Los últimos vigilantes

34ª parte

 

 

            Después de vestirse, y en completo silencio por la vergüenza que sentían, subieron al halcón y obedecieron sin la menor queja a las órdenes de Amy.

            Ángela estaba impresionada por cómo habían cambiado las cosas. Ahora obedecían su amiga como ovejas al pastor. Y cuando se marchó la tenían pánico.

            —Chica, tu sí que sabes ganarte la confianza de los tuyos. Un momento...

            Eran solo tres.

            —Espera, no arranques —ordenó a Amy—. Creí que había cinco supervivientes. ¿Te los has cargado?

            —¿Yo? No mujer, esos dos no se apuntaron a la fiesta y salieron del hangar. Deben estar en los pasillos contándose las penas.

            Ángela cerró los ojos para buscarlos con su mente. Los encontró en el antiguo despacho de comandancia.

            —Genial, voy a buscarlos.

            —Aquí te esperamos —replicó Amy, sumisa.

            —Intenta que permanezcan vestidos.

            —¡Claro!

            Ángela salió de la nave y subió a la planta de arriba sabiendo lo que iba a encontrarse. Su corazón fue acelerándose a medida que subía los escalones en completo silencio. Quería encontrarles en pleno acto (y asustarlos para reírse un rato) pero su vista astral no solo le mostraba imágenes sino también lo que sentía cada uno. Meterse en sus mentes aquel instante la excitó del mismo modo que si se hubiera metido los dedos bajo las bragas.

            Cuando llegó se encontró que Alfonso estaba con la cabeza entre las piernas de Yenny y esta tenía los ojos casi en blanco poseída por el placer más intenso. Ambos estaban desnudos y tenían la ropa dispersa por el antiguo despacho de Montenegro.

            Cogió aire y quiso hablarles.

            —... —Pero no salió sonido de su boca, tan solo un gemido contenido.

            No le pareció tan buena idea interrumpir. Con ver el generoso miembro erecto del robusto barbudo se excitó al instante.

            Se acercó como si una poderosa fuerza, ajena a su voluntad, la llevará de la mano y a pesar de su cercanía ninguno de los dos se percató de su presencia. Estaba usando su poder para que no se detuvieran. Quería formar parte del momento. Se arrodilló junto a ellos y se acercó a Alfonso. Su pene estaba tan mojado, tan duro, tan largo... Lo lamió y al sentirla éste dio un salto.

            —¡Capitana! —Exclamó al notar su tacto—. Yo...

            —No pares, sigue a lo tuyo y yo a lo mío —musitó con morbosidad agitando su miembro viril arriba y abajo con su mano derecha.

            Alfonso se estremeció cuando Ángela metió el glande en su boca y comenzó a succionar.  La vagina de Yenny quedó huérfana y ésta empezó a sobarse por encima, con sus propios dedos. Verla excitó aún más a Alfonso y volvió a chuparle la jugosa carne, recorriéndola y jugando con su abultado clítoris con la punta de su lengua.

            Ángela chasqueó los dedos y su uniforme de combate se transformó en lencería de seda translúcida de color blanco. Un camisón que no dejaba trabajo a la imaginación. Además, no quiso tener bragas. También se puso unas medias canela que le alcanzaba a las nalgas.

            —¿Cómo se ha cambiado tan rápido? —Se sorprendió Yenny.

            —¿Por qué tú lengua está tan ociosa y mi vagina tan sola? —replicó medio molesta y melosa.

            Alfonso la miró extrañado. ¿Cómo pretendía cerrar ese círculo?

            —No me gustan las vaginas —respondió avergonzada la chica.

            —No hay problema. ¿Qué tal si Alfonso me penetra mientras tú te pones de pie y él te sigue chupando? Yo me quedo en el suelo.

            Según hablaba se tendió con las piernas abiertas, con sonrisa seductora y moviendo la cadera levantándola a modo de invitación mientras la vagina se abría y cerraba exhibiendo líquido transparente deslizándose a cámara lenta por el camino de sus labios. Alfonso aceptó y se subió sobre ella. Con su mano derecha movió el pene por encima de sus carnosos bordes y al deslizarse dentro de ella penetró sin resistencia alguna. Ángela se arqueó y movió la cadera en círculos mientras Alfonso embestía con fuerza.

