Los últimos vigilantes

19ª parte

            —¿Los has visto? ¿Te han atacado? ¿Te han pedido los trajes? —Se interesó él, con impaciencia.

            —¿Cómo te llamas? —Interrumpió Miguel riéndose y dirigiéndose a Ángela.

            —Lo primero que tienes que hacer es acordarte de lo que te dicen, hijo. No puedes preguntar y que ya no te importe lo que digan —reprendió su padre.

            —Papá malo —Miguel le dio un sonoro tortazo en la pierna y se marchó saltando y riéndose.

            —No se dice eso y no se pega —añadió su madre.

            —Creo que no soportaría otra interrupción —protestó Ángela.

            Agarró a Antonio por el brazo y desaparecieron.

            —¿Papá? —Reclamó Charly al acercarse y no verlo—. Mamá, dónde está.

            —Se ha ido, no te preocupes no creo que tarde en volver —respondió Brigitte—. «Al menos eso espero».

            Aparecieron en la entrada del palacio de Ángela, seguros de cualquier visita inesperada por la protección que ella misma había creado.

            —Escúchame, no saben de dónde he salido y mi poder procede de ellos. Quieren quitármelo y... desconozco si pueden hacer lo mismo que yo. Me salieron con que querían ser mis servidores, pero era una trampa. Me han rodeado y creo que aquí estoy segura. ¡Dime lo que sepas de esos seres!

            Antonio se quedó paralizado ante tanta información y al saber que era su turno hablar se puso blanco.

            —¡Dime quiénes son!

            —¿Tu no lo sabes? Creí que lo sabías todo por ser Dios, y no lo digo por fastidiar.

            —¡Yo no soy! Solo sigo siendo... Lo que he sido siempre, una ladrona. Este poder no es mío, ni siquiera sé de dónde sale. Esos pleyadianos podrían apagar un interruptor y se terminaría. Lo hicieron durante un segundo casi me ahogo. ¿Crees que quieren destruirme?

            —Supongo que lo mismo pensarán de ti. Si pudieran cortarte el grifo, ¿no crees que ya lo habrían hecho? Debe ser como la electricidad, Thomas Edison la comercializó y la vendió por el mundo, pero realmente si tocaba un enchufe no se libraba de palmarla.

            Ángela caminaba en círculos sin saber qué hacer.

            —Dime, tú eres escritor. Te informas cuando creas tus novelas. Además, has escrito sobre ellos, ¿qué sabes? Cuéntamelo todo.

            —Bueno, he leído que los llaman "nórdicos" y que son enemigos de los grises. Tienen poderes telepáticos, son altos, guapos, pelo rubio, ojos azules. Tenían a Elías de portavoz y nunca tuve ocasión de verlos.

            —Elías no ha nacido —replicó Ángela—. Y no son como describes. No están hechos de materia, son espíritus y se dejan ver solo por los que quieren que los vean. Además, es muy probable que tomen la apariencia de quién les apetezca cuando se aparecen con alguna intención, influyen en la mente humana y la manipulan, como hacen con todo. Ellos aseguran haber creado la vida y dicen que yo era una forma evolucionada de algo que nunca han podido crear todavía.

            —No te puedo decir mucho más, los pleyadianos hicieron los trajes. Eso les hace tan poderosos como tú.

            —Con la diferencia de que conocen el origen de su magia. Yo no. ¿Qué podría usar contra ellos?

            —Espera, ¿quieres un enfrentamiento?

            —Odian a los grises —le ignoró Ángela—. Quizás con su ayuda...

            —No hablas en serio. Esos monstruos no van a ayudarte gratis, ya viste lo caro que vendieron su vuelo al espacio a Alastor. Le entregó la Tierra a cambio.

            —¿Y qué puedo hacer? Podría viajar en el tiempo y destruirles, pero llevan aquí desde antes que nacieran las estrellas.

            —¡No hay por qué destruir a nadie! —declaró Antonio.

            —¿Ellos piensan lo mismo? Vienen a por mí.

            —No lo creo. Más bien te están intentando convencer de algo. Por lo poco que sé de ellos, son amantes de la naturaleza y de la raza humana. Son puros de corazón. Conviene hacerles caso y no son peligrosos.

            —¿Y si no? ¿Ya no serían tan buenos? —Replicó furiosa.

            —Te lo dije y te lo repito ahora, esto no va a durar. No es el paraíso eterno.

            Ángela recapacitó unos momentos.

