Los últimos vigilantes

27ª parte

 

 

            —Vamos no te alteres —le hablaba a la monstruosa criatura con exasperante calma—. No vengo a hacerte daño.

            El dragón la envolvió en llamas y John se estremeció, temiendo por la vida de su nueva coronel. Aunque en el fondo se alegraba de que le respondiera así porque se comportaba como una estúpida irresponsable.

            Al apagarse el fuego ella seguía frente a la bestia y caminaba tranquila con la mano en alto, queriendo acariciar su cuello.

            —No aprende —bufó el capitán.

            En respuesta el reptil rugió estruendosamente con intención de atemorizarla, pero no se inmutó y siguió caminando. John manoseaba la empuñadura de su arma con nerviosismo. Ángela se estaba arriesgando innecesariamente.

            —Tranquilo, soy tu amiga.

            Al decir eso el dragón la miraba sin moverse, hipnotizado, y ésta logró llegar a su boca, pues había bajado la testa a su altura. Ella le rozó la barbilla cornuda con delicadeza mientras John apuntó con su pistola a los ojos del dragón. Puede que tuvieran escamas impenetrables, pero el ojo no resistiría un impacto de un calibre 44 disparado desde altura.

            —¿Ves? no te haré daño —continuó hablando ella con voz dulce.

            John estaba tan nervioso que se le disparó un proyectil. La bala se deslizó por el viento alcanzando el ojo derecho de la criatura y ésta chichó de dolor. Ante el ataque furtivo soltó un potente y furioso rugido y engulló a Ángela de un bocado. Le costó trabajo tragarla y tuvo que levantar la cabeza para poder hacerlo. Luego se encaró a John. Le miró intensamente con los dos ojos intactos, inyectados en sangre. La bala solo había conseguido ponerlo furioso.

            —Mierda —susurró al no ver forma de escapar de allí. Fuera a donde fuese estaría a merced de su flamígero aliento.

            De un salto, ayudado por sus inmensas alas, cayó a escasa distancia de él y caminó colina arriba resbalándose y dejando caer cantos de roca tras de sí. John estaba paralizado cuando la criatura abrió la boca dispuesta a tragarlo de un bocado, igual que a su compañera.

            Antes de que pudiera inhalar para achicharrarlo, el reptil gigante puso los ojos en blanco y soltó un gemido de dolor antes de caer inerte a escasos dos metros de distancia de él.

            Ángela se abrió paso por la boca y logró salir con dificultad, cubierta de una especie de bilis amarilla mezclada con sangre.

            John la ayudó a levantar la mandíbula superior, aliviado de verla viva.

            —Me alegro de verte viva ¿Estás bien? —acertó a declarar, muy nercioso.

            —¡No! —Exclamó, furiosa—. Ya lo tenía, estaba escuchándome... ¿Por qué tuviste que asustarlo?

            John vio que sus manos se incendiaban apuntándole a él.

            —No, no lo hagas —suplicó aterrado—. Fue un accidente, estaba preocupado por ti y te cubría las espaldas.

            Ángela le miró con las manos temblorosas y lanzó una onda de energía hacia su pecho. El capitán quiso escapar, pero fue alcanzado de lleno y sintió que le quemaba.

            Pero no murió, de repente apareció en el despacho de Montenegro a un metro de altura y cuando la energía se disipó cayó al suelo torpemente golpeándose la cabeza en la alfombra.

            —¡Capitán! —Exclamó Montenegro—. ¿Qué hace aquí solo?

            Cuando se recompuso y se incorporó, tragó saliva avergonzado.

            —Me ha traído de vuelta, señor. No quiere que nadie la moleste.

            —¿Y cómo le ha ido hasta ahora? —Se interesó James Black.

            —Creo que... bien. Ya ha eliminado a uno.

            —Es estupendo. Eso significa que asunto resuelto, cuando termine con ellos quiero verlo con mis propios ojos —respondió el comandante. Pulsó un botón de su escritorio y dijo: Brenda, no se vaya, necesitamos la nave otra vez, vaya iniciando los motores, nos vamos.

            —¿Quiere que le acompañemos? —Se ofreció Antonio.

            —No, solo Abby y John. Ustedes vuelvan al trabajo.

            —No estoy seguro de que debamos ir —cortó el capitán, nervioso—. No tiene intención de matarlos.

