Diario de Jill Valentine

Dia 10 -2

            Me deslicé por las escaleras de la trampilla que se había abierto y llegué a una sala que tenía un artefacto de lo más extraño. Era como un cañón lleno de cables y parecía capaz de disparar a grandes distancias, pero la compuerta por la que debería hacerlo estaba cerrada y habían colocado una especie de columnas de hormigón donde pude ver restos calcinados de armas biológicas de aspecto muy peligroso. Al principio temí que se levantaran pero al tocarlos se deshacían convertidos en polvo. Me pregunté qué potencia debía tener esa arma para destruir un Tyrant de esa manera.

            Había una puerta que daba a la pista de aterrizaje, pero como no, estaba bloqueada. La golpeé con fuerza, sin duda Nikolai puso algo detrás cuando salió. Por eso dijo que no había escapatoria…, maldito perro de Umbrella.

            Me di la vuelta y comprendí que lo único que tenía que hacer era montar ese cañón y apuntar a la puerta. El problema era que también había pensado en ello Nikolai y destrozó el generador que alimentaba el arma con una metralleta. Aún salía humo de allí.

            Entonces me acerqué al panel de control y la encendí, por si acaso aún funcionaba.

            "Fallo en el sistema de alimentación" —recitó una voz metálica femenina—. "Energías auxiliares requeridas".

            Solté un puñetazo en el panel y me hice daño con unas extrañas luces rojas que se acababan de encender. Eran como vasos de cristal y tenían una numeración que iba del uno al tres.

            — ¿Energías auxiliares?

            No me costó mucho ver una enorme batería situada junto al panel de mandos y en ella figuraba el número 3. No sabía cómo conectarla, traté de moverla, parecía que podía meterse dentro del panel de mandos porque tenía un carril metálico. Pero el maldito trasto no se movió ni un milímetro cuando empujé con todas mis fuerzas.

            Entonces un golpe fortísimo me asustó desde el techo. Se rompió la rejilla metálica del circuito de ventilación y una cosa reptante, como llena de ojos enormes se deslizó por el tubo cayendo en medio de la sala.

            — STARS —consiguió decir, dejándome completamente alucinada. El Némesis aún vivía.

            Le disparé a esos ojos pero según los destrozaba con las pocas balas que me quedaban aparecían de nuevo. Era como disparar al agua... Entonces comprendí que si quería salir viva todo pasaba por arreglar ese maldito cañón. Empujé frenéticamente el alimentador número 3 pero éste no se movía. Entonces me fijé que el panel de mandos lo explicaba claramente: "Debe activar los alimentadores en el orden correcto".

            — Joder, tiene que haber dos más por aquí.

            Justo en ese momento un tentáculo me empujó y caí de bruces a los pies de la bestia viscosa. Se abrió una boca llena de colmillos y trató de engullirme pero le metí un disparo de escopeta, el último que me quedaba y el monstruo retrocedió lo justo para que pudiera esquivarlo. Por suerte esta vez el Némesis era lento y pude revisar la sala hasta que encontré dos cajas similares en torno al cañón. Una tenía el número uno y traté de moverla. Al fin tuve una alegría cuando la batería rodó cómodamente por su carril y quedó encajada en su lugar.

            "Dos fuentes de alimentación restantes, necesarias para funcionamiento del arma" —recitó el sistema.

            — ¡Sí! —exclamé.

            La babosa gigante me alcanzó y por los pelos pude esquivarla. Así llegué al generador número 2 y lo activé con la misma facilidad. Y finalmente el tres, que temía que siguiera atascado. No fue así, había que conectarlos por orden y al activar el segundo se desbloqueó y pude meterlo en su hueco sin dificultades.

            "Arma activada. Baterías agotadas. Ejecuciones disponibles : 1"

            — ¿Una?

            Ahora tocaba lo más difícil, tenía que moverla y disparar a la puerta  sin dejar con vida a esa cosa enorme que se empeñaba en fagocitarme.

            Con unos mandos coloqué el cañón en la posición necesaria de destruir la puerta y me vi tentada de pulsar el botón rojo para romperla y salir de allí de una vez. Pero si lo hacía ese monstruo también podría escapar y dado que el fuego no le mataba, sería fácil para él sobrevivir a la operación Bacillus Terminate. Se me ocurrió que debía hacer de cebo, atraer al monstruo hacia la puerta y luego disparar el cañón. ¿Pero cómo? Necesitaba a Carlos... Lamentablemente estaba ocupado en ese momento.

            Así que cogí un libro que había por allí y lo sostuve con dos tablas sueltas que encontré haciendo una especie de torre de naipes, con el libro encima del botón. El monstruo ya estaba a mi lado cuando le volví a esquivar y corrí derecha a la puerta, cogí mi pistola y apunté a las tablas. Esperaba que al derribarlas el libro presionara el botón y lograría disparar el arma a distancia... Pero ¿Y si me alcanzaba? Tenía que esquivar al monstruo, provocar que me embistiera contra la puerta y en el último momento evitar su embestida y disparar antes de que se moviera. Era un plan... Una locura, pero no había otro modo. Y tener un objetivo difícil siempre ha sacado a relucir todo mi coraje, es mejor que carecer de esperanza alguna.

