Los últimos vigilantes

28ª parte

Sin mediar palabra se agachó y tocó la espalda a Amy. Con un gesto invitó a la otra a tocarla.

         —Vamos, coge mi mano. No te haré daño.

         —¿Qué idea? —Insistió, asustada y confundida mientras obedecía.

         Se hizo el vacío a su alrededor. Ángela, la diosa, tenía los ojos cerrados y parecía muy concentrada en hacer algo. Su alter ego mortal estaba asustada, se aferró a su mano por miedo a caer al abismo que se abría a sus pies. Amy se mantuvo pegada a su mano.

         Intentó preguntar qué era lo que estaba haciendo, pero al pronunciar la frase su garganta no emitió sonido alguno. Allí no había aire, se asfixiaba y llegó a pensar que perdería el sentido cuando al fin reapareció el mundo a su alrededor y cayeron aparatosamente sobre una planicie polvorienta.

         —¿Qué has hecho? —Preguntó asustada—. ¿Nos has traído de vuelta? ¿Qué pasó con el mundo que salvamos?

         —No te pongas nerviosa —la intentó calmar—. Hemos vuelto para que tú arregles las cosas. Una vez, alguien me dio un voto de confianza cuando yo creí que merecía morir. Tú tendrás esa misma confianza. A partir de este momento somos iguales. Aprovecha el poder que te otorgo y... No vuelvas a mi línea temporal.

         —Se siente cálido. ¿Cómo funciona esto?

         —Lo irás descubriendo sola. Buena suerte.

         —¿Te vas? —Exclamó aterrada—. No puedes, no sabré usarlo.

         —Escucha, gracias a ti sé lo que tengo que hacer. Abre tu mente, no tengas miedo al poder que ahora posees. Yo creía, como seguramente los científicos versados en el tema, que solo puede haber una realidad, un hilo temporal real. Pero no. Mientras estemos tú o yo, la realidad en la que vivimos persistirá.

         —¿En serio?

         —Si ese chico te gusta, no le temas al compromiso. Acepta tus sentimientos —aleccionó justo antes de desaparecer de su vista—. Puede que cuando quieras estar con él ya se haya comprometido con otra.

         —¿Qué chico? —Preguntó, confusa.

         —El barbas, mujer. Hasta yo me he enterado —protestó Amy, que se debió despertar poco antes.

         —¿El friki? —bufó—. Es cierto, ¿dónde estarán? Madre mía... Tenemos que reunirnos con ellos. Espero que sigan vivos.

         —No tengas prisa, ¿ahora tú tienes poderes? ¿Por qué no los pones a prueba? —Sugirió Amy, poniéndose en pie.

         —¿Qué quieres que haga?

         —Quítame el control sobre mis orgasmos. Es un vicio que no puedo controlar —sonrió avergonzada.

         —Gracias al cielo, me tenías harta. Está bien, si tengo poder, ... Que no sé cómo se hace esto, ... Vuelves a perder el control sobre tus orgasmos. Que te vas a quedar ciega por viciosa.

         Amy no parecía muy convencida.  Se concentró unos segundos y al abrirlos la miró con fascinación.

         —¡Ha funcionado! Ahora devuélvemelo, vamos...

         —Ni borracha —cortó tajante—. ¿Quieres que tenga que soportar tus caras de flipada cada cinco minutos? Lo primero que tendríamos que hacer es encontrar a los nuestros. ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde que nos fuimos?

         —No tengo ni idea... Mierda.

         Ángela la miró asustada pensando que había visto algo terrible. Luego se volvió hacia donde miraba Amy y no vio nada de lo que preocuparse.

         —¿Qué?

         —¡Nos hemos dejado la nave!

         —Joder, es verdad... No podremos regresar al cuartel —reconoció Ángela.

         —No es del todo cierto, tú puedes todo. Podrías mandarnos de vuelta en un abrir y cerrar de ojos o hacer que aparezca un halcón nuevecito y a tope de energía con solo pronunciarlo.

         —No sé, dudo que funcione. Una cosa es convencerte de algo en tu subconsciente y otra que de repente aparezca una nave en medio del desierto.

         Amy negó con la cabeza.

         —No pierdas el tiempo diciendo tonterías. Pide la maldita nave.

         —Que se haga presente así, de repente, nuestro Halcón, nuevecito y a tope de energía —pronunció con mucha inseguridad y con tono guasón.

         Después de un pestañeo una nave se alzaba ante sus ojos como si nunca hubiera dejado de estar.

         —Es increíble —se frotó las manos Amy—. Dame también tu poder, vamos venga. Yo lo quiero.

         —Creo que no debería tenerlo ni yo —respondió dudosa Ángela—. Somos demasiado irresponsables.