            Montenegro levantó la mirada despacio hasta encontrarse con los ojos de John.

            —¿Y qué es lo que planea hacer entonces?

            —Creo que... Los quiere domar. Casi lo consigue con el que mató.

            —Bueno, pues ya está, asunto resuelto. No se dejan y se habrá dado cuenta.

            —No lo ha entendido, señor —John estaba nervioso. No se atrevía a decir la verdad, pero ya no podía ocultarla—. Lo tuvo que matar porque yo le disparé. Fue culpa mía, lo estaba consiguiendo. Está muy enfadada con nosotros, no debemos aparecer por allí o podría hacernos daño.

            —¿John? —Abby parecía sorprendida—. ¿Desde cuándo tú te amilanas ante nadie?

            —Teniente, no podemos contrariarla —su voz temblaba—. Me siento, en verdad, muy afortunado de que no me haya matado y me trajera de vuelta al cuartel. Deben escucharme, es mejor esperarla aquí.

            El comandante asintió suspirando y volvió a pulsar el botón de comunicación con el hangar.

            —Brenda, aborte la misión. No vamos a ninguna parte, pero no se vaya. Puedo necesitarla más tarde.

            —A la orden señor —se escuchó la voz metálica del altavoz.

 

 

 

            Cuando Ángela iba a resucitar al dragón, que estaba reventado desde dentro, se le echaron encima otros más pequeños que salieron de sus agujeros a aprovechar con ansia la gran cantidad de comida que acababa de proporcionarles. Fue devorada como si llevaran días sin comer. Al principio les costó mucho atravesar las duras escamas con sus pequeños colmillos, pero los más grandes, aún jóvenes los tenían largos y aserrados. Estos terminaron de horadar aquel magnífico escudo.

            Sabiendo que se asustaban y atacaban al hombre, Ángela se hizo invisible para ellos y se acercó a recoger una escama del suelo. Se quedó petrificada al compararla con las de sus hombros. Aquel coloso de más de quince metros de largo y veinte de ancho tenía escamas del tamaño de la mano de un niño de cinco años. Las que llevaba en su armadura eran mucho más grandes.

            —¿Qué clase de monstruo derribaste, Angela? Sin poderes. Sin ejército... Solas tú y Amy.

            Con ese pensamiento se arrepintió de haberlas matado.

            Se transportó lejos de aquellos monstruos hambrientos, a salvo de cualquier animal peligroso de la isla.

            —Ángela, Vuelve a la vida, quiero que aparezcas a mi lado —ordenó.

            Dicho eso la encontró donde dijo, tirada en el suelo, tal y como la vio morir es aquella celda.

            Se despertó y se llevó las manos a la cabeza. Seguramente recordaba que se la había reventado con su pistola y no podía creer que estuviera ilesa.

            —¿Qué me has hecho? —Preguntó. Me has... disparado a la cabeza.

            —No seas rencorosa, mujer. Acabo de salvarte la vida —aclaró sonriente.

            —Si crees que voy a volver a esa celda...

            —No te alteres, ya no soy la misma que te mató, puedes estar tranquila.

            —¿Qué le has hecho a Amy Kelly?

            Se mordió el labio inferior al recordar que también la mató.

            —Nada, está bien. La tienes justo detrás tuyo.

            Cuando la otra se giró, la encontró donde decía. Amy seguía inconsciente.

            Su alter ego de otro tiempo, trató de buscarle el pulso y al encontrarlo se tranquilizó.

            —Dijiste que solo hay sitio para una Ángela en el mundo. ¿qué tramas?

            —No volveré a matarte mientras no intentes suplantarme... Al menos si yo no te lo pido.

            Mientras tanto la otra intentó despertar a su compañera sin éxito.

            —Se pondrá bien —«aunque no se despertará hasta que yo lo decida», pensó—. Ahora, por favor, levántate. Quiero que veas algo conmigo.

            Ángela miró con evidente miedo la escama llena de sangre que sostenía en la mano.

            —No me digas que me has devuelto mi realidad. Habéis arreglado la nave y otra vez está muerto Antonio Jurado. ¿Por qué? No hay nada que salvar aquí ya.

            Al escucharla tan pesimista soltó una carcajada divertida.

