El investigador que interrogaba a las paredes

16ª parte

 

                Estar compartiendo lecho con Ángela le provocaba la sensación de estar en un avión, sin paracaídas  pendiente de que alguien le empujara. Por salvar su vida no ponía objeciones a sus fantasías sexuales,  pero no podía negar que disfrutaba. Aunque cada polvo su placer disminuía porque, por naturaleza, se pierde interés en el sexo si se abusa demasiado de él.  Después de cinco coitos la noche anterior, se quedó dormido y esa tarde sólo aguantó dos.

                — Me he acostado con otros que se mantenían erectos horas después de correrse —protestó ella.

                Antonio no preguntó con cuántos se habría acostado, pero le sentó fatal entrar en una comparación así y quedar tan mal. Imaginaba que esos días no vería a "otros”, pero era una viciosa incorregible y nunca estaba satisfecha así que no podía descartarlo.

                — ¿Al menos has tenido tiempo de pensar en nuestro siguiente movimiento? —Protestó ella.

                — Sí —recordó el plan que trazó la noche anterior—. Si Yuvén no trata de suicidarse sólo nos queda una pista.

                — Creí que no había más —desconfió Ángela.

                — No la había, pero Fausta me dijo algo antes de morir.

                — Qué calladito te lo tenías.

                — Comprenderás que no podía fiarme, pero dadas las circunstancias hay que llegar al fondo de todo.

                — ¿Qué te dijo?

                — Dijo: «Llama a Rodrigo». Luego señaló su bolso, se lo acerqué y me dio su agenda.

                Se levantó de la cama y cogió su pantalón del suelo. Sacó el librito y se lo mostró.

                — No sé si era una trampa por venganza. Esa mujer me detestaba.

                Ángela le miró intensamente como si buscara dentro de su cabeza que no le hubiera contado.

                — ¿Por qué me miras así?

                Se encogió de hombros, sonriente.

                — Sabía lo de esa agenda, te la encontré ayer. Creía que me la ocultarías y te puse a prueba.

                Sonrió aún más. Su expresión era de alegría.

                — Verás, me empiezas a gustar y hubiera lamentado que me ocultaras algo así porque habría tenido que devolverte a las garras de la justicia.

                — No te lo ocultaba, debía decidir si contártelo y usar la información o tirar la agenda.

                — Debes saber algo —suspiró—. La bruja, Fausta...

                El teléfono sonó en la mesilla de noche.

                Ángela miró el aparato de cristal blanco con fastidio.

                — Espera, algo ha debido pasar.

                Lo cogió y respondió.

                — Ángela, ese imbécil ha intentado matarme delante de toda la comisaría. Le he metido al calabozo pero se ha montado un buen alboroto. Incluso han llamado a la prensa.

                — ¿Qué? —Miró a Antonio con impaciencia.

                — ¿No me has oído o quieres que te lo repita?

                — No, te he escuchado—suspiró.

                — No le pude dar las cenizas. Enloqueció cuando se las entregué. Sigo viva de milagro porque la pistola que robó estaba descargada.

                — Tu trabajo está muy bien pagado por los riesgos que corres, ¿no? Afortunadamente no hay que lamentar desgracias.

                — Quiero dejarlo.

                Ángela se quedó confundida.

                — ¿El qué?

                — Todo. Devuélveme a la cárcel,  mátame, moriré con la conciencia más tranquila.

                — Estás nerviosa, no sabes lo que dices, pero es normal, has visto a la muerte muy cerca. No he oído nada, de acuerdo, no flaquees. No puedo fiarme de nadie tanto como de ti, eres mi mano derecha... Lamento haberme enfadado antes, no te hablé muy bien y merezco que te enfades, hiciste tu trabajo lo mejor que...

                — No quiero volver a verte. Nunca volveré a ayudarte, estoy harta.

                Dicho eso le cortó la llamada y Ángela dejó caer el teléfono al suelo, que rebotó como un vulgar trozo de plástico en la moqueta.

                Se sentó en su lado de la cama y se llevó las manos a la frente.

                — ¿Ocurre algo?

                Ella le miró y se dio cuenta de que estaba llorando. Se levantó de la cama y caminó por el cuarto desnuda. Aunque había poca luz pudo ver cada curva con total claridad. Se puso una bata de seda y encendió la lámpara del techo. Fue a la cómoda que había a la derecha de la cama y sacó un maletín marrón con un asa forrada de cuero.