         —¡Ey! Ni se te ocurra quedarte eso para ti sola. Vamos, no te hagas de rogar.

         —¿Crees que quiero ver cómo te construyes un palacio donde todas las sillas tienen un pepino puesto en vertical en el centro del asiento? Disculpa si no puedo consentirte eso. Y no se hable más del asunto.

         Amy se mordió el labio con fastidio.

         —Pero... —Iba a insistir.

         —Puedo quitarte el vicio con solo chasquear los dedos. ¿Es lo que quieres? —La amenazó Ángela.

         —Por favor, que esa idea no vuelva a pasarse por tu cabeza —sonrió, inocentemente.

         Angela cerró los ojos y tras un par de segundos los abrió con preocupación.

         —Hemos tardado dos años en volver. Vamos, hay que ir a toda prisa al cuartel.

         —No seas ridícula, podemos viajar en el tiempo con el Halcón. Podríamos ir al día antes del ataque nuclear, impedirlo.

         —La única limitación que tengo es que no puedo viajar en el tiempo —recordó las últimas palabras de la otra Ángela—. Vamos.

         Corrió al interior del halcón y Amy la siguió.

 

 

         Ángela regresó al "viejo mundo" y suspiró. Apareció en su apartamento, en el ático junto a la piscina. Vio las escamas de dragón que soltó mientras caminaba hacia su cama tiradas por el salón de su casa. Se dejó caer en la hamaca de mimbre del patio exterior y el Sol bañó su rostro. Estaba exhausta. Lo que acababa de hacer fue el milagro más costoso de cuantos había hecho hasta ese momento. Saltó las barreras dimensionales buscando el mundo paralelo de las dos chicas. Vio los hilos rotos, invisibles, que habían dejado aquella corriente temporal perdida en un agujero negro sin tiempo, pausado, como un libro sin terminar en la estantería de un escritor. Reabrir sus páginas y volverle a dar vida fue una lavor titánica y recurrir a tanta energía la obligó a dejar en pausa su propio mundo. Supo que si no regresaba de inmediato necesitaría otra cantidad de poder semejante para volver a ponerlo en marcha. Era como si no se pudiera mantener dos mundos vivos en paralelo ella sola.

         Pero ahora la otra Ángela era la batería que movería aquella línea temporal. Pudo ver con solo cerrar los ojos, que volaban con su halcón a su cuartel y sin su presencia se mantenía vivo.

         Ahora estaba tan cansada que necesitaba desconectar.  Se quedó dormida al Sol.

 

 

 

 

         Ángela recordaba aquel día como el día del Apocalipsis. Desde que lanzaron un ataque masivo con las últimas armas nucleares del planeta a los lugares donde se escondían los dragones, el mundo se transformó en un inmenso vertedero inhabitable.

         La humanidad, rendida, derrotada, humillada por esos monstruos clamaba venganza y lo que quedaba del Consejo ordenó el ataque a pesar de saber que dejarían en herencia un planeta tan inhóspito como Marte. No tuvieron en cuenta los daños colaterales. Pero, según ellos, sus herederos tendrían que sobrevivir a un planeta hostil, sí, pero sin dragones.

         Los ataques de millares de misiles nucleares trataron de eliminar a los dragones más grandes lanzando desde 3 hasta 30 ojivas al mismo objetivo. Las explosiones fueron terroríficas, causaron un terremoto de dimensiones épicas. Todo el planeta se vio sacudido por un seísmo de 9,8 según la escala de Richter durante días en temblores intermitentes. No quedó edificio alguno en pie. Los dragones habían matado a dos millones de personas. Las bombas mataron a casi seis mil millones. El consejo, desapareció. Los supervivientes morían por la radiación. En cuestión de meses el planeta era inhabitable. Solo en silos subterráneos podían sobrevivir algunos afortunados, como ellos. Al menos en aquellos que resistieron el gran terremoto.

         Las zonas donde vivían los dragones fueron tachadas en los mapas con un margen de 200 kilómetros. Madrid centro y capital eran una mancha negra en un mapa de España que parecía un queso de gruyere. Se transformaron en lugares prohibidos donde ningún ser humano regresaba si ponía un pie en ellos.

         Los que quedaban con vida lloraron la muerte del planeta, pero no imaginaron que sus enemigos pudieran sobrevivir a semejante ataque. Los dragones surgieron de sus moradas con fuego en la sangre, con sed de venganza y al contraatacar, la moral de la humanidad quedó enterrada. El ánimo nunca regresó, sepultado por una montaña de cadáveres tan grande como su propio sentimiento de culpa por borrar a su propia civilización, su familia y el bello paisaje terrestre... para nada.

         Llamar hogar a ese mundo de mierda era ser muy cínico. Pero estaban de vuelta y podían cambiar las cosas. Al menos esa era la consigna por la que fueron devueltas a su mundo.

