Los últimos vigilantes

14ª parte

             Ángela abrió los ojos y se dio cuenta de que la habían amordazado. Al mirar a su alrededor vio al comandante Montenegro, a James Black, un médico al que no reconocía y al parapsicólogo Antonio. Más alejados estaban Abby, John y varios soldados armados más. Todos ellos la miraban como a un peligroso enemigo.

            —¿Usted cree que es un milagro doctor White?

            —Sin duda lo es. Nadie sobrevive a un balazo en la cabeza de ese calibre.

            Intentó tocarse la frente, pero no pudo mover las manos, estaban sujetas a una camilla de acero.

            —Asombroso —sonrió James Black—. Ha robado el poder de los trajes. Ahora ella es un traje viviente.

            —¿En qué más nos habrá mentido? —Preguntó Montenegro, rascándose la calva y mirándola con recelo.

            —Apuesto una caja de puros a que no ha matado a Antonio Jurado —apuntó John Masters.

            Ángela le miró con odio. Ese entrometido americano estaba obsesionado con él.

            —Esto es grave, capitana —le dijo directamente el comandante—. Díganos qué fue lo que le hizo. Apúntelo en esta pizarra, no pienso dejarla hablar.

            Ángela hizo intento de mover la mano derecha pero no pudo por la correa que la sujetaba.

            —Doctor, suelte su mano.

            Así lo hizo, le soltó las dos manos. Ahora estaba enganchada a la cama por una correa del cuello, por la cintura y los pies. Cogió la pizarra y escribió:

            "LE ASUGURO QUE ESTÁ MUERTO".

            —¿Usted qué cree? —Montenegro se dirigió al parapsicólogo.

            —Seguramente sí. Parece jactarse de decir la verdad. Pero esconde algo, tengo claros signos de desestabilización espacio temporal. Algo va mal y como no pongamos remedio podríamos desaparecer en un chasquido de dedos.

            —No me lo cuente a mí, dígaselo a ella que no parece estar al tanto.

            —Fausta lo confirma, señor. La adivina nos da de plazo dos días para resolverlo, y me lo dijo ayer lo que nos deja solo hoy. "No hay que dejar morir a Jurado o el mundo entero, la humanidad, desaparecerán como si nunca hubieran existido." Fueron sus palabras exactas.

            —¿Y bien, Dark? —La miró el comandante con intensidad.

            "ES IMPOSIBLE QUE PUEDA DESTRUIRNOS. DONDE LE HE ENVIADO, Y SIN PODERES, SENCILLAMENTE ESTARÁ CONTANDO LAS HORAS QUE LE QUEDAN DE VIDA"

            —Entonces no ha muerto —insistió el comandante.

            "LE ENVIÉ AL PASADO, A HACE 65 MILLONES DE AÑOS. ¿QUÉ PODRÍA HACER?" —escribió.

            Montenegro se cubrió el rostro.

            —Tendremos que ir a buscarlo antes de que cambie algo. Joder, ¡No le dije que no pueden enviarse personas al pasado! Y mucho menos a un tiempo donde ni siquiera existimos los humanos, cualquier mariposa muerta puede llevar a la extinción del animal que originó nuestra especie.

            —¿Tenemos energía suficiente para enviar un halcón a esa época? —Preguntó a James Black.

            —Nunca hemos viajado más de cien años —respondió Montenegro—. Necesitamos que ella colabore o viajamos a ciegas. Tesla no recomendaba viajes más largos por miedo a la zona oscura. Su constante de variación no era lo suficientemente exacta como para adentrarnos en un túnel temporal tan largo.

            Ángela frunció el ceño. Eso significaba que hubiera dejado vivir a la otra Ángela y hubieran viajado con el halcón al pasado, probablemente habrían muerto.

            —No me parece buena idea, señor. Es increíble que ella pudiera enviarles al pasado sin máquina —indicó Abby—. No hay que tomar a broma sus poderes.

            —Y además es inmortal —añadió John.

            —Tenéis razón, no podemos contar con ella —aceptó Montenegro—. Si la dejamos hablar podría matarnos con una sola palabra.

            Ángela hizo gestos con las manos para que la dejaran escribir una vez más. Montenegro le cedió la pizarra y el rotulador.

            "NO SOY TONTA, TAMBIÉN SERÉ ELIMINADA SI DENTRO DE DOS DÍAS NO TRAEMOS DE VUELTA A ANTONIO. COLABORÉ."

            —Lo siento, no podemos arriesgarnos.

            Ángela volvió a escribir.

