Los últimos vigilantes

24ª parte

 

            —¿Y cuándo será eso? —Preguntó.

            "Nadie sabe el momento que llega el padre a sorprender a su hijo mientras hace su travesura."

            —Si os lo voy a dar... Tengo que saber dónde puedo encontrarlo, yo le ayudaré a...

            "Nos pides un imposible. Tu sacrificio debe ser completo. Serás poderosa, pero ese será el precio. Nunca volverás a verlo."

            Ángela intentó sentirlo dentro aunque no pudo. Trató de ver cómo sería al ser mayor, pero le resultó imposible. Ellos se lo ocultaban. Quizás ni siquiera estaba embarazada y todo era un truco para que renunciara a su poder por voluntad propia. Lo malo era que funcionaba... No quería que se lo quitaran, su único hijo, era más valioso que todos los poderes del mundo. Cuando tuvo su paraíso supo que no había nada capaz de cambiar el corazón de Antonio Jurado. De la misma manera que ese niño... Bien valía que volviera a ser humana.

            Si no fuera porque si no lo entregaba a los pleyadianos, el mundo estaría condenado.

            «Génesis, tú puedes impedir esa catástrofe. ¿ Por qué no vienes y se lo dices a estas cosas? Vamos, te suplico que vengas en mi ayuda. Esto no es justo... Yo también quiero ser feliz.»

            Su ruego no recibió respuesta inmediata a pesar de que la invocó con todo su poder, aunque logró despertar la curiosidad de los seres marinos.

            "Esa a la que has llamado no puede escucharte aquí abajo" —Explicaron.

            —Yo lo escucho todo —respondió una mujer brillante como la luz del Sol que apareció de repente a su lado.

            —Has venido... ¿Por ellos o por mí? —Dudó Ángela.

            —Sé lo que se está discutiendo aquí. Las medusas tienen razón, necesitamos un salvador...

            —No, no, tú también no...

            —Pero debes darme a mí el niño que llevas dentro.

            "Nosotros decidimos lo reclamamos primero" —comenzaron a explicar.

            —No podéis, ¿Acaso conocéis el día y la hora de la condena? —Objetó Génesis.

            "Le prepararemos lo mejor posible."

            —Vosotros no queréis que el niño salve a la humanidad —replicó—. Lo único que os importa es que se enfrente a la Oscuridad.

            —Un momento, olvidáis que sigue siendo mío —protestó Ángela—. No pienso echarlo a suertes.

            —¿Recuerdas que una vez te perdoné la vida? —Respondió Génesis—. Te dije que veía una chispa de luz en tu interior, ahora te aseguro que es la llama que salvará al mundo. No puedes quedártela y si lo haces creerás que es lo correcto y en realidad nos condenarás a todos nosotros.

            "La Oscuridad Elemental se nos viene encima y solo él puede detenerla. Nosotros le mostraremos su camino."

            —Yo soy maestra de magia, le llevaré de la mano hasta el día crítico. Entrégamelo a mí. No confíes en ellos, la raza humana no les importa, conmigo comprenderá que el ser humano merece su oportunidad.

            "El Gran Arquitecto está esperando tu sacrificio" —replicaron las medusas.

            —¿Me dejarás verlo? —Preguntó a la mujer de luz.

            —Sabes el precio —respondió Génesis.

            Negó con la cabeza, confusa.

            —¿Cuál?

            —Debes renunciar a tu poder y cedérselo a él.

            —¿A un bebé? —Preguntó sorprendida.

            —A tu hijo —respondió con voz tierna—. Sin hacer milagros, nunca será aceptado por los hombres.

            —¿Y podré acompañarle? —Dudó—. ¿Podré verlo?

            —Ajá —respondió, sonriente, la mujer vestida de luz—. Pero no puedes cambiar su destino.

            Ángela soltó un profundo suspiro.

            —Así sea... —Agachó la cabeza y asintió con humildad y sumisión.

            Génesis rompió la barrera que la aprisionaba junto a las medusas y ambas aparecieron en medio de un monte montañoso donde la naturaleza las rodeaba, con saturación de verdes por el prado, los árboles y montañas.