                — Escucha —rompió el silencio ella—, tengo aquí un papel que te otorga la libertad plena. Con este documento, si vas a un juez, te retirarán todos los cargos, se te ingresará una indemnización y te podrás ir a tu casa hoy mismo.

                Abrió el maletín y se lo mostró. Era un documento oficial del tribunal supremo con las firmas de varios jueces.

                Él quiso cogerlo pero Ángela lo alejó.

                — Es tuyo, si me pasa algo ya sabes dónde está.

                — No lo entiendo.

                — ¿Qué no entiendes?

                — ¿Por qué me lo enseñas? Tanto te fías de mí.

                Ángela negó con la cabeza y sonrió. Seguía llorando silenciosamente.

                — No se trata de eso. Yo quiero que confíes en mí.

                Tras unos segundos de reflexión le acercó el papel.

                — Tienes razón, aquí tienes, eres libre.

                Antonio lo cogió con desconfianza.

                — ¿Dónde está el truco?

                — No lo hay.

                — Aún no hemos encontrado a Génesis.

                — Yo confío en ti. Me ayudarás sin necesidad de estar coaccionado, ¿verdad?

                — ¿Presento esto ante un juez y ya está?

                — Así de fácil.

                — Es otra prueba, ¿verdad? Me matarás si lo cojo y me voy.

                — No.

                — Quieres algo a cambio.

                Ángela sonrió.

                — Supongo que es lógico que lo pienses.

                — ¿Y por qué lloras?

                — He deseado toda la vida estar en lo más alto y ahora siento que estoy completamente sola. Si tú no quieres acompañarme no te quiero aquí. Ya he perdido a mi única amiga...

                — Me cuesta creer un cambio así. ¿Qué te ha dicho Lara?

                — Que no volverá a estar a mis órdenes.

                Antonio comprendió su preocupación. Su mano derecha había decidido cortarse a sí misma... Era tan raro como si Héctor o Aquiles se quisieran ir.

                — ¿Y la vas a matar?

                — ¿Lo ves? Lo mismo pensaba ella.

                Antonio dudó qué hacer. Dobló el documento y salió de la cama. Se vistió, recogió su móvil y llaves. La agenda de Fausta la dejó sobre la cama y volvió a mirar a Ángela.

                Ni siquiera le miraba.

                Era libre, al fin...

                Cogió el teléfono, nervioso, sin perder de vista a la mujer que tenía delante y buscó el número de su mujer. Lo pensó mejor y abrió la cámara de fotos.

                Se preguntó si quería que la hiciera una foto pero se dio cuenta de que le gustaba, sino por qué querría hacérsela. Deseaba recordarla así... ¿Pero qué estaba diciendo? Quería olvidarla... O al menos aclarar sus ideas.

                Finalmente disparó y sacó la foto de espaldas.

                Suspiró, se guardó el móvil en el bolsillo y salió del ático. Fuera se encontró a los gorilas de Ángela y se opusieron a su marcha con sus cuerpos y sin abrir la boca.

                — Me ha dicho que me puedo ir.

                — Señora, ¿eso es cierto?

                — No —respondió ella, seca, a su espalda.

                Antonio se quedó blanco.

                — Va a gestionar unos papeles y ahora vuelve. ¿Verdad?

                Se asomó mirándole con algo de miedo dibujado en la cara.

                — Sí, claro.

                El corazón de Antonio volvió a latir. Ya se pensaba que se la había jugado pero... ¿Qué haría si no volvía?

 

 

 

 

                Cuatro horas más tarde, era oficialmente libre. Después de interminables y aburridos trámites jurídicos, se le retiraron todos los cargos sin que nadie hiciera una sola pregunta.

                La sensación de libertad fue decepcionante ya que siempre lo había deseado y ahora que la tenía solo notaba cierto alivio.

                Era un hombre de palabra pero no quería volver a la casa de Ángela. Si le quisiera para buscar fantasmas era otra cosa, pero el fantasma era Génesis y ya sabía lo que pretendía hacer cuando la viera.

                Miró el teléfono y supo que sabría dónde estaba en todo momento. No le importaba, tenía la libertad y podía regresar a casa, pero si no regresaba con Dark... ¿De qué serviría si le mataba? No sabía si su mente le engañaba con ese falso temor (porque se moría por verla de nuevo) o era real.