            —No entiendes nada.

            —Claro que sí, sigues trabajando para el EICFD.

            —Te voy a dar una pista. Me hice con uno de los trajes de los pleyadianos, ahora nadie manda más que yo —sonrió con chulería.

            —¿Mataste a Antonio Jurado y a su mujer? —La acusó con odio.

            —Tranquila, están a salvo en su casa. He conseguido que incluso el EICFD les deje tranquilos. Y si me dejas seguir hablando te enterarás de lo que ha pasado —la cortó con evidente fastidio.

            » Necesito información de tu mundo. Los dragones están amenazando ahora esta realidad. He intentado dominar a uno, pero John Masters le disparó cuando ya casi comía de mi mano así que tuve que matarlo.

            —¿Tú sola? Si no tienes armas.

            —No te distraigas, ese animal era inmenso, al menos quince metros de largo, cuatro de alto, veinte de ancho. He comparado las escamas de tu armadura y las suyas y, bueno, juzga tú.

            —Tres te parecía inmenso... —Se burló.

            —No soy buena con las medidas, puede que fueran cinco.

            —Recuerdo perfectamente el tamaño de ese monstruo, el único que fuimos capaces de matar —se anticipó la otra—. Superaba los treinta metros de alto y de largo... Destruía montañas cuando volaba, al agitar su cola. Utilizamos el arma secreta de Tesla, una especie de bobina parecida al... Pirulí de Madrid. Necesitamos varios impactos para abatirlo. Aquel día creí que iba a morir. Éramos tres, Antonio, Iván y yo. El maldito monstruo murió, pero hizo papilla la única cosa que podía matarlos.

            —¿Te ayudó Antonio Jurado?

            —No, mi ex novio, un tío raro que trabajaba para el EICFD.  Es majo, estuve a punto de casarme con él.

            —Qué suerte que no lo hiciste. Si un día me caso no podría hacerlo con otro que no sea Antonio Jurado —replicó.

            —¿Por qué? —Preguntó sorprendida.

            La miró intensamente sin responder.

            —Mierda, creí que solamente echasteis un polvo —sonrió al comprender su declaración.

            —No quiero hablar de eso. Cuéntame lo que pasó en tu tiempo, cómo es que esos monstruos dominaron el mundo.

            La otra aprovechó para levantarse y sacudirse el polvo.

            —Crecen sin parar, no tienen limite ni, que yo sepa, mueren de viejos. Cuanto más grandes más capas de escamas generan, ese del traje que me has robado debía tener al menos cinco capas. Ningún arma podía atravesar la primera. Lo matamos con electricidad.

            —También se les puede matar desde dentro —comentó la otra—. Cualquiera podría colocarles una granada y luego escapar.

            —Nunca se me pasó por la cabeza—.  Pero claro, cuando se comían a una persona nunca salían.

            —¿Y si consiguiera amansarlas? Los grises se rendirían a nosotros incondicionalmente.

            —Si fueras una persona corriente me reiría de ti. Pero tienes puesto un traje de esos. Tú puedes hacer lo que quieras. Sé que lograrás controlarlo porque he visto el futuro de este mundo y los dragones no son ninguna amenaza dentro de catorce años. Nunca imaginé que sería yo misma la que detendría a esos monstruos.

            —No te engañes, yo ya no soy como tú. He visto cosas y he sacrificado demasiado. En cierto modo te envidio. Tu corazón es libre, sigues siendo impulsiva, tienes ilusiones que no sabes si podrás cumplir. No estás atada a nada.

            —Y tú también, ¿no? Con tanto poder debes...

            De nuevo asomó en su rostro la mirada sombría.

            —Si tanto le quieres, ¿Por qué te rindes? Tú puedes conseguir cualquier cosa.

            —No me he rendido. He comprendido que no es lo mismo tomar las cosas por la fuerza que esperar a que ocurran por el destino. Es muy fácil pedir un deseo que suceda con un chasquido de dedos. Podía haber eliminado esta isla del mapa con todas sus criaturas, borrar la existencia de la mujer de Antonio y su familia... Pero no eran la solución.

            —Puedo ayudarte con él —insistió la otra—. Sin nave ni dinero no tenemos más sitios a donde ir que a su casa. Puedo... Ya sabes, envenenar un poco la relación. Me acuesto con él y no podrá ocultárselo a su mujer. No se resistirá, he notado cuánto me desea cada vez que me mira.

