Una cosa muerta

            Todo empezó un día que salimos a comprar y al volver nos encontramos la casa totalmente desordenada. Llamamos a la policía y cuando ésta vino no pudimos presentar denuncia alguna porque no se habían llevado nada y todo se podía arreglar. Era como si hubieran entrado solo para tirar todo al suelo.

            La angustia que sentimos desde entonces era difícil de soportar. Alguien había entrado sin forzar la cerradura y podría volver a hacerlo. Cambiamos el bombín y aunque nos dejó algo más tranquilos, no duró mucho nuestra tranquilidad cuando otro día, después del trabajo llegué a casa y vi la puerta abierta. Me pregunté si habría llegado mi mujer antes que yo pero cuando entré vi que los vecinos de arriba estaban examinando mi casa... Pero no era mi casa. Todos esos muebles no los reconocí. Eran los suyos y pensé... esta gente qué hace, ¿Se han vuelto loca? ¿Dónde han puesto nuestros muebles?

            La sorpresa fue mayúscula cuando ellos me acusaron de ladrón. Asombrado fui al piso de arriba y vi que tenían todos mis muebles, colocados tal y como los dejamos, incluso hasta el último detalle. La taza del desayuno y los cubiertos estaban encima de la mesa tal y como los dejé al salir a trabajar.

            De nada sirvió que intentara explicarles que yo no había sido y que estaban pasando cosas muy extrañas en la casa. Tuve que insistir mucho para explicarles que yo no tenía ningún interés en cambiar las cosas de sitio y si lo hubiera hecho no tendría sentido que dejara la puerta abierta para que ellos lo vieran al llegar.

            Finalmente los convencí, justo cuando llegó mi mujer y por su cara de pánico - cuando se enteró de lo que había pasado -, tuve que explicarle todo en privado... Aunque no sé muy bien si mi explicación la tranquilizó o la aterró aún más.

            Cuando cambiamos los muebles pensamos que se habría terminado, que quien quiera que nos hubiera gastado esa broma ya tendría suficiente. Estabamos destrozados por el esfuerzo de moverlo todo de un piso a otro y no se nos ocurría quién podía hacer semejante broma sin que nadie se enterase, en tan poco tiempo como tuvieron y con tamaño esfuerzo que debieron emplear.

            No nos sentíamos tranquilos porque sabíamos que en cualquier momento podía entrar quien sabe qué persona para hacer de las suyas y temíamos que la próxima vez lo hiciera con nosotros dentro.

            No sé si puedo expresar la angustia que vivimos esos días. Mi mujer me suplicó que nos mudáramos pero le dije que esperásemos, que seguramente no era más que una broma y que no era tan fácil encontrar un lugar para mudarse. Ella acusó a nuestro casero, dijo que le pareció muy raro y que no se fiaba de él. Que era el único que podía entrar en casa, incluso sin llaves, porque con las escrituras a su nombre podía pagar a cualquier cerrajero para entrar.

            Le dije que era ridículo y traté de calmarla aunque recordé el día que firmamos el contrato de alquiler y me pareció muy extraño el modo en que nos miraba. Aquel día fueron él y su mujer y sentí escalofríos por esa pareja tan extraña que en ningún momento se miraron ni se dirigieron la palabra. Lo más extraño fue que él se negó a firmar y ni su mujer, ni el notario, pusieron objeciones.

            Entonces, por la noche, estaba poniéndome la ropa de dormir y vi que algo, cerca del suelo, se movía. Junto al mueble, algo estaba saliendo de su madera, como un gusano. Me acerqué a verlo mejor y me quedé pálido de espanto al ver que uno de los tornillos que sostenían la estructura del mueble estaba siendo desatornillado por alguna fuerza invisible.

            Grité y mi mujer gritó justo en ese mismo momento. Aturdido porque acababa de ver la evidencia de que había un fantasma cabrón en casa, corrí a ver a mi esposa, en la ducha, pues ella gritaba como si la hubieran intentado matar.

            - ¡Me ha mordido! - gritaba -. ¡Me ha mordido!

            - ¿Qué te ha mordido? - pregunté.

            - Agh,... qué asco.... una cosa muerta.

