que la carrera nuclear se frenó en seco al saber que teníamos la máquina del tiempo y conseguimos financiación extra para protegerla del mundo, incluso de ellos.

          Antonio palideció. No sabía que fuera tan delicado el tema.

          — ¿Por qué soltaron a Rudolph así? No tenía por qué morir.

          — Fue un accidente... O eso dijeron. Cualquier otra cosa que hubiera ocurrido no habría llamado la atención del mundo. Pero supongo que aunque fuera cruel, resultó como esperaban. El caso es que en 2002 hubo otro viajero que puso al Consejo en alerta roja. Un hombre llamado Andrew Carlssin comenzó a ganar dinero de forma exponencial invirtiendo en operaciones de alto riesgo, concretamente  126. Fue detenido y dijo cosas del futuro, algunas verdades y otras mentiras. Creemos que pretendía que le tacharan de lunático. No lo sabemos ya que escapó y nunca más se supo de él.

          Antonio estaba asombrado.

          — ¿Y bien? ¿Entrará en razón? No puedo dejarle vivir si se empeña en continuar su proyecto y recuerde que sabemos dónde está su gente.

          Bufó cerrando los ojos. Ahora sabía que nunca debió confiar en Abby.

          — Debe entender una cosa -continuó Montenegro con tono paternal-, aunque crea que puede protegerla por sus propios medios, el peligro de que se la roben es un riesgo que el mundo no puede permitirse.

          — La necesito -dijo con tono tranquilo-. Es algo que no puedo contarle.

          — Seguro que sea lo que sea no debe ser cambiado -insistió el comandante.

          — Se equivoca… Quiero... Algo del futuro, algo personal.

          — Eso es absurdo.

          - No espero que lo entienda pero con su "vista gorda" o sin ella seguiré adelante. Lo que sí puedo ofrecerle a cambio es la armadura Pleyadiana. Pero sólo cuando complete el proyecto y haga lo que tengo que hacer.

          — Dudaba que fuera usted cabal como para obedecer por las buenas. ¡Soldados encerrarle! -se levantó furioso y se estiró su chaqueta plagada de medallas-. Veremos si mañana es tan cabezota como hoy.

          Se lo llevaron a la fuerza mientras Antonio trataba de zafarse inútilmente de esos animales.

          — Yo sé caminar, no me empujéis hombre.

          Le bajaron por la escalera que llevaba a la sala de control y allí estaba Abby que le miraba con preocupación y cierto sentido del humor.

          — Por favor, avisa a mi mujer -le dijo-. Que vaya ella a buscar a mi hijo a la guardería y dile que no se preocupe.

           Veo que fue mal -arqueó las cejas.

          — Desde luego podía haber ido mejor si no llegas a contar nada.

          — Tenía orden de investigarte, no me dejaron elección. ¿Quieres que recoja a tu gente?

          — No, por favor... Aún estamos negociando. Esto no ha terminado, necesito esa máquina. Y dile al comandante que si interviene o irrumpe en Tupana, nunca tendrá la armadura.

          Le condujeron hasta el ascensor y Abby les siguió.

          — Como quieras, pero les va a extrañar que no vayamos mañana.

          Se cerraron las puertas del ascensor y Antonio negó con la cabeza, desanimado.

          — Eso está por ver.

          Uno de los soldados frunció el ceño y miró al otro que se encogió de hombros.

 

 

 

          Mientras tanto en la isla, salieron a descansar tras dos intensas horas de trabajo y decidieron ir juntos a inspeccionar la desolada aldea.

          — He conseguido conectar cincuenta módulos de dos amperios por lo no sería necesario montar varias baterías en mis experimentos con el módulo 59 -explicaba Alfonso.

          — Eso hacen... -hizo un rápido cálculo mental- Cien amperios, necesitas ciento veinte.

          — En el tamaño de la cápsula es imposible meter más. Habría que aumentar el volumen y eso repercutiría en el consumo necesario...

          — No me digas que no puedes hacerlo -bromeó Jaime.

          — A ver, en dos horas no podía hacer mucho más.