         En todo ello pensaba Ángela el trayecto de la nave en el que no podían hablar.

         Aterrizaron en el hangar principal ya que el secundario llevaba mucho tiempo derrumbado desde el gran terremoto. Desactivó el escudo óptico y de antimateria y el sonido regresó con el último zumbido de los motores de la nave mientras se apagaban.

         Bajaron temiendo que no quedara nadie allí. Si siguieran por allí ya habrían acudido al hangar por ver quién llegaba. Pero la base estaba desierta. En esos dos años pudieron pasar tantas cosas...

         —Creo que hemos llegado tarde. No hay nadie —confirmó Ángela.

         —¿Están muertos?

         Ángela cerró los ojos y se concentró.

         —Yo quiero poder hacer eso —protestó Amy.

         —Calla, necesito silencio.

         Era magnífica la sensación que le daba ver todo cuanto la rodeaba como si tuviera un radar de potencia infinita. En aquel agujero del Atlántico no quedaba nadie con vida, pero muchos seguían respirando abajo, los monstruos de las salas inferiores. Dado que no detectó humanos por allí, se concentró en aquellas criaturas que un día le mostró su ex novio, Antonio. Nunca fue testigo real de aquello, el día que la dejó entrar hicieron algo terrible y Montenegro se vio obligado a borrarlo del tiempo, quedando de aquello únicamente unas hojas de papel escritas por ella misma que eran la única prueba de lo sucedido. Allí abajo había una vampiresa, aunque en ese momento no sentía su presencia. En las salas más alejadas del ascensor vio a los zombis que seguían vivos a su oscura manera. Éstos se movían y golpeban la puerta. Su corazón no latía, pero eso no era inconveniente para ella, que a pesar del tiempo que llevaban muertos los podía resucitar por tener sus cuerpos palpitantes.

         —Vamos, hay gente ahí abajo —ordenó, con tranquilidad.

         Evitaron el ascensor porque la luz del complejo se iba a intervalos irregulares. No era seguro. Bajaron por las escaleras, eran siete pisos los que debían descender. Llegaron y vieron la puerta sujeta con un poste metálico. Alguien quiso asegurarse de que lo que se escondía allí no saliera bajo ningún concepto.

         —Acabo de acordarme —susurró Amy—. Hemos olvidado las armas en la nave.

         —No serán necesarias —respondió Ángela.

         El eco de sus voces rebotó por las escaleras. La luz se fue tres segundos seguidos y luego regresó.

         —Qué extraño —indicó Amy—. Creí que esta base se alimentaba con los generadores perfectos de Tesla. Se supone que no se podría ir la luz.

         —No hay nada infinito —aclaró Ángela—. Las piezas se desgastan.

         —¿Vas a abrir o qué?

         Angela tanteó la viga que obstruía la puerta y no fue capaz de moverla. Debieron colocarla entre varias personas.

         —Hora de hacer magia. Que se convierta en corcho.

         Dicho eso no pasó nada. Sin embargo, al intentar apartarla se partió con facilidad y pudo quitarla de en medio sin problemas. Abrió la puerta y adentro estaba totalmente oscuro. Sintió que algo correteaba detrás de la puerta, pero no era capaz de saber lo que era, de algún modo se ocultaba de sus sentidos divinos.

         —¿Qué es eso? —Siseó Amy, aterrada.

         —Quisiera poder responderte, pero lo que sea no pertenece al mundo real.

         —¿Cómo que no? ¡Lo he visto! Era chiquitito y corría como una lagartija con dos patitas.

         —Yo también lo vi.

         Ángela estaba tan asustada con esa cosa que había vuelto a cerrar y no se atrevía a empujar la puerta.

         —Cierra los ojos, haz eso que tú sabes —ordenó Amy.

         —Lo hice antes y no detecté vida aquí dentro. Solo unos zombis al fondo del pasillo.

         —Voy a por mí fusil —replicó Amy, corriendo escaleras arriba—. Lo siento pero yo ahí no entro sin mi pequeñín.

         —Ya que vas... Coge otro para mí —pidió Ángela—. Mientras yo intento ver algo más...

         Se atrevió a abrir un centímetro y se asomó a ver lo que se escondía por allí. Vio que varias criaturas se quedaban inmóviles en cuanto las vio. Cerró los ojos para verlos con su mente preclara y lo único que vio fueron piedras, figuritas de hombrecillos.

         —No tengáis miedo, no voy a haceros daño.

 

 

 

 

Comentarios: 11
  • #11

    Yenny (domingo, 04 agosto 2019 01:21)

    Chemo eres de las pocas personas que ama su trabajo jeje.