                Cuando cruzaba la calle para entrar en la boca de metro un coche resbaló sobre sus neumáticos y logró frenar a un centímetro de su pierna. Se llevó tal susto que se quedó paralizado. Detrás de la luna vio a una mujer de unos sesenta años y se disculpaba con evidente vergüenza. Con las piernas temblorosas se quitó de su camino y pisó sobre la acera. Suspiró tratando de calmar su agitado corazón. Miró el mercedes rojo que conducía la señora que casi le mata y sus ojos se posaron en la matrícula: 1515 LOU.

                — Joder, si muero de esa forma tan estúpida... Ahora que soy libre.

                «¿Es que ya no ves las señales?»

                La voz inconfundible de Génesis que se abrió paso en su mente aprovechando el desconcierto.

                — ¿Has sido tú?

                «Estás demasiado ciego con tus preocupaciones. Me has obligado.»

                — ¿Por qué no has venido antes?

                «No era yo la que no te hablaba, tú no escuchabas.»

                — Sí lo hacía —protestó en voz baja.

                «No querías escuchar lo que tenía que decirte. Debes...

                Su mente le envió mensajes confusos. Apareció la imagen de Ángela manejada como una marioneta por un grupo de hombres poderosos, su mujer encerrada y llorando con sangre entre las piernas, y Verónica gritándole desde el más allá... Pero no escuchó ni una palabra.

                — ¿Puedes repetir? —Pidió.

                «Tu enemiga no es Ángela. Tu hijo no llegará a nacer si no confiáis el uno en el otro. Eso si no pones remedio de inmediato, pronto no quedará nadie, estaréis todos muertos.»

                — ¿Todos? Espera, se supone que Ángela es la peor de las malas, ¿cómo voy a confiar en ella?.

                Otra vez se distrajo con pensamientos triviales. Se regañó a sí mismo porque se puso a pensar en un anuncio del metro.

                «Debes regresar, contacta antes con Verónica, haz lo que sea necesario para que te ayude, no se encontrará tanta resistencia en tu mente, es fundamental que se implique. No podré hablar contigo más, es agotador conectar porque no quieres que me pase nada y temes que escuchándome estés traicionándome. Debes encontrarme. »

                — «Por qué?

                «Quiero que me encuentres. Ya lo entenderás.»

                — ¿Dónde estás?

                «Te lo he dicho antes pero no lo has entendido, tu mente está asustada y no quieres saberlo. Llegado el momento lo sabrás. Buena suerte.»

                — No te vayas —suplicó—. ¿Qué tengo que hacer?

                Habló en voz alta al decir eso y una mujer que estaba a su lado esperando el metro se alejó de él mirándole con miedo.

                De repente se dio cuenta de que estaba esperando el metro. ¿Por qué si no cogía uno desde hacía más de diez años? 

                — Ella ha debido manipular mis decisiones —recapacitó.

                Encajaba, si no llega a decidir eso el Mercedes no habría estado a punto de atropellarlo, no hubiera podido leer la matrícula y nunca podría haber escuchado el mensaje de Génesis. Ese número de placa debía recordarlo. Lo anotó en su móvil y se rascó la cabeza...1515 Lou de Lourdes. Allí la encontró la primera vez. Se dio cuenta de que ese número era su nombre escrito con caracteres numéricos. Ella estaría en Lourdes, lo que no sabía era el día que podría encontrarla.

 

 

Comentarios: 10
  • #10

    Tony (miércoles, 23 julio 2014 20:49)

    A ver si tengo tiempo esta tarde. He tenido el niño malo y casi ni he dormido estos dias. Perdonar la tardanza.

  • #9

    Yenny (miércoles, 23 julio 2014 19:02)

    Ya pasó una semana, la continuación

  • #8

    Lula (viernes, 18 julio 2014 05:30)

    Continuación

  • #7

    Tony (miércoles, 16 julio 2014 15:42)

    Gracias por vuestros comentarios, no puedo decir que les pueda hacer mucho caso pero me dan una idea de lo predecible que está siendo el relato (que por lo visto no demasiado). No hay nada que mate más una historia que a mitad del libro ya pienses "ya sé cómo va a acabar." Aquí estoy tratando de evitar que penséis eso y de hecho cuando creo que "se sabe", pego un salto temporal y me voy directo al "después de que ocurriera". Así no hay paja por el medio, que es aburrida de leer y de escribir.



