Tierra de dragones

9ª parte

 

         Tras un nuevo viaje temporal, ya en el presente, se vieron obligados a aterrizar en un punto mucho más alejado porque lo que en el 2031 era campo y en ese tiempo estaba lleno de chalets nuevos.

         —Qué raro —dijo Abby—. Hace un momento no había nada aquí.

         —Tienes razón —confirmó Antonio.

         Bajaron con cautela, él vivía por allí hacía muy poco pero sabía que esa parte era campestre desde siempre. Al mirar al cielo vieron una posible causa. Unos inmensos rascacielos se veían hacia el norte y donde antes era un parque con un riachuelo seco ahora también estaba poblado de chalets.

         —¿Seguro que has retrocedido en el tiempo? 

         —Algo hemos hecho que ha cambiado todo esto... —Abby estaba furiosa—. ¿Qué tiene ese pendrive?

         —¿Qué dices?

         —Seguro que ahí está la causa de todo esto —explicó la mujer.

         —¿Cómo se va a cambiar el presente por algo del futuro? —Protestó él.

         —Hay que destruirlo —insistió decidida.

         —¿En serio crees que eso hará que todo sea como antes?

         —No podemos devolverlo a su tiempo, seguramente ese momento ya no existe.

         —Escucha Abby yo tengo otra teoría —se obstinó Antonio—. Hemos viajado otros quince años al futuro. ¿Seguro que sabes manejar la máquina del tiempo? ¿No se habrá estropeado?

         Esperaba una respuesta airada pero la teniente dudó.

         —Sé manejarla perfectamente, la máquina puede haber fallado, y si puse mal la fecha es porque me has distraído.

         Al ver el panel de mandos indicaba un error.

         — ¿Y esa luz roja de ahí? —Señaló Antonio un icono parpadeante junto al año.

         —Baterías agotadas. Puede que necesite estar a tope para viajar al pasado y por eso hemos ido en dirección contraria. Creo recordar que me dijeron algo de eso, que al futuro no necesita tanta energía. Es como una bicicleta, el pasado es cuesta arriba y el futuro abajo y requiere mucha más potencia. Hasta ahora nunca necesité viajar dos veces tan seguidas.

         —¿Entonces es verdad que se necesita tanta electricidad?

         —No lo sabes tú bien, vamos a una gasolinera a ver si vemos un periódico y nos aseguramos de la fecha actual —propuso Abby.

         —Sí, va a ser lo mejor.

         Se pusieron el casco y salieron de la nave. 

 

 

 

         Alfonso se metió en el agua lentamente hasta que le cubrió tanto que no hacía pie.

         —Deberíamos echarle una cuerda, por si acaso —decía Yenny.

         —No se ven corrientes —protestó Alfonso.

         —Yo creo que está loca por ti —bromeó Jaime, guasón.

         —No seas estúpido, si le pasa algo ahí abajo se va a la porra el proyecto y nos van a caer las culpas.

         —Ya sabía yo que era por interés —contestó el aludido.

         Cuando llegó a  flotar sobre el agujero se veía más profundo de lo que parecía en un principio, el efecto óptico mostraba ahora sus piernas a bastante distancia de la apertura, unos dos metros.

         —Justo aquí —dijo Alfonso—. Me asomo y salgo.

         —Ten cuidado —advirtió Vanessa.

         Se zambulló ayudándose con las manos y cogiendo altura antes para descender lo más hondo posible. Se sumergió salpicando y volviendo blanca el agua hasta que su cuerpo desapareció en el agujero. Se preocuparon de que no volviera a salir.

         — ¡Se lo ha llevado la corriente! ¡Tirarle algo! —Yenny estaba muy preocupada.

         —Esperemos un poco, me pareció que entraba por su propio impulso —dijo Jaime.

         —Sí, se quedó mirando abajo y nadó para dentro —aclaró Vanessa.

         —Estará bien. Ten paciencia, le verás pronto y podrás besarle como es debido —bromeó Jaime.

         —Estúpido ¿Y si no vuelve?  ¿Vas a ir a buscarle?

         —No te voy a quitar ese privilegio —protestó Jaime.

         —No sé bucear, me tapo la nariz cada vez que meto la cabeza en el agua, con eso te lo digo todo.