  • #10

    Chemo (sábado, 03 agosto 2019 18:59)

    Bienvenida Yenny. Se te extrañaba por aquí. De hecho, con respecto a mi nuevo trabajo, las chicas me aman e incluso dos me han pedido que las acompañe a los cuartos privados. Aunque me despidiesen, no me arrepiento. Jejeje
    Este trabajo me ha dejado sin tener tiempo de comentar. Espero estar por aquí cuando Tony publique las partes XX y XXX, si sabéis a lo que me refiero.

  • #9

    Yenny (miércoles, 31 julio 2019 22:33)

    La razón por la que no escribía es porque tuve una lesión en la mano y me costaba mucho escribir el comentario y para colmo mi operador de internet ha estado pésimo estos últimos meses, tardaba mucho en escribir y cuando le daba a enviar no cargaban así que después del segundo intento me rendí.
    Ahora ya puedo escribir mejor asi que regreso a comentar jeje.

  • #8

    Alfonso (miércoles, 31 julio 2019 03:55)

    Y Gracias Yenny y Tony por las felicitaciones. He pasado una de las etapas más difíciles de mi vida y solamente espero que esto acabe pronto. Con respecto al nombre, Sara (mi mujer) y yo hemos decidido ponerle Tony. En parte por el nombre de su padre y en parte por el escritor de este relato.
    Yenny, espero que todo esté bien contigo y sigamos leyéndote por aquí.

  • #7

    Alfonso (miércoles, 31 julio 2019 03:44)

    Yo solamente os aconsejo que los pepinos dejan un sabor amargo después de que traen a los hijos, si sabéis a lo que me refiero. Aunque siempre son my divertidos.
    Presiento que lo que hay allí dentro es un vampiro o algún otro ser consumido por la Oscuridad. Es la única explicación por la cual Ángela no puede percibirla con sus poderes. Lo más lógico es que ese ser fácilmente acabaría con esta Ángela ya que ella todavía no sabe usar bien sus poderes, pero conociendo a Tony seguramente ocurrirá otra cosa. Habrá que ver.

  • #6

    Tony (martes, 30 julio 2019 23:10)

    Como no podré publicar durante mis vacaciones trataré de adelantar lo suficiente para que no me echéis de menos.
    Espero que todo te esté yendo bien, Yenny, cuando tardas en regresar suele ser porque te pasa algo. Espero que esta vez solo haya sido por encontrar más partes escritas.
    Alfonso, cumple los antiguos de tu mujer y trata de buscar un buen nombre para tu pequeño/a. Aunque suele ser la mujer la que los escoge.
    Y Jaime, yo creo que Amy lo pasaría en grande con tu pepino, habrá que ver si ella piensa lo mismo cuando tenga la oportunidad.
    Como siempre voy a meter en la recta final a los que comentais en la página así que es el momento de pedir cosas.

  • #5

    Yenny (martes, 30 julio 2019 22:47)

    Pienso como Jaime en que Ángela y Amy van a provocar algún lío.
    No esperaba que ahora las dos Ángelas tengan los mismos poderes, es muy difícil adivinar que rumbo va a tomar la historia.
    Que te vaya bien en el nuevo trabajo Jaime y Alfonso felicitaciones por el nuevo miembro de la familia, Chemo ojalá no te despidan por seducir a las chicas jeje.
    Tony espero que todo te vaya bien y disfruta el tiempo con la familia.

  • #4

    Tony (lunes, 29 julio 2019 09:43)

    Gracias Jaime, como siempre el más fiel.
    Invito al resto de lectores a que diga algo y se presente. Vuestros comentarios, aunque pidáis más sexo, siempre son bienvenidos.

  • #3

    Jaime (lunes, 29 julio 2019 01:43)

    Creo que Amy no necesitará sillas con pepinos; basta con que me invite para que le dé uno, jajaja. Seguramente muchos estaremos esperando la nueva parte con contenido para adultos.
    La historia va bien. Menudo lío van a provocar la Ángela alterna y Amy cuando otros sobrevivientes se enteren que Ángela tiene poderes sobrehumanos.
    Esperando la siguiente parte con ansias.

  • #2

    Tony (miércoles, 24 julio 2019 01:06)

    Intentaré publicar los martes ya que material tengo de sobra y avanzo más rápido de lo que publico. Pero no voy a acelerar el ritmo de publicación a menos que me digáis que tenéis más tiempo en verano (bueno en estos meses, ya que casi todos sois del Sur del planeta).

  • #1

    Tony (miércoles, 24 julio 2019 01:03)

    Algunos dais por muerta la historia y tengo bastante más avanzado de lo que voy publicando. Es la parte más emocionante y el desenlace, no solamente de este libro, sino de muchos temas que estaban colgando de atrás. Y ya que insistís puede que incluya alguna nueva escena sexual sin censura. Pero no esperéis que sea una constante.

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