            —Solo tienes que pedirlo. Todo será como tú digas. Mantendrás tu poder y nadie...

            —Yo maté a todos los miembros del EICFD. Sin esa fuerza de defensa somos blancos fáciles para los grises. La humanidad estaba condenada cuando me marché.

            —También mataste a la otra Ángela y Amy. No merecían desaparecer así después de todo lo que han hecho por el mundo.

            —No hay sitio para dos —replicó.

            —¿Ni dos trajes? Hasta que te lo di confiaba en que podíamos tratar de tú a tú. Pero me traicionaste. Te perdoné la vida y a cambio nos mandas al pasado, donde estuvimos a punto de morir. ¿No será que te detestas a ti misma en lugar de al mundo? Todo de lo que acusas a la humanidad lo has hecho tú. Aún peor, la puedes salvar con una simple orden tuya y... No te importa.

            —Cállate —ordenó—. Ya has dicho suficiente...

            Antonio suspiró y obedeció.

            —Por lo visto, no se ha cumplido —replicó él tras unos segundos.

            —No pretendía que fuera como los demás deseos. Ya puedo controlar mi poder, consigo cosas sin hablar y lo que pido no tiene por qué cumplirse si no quiero.

            —Vaya, y yo que pensaba que ya no tenías.

            —Estas fijándote mucho de mí últimamente.

            —Y ahora cuál es el plan. ¿Ahora que te he dicho lo que sé me mandarás con mi familia?, ¿O piensas devolverme mis poderes para que podamos enfrentarnos a ellos juntos?

            Ella le miró sonriente.

            —En cuanto te los diera pedirías regresar al viejo mundo como si nada hubiera pasado y eso probablemente me deje a mí sin poder y quizás desmemoriada. Sabes que no podemos hacer gran cosa contra los creadores de los trajes. Lo que tengo que pensar es cómo volver a ganarme su confianza.

            —Solo puede ayudarte una persona en eso no existe todavía, Elías.

            —Pero él tuvo que ganárselos alguna vez. ¿No supero una prueba? Tú eres el listo, te has leído la biblia de arriba a abajo, ¿qué fue lo que hizo?

            —Tengo entendido que se enfrentó a un ángel de Dios cuerpo a cuerpo... No, no, ese fue Jacob. Elías fue llevado al cielo por un carro de fuego, y antes fue perseguido por ser profeta, se refugió en una cueva y luego el rey le descubrió orando en lo alto de la montaña. Le hizo apresar mandando cincuenta soldados a por él y Elías los quemó a todos con el fuego de Dios. Luego perdonó la vida a otros que mandaron después porque el capitán se arrodilló ante él temiendo sufrir la misma suerte y fue a ver al rey voluntariamente, que según le vio le dijo que si no creía en Dios moriría y zas, cayó fulminado.  Elías podía resucitar, separar las aguas del rio como Moisés. Dicen los judíos que no había profeta mayor que él. Hasta Eliseo, su discípulo, en posesión de su manto, obraba los mismos milagros que su maestro. Lo de Elías no se puede decir que fuera un gesto. Ese hombre dedicó su vida entera al servicio de Dios.

            —Ya veo —Ángela paseó de un lado a otro pensativa—. Mejor dejamos aparcada esa idea, mi ejemplo no es precisamente algo de lo que pueda presumir. Pero a ver si me he enterado, la biblia dice que se fue con Dios. No con los ángeles.

            —Creo que menciona que un carro de fuego, con caballos envueltos en llamas, lo llevó en un torbellino al cielo. Además, en el nuevo testamento aparece hablando con Jesús y Moisés.  O sea que podía entrar y salir del cielo a su antojo.

            —Me cuadra todo eso —Ángela dejó de dar vueltas y se sentó en un banco de mármol blanco que un segundo antes no estaba en su jardín—. Los pleyadianos pueden montar esas visiones como si nada. Pero no veo la manera en que esto me sirva para algo.

            —Un poco sí —Antonio se sentó junto a ella—. Les gusta la gente pura de corazón, altruista. Los trajes fueron dotados de un sistema de seguridad que causaba grandes sacrificios a quienes los usaran con fines egoístas. El dolor castigaba por su mal uso. Quizás te admitan entre los suyos si dejas que te sometan a esa misma norma.

            —¿Yo? Tú la quitaste, no voy a ser yo quien vuelva a imponer esa tontería.

            —Pero ellos, qué te dijeron exactamente.