          — ¿Podéis desconectar un ratito? -Protestó Oliva-. Necesitamos un lugar seguro donde dormir. Abrir los ojos y cerrarla boca.

          — Puedes acostarte conmigo -replicó Alfonso-. Tengo un trabuco que asusta a un tigre.

          Hizo una mímica como si de la bragueta saliera un mástil que superaba la altura de su cabeza.

          — Dime de qué presumes... -murmuró Olivia poniendo los ojos en blanco.

          Jaime y Alfonso se rieron a carcajadas pero ninguna chica comprendió el chiste.

          — No puedo entender esa clase de comentarios -bufó Vanessa.

          — Pues bien que os reíais con las postales navideñas del "Negro del WhatsApp" -replicó Alfonso.

          — Eso tenía gracia, era como una venganza femenina por siglos de machismo -replicó Olivia-. Se trataba a un tío como un pedazo de carne.

          — Más bien era una demostración del racismo enraizado de nuestro país -replicó Jaime-. Ya me dirás, si hubiera sido blanco dirían sin más, el "tío del p..."

          — "La muerte camina" -leyó en voz alta Yenny.

          Estaban caminando por lo que debió ser una cafetería, junto a un edificio de dos plantas y Yenny se detuvo al ver un trozo de periódico viejo en el suelo.

         Lo había cogido y retirado el polvo que estaba pegado sobre él para leer lo que ponía.

          Todos se volvieron hacia ella. Se acercaron con curiosidad a ver lo que era o si salía alguna foto. Pero apenas se distinguía el texto de la portada.

          — Imagínate que compras el periódico y pone esto -murmuró.

          — Y muere todo el mundo -completó Olivia.

          Guardaron silencio asustados por lo que debió pasar allí. Recordaron lo que dijo su mecenas sobre una infección, lo que obligó a las autoridades a exterminar a la población y considerar la isla inhabitable.

          — Si había gente aquí -comentó Jaime-, es porque después de los experimentos atómicos esta isla estaba considerada a salvo de la radiación... Si Antonio vino a "peinar" la isla sería por si quedaban infectados, pero si el ejército francés la limpio a balazos como parece que hicieron, ¿por qué considerarla después inhabitable?

          — Tienes razón, si despejas un campo con excavadoras y haces una explanada y luego no construyes nada, es absurdo -completó Alfonso.

          — A menos que la infección siga aquí  -se alarmó Vanessa -. ¿Creéis que podríamos infectarnos de lo que sea si nos quedamos por aquí?

          — No lo sé -respondió Alfonso-. Pero me muero por saber qué rayos le pasó a esta gente.

          Se acercó Yenny y le quitó el trozo de periódico, lo sacudió y lo miró por todos lados, decepcionado.

          -No tiene fecha.

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    Yenny (viernes, 09 septiembre 2016 17:37)

    Yo apostaría más por Ángela para que lo ayude a escapar, porque a ella le da igual meterse en problemas no creo que alguien del EICFD quiera arriesgarse por Antonio.

  • #6

    Chemo (viernes, 09 septiembre 2016 03:17)

    Sólo espero que aparezca Chemo del futuro, jaja. Continuación.

  • #5

    Alfonso (jueves, 08 septiembre 2016 03:56)

    Yo creo que alguien del EICFD ayudará a Antonio a escapar. Espero la continuación.

  • #4

    Jaime (jueves, 08 septiembre 2016 02:45)

    Seguramente Antonio se saldrá con la suya para continuar con su proyecto. Espero quue vuelva a salir la armadura pleyadiana.

  • #3

    Lyubasha (miércoles, 07 septiembre 2016 19:27)

    Está muy interesante, veamos qué pasa con Antonio. Espero que el proyecto de la máquina del tiempo continúe adelante y que los científicos no se infecten.

  • #2

    Yenny (miércoles, 07 septiembre 2016 17:52)

    Antonio siempre se mete en problemas uufff, ahora a esperar en que acaban las negociaciones.
    A esperar la continuación y ver que pasará en la isla.

  • #1

    tony (miércoles, 07 septiembre 2016 16:37)

    Siento el retraso pero ayer estaba cansadísimo y no pude subir la parte.
    Por favor, no olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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