            —¿Cómo lo has hecho? —Preguntó Ángela, aún con los ojos rojos por la emoción—. ¿Cómo has logrado escapar de ellos?

            —No debes creer lo que te dijeran unas criaturas que se esconden en el fondo de un océano —respondió sonriente—. Tú tienes un poder que supera cualquier cosa que haya visto antes. ¿Por qué lo tienes? ¿Cómo lo lograste?

            —No temas, no voy a destruir el mundo —susurró, pasándose la mano por sus mejillas limpiándose las incómodas lágrimas.

 

            —¿Lo decías en serio? ¿Estás dispuesta a ceder a tu hijo con tal de poder ver su camino?

            —¿No vas a responderme tú antes? —Se enojó Ángela—. ¿Cómo lograste huir?

            —Se trata de tener la fe más fuerte. Tú creías en su inmenso poder. Yo solo veía medusas.

            —Fe. ¿Es eso? —Preguntó Ángela, estupefacta.

            —Una palabra tan corta para definir algo tan grande y complejo, ¿eh?

            —Entonces ¿cualquiera que tenga fe podría lograr sus deseos?

            —Como te he dicho, es complicado. Fe no es pensar en conseguir algo, lleva implícito una atención directa del Creador Padre. No basta decirle a un coche que arranque, necesitas la llave.

            —De algún modo yo estoy llena de fe —replicó Ángela—. ¿Quieres saber cómo la conseguí?

            —Me gustaría mucho, conozco tu historia y de la noche a la mañana dejas de ser una humana corriente y apareces con ese poder inmenso. Con ese niño en tus entrañas.

            —El hijo del hombre... —Musitó.

            —Sí, ¿quién es su padre?

            —El único hombre que quedaba con vida cuando lo engendré, el que me importaba. Disculpa si me guardo el secreto.

            —Y ese poder ¿de dónde lo has sacado?

            —Ese hombre me lo regaló. Tuvo mi vida en sus manos y... Siempre la ha tenido. Y pensar que cuando le conocí deseé su muerte...

            —No logro ver tus pensamientos, tejes bien el velo que me los oculta. Pero por lo que dices, debe ser Antonio Jurado.

            —No pienso decir nada más, lo siento, son cosas mías —Ángela volvía a sentir que se le humedecían los ojos—. Lo cierto es que no merezco estar a su lado. Pero este niño... Lo quiero para mí. No me importa el precio.

            —¿Qué es lo que llevas en la mano? —Preguntó Génesis.

            Ángela lo miró tan sorprendida como ella.

            —Esto... Ah, es un traje. Debo entregárselo a Montenegro. Los pleyadianos quieren que tenga uno.

            Ángela no esperaba que se lo pidiera.

            —Dámelo —sin esperar que lo hiciera se lo arrebató de un tirón y a su contacto le prendió fuego quedando reducido a cenizas.

            —¿Por qué has hecho eso? —protestó.

            —¿Qué pretenden esas criaturas? Los esbirros de Alastor nunca deben tener semejante poder.

            —Pensaba que ellos estarían más al corriente de la voluntad del Creador.

            —¿Más que tú? —Se rio Génesis.

            —No sé de qué hablas, le invoqué y no vino. O no quiere saber de mí o...

            —Conozco al Señor mucho antes de que tú nacieras. Y si algo he aprendido de él es que una persona con muchos pecados a su espalda, con una conciencia negra como la tuya...

            —Sólo merece el infierno, no necesito que...

            —Déjame terminar —cortó Génesis—. Él tiene debilidad por los pecadores convertidos.

            Ángela la miró con incredulidad.

            —¿Bromeas?

            —Has renunciado a lo que más quieres por amor —continuó—. Tu alma se ha purificado al anteponer el bien de un ser amado. Pudiste borrar a Brigitte y su familia, viajar al pasado y tratar de conquistarlo antes de que conociera a su mujer.

            —No se me había ocurrido.

            —¿Lo harías? —La retó.

            —No me des ideas. Deja de torturarme, ¿quieres? ¿Vas a quitarme los poderes y dárselos al niño?