            —Me acusaron de cruzar las fronteras del tiempo y de transgredir las reglas. Temí que me lanzarían una maldición y puse tierra de por medio.

            Antonio se acercó un poco, hasta que sus muslos se rozaron.

            —Dices que no sabes de dónde sale tu poder. Pero sólo porque no quieres saberlo.

            —No es del todo cierto. Supongo que no me importa y...

            —Debería. Quizás así entiendas lo que quieren de ti —sugirió Antonio.

            —De acuerdo. Quiero saberlo.

            Ángela puso los ojos en blanco y se vio transportada a un prado de hermosas flores. Miles de insectos, abejas, hormigas, saltamontes, moscas, escarabajos, arañas, mosquitos y otros muchos seres vivían en ese monte de infinitos colores. Entonces apareció un monstruo mecánico con unas cuchillas giratorias. Segó hasta la raíz cada una de ellas y con un fuerte aspirador se llevó todo a un contenedor metálico, incluidos los insectos.

            Después de pelar el monte completo y dejar tras de sí un lugar muerto y desolado fue a un granero donde vació el contenedor en un foso en el que una muela lo trituraba todo. El líquido que salía, caía por unas cañerías donde se filtraba hasta quedar un aceite amarillento. Este terminó saliendo a un frasco de cristal no más grande que un puño.

            El agricultor lo tapó con sumo cuidado y le puso a la botellita una pegatina con un símbolo de flores. Luego la colocó en una estantería donde guardaba muchas más. Cada una era el resultado de desbrozar un monte. Puede que el mismo, después de un par de semanas dejando crecer las flores.

            Entonces entraron sus dos hijos al granero jugando a perseguirse entre ellos.

            —No podéis jugar aquí, chicos —les regañó.

            Pero uno de ellos tropezó y se golpeó contra el muro. La estantería de las botellas tembló y cuatro de ellas cayeron al suelo rompiéndose en pedazos esparciendo su contenido en la tierra.

            Ángela volvió en sí.

            —¿Qué has visto? —Se interesó Antonio.

            —Las flores y los insectos son destruidos... La esencia es el sacrificio de los inocentes. Cuando yo uso el poder soy como un niño que golpea las botellas que lo contienen y... malgasto el sufrimiento de todos.

            —¿Cómo?

            —He tenido una visión. Viene del sacrificio de los inocentes.

            Antonio se quedó pensativo y luego puso cara de sorprendido.

            —Eso explica que en deseos personales fuera el poseedor del traje el que sufría. No era ningún castigo por usarlos mal, era el precio a pagar. Eso es, solo quieren que dejes de malgastar el poder.

            —Me da igual lo que quieran. Ahora se hace lo que yo deseo. No sé si existe un modo de destruirlos y solamente temen a los grises.

            —Por eso no era capaz de... —Antonio pensó en voz alta y dejó de hablar al darse cuenta de que no quería que ella se enterara. «No puedo hacer cosas usando solamente la fe. Hay que ofrecer un sacrificio.».

            Ángela se lo quedó mirando con curiosidad.

            —¿Tú no necesitas el poder del traje?

            Antonio se mordió el labio al darse cuenta que para ella su mente era un libro abierto.

            —Elías me dijo una vez que los trajes sólo eran trozos de tela. La fe que tenemos en ellos es lo que les da efectividad.

            —¿Insinúas que tengo poderes por mi fe en unos simples trapos? Eso es ridículo.

            —Solo te cuento lo que me han dicho.

            Ángela bufó contrariada.

            —Tampoco creía que si te pones gafas en una discoteca no te hablan ni para pedirte el paso. Hasta que lo comprobé yo misma. Cosas más raras se han visto.

            Antonio esbozó media sonrisa tratando de imaginarla con gafas, pero no pudo.

            —No pienso dejarte que me imagines así —se burló ella—. Puede que dejara de gustarte.

            —Mi mujer las usa y no por ello me gusta menos —reconoció él.

            —Y aquí estás, más salido que el pico de una mesa y esperando insista un poco para echar un polvo conmigo.

            —¿Yo? Joder no se puede hablar contigo. Deja de usar tu telepatía o lo que sea.

            —Eres mi enemigo. No puedo confiar en ti y menos sabiendo que me habías ocultado que podías hacer milagros sin el traje puesto —terció Ángela, furiosa.

            —¿Te das cuenta de que los pleyadianos han tenido ese poder siempre, desde el origen del universo? —respondió enérgico—. No se han peleado entre ellos, no tienen por qué eliminarse hasta quedar uno como tú crees. Debes entender que no somos tus enemigos...