         —Pues mal asunto.

         Guardaron silencio, expectantes.

         —Espero que haya una bolsa de aire, lleva más de un minuto —se comenzó a preocupar Vanessa.

         —A ver, ¿y ahora cómo se lo explicamos a Elisa? —Yenny empezaba a dar por hecho que Alfonso se había ahogado porque tenía los ojos humedecidos.

         —No seas pesimista, saldrá, ya lo verás.

         Miraron el agujero, cada vez más iluminado a medida que se hacía de noche y no pasó nada nuevo durante medio minuto más, que midió Jaime en su reloj.

         —De acuerdo, esto ya no es normal —dijo, preocupado.

         — ¿No irás a buscarlo? —Prorrumpió Yenny.

         —No hay tiempo para pensar otra cosa. Voy a bajar ahí...

         —Si se lo ha llevado la corriente, te llevará también a ti —razonó Vanessa—.¿No escuchas las noticias? Hay bañistas que al ser socorridos las corrientes se los llevan a ellos y a los tres o cuatro que se tiran a salvarlos. Si está vivo volverá. Sino... Ya no puedes ayudarlo.

         —Ya pero si no voy y no vuelve, me sentiré culpable y nunca sabré si pude hacer algo.

         —Mejor eso que tú también te ahogues.

         —Chicos, decidirlo ya porque podría estar ahogándose —apremió Yenny.

         —A la mierda —Jaime se desvistió rápidamente, a excepción de los bóxer,  y saltó de cabeza al agua.

         — ¡Genial! —Bufó Vanessa—. Y ahora quien saltará si no vuelven.

 

 

 

         Jaime se sumergió directo al agujero y antes de entrar puso la mano en la entrada para sentir corrientes. Al no notar nada se agarró a las rocas y nadó al interior. Se asomó al hueco y vió un pasadizo que descendía hasta un muelle inundado que estaba iluminado. No se veía bolsa de aire pero sin duda la había ahí abajo. Claro que no observaba con nitidez y no podía estar seguro de la profundidad que le separaba de la luz.

         Tenía dos opciones: Seguir con el poco aire que le quedaba o subir a contarle a las chicas lo que vio. Como le faltaba el aire subió.

         Al emerger tardó unos segundos en ser capaz de hablar porque se quedó sin aire. Sin embargo Yenny no esperaba que hablara, estaba comentando con Vanessa la situación:

         —... Pienso que si un grupo de personas estuviesen en una isla en la que hubo una epidemia por la que se tuvo que eliminar a la población (es obvio que no fue una gripe) y encuentran una cueva que fue hecha por el hombre, la lógica nos dice que no debemos entrar y deberíamos alejarnos del lugar.

         » Como salga ataré a Alfonso a un árbol hasta que desista a la idea de explorar y meter las narices en sitios peligrosos.

         Jaime vio cómo Vanessa asentía de acuerdo con su amiga.

         —Pues sí, cuando vuelva le atas a un árbol —completó él—. Ahí abajo hay algo, seguro que fue a curiosear.

         — ¿Qué viste? —Preguntó airada Yenny.

         —Una cueva artificial. Podía llegar al fondo pero prefería informaros antes.

         — ¿Y por qué no fuiste tras él en vez de perder el tiempo aquí?

         —Disculpa, pensé que te interesaría saber esto para que dejes de llorar como una gallina clueca. Voy a ver si le saco de una oreja.

         — ¿Para qué? —Protestó Vanessa—. Ya saldrá por sí mismo, ¿no?

         —Me hacía falta un baño y me pica la curiosidad. No llaméis a emergencias.

         Se sumergió de nuevo mientras Yenny seguía metiéndose con Alfonso por no haber salido a avisarles igual que Jaime. Lo último que escuchó fue:

         —...Sólo pido un poco de sentido común. ¿Para qué entran? ¿No es obvio que ahí abajo no hay nada bueno?

         «Cuando las mujeres tienen razón…»—Pensó al perder su hilo de voz mientras se ayudaba con las rocas para llegar al fondo de la cueva.