            El monstruo, tan predecible como siempre, vino hacia mí y embistió tratando de cortarme todas las salidas haciéndose muy ancho. Pero justo cuando se levantaba sobre mí disparé en uno de sus ojos y eso le hizo retroceder un instante. Lo justo para saltar como una leona fuera de la trayectoria del arma y en cuanto recuperé el equilibrio disparé a las tablas. Bam, bam...

            El libro cayó ladeado pero el canto golpeó el botón rojo y se comenzó a formar una sobrecarga eléctrica alrededor del cañón, que se fue intensificando hasta que me quedé sorda. No hubo explosión, simplemente fue un zoom que neutralizó todo sonido. Vi cómo salía de su punta una línea blanca tan deslumbradora que casi me deja ciega. Atravesó al Némesis, lo dejó seco al instante y luego destrozó la puerta haciendo un boquete redondo y grande como una boca de alcantarilla. Los bordes chorrearon metal fundido y un segundo después el destello se apagó.

            Suspiré sabiendo que al fin me había desecho del monstruo pero la cuenta atrás continuaba. Quedaban diez minutos.

            Salí para asegurar el camino a la pista de aterrizaje y vi que ya no había nada que nos impidiera escapar. Pero seguíamos sin medio de transporte.

            Regresé a la sala de control y en el camino me interceptó Carlos.

            — ¡Estamos salvados! —Gritaba—. He localizado un helicóptero civil, llegará en cualquier momento.

            — ¿Estará a tiempo?

            — Claro, debe haber aterrizado ahora mismo —me explicó pletórico.

            Emocionados fuimos corriendo para allá y, como él decía, ya estaba posándose en el centro del helipuerto. Nos subimos y le dijimos que se diera prisa en despegar. Solo iba un piloto, nada más.

            — Gracias, Barry —dijo Carlos, dejándose caer en el asiento de atrás del aparato, junto a mi.

            — Creí que no encontraría más supervivientes —se alegró el piloto—. Me alegro de haber insistido, puede que encontremos a alguien más...

            Barry, recordé a mi viejo compañero que había muerto antes de que la infección se extendiera. Ese hombre se le parecía pero obviamente no era él.

            — No Barry —le interrumpí—. No hay tiempo, van a destruir la ciudad con una bomba atómica, debes alejarnos de Raccoon lo máximo posible.

            — Pero...

            — Hazlo, tenemos que marcharnos lejos —ordenó Carlos—. Te lo contaremos todo por el camino.

            Y mientras le relataba lo que habíamos visto decidí escribir este final para lo que considero los días más terribles de mi vida. Han superado con creces el día que me quedé atrapada en la mansión Spencer, el lugar donde Barry murió, aunque creo que todo forma parte de la misma pesadilla.

            No sé qué hacer ahora, he perdido mi casa, mis amigos, mi trabajo... Mi ciudad... Solo tengo este diario y unas ganas inmensas de luchar contra esa demoníaca compañía que valora tan poco la vida humana. Sí, creo que dedicaré todos mis esfuerzos en hundir a Umbrella.

            Ya han cometido demasiados atropellos.

Comentarios: 3
  • #3

    carlos (viernes, 02 noviembre 2012 04:13)

    ya los relatos son cada vez mas y mas... monótonos...

  • #2

    Denis (sábado, 27 octubre 2012 00:59)

    Quedo muy buena! existe alguna otra historia acerca de resident evil?

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 24 octubre 2012 18:17)

    Si te ha gustado no olvides comentar y recomendarsela a tus amigos.

Relatos olvidados

El mundo está lleno de misterios y secretos. Algunos tan grandes que necesitan ser silenciados (o puestos en duda a la luz pública) con el fin de no causar alarma social. ¿Podemos asegurar aquello que observamos? Incluso lo que nos cuentan lo dudamos. En definitiva, sólo creemos en algo si lo confirmamos con nuestros propios sentidos… Y a veces incluso dudamos de nosotros mismos. 

¿Cuántas cosas son reales de las que nos cuentan los periódicos? ¿Qué nos ocultan? La "verdad" es demasiado dura para que la sociedad la acepte. 

Ocurren sucesos dramáticos, impactantes, difíciles de creer y ya es hora de que alguien se atreva a contarlos.

 

Antonio J. Fernández Del Campo, ingeniero técnico de informática, ha practicado la escritura, como su verdadera vocación, desde los quince años. Su vida profesional nunca ha impedido que en sus ratos libres dejara volar su imaginación escribiendo por diversión sin intención de publicar.
Cuando inauguró su página:

http://tonyjfc.jimdo.com

en 2008 lo hizo con idea de exponer sus obras al público de forma gratuita y así perfeccionar su técnica como escritor con ayuda de los comentarios de sus seguidores. 
Debido a que fue escrito por diversión, el estilo de escritura directo y sencillo de Antonio pretende conseguir atrapar al lector desde el primer hasta el último párrafo de cada capítulo logrando que incluso aquellos a los que no les gusta leer se enfrasquen en su lectura.

 

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