Diario de Jill Valentine

Día 5

            Encontré un tranvía de dos vagones encerrado en un callejón. Era la cabecera de la línea y descubrí que alguien lo estaba arreglando. Era otro soldaditos de Umbrella y cuando me vio se asustó. Dijo que no esperaba verme con vida y me habló de Carlos, que le había hablado de mí.

            Allí estaba él, buscando piezas que necesitaba el tranvía para funcionar. Además de ellos dos había un sargento herido de gravedad. Sus heridas no parecían provocadas por mordiscos zombis sino por algo más grande. Le pregunté qué le había pasado y dijo que todavía era útil, que por favor no le abandonásemos, que podía caminar. Claramente no estaba muy lúcido, le pronostico unas horas de vida agónica antes de morir. No voy a mentir, sentí que se lo tenía bien merecido por trabajar en esa compañía del demonio.

            Carlos me dijo que necesitaba ir a la gasolinera a conseguir aceite y de paso buscaría un fusible y unos cables para arreglar el tranvía. Le pregunté qué diferencia suponía esa chatarra y me dijo su compañero que sólo había una salida de esa parte de la ciudad y estaba cubierta de llamas por una gasolinera cercana. La única forma de salir de allí para poder transmitir una señal al cuartel y que les enviaran un helicóptero de salvamento era atravesar las barricadas ardientes con el Tranvía.

            Accedí a acompañar a Carlos ya que su medio de transporte, independientemente del logo que tuviera, podía volar y sacarme de esta ciudad infernal.

            En la gasolinera conseguimos entrar pero justo en ese momento aparecieron montones de zombis que se dirigían hacia nosotros. Carlos me pidió que buscara el aceite y lo que fuera útil, mientras él se encargaba de ellos. Escuché disparos mientras busqué por todos lados. Los cables ya los tenía (creo que estaban en la casa del sótano) y encontré una especie de nevera donde descubrí el aceite industrial. Tuve que abrirlo con algo de fuerza, haciendo palanca con un hierro para poder sacarlo.

            Cuando salí la tienda de la gasolinera explotó y me hizo caer encima de Carlos. Creí que me había chamuscado mi blusa azul pero por suerte aguantó el calor. Noté que él no se movía bajo mi peso y un par de segundos después entendí que no estaba incómodo. Me levanté apresuradamente. Ir en minifalda (que no es que sea tan corta) es más cómodo que el mono de trabajo, pero no contaba con el efecto aturdidor que causa ésta en los hombres. Debería ponerme un traje de campaña y no ir así, pero ¿dónde consigo ropa de mi talla?

            Hemos vuelto al tranvía. Parece que se está seguro aquí dentro así que descansaremos un poco. Sólo necesitamos un fusible nuevo y el tranvía nos sacará de aquí. Mañana buscaremos una ferretería o algo así.

 

 

 

Más tarde

 

            Me pasé todo el día buscando un dichoso fusible y en mi aventura tuve que despachar a perros zombis. Encontré a un superviviente en una oficina de ventas. Me costó trabajo entrar así que era una zona segura. Pero no contaba con que hubiera supervivientes así que destrocé la barricada pensando que saldría pronto, no esperaba encontrar a alguien vivo.

            — Me has destrozado la barricada — me gritó el soldado, con marcado acento ruso.

            — Genial, así podrás venir con nosotros y no morirás aquí... — me interrumpí cuando vi el cadáver de otro soldado. Tenía la cabeza reventada por un disparo pero no parecía que hubiera sido zombi. Me lo quedé mirando y él no aguantó mi mirada.

            — Dices que puedes sacarnos de la ciudad —intentó cambiar de tema.

            — ¿Cómo murió ese hombre? —le pregunté, apuntándole con mi pistola.

            — Había sido mordido. No tuve elección.

            — Ya veo, decidiste acortar su agonía... —bromee.