         La bolsa de aire estaba más lejos de lo previsto y lamentó no haber cogido más oxígeno. Los últimos compases del descenso sus pulmones amenazaban con estallar y aun no veía la bolsa de aire. En ese tramo la cueva ascendió y allí encontró la luz y el oxígeno. Cuando emergió, estaba rojo y a punto de ahogarse. Se apoyó en un borde de cemento exhausto.

         Alguien le tocó la mano y pegó un salto del susto.

         — ¿Para qué vienes? Ya estaba a punto de volver —era la voz de Alfonso.

         —Pues para sacarte de una vez. Yenny está alterada, te daba por muerto y casi me mata por no haber venido antes.

         —Pero si os hice señas de que entraba aquí.

         —Llevabas cinco minutos y nadie aguanta tanto la respiración. ¿Qué es esto?

         Alfonso le ayudó a salir del agua y luego le mostró el pasadizo iluminado.

         —Es una instalación secreta. Hay luz, lo que indica que puede que siga habiendo gente aquí. He ido hasta el fondo del pasadizo y llega a un punto donde el camino está sepultado por rocas, aunque apartando unas cuantas y hay salida. Entre tú y yo podríamos despejarla en media hora.

         —Ni de coña, tío —rechazó Jaime—.Lo que se esconda ahí abajo debería seguir escondido.

         — ¿Y si son supervivientes de la epidemia que han quedado atrapados?

         —O infectados —replicó Jaime.

         —Si no entramos habremos perdido el tiempo al bajar aquí. Tenemos que averiguarlo —pidió Alfonso.

         —Estoy de acuerdo, pero se lo preguntaremos al único que conoce la historia, el señor Jurado. Nada de hacer locuras como esta ni de exponernos a peligros desconocidos.

         —Ya, buena idea —replico a regañadientes.

 

 

 

         Abby y Antonio llegaron a una gasolinera 24 horas y entraron a ver los periódicos. En la tienda vieron tras un cristal de seguridad a un hombre viendo la televisión. Al abrir la puerta de la entrada  no se enteró por lo que pudieron curiosear en el montón de periódicos que había frente de la caja. Antonio se fijó en lo que veía en la tele y descubrió que era una película porno.

         —Mierda —susurró temiendo que el dependiente, creyéndose solo, hiciera algo desagradable de ver.

         Abby le miró con asco y luego le reprendió por cotilla.

         Se acercó al primer periódico que vio y vio la fecha.

         —Mierda... Tenías razón.

         — ¿Qué? —Antonio se estaba fijando en el artículo de portada. "Un nuevo ataque terrorista en Manhattan con cien muertos".

         —2047. Esto es muy grave —susurró Abby.

         —Lo sabía, el futuro lejano —respondió él—. Este podría ser mi hijo.

         —Vámonos —urgió la teniente.

         Salió corriendo de la tienda y la puerta golpeó la pared por la inercia. Antonio vio cómo el dependiente saltaba del susto que no acertó en el botón correcto y en lugar de apagar la tele subió el volumen y se escucharon con fuerza los gemidos de las chicas hasta que acertó con el botón correcto. Luego, colorado como un tomate, miró a la puerta y no vio a nadie.

         —Menos mal —susurró.

         El espectador invisible, se quitó el casco, golpeo con los nudillos en el cristal blindado y preguntó:

         —Eh, tío. ¿Qué peli es?

         El empleado miró al cristal, aterrado por no ver a nadie.

         Entre risas Antonio volvió a ponerse la "pecera" y siguió a la teniente sabiendo que el pobre hombre vería con estupefacción que la puerta se volvería a abrir sola. Disfrutaba como un niño con el escudo óptico.

         «Seguro que se le quitan las ganas de ver porno durante el trabajo» —pensó divertido.

 

 

         Tuvo que emplearse a fondo para no perder de vista a la teniente, ellos podían verse entre sí gracias al casco, que tenía un filtro similar al de los rayos UVA, a través del cual se veían contorneados, iluminados y traslúcidos.

         Aunque él había entrenado durante esos meses desde que dejó el EICFD, no estaba tan en forma como ella y llegó resoplando a la nave cuando la teniente se disponía a cerrar la compuerta.

         — ¿Por qué tanta prisa? —Preguntó exhausto.

         —Hemos violado uno de los tratados internacionales más secretos y prohibidos. Tenemos suerte de que el EICFD de la actualidad no haya destruido la nave. Hay que contactar con ellos inmediatamente antes de que manden la caballería.