            —Te dije que te mataría si se te ocurre suplantarme —la amenazó furiosa, imaginando la escena de los dos retozando en la cama.

            —Solo pretendía romper su matrimonio por ti, si ni siquiera me gusta.

            Escucharon varias criaturas agitando las alas y emprendiendo el vuelo. La carne se les había acabado y partían en busca de más alimento. Olisquearon el ambiente y volaron directas a ellas.

            —Pero antes deberíamos hacer algo con estas bestias —recomendó la Ángela mortal.

            Su contertulia cerró los ojos elevando las manos durante unos segundos.

            —Ya no crecerán más, ni vivirán más de veinte años. Además, a partir de ahora, serán vegetarianos.

            Hubo una onda de energía que salió de sus manos y recorrió la isla de norte a sur, de este a oeste. Las criaturas voladoras aterrizaron junto a las palmeras y comenzaron a destrozarlas con grandes dentelladas pelando las hojas, triturando los cocos con sus potentes mandíbulas.

            —¿Eso es todo? Qué pasada. Si hubieras estado en mi mundo todo habría sido distinto… —murmuró con tono triste.

            Su contertulia abrió los ojos y se la quedó mirando, sonriente.

            —Es una gran idea.

 

 

 

 

 

Comentarios: 13
  • #13

    Alfonso (jueves, 25 julio 2019 02:18)

    Gracias, Tony. De hecho me tomó por sorpresa, nadie se lo esperaba. Ahora que mi esposa no está de humor no podemos disfrutar de la parte de abajo. Y, según me cuentan, dura menos cuando estás casado y hay hijos. En fin, solamente el tiempo dirá.

  • #12

    Tony (miércoles, 24 julio 2019 18:17)

    Felicidades Alfonso. Se te acabó la espuma del café, disfruta de la parte de abajo, es la que más dura.
    Estoy tomando buena nota de las opiniones y espero no defraudar con el final, que no es inminente.

  • #11

    Alfonso (miércoles, 24 julio 2019 17:34)

    A mi esposa y ha mí nos han dado mucha risa los comentarios de abajo. Solamente queda recalcar que NOSOTROS TAMBIÉN QUEREMOS ESCENA DE SEXO. Jajaja. No te lo tomes a mal, Tony. Simplemente es muy divertido.
    Por cierto, justamente la semana pasado han avisado a mi esposa que está embarazada. Se ha estado sintiendo malita y hemos estado yendo varias veces a visitar al doctor, pero todo parecen ser consecuencias de lo mismo. Por eso no podré estar tan pendiente de la página, así que me alegra que Tony también se tome unas cuantas semanas más de vacaciones. Divirtáos mucho, chicos.
    Con respecto a la historia, me gustaba mas la Ángela alegre, inteligente y sensual. Ahora parece más sumisa, ingenua e infantil. Ojalá no desilusione tanto el final porque parece que a muchos no nos está gustando el rumbo que está tomando la historia.

  • #10

    Chemo (martes, 23 julio 2019 17:08)

    Esta vez Alejandro ha dicho lo que todos queremos decir, jejeje. Honestamente ya no me acordaba de las escenas de sexo; si no ha sido por los comentarios de abajo nadie hablaría de ello, jajaja.

    ¡Qué bueno que estás de vuelta, Yenny! Hacía falta una fémina en el grupo para poder jugar a las duchas.

    De la historia no queda mucho que decir; ya todo lo ha dicho Jaime. Suerte en tu nuevo trabajo, Jaime. Por cierto, en esta época estival yo también conseguí un trabajo en un club con piscinas y gimnasios a donde van muchas chicas de la ciudad. Así que trataré de divertirme un rato en tanto Tony sube la siguiente parte.

  • #9

    Alejandro (lunes, 22 julio 2019 16:57)

    Faltan las escenitas de sexo.

  • #8

    Tony (domingo, 21 julio 2019 05:53)

    Por eso no he esperado a que lleguen.
    Y ojo, si es lo que quieren decir, que lo digan. No vayan a sentir que no me gusta que lo hagan.