            —No podría aunque quisiera —replicó, suspirando.

            —No lo entiendo.

            Génesis acercó la mano derecha a su vientre.

            —Ese poder que tú posees... Supera todo cuanto he visto en mi larga vida. Tienes que ser tú la que me entregue al niño y su poder.

            Ángela frunció el ceño confundidla.

            —Creía que tu fe era más fuerte que ninguna otra.

            —Mi poder proviene de tu hijo, que me lo transmitió hace más de mil años, es una larga historia. Por entonces mi lucha era contra Alastor y mi nombre era Isis.

            —Si lo he entendido bien, tú eres hija de la oscuridad elemental, llevas en tus venas el mal que mi hijo debe combatir.

            Génesis negó con la cabeza.

            —Si me dejaras acabar... en aquella época lo era. Las luchas familiares llevaron a la muerte a Osiris, Seth y a mí. Me devolvió la vida tu hijo. Me tocó y prendió una llama dentro de mí que destruyó todo rastro de oscuridad. Una que no se consumirá nunca mientras exista el carburante que la mantenga.

            —¿Él te dio ese poder? Pero si todavía no es más grande que un mosquito.

            Génesis suspiró con paciencia.

            —Y tú no habías nacido cuando ocurrió aquello. Ni siquiera tu tatarabuelo. Esto fue hace unos mil años.

            —Él viaja en el tiempo —dedujo—. Igual que yo.

            —No tanto como crees, pero puede hacerlo. Sabes lo que pasa cuando la misma persona decide quedarse en la época donde otra versión de él está viviendo, ¿no?

            Ángela palideció.

            —Solo puede vivir uno —completó.

            —Eso es lo que piensan los esbirros de Alastor, pero los humanos siempre pueden ignorarse, aunque tu hijo no. No puede haber dos criaturas con el poder del Creador al mismo tiempo. Es como intentar meter en un vaso las dos manos a la vez. Me eligió porque necesitaba que alguien, que no fuera él, asegurara su nacimiento en el momento justo que debía nacer.

            —Siempre has sabido que yo sería su madre. Por eso no acabaste conmigo cuando tuviste mi vida en tus manos

            —Debes transmitirle tus poderes completos y me encargaré de ponerle donde debe estar.

            Ángela temía que dijera eso y retrocedió retadora.

            —Es mi hijo, renunciaría a mi poder por estar con él. Pero no permitiré que te lo lleves de mi lado.

            —No te lo iba a robar aunque pudiera.

            —Esto nos convierte en rivales.

            —¿Siempre eres tan impulsiva? No hay necesidad de luchar, estamos en el mismo bando.

            —A menos que te vayas y me dejes en paz no veo otro modo de solucionar esto.

            —No pienso levantarle la mano a la madre de mi Señor. Si tengo que esperar, te daré un tiempo para que entres en razón.

            Ángela bajó la guardia porque supo que lo decía en serio. Se miraron a los ojos unos segundos.

            Génesis se comunicó con ella con el pensamiento. «Necesita una madre pura de corazón que le muestre su verdadero destino».

            —Yo no lo soy...

            —No te lo tomes a mal, eres su madre y el creador te eligió para darte su poder. Te ama, más que a ningún ser que haya creado. Pero te reserva otro destino.

            —¿ Por qué no puedo tener mi familia? ¿ Por qué no quiere que sea la madre de su hijo si tanto me ama?

            —¿Por qué lo quieres tú? —Replicó—. La mujer que yo conocía detestaba los niños. Si crees que él va a suplir el amor de su padre no estás siendo realista.

            —Tienes razón. ¿A quién quiero engañar? ¿Yo madre soltera? Podría intentarlo, pero me pondría mala recordando a su padre cada vez que le viera. Además, yo no sé cuidar niños, ni mantener una casa limpia, ni siquiera hago mi cama. ¿Qué clase de ejemplo voy a darle?

            —Todo el mundo piensa que no puede, pero termina aprendiendo —replicó Génesis—. Tener hijos no será tan malo si Antonio Jurado lo prefirió antes que vivir toda la vida...