            —¡Queréis destruirme! ¡Quitarme mi poder! ¡Claro que lo sois! Sigo leyendo tu mente y corazón, Antonio. A pesar de lo que sientes por mí estás dispuesto a destruirme en cuanto tengas oportunidad. Y lo harías por tu familia sin importar lo mucho que te duela matarme. ¡Debería fulminarte en lugar de hablar contigo!

            De nuevo la chica sintió que le salían las lágrimas, pero esta vez no se avergonzó.

            El aludido tragó saliva y se puso en pie, pálido de miedo. Ángela tenía un aura de fuego visible que al enojarse se volvió roja y por miedo a quemarse se apartó de ella.

            —¿Por qué no lo haces entonces? —Se atrevió a preguntar—. Lo que dices es cierto, aunque no del todo. Lo que yo haría con es regresar al viejo mundo, resucitar a la otra Ángela y Amy, pero a ti... No puedo hacerte nada malo.

            —Si no fuera un peligro, ¿verdad? —Corrigió ella.

            —¿Lo eres? Yo creo que no.

            El aura se volvió amarillenta.

            —¿Por qué te obstinas en mentirme? —Protestó.

            —Si mintiera, ¿te habría dado los poderes del traje? Si Génesis te concedió el perdón y te prestó su magia en la isla Hamilton, ¿quién soy yo para juzgarte? Vamos, somos amigos. Formamos un equipo que siempre está cuando se nos necesita. Ya hemos salvado al viejo mundo de los grises y de Alastor una vez. Sé exactamente lo que quieren los pleyadianos, pero no sé si tú querrás aceptarlo y acatarlo.

            —Desembucha —ordenó.

            —Quieren arregles este desastre. Tú puedes ir a buscarme a mí y mi familia cuando llegamos a cretácico. Yo ya estuve allí y me duplicaría. No sé muy bien cómo funciona esto del tiempo, pero ahora comprendo lo que me dijo una vieja amiga hace años: Solo Dios puede estar más de una vez en el mismo momento de la historia. Los demás no pueden. Se refería sin duda a que no deben.

            —Si lo hago, tú desaparecerás como si fueras un sueño.

            —No, no les des tanta importancia. Estas conversaciones no son tan memorables. Eso sí, luego me lo tienes que contar. Tengo un libro que escribir de todo esto.

            —Entonces si vuelvo a ese tiempo y os impido interactuar con los dinosaurios, volviendo a nuestra época ¿estarían contentos los pleyadianos?

            —No lo creo. Tenemos que devolver el poder a los trajes y no quedarnos nada, además hay que entregárselos.

            —¿Qué? Pero ¿no dices que son simples telas?

            —Evidentemente. Tú y yo lo sabemos. Nadie más debe enterarse. Aun así, hay que devolverlos.

            —Tiene gracia, y yo pensé que los trajes que entregué al EICFD eran simples telas sin poder. Sin embargo, carecían de él desde el principio.

           Tu creías que se lo quitaste y, por tanto, se esfumó.

            Ángela se quedó pensativa.

            —No sé... Me gustaba la idea de ser Dios —se levantó y caminó hacia la gran piscina—. Yo pedía cosas que no me importaban y nunca pedí lo que realmente quería.

            Antonio la siguió mientras deseaba coger frutas de sus numerosos frutales. Estaba muerto de hambre.

            —Todo sería mucho más fácil con solo pronunciarlo.

            Él se detuvo junto a un manzano y cogió una pieza de gran tamaño, roja, brillante, apetitosa a la vista. Ángela se dio la vuelta en ese momento y dio dos pasos para estar justo frente a él. Agarró su mano con la manzana y la mordió. Saboreó su jugo y masticó el pedazo hasta tragarlo con gran apetito. Luego suspiró y declaró:

            —Te amo Antonio Jurado y quiero pasar toda mi vida contigo.

            —¿Has usado tu poder? —Preguntó alarmado.

            —Con cada fibra de mi ser —declaró.

            Él no se sorprendió, no se enfadó. Al contrario, sonrió y mordió la fruta por el otro lado.

            —Pues no he notado nada, aunque... Yo también quiero pasar mi vida a tu lado.

            Los ojos de Ángela volvieron a llenarse de lágrimas y le besó en los labios. Esta vez lloraba de emoción.