         — ¿Pueden rastrearnos?

         —Claro que no, por eso, el radar de la estación espacial internacional detecta saltos temporales en todo el planeta y son tratados como prioridad uno.  Son amenazas más graves que los ataques terroristas.

         —Date prisa entonces —dijo Antonio, pálido de miedo.

         La teniente pulsó el botón de comunicación con la base.

         —Aquí Abby Bright a bordo del Halcón 7, ¿me reciben?

         —Repita por favor —escucharon una voz masculina muy grave.

         La mujer volvió a presentarse y la otra voz tardó en responder.

         — ¿Estás soltera? Lo demás no me importa demasiado, aquí Normando a bordo de un camión de tres toneladas. Si quieres nos vemos en algún sitio y me cuentas tus problemas existenciales.

         — ¿Qué?

         Abby miró a Antonio con estupor.

         —Tranquila, yo sé consolar a las mujeres, tengo un...

         Abby cortó la comunicación asqueada.

         —Habrán cambiado de frecuencia —opinó Antonio.

         —No puede ser. Se ha averiado la nave, viajamos al futuro en vez de al pasado, no podemos contactar con la base...

         — ¿Es grave?

         —En pocas palabras, estamos jodidos.

         —Pero esto es el futuro. Aquí se saca energía nuclear de cáscaras de plátano —indicó Antonio.

         — ¿De dónde te has sacado esa tontería?

         —De "Regreso al futuro II".

         Abby le miró con reproche.

         — ¿Crees que esto es una película? Te voy a enseñar algo, esta es la realidad. En las películas una chica guapa se maquilla, se pone sexy y todo el mundo la ignora salvo el chico de su vida, que la sonríe y le pide una cita. En la real te pones sexy y las mujeres te llaman zorra, los hombres te miran como si lo fueras y el chico que te gusta te mira igual que un trozo de carne y no te dirige la palabra porque le intimidas. Hay una sutil diferencia entre realidad y ficción.

         —Era una broma —se defendió Antonio, avergonzado.

         — ¿Nunca has imaginado que tu coche te deja tirado en una zona sin cobertura a cientos de kilómetros de un lugar inhabitado? —Preguntó ella—. Pues esto es treinta años peor.

         Su contertulio arqueó las cejas y comprendió que la teniente no estaba para chanzas.

         —No sé lo que ha pasado —se limitó a responder—, pero según este pendrive... Mierda ¿dónde está? —Antonio tanteó el bolsillo de su cinturón y al no encontrarlo se alarmó.

         —Lo tengo yo —se lo mostró Abby sacándolo de su cinto.

         El traje de grafeno que llevaban era como una piel negra sin brillo que se amoldaba al cuerpo a la perfección dado que se hacía a medida. En la cadera llevaban un cinturón donde podían guardar varias cosas, y era difícil que nadie pudiera quitarle nada sin que se enterase.

         — ¿Cuándo me lo has quitado?

         —Cada vez que saltamos en el tiempo te quedas inconsciente unos segundos. Ignoro por qué te afectan tanto las ondas electromagnéticas.

         — ¿A ti no te pasa?

         —No —respondió con énfasis, como si la ofendiera ser tan rara—. Este modelo de nave lleva funcionando desde 1950, se han hecho decenas de saltos temporales y para mí es el tercero, a nadie más le pasa, me pregunto si no ha fallado por tu culpa.

         —Estabas tardando mucho en culparme. ¿Por qué siempre tengo que ser responsable de todo? ¿No puede haberse fastidiado sola?

         —Yo que sé —Abby estaba muy nerviosa, nunca la había visto así, ni siquiera cuando sus vidas pendían de un hilo al combatir con los grises—. No sé qué hacer.

         —Vamos a la base —Propuso Antonio.

         Abby señaló el piloto rojo parpadeante del panel de mandos.

         —Aún estamos sin energía. Toca esperar, suponiendo que aun existiera y lo empiezo a dudar. Nadie nos ha atacado y la radio ha funcionado... Es como si el EICFD ya no existiera.

         —Si no podemos comunicarnos con ellos... —recapacitó Antonio—. No es muy buena idea que nos quedemos por aquí si es que vienen.