            —¿Conmigo?

            Génesis sonrió.

            —Iba a decir en el paraíso.

            Ángela sonrió también.

            —Siempre tan diplomática. No te voy a preguntar cómo supiste eso. Pero me interesa saber si... Has presenciado el momento en que fue engendrado.

            —Nadie ha sido testigo de ello excepto tú.

            Ángela suspiró, eso mismo suponía ella.

            —El amor es cosa de dos. Los que miran cuando hay una relación son envidiosos y pecadores.

            Recordar aquel día magnífico volvió a ponerla triste.

            —No es justo —declaró Ángela con tristeza—. Solo tuvo que decir que sí y seguiríamos juntos. Pero no pierdo la esperanza, tendremos nuestro momento.

            —No te preocupes, mañana todo esto te parecerá un sueño.

            —Estás enamorada de mi hijo —Ángela señaló su útero.

            —lo mío es más fuerte que un enamoramiento efímero.

            —Hay mucha gente en el mundo que ni siquiera lo llamaría persona hasta dentro de nueve meses y para ti lo es todo —Ángela se tomó la libertad de leerle la mente y el corazón. Génesis tenía un alma transparente y noble, haría cualquier cosa que él le pidiera. No había sitio en su interior para la oscuridad. Todo en ella era luz.

            Génesis se la quedó mirando como si no fuera necesario hablar más del tema.

            —Que mal negocio he hecho contigo —comentó Ángela—. Las medusas me daban a elegir entre él y mi poder. Tú, en cambio, me exiges las dos cosas. Podría hacerte desaparecer chasqueando los dedos, pero creo que tienes razón. Tendría que hacerlo todo de nuevo, porque te equivocas en eso del fin de los tiempos —Sonrió desafiante—. Solo sería vuestro fin. No el mío, lo que reduce esto a una ecuación sencilla: El viejo mundo exige que le dé lo que más quiero. O puedo acabar con todo y me quedo con mi hijo.

            —¿Qué quieres que sea?

            —En realidad hay una tercera opción y es que te marches y me dejes tranquila. Me quedaría a mi hijo y mis poderes y eso es, sinceramente , es lo que más deseo. Me pregunto qué consecuencias tendría que no te lo lleves.

            —Ni yo ni tú estaríamos hoy aquí si decides hacer eso.

            —Pero he aprendido que mi pasado no puede cambiar de ninguna manera. Sin embargo sí puedo influir en el del mundo.

            —Tu hijo me dio un mensaje que me hizo replantear mi existencia. Creo que hoy te vendría bien escucharlo a ti.

            —¿Cuál? —Se interesó.

            —"Es hora de devolver lo que el mundo te ha dado y cuando lo hagas no te prometo felicidad pero nunca te sentirás tan viva." —recitó—. Lo que significa es que en lugar de ver los defectos del mundo, debes buscar dónde falla y trabajar en arreglarlo. Tú no cambiarás nada, ni yo. Solo somos dos entre seis mil millones. Pero si enseñamos a los demás a mejorar las cosas, quizás mañana seamos tres. Dentro de un mes, quinientos, en un año diez mil... Al final las cosas cambiarán. Mi semilla la plantó él —señaló su vientre—. Y si tú no entregas al "hijo del hombre" para que nos enseñe lo que el Creador quiere que aprendamos, el mundo no tendrá quien quiera mejorarlo. A Dios, lo único que le agrada más que un hijo que cumpla sus leyes es uno que no las cumpla y cambia radicalmente. La gente de hoy día es pecadora, como siempre, pero tenemos que llegar a sus corazones y cambiarlos. Y Jesús debe abrir el corazón de Dios para que acepte nuestras disculpas, nos permita seguir existiendo y además tengamos posibilidad de entrar al paraíso. Tienes en tus manos una decisión crucial: Sentenciar al mundo, porque tú no vas a ser quien lo destruya, sino el Creador, o darnos una oportunidad. Entréganos a tu hijo, devuelve al mundo lo que Dios te ha dado. Hazlo y nunca te sentirás tan libre.