            "SEÑOR, HE TENIDO EN MIS MANOS ANIQUILAR AL EICFD Y NO LO HE HECHO. PARA MÍ ES UN HONOR TRABAJAR CON VOSOTROS Y HACER ALGO POR EL BIEN DE LA HUMANIDAD."

            Montenegro suspiró negando con la cabeza. Abby y John también negaron.

            —Tiene razón, comandante —intervino James Back—. Ella pudo matarle antes de que descubriéramos su secreto. Al llegar aquí nada le impedía hacer estragos. Ni siquiera se preparó para nuestra emboscada porque debía querer trabajar con nosotros de verdad.

            —¿Le quitaría el bozal a un perro que puede arrancarle la mano de un mordisco? —Pregunto el capitán Masters.

            Ángela volvió a escribir.

            "JUAN, LO QUE MÁS ME DUELE DE TODO ESTO ES QUE NO PUEDA SER TU MEJOR OFICIAL. QUIERO SER MIEMBRO DEL EICFD. DAME UNA OPORTUNIDAD DE DEMOSTRAR MI LEALTAD... OTRA VEZ."

            Los ojos de la chica estaban humedecidos y Montenegro apretó los labios con seriedad.

            —Hemos intentado matarte —replicó—. No puedo confiar en tu buena voluntad. No sé si podemos o no eliminarte pero es una treta para que te soltemos la boca y puedas vengarte. Lo siento, igual que concedo honores a los que demuestran lealtad y sinceridad plenas, también soy muy tajante en cuanto la confianza ha sido traicionada. No puedo creerte.

            Ángela cerró los ojos y surgieron dos lágrimas. Después volvió a escribir.

            "SOIS UNOS INGÉNUOS SI PENSÁIS QUE MI PODER SOLAMENTE FUNCIONA CON MI VOZ. HABÉIS PERDIDO VUESTRA OPORTUNIDAD."

            De un fuerte tirón rompió las correas de las piernas, se soltó la cadera y cuello con solo incorporarse y se quitó la mordaza con evidente asco al sacar el pañuelo de la boca.

            —¡Disparen! —Ordenó el comandante, emprendiendo la huida.

            —Quietos —pronunció Ángela, sonriendo.

            Los allí presentes quedaron paralizados como estatuas y Ángela pasó al lado del comandante con evidente regocijo.

            —Cuánto tiempo he deseado este momento. ¿Os cuesta pestañear? Os arden los ojos. No podéis moverlos y sentís que el polvo se va pegando en ellos. Ahora puedes hablar, Juan.

            Montenegro la miraba aterrado y cuando pudo mover la boca fue para jadear.

            —Déjanos pestañear, te lo ruego —gimió.

            —Quiero que entiendas lo decepcionada que estoy con tu falta de... Comprensión. Hace un rato yo era tu ojito derecho. Luego me disparan... Vaya, si aún tengo la herida —se palpó la frente y notó el agujero de la bala. No había sangre.

            Sin decir una palabra se cubrió el orificio y al descubrirlo su frente estaba sana.

            —¿Qué vas a hacernos? No puedes eliminarnos, somos la última línea de defensa de la Tierra.

            —No. Ahora soy yo. Ustedes son unas marionetas. Me dan asco. No voy a permitir que sigan manipulando la verdad. Si los grises atacan, no quiero que unos marines vayan a combatirles en secreto. Cada gobierno tendrá que luchar contra ellos y todo el mundo sabrá que están ahí, como debía ser desde el principio. Ustedes no son nadie para acallar a la prensa la verdad. Yo creía en su pantomima y por eso quise venir a trabajar con ustedes, lo quería de corazón. Pero ahora soy yo la que nunca podré volver a fiarme de usted, Montenegro. ¡A que jode!

            Ángela miró a John Masters, que a pesar de que no podía ni gesticular ella sentía lo que estaba pensando, apenas pudiera moverse intentaría matarla con sus propias manos.

            —Y tú John, androide con forma de hombre, vas a ser el primero en caer. Muérete.

            Su rostro palideció y se quedó seco como si alguien le hubiera extraído el alma.

            Ángela sonrió complacida y se acercó a Abby Bright.

            —La estirada. ¿Te crees mejor que nadie? Estoy harta de ti, muérete.

            La teniente cayó tiesa y sin un ápice de vida.

            —Por favor, te lo ruego Ángela —siguió hablando Montenegro—.  No sigas, ellos cumplían órdenes.

            —Claro, como tú. Ya me he aburrido de nuestras tertulias, muérete.

            Montenegro comenzó a palidecer y gimió de dolor mientras su piel se estiraba y su rostro se iba momificando.