  • #7

    Jaime (domingo, 21 julio 2019 04:10)

    Todavía faltan los comentarios de Chemo y Alfonso. Seguramente alguno de ellos pedirán escenitas de sexo. Jejeje

  • #6

    Tony (sábado, 20 julio 2019 04:00)

    Yenny, aunque no lo dijéramos, todos te extrañamos.
    No queda tanto de relato, aunque seguramente pase de las treinta partes.
    Tampoco quiero comentar nada para no estropeados el final. Pero os agradezco vuestros comentarios y os aseguro que me siento feliz de que nadie, por fin, pida escenita de sexo.

  • #5

    Jaime (sábado, 20 julio 2019 02:27)

    Bienvenida, Yenny. ¡Qué bueno que estás de regreso! Chemo te extrañaba bastante. Jejeje Espero que no te hayas ausentado por algo grave.

    Por cierto, ya tuve casi dos meses de vacaciones que terminarán la próxima semana. El 29 de junio comienzo en un empleo nuevo, con una mejor compensación pero con mayores responsabilidades. Así que estaré más ocupado. Deseadme suerte.

  • #4

    Yenny (sábado, 20 julio 2019 00:31)

    Lo olvidaba , disfruten sus vacaciones.

  • #3

    Yenny (sábado, 20 julio 2019 00:30)

    Hola a todos, gracias por extrañarme Chemo ;)
    Terminé de leer todas las partes que me faltaban y estoy algo desconcertada con el rumbo de la historia, parece que va a ser una historia larga aunque lo malo con tantas lineas temporales ya se me está haciendo un enredo.
    Opino como Jaime y por mas herbívoros que sean esos dragones pronto se van a quedar sin comida y tendrán que ir a otras partes.

  • #2

    Jaime (viernes, 19 julio 2019 18:22)

    Honestamente no me está gustando mucho el rumbo que está tomando esta historia. Siento que hay muchos huecos argumentales y los personajes ya no actúan como deberían. Habrá que esperar la parte siguiente para ver cómo concluye la domesicacion de los dragones. Chemo estará feliz ya que podrá tener su propio dragón.
    Por cierto, no creo que todas las palmeras del mundo alcancen para alimentar a los nuevos dragones herbívoros. Además que cuando acaben con las palmeras de esa isla irán al coninente más cercano a comer y causar caos entre la población. Lo más sensato sería llevarlos a un planeta desierto donde puedan vivir.
    Espero que disfrutes tu verano con tus hijos, Tony.

  • #1

    Tony (jueves, 18 julio 2019 01:25)

    Este verano voy a tener menos tiempo y probablemente vosotros también. No puedo prometer que la próxima parte estará dentro de una semana, aunque lo más seguro es que sí.
    Disfrutad de vuestras vacaciones y espero que volváis con ganas de mucho más. Seguramente habrá partes nuevas esperándoos.

Por la obligación de poner en todos los coches espejos sin ángulo muerto

¿Cuántos accidentes y muertos dejarían de haber si todos los coches tuvieran espejos sin ángulos muertos? Si crees que hay que obligar a los fabricantes por ley a ponerlos en todos los modelos, pincha aquí.

¿Necesitas un editor de textos superior?

 

 

MOBI

 

La agenda del futuro

 

 

Mega

Organizador y

Buscador de

Información

 

Pincha aquí para saber más.

 

 

 

 

 

No dejes que te los cuenten

Relatos olvidados I

La mujer que se enfrentó al sistema y descubrió secretos por los que cualquiera moriría, solo por conocerlos.

Relatos olvidados II

Relatos olvidados III

Los grises. No prometas a una chica lo que no puedas cumplir

Relatos olvidados

El mundo está lleno de misterios y secretos. Algunos tan grandes que necesitan ser silenciados (o puestos en duda a la luz pública) con el fin de no causar alarma social. ¿Podemos asegurar aquello que observamos? Incluso lo que nos cuentan lo dudamos. En definitiva, sólo creemos en algo si lo confirmamos con nuestros propios sentidos… Y a veces incluso dudamos de nosotros mismos. 

¿Cuántas cosas son reales de las que nos cuentan los periódicos? ¿Qué nos ocultan? La "verdad" es demasiado dura para que la sociedad la acepte. 

Ocurren sucesos dramáticos, impactantes, difíciles de creer y ya es hora de que alguien se atreva a contarlos.