         —Nos encontrarían igualmente —replicó Abby, pesimista—. Y prefiero que me maten a quedar atrapada treinta años en el futuro. De todas formas nos habrían contactado antes, no atacan sin preguntar.

         Antonio le cogió el pendrive de la mano.

         —Hay que ver lo que tiene. Mi yo futuro dijo que de esto dependía nuestra supervivencia.

         —Tienes razón. ¿Pero dónde? —Aceptó Abby.

         —Estamos en el futuro y son las doce de la noche —explicó él—. Todas las casas deben tener un ordenador.

 

 

Comentarios: 12
  • #12

    Tony (jueves, 06 octubre 2016 00:28)

    En este relato va a quedar muy bien explicado por qué le afectan tanto las ondas electromagnéticas y si queda algo peligroso o no en Tupana.

  • #11

    Katti (jueves, 06 octubre 2016 00:24)

    Sera que a Tony le afectan tanto las ondas electromagnéticas al viajar en el tiempo porque tiene que ver algo con Alastor?

    Por otra parte ya no deberia haber nada malo ni en la cueva ni en la isla ya que Genesis destruyo toda la maldad

    Aunque quien sabe, toca esperar la continuacion

    Saludos desde Ecuador

  • #10

    Lyubasha (miércoles, 05 octubre 2016 09:14)

    Espero que al final Alfoso vuelva a bajar y vaya retirando piedras por su cuenta, tengo muchas ganas de saber qué hay detrás del muro, a lo mejor hay un científico que sobrevivió oculto en los pasadizos :) Por otra parte, será interesante ver cómo se las arreglan Antonio y Abby en el futuro.

  • #9

    Chemo (martes, 04 octubre 2016 22:26)

    Yo espero que aparezca un científico loco mutado. Y también que reaparezca Chemo.

  • #8

    Yenny (martes, 04 octubre 2016)

    Pensé que iba a aparecer como mascota :(, pobrecito

  • #7

    Tony (martes, 04 octubre 2016 17:31)

    Concretamente en la parte 9.

  • #6

    Tony (martes, 04 octubre 2016 17:25)

    El ejército francés lo terminó eliminando con dificultades. Sale en "El ojo misterioso".

  • #5

    Yenny (martes, 04 octubre 2016 17:22)

    Chicos que monstruos les gustarían que aparezcan??Hace tiempo que no apostamos jajaja
    A todo esto recuerdo que había un perro que ayuda a Briggitte cuando está en la isla, ¿alguien recuerda que pasó con el?

  • #4

    Alfonso (martes, 04 octubre 2016 04:06)

    Yo tampoco quisiera otra historia de zombis, habiendo tantos monstruos que utilizar. Yo creo que el pendrive tiene información sobre la lotería, jaja. Así Antonio ya no tendrá que perocuparse por sus finanzas en un buen rato.

  • #3

    Jaime (domingo, 02 octubre 2016 22:25)

    En lo personal prefiero que no aparezcan zombis, como que ese tema ye está muy trillado en esta página. Aunque sí sería interesante que Alfonso o yo descubriésemos algún experimento prohibido de las instalaciones secretas.

    Ya no me sorprende que Antonio meta la pata. Me intriga el contenido del pendrive. Seguramente es una explicación del porqué terminaron en el futuro y qué deben hacer Abby y Antonio para regresar a su presente.

  • #2

    Yenny (domingo, 02 octubre 2016 20:00)

    Esta parte me ha dado mucha risa, me ayudó a desestresar .
    Si en la isla aparecen zombies es culpa de Alfonso, aunque siempre tuve curiosidad de saber como funciona el virus después de cierto tiempo muere al contacto con el ambiente o permanece inactivo? Permanecer en contacto con los restos de sangre será seguro?
    En cuanto a Abby y Antonio espero que no se metan en problemas y regresen sin contratiempos.
    Chicos que les parecería un grupo de whatsapp ya que el chat de la página anda muy inactivo, dejo que lo piensen

  • #1

    Tony (domingo, 02 octubre 2016 04:34)

    Espero que estéis contentos, he puesto casi dos partes en una así que si os quejáis que sea por que se hace corto y no porque lo es jeje.

    No olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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