            - ¿Cómo que una cosa muerta?

            - Quiero irme de aquí, no aguanto más, en esta casa hay un fantasma horrible.

            Me intrigaba qué la había asustado tanto pero estaba en tal estado de histeria que no pude saber más. Ni siquiera quise contarle lo del tornillo que se movía solo. Cogimos ropa para un día y salimos de casa inmediatamente. Según recogíamos, los muebles, los cubiertos, la vajilla, las copas, todo empezó a temblar y pensamos que se nos caerían encima antes de poder salir.

            Cuando al fin salimos de esa casa infernal, el ruido cesó por completo. Le pedí a mi mujer que esperase un momento y volví a abrir la puerta. Ella me pidió que por favor no entrase, pero tenía que mirar.

            Encendí la luz y vi que en el extremo del pasillo había un hombre mayor que me parecía familiar. Sí, y tan familiar, era el casero. Enojado abrí la puerta de golpe y entré corriendo pero se escabulló en nuestra habitación. Le seguí y cuando entré ya no estaba. Abrí los armarios, miré debajo de la cama, detrás de la puerta, en el baño... No había ni rastro de él. Miré por la ventana pero si hubiera salido por ahí se habría matado y además estaba cerrada.

            Contrariado y con ganas de decirle cuatro cosas bien dichas, salí con mi mujer y le dije quién era el que hacía todo. Ella no quiso cambiar de opinión, alegó, con bastante lógica, que nadie podía hacer temblar toda la casa y que si había conseguido esconderse en la habitación, podía volver a salir en cualquier momento y hacermos cualquier cosa.

 

            Fuimos a casa de mis padres y no les contamos la verdad. Dijimos que había una plaga de bichos. Mis padres me dijeron que era extraño ya que llevábamos viviendo allí un año y no habíamos visto nada antes.

            Llamamos al teléfono del casero para comunicarle que volveríamos allí y que no contara con la mensualidad del mes siguiente, pero cogió el teléfono una mujer mayor, la que debía ser su mujer. Le preguntamos si podíamos hablar con su esposo y ella, extrañada nos dijo:

            - Lo siento, mi marido falleció hace once años.

 

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Comentarios: 9
  • #1

    tonyjfc (jueves, 10 febrero 2011 09:35)

    No olvidéis comentar qué os pareció la historia.

  • #2

    Angelo (viernes, 11 febrero 2011 01:48)

    O.o un poco corto y breve , pero buen final , me gusto .

  • #3

    Jaime (viernes, 11 febrero 2011 04:29)

    Hay algo que no entiendo. ¿Cómo es que la pareja alquiló el apartamento a un muerto? Si es así, entonces la viuda no debería estar enterada de la existencia de los inquilinos...

  • #4

    Tony (viernes, 11 febrero 2011 09:19)

    Exacto. El que les alquiló el piso ya estaba muerto, era un fantasma y no se dieron cuenta.

  • #5

    yenny (martes, 15 febrero 2011 17:14)

    Estoy de acuerdo con el comentario de Jaime es un poco confusa esa parte si la persona ya estaba muerta como alquila un departamento sin que la viuda se entere.
    Quisiera saber si esta historia es real porque por momentos me daba esa sensacion como si estuviera narrando una anecdota.
    Creo que se podria pulir un poco mas esta historia no es mala pero podria ser mejor .
    Es solo una opinion talvez me equivoque y sea yo la que no entiende.
    Cuidate mucho y sigue asi tienes un gran talento.

  • #6

    tonyjfc (domingo, 20 febrero 2011 12:14)

    La he revisado y he retocado ciertos detalles que, como bien decís, estaban confusos.

    Gracias a todos.

  • #7

    kattya (miércoles, 04 mayo 2011 17:35)

    me gusto mucho!,es atrapante,pero me quede con ganas de leer mas! me parecio corta!pero buena!

  • #8

    carla (sábado, 02 julio 2011 03:09)

    Corta pero buenaaa.... Me gusto mucho!! Hasta risa me dio.!

  • #9

    muñek (sábado, 03 diciembre 2011 04:47)

    padre aunque corta pero buena

Animal es el que abandona a su mascota.

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