            Él no se apartó. Estuvieron besándose durante varios segundos y el fuego del aura que la envolvía a ella les envolvió a los dos.

            —Déjate llevar —suplico ella, entre besos.      

            —Lo estaba deseando.

 

 

Comentarios: 10
  • #10

    Yenny (miércoles, 17 abril 2019 05:32)

    Lo siento tanto Tony, por ti y tu familia espero que superen pronto esta pedida.
    Ojalá que esta semana santa puedas descansar un poco y pasarla en familia.
    Seguiremos esperando la continuación.

  • #9

    Tony (viernes, 12 abril 2019 03:39)

    Además esta semana santa que de por si me quita tiempo de escribir.
    Lo unico que puedo deciros es que la espera merece la pena.

  • #8

    Chemo (viernes, 12 abril 2019 03:29)

    Yo pensé que Tony estaba consultando con Ángela para saber cómo continuar con la historia. Jeje
    Ya en serio, siento mucho lo sucedido, Tony, y te ofrezco mis más sinceras condolencias. Ojalá puedas superar esta difícil etapa y tómate el tiempo que necesites. Suerte.

  • #7

    Tony (miércoles, 10 abril 2019 09:05)

    Sé que la espera está siendo mayor en estos momentos, pero se han juntado circunstancias que me han afectado, otra vez. El año pasado por estas fechas perdimos en casa a Thai, una perrita que he sacado en mi relatos y es real. Ayer, también se nos fue Mora, y aunque estaba enferma y lo veíamos venir, el dolor de su muerte no fue menor. Espero que entendáis por qué voy a retrasarme en la próxima publicación.

  • #6

    Alejandro (miércoles, 10 abril 2019 01:03)

    ¡Qué bien! Esperando la continuación.

  • #5

    Yenny (domingo, 07 abril 2019 05:04)

    OMG no me esperaba esto, estoy con los chicos y creo que ta se sabe que pasará.
    Esperando la continuación con ansias.

  • #4

    Alfonso (domingo, 07 abril 2019 01:26)

    Chemo y Jaime lo han dicho todo. Espero la continuación.

  • #3

    Jaime (sábado, 06 abril 2019 01:10)

    Me dan risa los comentarios de Chemo. No me sorprendería que apareciese de repente a recordar a Ángela que la monogamia es muy aburrida. Es verdad que la última frase de Antonio es lo que muchos esperábamos.
    Creo que esta vez no hace falta tratar de predecir lo que ocurrirá a continuación. Y si no ocurre lo que pienso, es porque Tony nos ha engañado con sus dotes de escritor.

  • #2

    Chemo (viernes, 05 abril 2019 02:07)

    Creo saber qué es lo que viene a continuación. Aunque debería haber más de un Adán y una Eva.

  • #1

    Tony (viernes, 05 abril 2019 00:07)

    Espero que os haya gustado. Y que tengáis paciencia porque no pocos estáis esperando desde la parte 1 la parte que viene a continuación.

Por la obligación de poner en todos los coches espejos sin ángulo muerto

¿Cuántos accidentes y muertos dejarían de haber si todos los coches tuvieran espejos sin ángulos muertos? Si crees que hay que obligar a los fabricantes por ley a ponerlos en todos los modelos, pincha aquí.

¿Necesitas un editor de textos superior?

 

 

MOBI

 

La agenda del futuro

 

 

Mega

Organizador y

Buscador de

Información

 

Pincha aquí para saber más.

 

 

 

 

 

No dejes que te los cuenten

Relatos olvidados I

La mujer que se enfrentó al sistema y descubrió secretos por los que cualquiera moriría, solo por conocerlos.

Relatos olvidados II

Relatos olvidados III

Los grises. No prometas a una chica lo que no puedas cumplir

Relatos olvidados

El mundo está lleno de misterios y secretos. Algunos tan grandes que necesitan ser silenciados (o puestos en duda a la luz pública) con el fin de no causar alarma social. ¿Podemos asegurar aquello que observamos? Incluso lo que nos cuentan lo dudamos. En definitiva, sólo creemos en algo si lo confirmamos con nuestros propios sentidos… Y a veces incluso dudamos de nosotros mismos. 

¿Cuántas cosas son reales de las que nos cuentan los periódicos? ¿Qué nos ocultan? La "verdad" es demasiado dura para que la sociedad la acepte. 

Ocurren sucesos dramáticos, impactantes, difíciles de creer y ya es hora de que alguien se atreva a contarlos.