Tocando las estrellas

4ª Parte

4ª parte

Nave Perseo,

Fecha estelar 2134, Nota 4

 

 

Durante días estudiamos desde Perseo todas las estructuras del nuevo planeta. Descubrimos que el mar negro se movía cada doce horas aunque no sabíamos las causas que le motivaban a hacerlo. Podía ser una extraña forma de vida o quizás otra cosa. No parecía crecer ni multiplicarse y su movimiento era, aparentemente, caótico sin ningún sentido ni causa. Lo único que habíamos aprendido era a no acercarnos a la cosa. Habíamos perdido dos compañeros y otros dos estaban en un extraño coma o trance.

Enviamos una sonda a explorar una extraña formación rocosa y descubrimos que era titanio natural. Un yacimiento muy rico pero también extremadamente difícil de explotar. Nadie enviaría naves desde la Tierra solamente para conseguir ese material. Quizás dentro de quinientos años, cuando los viajes espaciales fueran tan comunes como los de avión, alguna compañía se animaría a hacerlo.

En una semana decidieron que ese satélite no tenía más interés astrológico ni geológico y pusieron rumbo al tercer planeta de ese sistema. Uno que se veía azul con las imágenes del telescopio de la nave. La impresión inicial fue que sería un planeta de agua y así lo reconoció la Inteligencia artificial estudiando su tamaño y densidad.

Para ahorrar combustible usaron el impulso de la órbita para lanzarse hacia el destino deseado. Aún teníamos suficiente combustible atómico para la aceleración que nos llevaría de vuelta a casa y teníamos suficiente para explorar unos meses más.

 

Cuando estábamos de camino ocurrió algo que todos esperábamos con ansiedad. Georgia despertó de su letargo.

Todos se reunieron en torno a ella y estaba perfectamente, como si hubiera dormido un largo y profundo sueño.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó la doctora, aun somnolienta.

- Esperábamos que nos lo contaras tú - respondió James.

- Lo último que recuerdo fue ... que llegamos a las Perseidas. No recuerdo más.

- Chica, ¿cómo puedes olvidar un paseo espacial por un planeta extra solar?

- Eso, ¿cómo pudiste olvidar tu viaje alucinante por las tripas del extraterrestre? - bromeó Terry -. Y que luego te rescatamos.

- ¿Frank dónde está?

- ¿Recuerdas que ibas con él?

- No - reconoció Georgia, algo avergonzada -. No, pero no le veo aquí. ¿Qué le pasa?

- Está en la otra cama - dijo Sara, corriendo la cortina que les separaba.

- ¿Y Pedro y Tim? - volvió a preguntar.

- Ellos no lo consiguieron - reconocí, ante el silencio de todos-. Es un milagro que pudiéramos encontraros a vosotros.

- Bueno, chicos, entiendo que todos estéis muy emocionados - dijo Sara -. Pero como sustituta de la enfermera me veo en la obligación de echaros a todos del camarote médico para examinar a nuestra paciente. Por una vez vas a saber lo que es que traten como una paciente - la amenazó con tono socarrón.

- Por favor sé buena.

- Lo seré si cumples mis órdenes.

En ese momento apareció Frank por la puerta. Tenía la misma cara de sueño pero él ni siquiera sabía que estaba en observación, se había levantado de la cama de la enfermería y se había reunido con el resto. Cuando me lo encontré justo detrás me dio un susto de muerte.

- ¡Frank! - exclamé -. Por el amor de Dios, qué susto me has dado. ¿Estás bien?

- Pues claro, ¿por qué no iba a estarlo? - preguntó enojado -. ¿Qué te ha pasado, pequeña? - le pregunto a Georgia.

- No tengo ni idea, ¿no lo recuerdas?

- Me siento como si hubiera despertado de una juerga. ¿Dónde demonios estamos? ¿No estábamos en una órbita?

- Hemos dejado aquel planeta, enviamos la sonda y no tenemos mucho más que hacer allí.

- No podemos irnos, hay que bajar y explorar - respondió Frank.

- Ya lo hicisteis... - dijo James.

Le contaron todo lo sucedido, les mostraron los videos de la marea negra y cómo desaparecieron. Frank se quedó blanco y se tuvo que sentar cuando se vio a si mismo advirtiendo al capitán que no bajaran en su busca. Pensé que había recordado algo pero solo era la impresión de verse a sí mismo esperar la muerte.

- Gracias por no hacerme caso, capitán - me dijo, solemnemente.

- Tú hubieras hecho lo mismo - respondí, dándole un fuerte manotazo en la espalda.

 

 

El viaje al planeta azul duró sesenta y siete horas y en el transcurso del mismo retomamos la rutina, reduciendo los ciclos, por las dos personas que se habían perdido en la expedición. Entre todos decidieron que no habría sonda de exploración para el siguiente planeta ya que las condiciones meteorológicas eran inhóspitas. Según los escáneres, la temperatura en la superficie era de doscientos grados bajo cero, durante el día y doscientos cincuenta durante la noche. Ningún traje espacial podía soportar un frío tan cercano a los cero grados kelvin.

 

La investigación del planeta azul duró mucho menos, en apenas dos días terráqueos detectamos los materiales, sacamos fotos a la superficie, escaneamos el planeta y descubrimos que tenía un núcleo muy denso. Además, según los sensores de la nave, parecía absorber calor de la superficie, de ahí sus bajas temperaturas. Enviamos una sonda a explorar pero ésta se perdió en cuanto entró en la atmósfera. Había viento de más de cincuenta kilómetros por hora y las ventiscas eran continuas.