  • #6

    Alfonso (miércoles, 16 julio 2014 05:41)

    Ya me imaginaba que Ángela era de esas personas que aparentan ser fuertes por fuera pero que subconscientemente se sienten débiles e indeseables. Yo espero que Antonio regrese con su mujer, que contacte a Verónica y que Yuvén se pudra en la cárcel. En realidad, me basta con que desaparezca de la historia o deje de ser tan exasperante.
    Por cierto, aunque no he terminado de leer todas las historias de esta web, pienso que ésta es de las historias más interesantes.

  • #5

    Ariel (martes, 15 julio 2014 22:48)

    No me sorprende Angela, me sorprendió Lara, ahora quiere abandonar ? Antonio vive el sueňo del pibe, pero olvido la culpa por traicionar a su mujer ? no me parece que Aquiles o Héctor sean los villanos, Alastor debe controlar a Angela

  • #4

    Chemo (martes, 15 julio 2014 18:48)

    ¡Pobre Ángela! Rodeada de eunucos y tener que soportar las fallas sexuales de Antonio. Debería aprender del maestro; Ángela necesita un buen polvo que al parecer solamente yo puedo dar. Jeje

    Espero la continuación...

    PD: Quiero que regrese Calipso.

  • #3

    Yenny (martes, 15 julio 2014 16:41)

    Me impactó un poco la actitud de Ángela llegué a pensar que no tenía sentimientos me gusta que la hagas ver más humana creo que ella sólo en utilizada por alguien superior, espero que Antonio regrese con ella y trate de ayudarla.
    Me gusta la idea de Jaime que vayan todos juntos a buscar a Rodrigo aunque mejor sin Yúven me desespera pienso que podrás hacer madurar un poco a este personaje.
    Ahora a esperar una semana mas para la continuación.
    Cuídate Tony suerte en todo.

  • #2

    Jaime (martes, 15 julio 2014 06:13)

    La historia se está volviendo emocionante. Pienso que 1515 es un fecha: uno de mayo de 2015. ¿O serán meros números aleatorios? La actitud de Ángela fue desconcertante. Mi predicción para la siguiente parte es que Antonio volverá con Ángela, quien intentará reconciliar a Ángela con Lara, y junto con Yuvén irán en busca de Rodrigo. Todo con un poco de ayuda de Verónica. Los Homerianos (Aquiles y Héctor) probablemente sean los malos de la historia, a saber.
    Supongo que la dirección del tren del metro frente al cual se encontraba Antonio también tiene algo que ver. Quizá Génesis quiere que Antonio tome ese metro. ¿Qué opinais?

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 15 julio 2014 00:16)

    Ahora te toca a ti comentar. Recuerda que puedes influir en el curso de los acontecimientos positiva o negativamente.

Relatos olvidados

El mundo está lleno de misterios y secretos. Algunos tan grandes que necesitan ser silenciados (o puestos en duda a la luz pública) con el fin de no causar alarma social. ¿Podemos asegurar aquello que observamos? Incluso lo que nos cuentan lo dudamos. En definitiva, sólo creemos en algo si lo confirmamos con nuestros propios sentidos… Y a veces incluso dudamos de nosotros mismos. 

¿Cuántas cosas son reales de las que nos cuentan los periódicos? ¿Qué nos ocultan? La "verdad" es demasiado dura para que la sociedad la acepte. 

Ocurren sucesos dramáticos, impactantes, difíciles de creer y ya es hora de que alguien se atreva a contarlos.

 

Antonio J. Fernández Del Campo, ingeniero técnico de informática, ha practicado la escritura, como su verdadera vocación, desde los quince años. Su vida profesional nunca ha impedido que en sus ratos libres dejara volar su imaginación escribiendo por diversión sin intención de publicar.
Cuando inauguró su página:

http://tonyjfc.jimdo.com

en 2008 lo hizo con idea de exponer sus obras al público de forma gratuita y así perfeccionar su técnica como escritor con ayuda de los comentarios de sus seguidores. 
Debido a que fue escrito por diversión, el estilo de escritura directo y sencillo de Antonio pretende conseguir atrapar al lector desde el primer hasta el último párrafo de cada capítulo logrando que incluso aquellos a los que no les gusta leer se enfrasquen en su lectura.

 

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