            —¿Qué voy a hacer con vosotros? —Preguntó al médico, al científico y al parapsicólogo—. Os dejaré para el final. Ahora quiero que se mueran todos los soldados de atrás.

            Murieron de la misma guisa quedando en conjunto con un aspecto tan sobrecogedor como los famosos guerreros chinos de terracota.

            —James Black, tú eres muy parecido a mí. Me has defendido antes y eso me gusta. No tenías por qué hacerlo pero diste tu voto de confianza, por eso tú no morirás aún. Vosotros dos, podéis moriros cuando queráis.

            El parapsicólogo y el médico también fueron momificados al instante.

            —Puedes hablar, James.

            —No tienes nada que temer de mí, Ángela —dijo el científico—. Ni estoy armado ni pienso enfrentarme a alguien tan poderoso.

            —Tienes razón, te libero de tu petrificación.

            Dicho eso le dejó moverse con una media sonrisa de desconfianza.

            —Por lo que a mí respecta, tú eres la jefa. ¿Qué hacemos con Antonio Jurado?

            —¿No te da pena lo que le he hecho a tu gente?

            —¿Estás de broma? Que les aguantara no significa que fueran mis amigos.

            —¿Qué me estás ocultando? —Inquirió con desconfianza.

            —Nada.

            —¿Crees que controlando tus pensamientos puedes ocultarme tus intenciones de destruirme?

            —¿Yo? Son imaginaciones tuyas —Black estaba visiblemente nervioso.

            —Muérete —pronunció con evidente placer en su palabra destructiva.

            Al verlo petrificado negó con la cabeza.

            —Estas cosas son las que me fastidian —susurró—.  Como dijo una vez uno de mis jefes, "la cima es demasiado solitaria. No puedes confiar en nadie."

            Suspiró, estaba cansada. Al parecer sus poderes eran infinitos pero utilizarlos mermaba sus fuerzas físicas. Se preguntó si tenía límite y... si Dios existía, por qué la estaba dejando utilizarlos.

            —Será mejor que traiga de vuela a Antonio, antes de que se cargue todo —pensó...

            Entonces tuvo un recuerdo fugaz. Jurado le dijo algo que ella acababa de cumplir. Le pidió que se asegurara de que el EICFC le dejara en paz justo antes de hacerle entrega del traje.

           

 

Comentarios: 8
  • #8

    Tony (miércoles, 13 febrero 2019 01:05)

    Bienvenido Chemo. Has llegado a la recta final del relato.
    Ya he escrito el final, solo necesito pulirlo, embellecerlo, maquillarlo, darle un masajito y ponerlo aquí.
    Creo que pocos podéis adivinar cómo termina. Es bastante... Sorprendente, incluso para mí, que cuando lo vi escrito me dije "vaya, se me ha terminado la historia."
    Es la magia de escribir, que el escritor es el primer sorprendido por lo que va escribiendo.

  • #7

    Alfonso (jueves, 07 febrero 2019 02:59)

    ¡Vaya! Ya extrañaba los comentarios de Chemo. Y tiene razón: con el poder de Ángela, cualquiera podría tener cualquier cosa. Yo pediría la paz mundial y callarle la boca a Mr. Trump jeje.

  • #6

    Yenny (miércoles, 06 febrero 2019 04:41)

    OMG regresó Chemo, se.te extrañaba no te.pierdas tanto jeje

  • #5

    Chemo (miércoles, 06 febrero 2019 02:00)

    Al ver la imagen de esta parte me imaginé una escena BDSM con Ángela. Supongo que ella lo habrá pedido con el traje -pero la escena fue omitida de esta historia-.
    Por cierto Tony, ¿habrá alguna aparición en escena de tus asiduos lectores en esta historia? Ángela necesita fuertemente alguien que la ponga en su lugar con tanto poder que tiene.

  • #4

    mario (martes, 05 febrero 2019 19:54)

    Gracias tony por seguir esta historia! Estare esperando la continuación con muchas expectativa!! Saludos.

  • #3

    Yenny (martes, 05 febrero 2019 04:24)

    Por lo menos esta parte no tiene ratas; ahora que pasará Ángela destruirá la organización?
    Supongo que Antonio intentará quitar los poderes de Ángela, ojalá aparezca Génesis en esta historia.

  • #2

    Jaime (martes, 05 febrero 2019 02:34)

    Si yo tuviera ese traje pediría hablar con Dios. Ahora me pregunto por qué a Ángela le importaría salvar el mundo teniendo el traje. Creo que tiene que ver con lo último que Antonio Jurado pidió antes de dar el traje a Ángela.

  • #1

    Tony (lunes, 04 febrero 2019 13:52)

    Por favor, no olvidéis comentar.

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