            — Ya he visto cómo afecta esa enfermedad o lo que sea. Otro amigo nuestro recibió una mordedura semejante y cuando menos nos lo esperábamos saltó como un lobo rabioso a mordernos. Le alcanzó a él aunque pudimos rematar al otro. Cuando nos refugiamos aquí le descubrí el mordisco y le maté. No quiero que me muerda mientras duermo. Lo hice cuando miraba los cajones de aquí, no sufrió en absoluto.

            — Vaya, y veo que tienes una herida en el brazo. Creo que debería matarte también — dije.

            — No es una mordedura, fue al montar la barricada.

            — ¿Cómo sé que no estás infectado?

            — Por favor, no me mate señorita —el ruso se arrodilló ante mí.

            — No voy a hacerlo.

            Aparté el arma de su cara.

            — ¿Cómo te llamas? —le pregunté.

            — Nikolai, ¿no me recuerdas? Eres la STARS que vino con Carlos al tranvía.

            — ¿También trabajas para Umbrella?

            — Lo hacía antes de que nos dejaran aquí tirados esos puercos.

            — Genial, entonces deberías estar buscando fusibles en lugar de esconderte aquí como un gallina.

            — No podremos salir de la ciudad en el teleférico—tranvía — propuso, histérico.

            — No si te encierras aquí y no ayudas —le acusé.

            — No quiero morir —dijo, tembloroso.

 

            Le dejé ahí mientras examinaba el lugar. Había multitud de cosas útiles para una oficina, pero nada de lo que yo buscara. Entonces encontré un mapa de la zona y vi que había una central eléctrica cerca. Volví a ver a Nikolai y justo en ese momento entraron decenas de zombis por la puerta que yo había destrozado a balazos.

            Nikolai se defendió como pudo y derribó a tres de ellos. El resto se le echó encima y le mordió. Consiguió zafarse de sus atacantes y entre jadeos huyó corriendo y se perdió en la ciudad. Tuve suerte de que la mayoría de zombis le siguieron  y no me vieron, de modo que sólo quedaron tres, que pude rematar con un balazo a la cabeza cada uno.

            Ahora que sé dónde podría haber fusibles de sobra creo que podemos arreglar el tranvía. Espero tener suerte.

 

 

 

Comentarios: 3
  • #3

    kuku (viernes, 20 julio 2012 23:25)

    un desastree!! nikolai es un antagonista!! nunca ayuda en nada!!

  • #2

    naruto7 (viernes, 20 julio 2012 23:05)

    gracias por la historia espero por la continuación

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 20 julio 2012 09:06)

    Siempre me anima saber que os está gustando la historia. Por favor comentar.

Relatos olvidados

El mundo está lleno de misterios y secretos. Algunos tan grandes que necesitan ser silenciados (o puestos en duda a la luz pública) con el fin de no causar alarma social. ¿Podemos asegurar aquello que observamos? Incluso lo que nos cuentan lo dudamos. En definitiva, sólo creemos en algo si lo confirmamos con nuestros propios sentidos… Y a veces incluso dudamos de nosotros mismos. 

¿Cuántas cosas son reales de las que nos cuentan los periódicos? ¿Qué nos ocultan? La "verdad" es demasiado dura para que la sociedad la acepte. 

Ocurren sucesos dramáticos, impactantes, difíciles de creer y ya es hora de que alguien se atreva a contarlos.

 

Antonio J. Fernández Del Campo, ingeniero técnico de informática, ha practicado la escritura, como su verdadera vocación, desde los quince años. Su vida profesional nunca ha impedido que en sus ratos libres dejara volar su imaginación escribiendo por diversión sin intención de publicar.
Cuando inauguró su página:

http://tonyjfc.jimdo.com

en 2008 lo hizo con idea de exponer sus obras al público de forma gratuita y así perfeccionar su técnica como escritor con ayuda de los comentarios de sus seguidores. 
Debido a que fue escrito por diversión, el estilo de escritura directo y sencillo de Antonio pretende conseguir atrapar al lector desde el primer hasta el último párrafo de cada capítulo logrando que incluso aquellos a los que no les gusta leer se enfrasquen en su lectura.

 

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