            Yenny, algo celosa, siguió masajeando su propia vagina excitada por la escena que tenía lugar ante sus ojos. Luego el hombre uso su mano izquierda para tocarle los pechos, acariciar su abdomen y meter los dedos en la vagina con poca delicadeza debido a que la capitana le tenía bastante distraído y no podía concentrarse en satisfacer debidamente a ambas.

            Yenny le dio un manotazo en la mano, dolida, y se puso en pie. Se acercó y se colocó al alcance de la lengua del musculoso barbudo, tal y como sugirió la capitana.

            Ángela le vio lamer aquella tierna y joven vulva y se excitó aún más. Se tocó por encima su propia rajita mientras el robusto pene exploraba todos los recovecos de sus entrañas inyectando en su cuerpo toneladas de placer. Era tan largo que no podía meterlo entero y, al alcanzar su fondo más íntimo, la estaba excitando como nunca.

            Entonces Alfonso sacó su miembro súbitamente y notó que algo caliente caía sobre la piel de su estómago.

            —Lo siento, no aguantaba más —gimió el hombre.

            Ángela continuó sobándose su clítoris mientras Alfonso continuaba lamiendo la vagina de Yenny entre espasmos y gemidos lastimeros. Su lujoso miembro se desinfló y perdió dureza en un par de segundos.

             La capitana le agarró del pelo con rabia y tiró de él para enterrar su boca entre sus piernas y que su lengua llegara lo más profundo posible dentro de ella.

            Yenny se apartó, avergonzada y siguió tocándose ella sola.

            —Quiero correrme —ordenó la capitana.

            Pero estaba tan enfrascada en su acto que no se dio cuenta que empleó todo su poder y la recorrió un torrente de placer que la contrajo de pies a cabeza. El fuego de sus entrañas la hizo ver las estrellas durante unos segundos.

            Cuando terminó se dio cuenta de que debía tener cuidado con lo que decía. Además, podía llegar a viciarse como Amy si volvía a emplear esa frase con frecuencia.

            —Tenemos que irnos —murmuró—. Será mejor que os vistáis.

            Chasqueó los dedos y el traje de grafeno con escamas reapareció. De repente aquel acto sexual se le antojó cortísimo y decepcionante. No se enfadó porque comprendía que se había unido en la recta final.

            —¿Puedo pedir que me pongas un uniforme como el tuyo? —Sugirió Yenny con timidez—. Mi ropa está sucia y desgarrada.

            Ángela se puso en pie y miro a los dos, sonriendo. Alfonso se estaba poniendo su propia ropa, que se veía llena de roturas, manchas de sangre y también le dio lástima.

            Chasqueó los dedos y aparecieron vestidos con un traje de grafeno con placas de titanio a la medida exacta de sus cajas torácicas.

            Al verse así vestida Yenny silbó asombrada.

            —Gracias, es alucinante.

            —¿Cómo diablos…? —Se asustó el hombre.

            —Debemos irnos, el mundo exterior está mucho peor de lo que yo pensaba. Vamos al halcón.

 

 

 

 

 

 

            Regresaron al hangar donde Amy ya estaba coqueteando con Jaime mientras Chemo lanzaba insinuaciones a Vanessa.

            —Puedo entender que se corriera pronto por lo buena que estás —comentaba el jovencito—, pero te prometo que yo jamás me correría dentro. Además, podría estar cabalgándote durante horas, todo está en la mente, controlas lo que piensas y ya está.

            —Tampoco exageres, dudo mucho que aguantes tanto tiempo —alegaba la chica cuando aparecieron.

            —Muy bien, el relax es bueno para mantenerse cuerdo en unos tiempos tan terribles —arengó Ángela—. Pero hay un mundo en peligro, los últimos humanos se esconden como cucarachas en cuevas y los dragones están más hambrientos que nunca. La Tierra se les ha quedado pequeña y, si siguen así, no quedará nada que salvar.

            —¿Cómo pretendes darle la vuelta a la situación? —Pregunto Jaime.

            —Lo más grave que he observado es que los pocos humanos que quedan han perdido la razón. Si los dragones no son suficiente problema, la falta de recursos ha hecho que los supervivientes se dispersen, formen... Clanes que atacan a quien se cruzan con ellos.