Solo faltaba por explorar el más alejado de la órbita, uno que parecía una estrella apagada, a juzgar por su masa. Debía ser diez veces más grande que Júpiter ya que cuando nos acercamos nos colocamos a una órbita tan alejada como la órbita de la Luna a la Tierra. La increíble fuerza de gravedad del planeta se hacía sentir hasta en la nave y temimos ser arrastrados por el planeta. La colisión sería terrible y no quedarían ni las cenizas de la nave. En superficie calculamos que había 21G, es decir, veintiuna veces la gravedad terrestre. Cualquier objeto que se pusiera en su superficie se vería aplastado por el peso de su atmósfera. Por esa razón decidimos ahorrar a la AEI (Agencia Espacial Internacional) una sonda y nos limitamos a estudiar el planeta desde su órbita. Probablemente ese era el planeta responsable de que los telescopios de la tierra fueran capaces de detectar masas extrasolares en ese sistema.

 

Después de estudiarlo comenzaron a hacer los preparativos para viajar a la Tierra. Teníamos montones de fotos y videos y la gente de la tierra debía estar ansiosa de que regresáramos. Habíamos sacado videos en 3D que resultaban espectaculares a la vista, pero desde el punto de vista humano, no tenían más interés que explorar una ciudad en un videojuego. Seguramente los gobernantes esperaban alguna noticia de vida extraterrestre pero en eso se iban a llevar una decepción. Al menos nos verían regresar, cosa que les animaría, sin lugar a dudas, a realizar más viajes espaciales.

Sin embargo nadie estaba preparado para la reacción de dos de los tripulantes de la nave.

 

- Con permiso capitán - llamó Frank a la puerta de mi camarote.

- Adelante Frank, a qué viene tanta formalidad.

- Vengo a pedirle que regresemos al planeta uno, señor.

- ¿Disculpa?

- No podemos irnos con lo poco que tenemos, señor.

- Frank, ¿qué te pasa?, somos amigos, no me trates como un general.

- Piense por un momento en ello señor - continuó Frank, con su tono de subordinado militar -. Han pagado el presupuesto mundial de misiones espaciales de más de veinte años para este viaje. Hemos llegado, hemos hecho fotos y ahora ¿quiere que regresemos?

- Son los parámetros de la misión.

- ¡A la mierda la misión, señor! - Frank parecía enojado.

- Debemos regresar - insistí.

- Debemos llevarles lo que buscaban.

- Y se lo estamos llevando.

- Señor, con todo respeto, unas malditas fotos no son lo que buscaban.

- Claro que no - respondió James, empezando a enojarse -. Pero no hemos encontrado otra cosa.

- ¿Tienen un maldito planeta lleno de misterios y no quieren explorarlo?

- Frank, ese planeta ha sido explorado todo lo que era necesario. No pienso exponer a más tripulación a una misión sin propósito.

- Envíeme a mí señor.

- Ya lo hice - repliqué -. Y casi te pierdo. Dame una sola razón por la que debamos regresar. ¿Es que estás recordando algo?

- Sí, señor.

- ¿Qué recuerdas?

- No es un recuerdo, señor. Aún estoy allí.

- No entiendo - dije, extrañado -. Yo te veo aquí.

- Me refiero a que de algún modo siento que debemos volver. Creo que aún podemos contactar con ellos.

- ¿Ellos? ¿Has visto a alguien mientras estuviste allí?

- Me refiero a Tim y Pedro.

- ¿Pero cómo?

Frank no respondió, simplemente se mantuvo firme frente a mí, mirando hacia el techo.

- No sé que demonios ocurre, pero o me das una razón de peso para volver o nos marcharemos hoy mismo.

- Cuando esa cosa negra nos engulló - comenzó a explicar Frank -, nos hicimos uno con ella. Después aprendió de nosotros y nos devolvió con vida. Tarde o temprano, devolverá a Tim y a Pedro y debemos estar allí para recogerlos o morirán.

- ¿Qué quieres decir con que os devolvió? ¿Es una clase de puerta dimensional?

- No, señor, técnicamente fuimos digeridos integralmente. Luego fuimos reensamblados, no sé cómo explicarlo.

- ¿Insinúas que Pedro y Tim pueden haber sido reensamblados, como vosotros dos?

- Así es.

- Pero ¿cómo podemos estar seguros de que sois de verdad vosotros y no una especie de clon sin alma?

A esas alturas de la conversación habían llegado Sara y Georgia. Al escuchar el tema de discusión, Georgia se puso tensa.

- ¿Cómo puedo saber la respuesta a eso, capitán? El alma es el ánima, lo que mueve a los seres vivos y yo me muevo. El espíritu, en caso de que exista, ignoro si me ha sido devuelto.

- ¿Qué opinas, Sara? - pregunté, confuso.

- Deberíamos volver si podemos encontrar a Tim y a Pedro. Son nuestros compañeros.

- ¿Puedes hacerle un análisis de sangre a Frank y Georgia? Necesitamos asegurarnos de que no habéis traído algo de esa cosa.

- Claro, señor.

- Entonces - insistió Frank-, ¿vamos a regresar a por ellos?

- Vamos a volver - acepté.

El teniente asintió y se ofreció para seguir a sus dos compañeras. Les vi alejarse e inmediatamente me sentó en mi sillón de mando y comencé a escribir en el diario de abordo.

 

 

Capitán James Connor.

 

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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