            —Estas muy tranquila esperando mi decisión. Si elijo que no me importa lo que has dicho, será el Alpha, supondría vuestra destrucción, el Omega del viejo mundo. Tú y todo esto quedaréis barridos de la creación. Seríais una mera fantasía de mi cabeza. Si elijo lo contrario tú serás tan poderosa como lo soy ahora y prácticamente te haría dueña del mundo.

            —Poderosa sí, pero solo soy su sierva, eso es lo que te pido que comprendas. ¿Quieres servir al mundo o dominarlo? Si te das cuenta solo él permanece —respondió—. En un lado le pondrás en una situación de mártir, el salvador, alguien que abrirá la puerta del cielo a los hombres con sus enseñanzas y sufrimientos. La otra opción es que sea Rey dominador y señor, el anticristo. Puede que termine siendo peor que Alastor.

            Ángela dudó, era una decisión complicada, si destruía el viejo mundo estaría borrando también a Antonio Jurado y a pesar de lo complicado que era que volvieran a verse... Era lo que más deseaba. Un hombre, solo uno, le importaba tanto como su hijo... De hecho su hijo no le importaría en absoluto sin su padre.

            —Hace unos días desearía que fuera el Alpha —meditó en voz alta—. Hace un año o dos, que volviera Frank... veinte años atrás que regresara mi padre...

            —¿Y ahora?

Comentarios: 5
  • #5

    Esteban (viernes, 21 junio 2019 05:01)

    Hace unos días desearía que fuera el Alpha —meditó en voz alta—. Hace un año o dos, que volviera Frank... veinte años atrás que regresara mi padre...
    Y en el futuro que sea yo, jejeje.

  • #4

    Alfonso (sábado, 15 junio 2019 21:05)

    Yo pensaba que Génesis era algún tipo de reencarnación de Génesis, pero tal parece que son seres distintos. Yo tampoco entiendo bien por qué ángela debe renunciar a su hijo; supongo que son caprichos del escritor. Me gustaría una continuacion sobre el entrenamiento del hijo de Ángela y Antonio que se llame "El Evangelio de Antonio Jurado".

  • #3

    Chemo (viernes, 14 junio 2019 19:06)

    Concuerdo con Jaime. Tal parece que aunque los pleyadianos, Génesis, Dios y Ángela son los personajes "buenos" de la historia, cada uno quiere al hijo de Ángela para sus propios intereses.
    Por cierto, yo sé cómo convencer a Ángela de entregar a su hijo. Solamente diré que involucra una escena en las duchas, en especial si aparece Antonio Jurado.

  • #2

    Jaime (viernes, 14 junio 2019 01:56)

    No entiendo por qué Génesis quiere que Ángela renuncie a su hijo. No tiene sentido alguno que Ángela no pueda criar a su hijo mientras es entrenado para derrotar a la Oscuridad. Solamente se me ocurre que
    (1) es una prueba y Ángela debe superarla y no ceder al niño, o
    (2) la supuesta Génesis y quiere engañar a Ángela.
    Mi pronóstico para la siguiente parte es que Ángela decide quedarse a su hijo y Génesis acepta con la condición de que ella funja como protectora y maestra. Supongo que los pleyadianos intentarán también ser parte del entrenamiento del Hijo del Hombre.
    Espero la continuación.

  • #1

    Tony (viernes, 14 junio 2019 01:13)

    Espero que os haya gustado. No olvidéis comentar.

Relatos olvidados

El mundo está lleno de misterios y secretos. Algunos tan grandes que necesitan ser silenciados (o puestos en duda a la luz pública) con el fin de no causar alarma social. ¿Podemos asegurar aquello que observamos? Incluso lo que nos cuentan lo dudamos. En definitiva, sólo creemos en algo si lo confirmamos con nuestros propios sentidos… Y a veces incluso dudamos de nosotros mismos. 

¿Cuántas cosas son reales de las que nos cuentan los periódicos? ¿Qué nos ocultan? La "verdad" es demasiado dura para que la sociedad la acepte. 

Ocurren sucesos dramáticos, impactantes, difíciles de creer y ya es hora de que alguien se atreva a contarlos.

 

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