            » Ya no existe la esperanza, son como... Hormigas. Los que viven juntos se respetan, a los demás les cazan. Puedo hacer muchas cosas, pero no tengo poder alguno para cambiar el corazón de las personas, se han adaptado a este espantoso mundo y ya no parecen humanos.

            —¿Otra vez evitas mi pregunta? —Objetó Jaime, enojado.

            Ángela le miró con fastidio.

            —Si tu pregunta es dónde está nuestro ejército, la respuesta la tienes delante.

            —Somos nosotros —completó Amy, orgullosa y sonriendo a su compañera.

            —Debéis estar bromeando —bufó Jaime.

            —Tenemos que vencer a los dragones uno a uno. Iremos a sus cuevas y destruiremos los huevos que hayan podido poner. Lo haremos de forma que todos los supervivientes sepan que seguimos dando guerra y que no hay que desesperar. Es más importante devolver la esperanza a la poca gente que queda que deshacernos de los dragones. Estos ya no deberían preocuparnos.

            Jaime y los chicos soltaron una carcajada nerviosa.

            —¿Hablas en serio? No tenemos ni armas.

            —Yo me encargo de matarlos. Pero el equipo entero se llevará la gloria. Si estáis de acuerdo os equiparé como a Alfonso y a Yenny. Sino os dejaremos donde queráis, nadie os obliga a seguirnos.

            —Yo voy —exclamó Chemo—. Quiero decir, me quedo, ¿puedes darme un traje galáctico de esos?

            —No nos das muchas opciones —protestó Vanessa—. Así fuera se nos merendarán vivos, si no los monstruos, los humanos salvajes.

            —A mí me sobran ganas de comerte —repuso Chemo.

            —Qué estúpido —se rio la aludida, entendiendo el segundo sentido.

            —O dentro de una semana serás tú la que se coma al que pilles, si es que hay tan poca comida como imagino —añadió Jaime.

            —Esa también iba con segundas —bromeó Chemo, sonriendo con picardía.

            —Qué va tío.

            —Lo decía porque yo lo he entendido así y me ofrezco voluntario para saciar tus apetitos —insistió el joven.

            —Este chico gusta —comentó Ángela.

            —Y eso que no lo has probado —abundó Amy—. Crema chantillí. Una delicia. Ya tengo ganas de repetir.

            —¡Por favor! —Exclamó Yenny—.  ¿Podemos dejar de decir guarradas?

            —No te pongas celosa guapa, que hay Chemo para todas —el chico le guiñó un ojo con chulería.

            Ángela chasqueó los dedos y apareció vestido con en uniforme de combate ante el asombro de todos los presentes excepto Yenny y el barbudo, que ya la vieron hacer eso.

            —¡Me encanta! —se entusiasmó Chemo.

            —Yo creo que si alguien tiene que comerme... Prefiero su estilo. Cuenta conmigo —intervino Vanessa.

            El aludido la guiñó un ojo y deslizó la lengua por sus labios resecos.

            —Que estúpido eres —se volvió a reír.

            —Yo quiero ver cómo haces ese truco tan flipante, me apunto —añadió Jaime.

            Un nuevo chasquido de dedos los uniformó a todos, incluida Amy, que estaba teniendo problemas para meter las mallas en sus piernas por tener la piel sudorosa.

            —Gracias capi —expresó, con un saludo militar desenfadado.

            —Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete... Que me parta un rayo si no somos "Los siete magníficos" —comentó Chemo—.  Una de las pelis del oeste que más me gustaban.

            —Es verdad, qué casualidad —apuntó Yenny.

            —Bueno, ahora que estamos listos, como dije antes —volvió a explicar la capitana—, debemos ir a los lugares donde se esconden los últimos reductos humanos y anunciarles que vamos a derrotar a sus enemigos más terribles. Deben saber que fuimos nosotros los que les hemos vencido y luego mediaremos entre ellos para que no sigan cazándose. Es más importante levantar la moral que acabar con los monstruos. Fundaremos una ciudad subterránea a salvo de los monstruos donde llevaremos a todos los que acepten nuestras normas. ¿Lo habéis entendido?

            —Por supuesto, capi —se apresuró a contestar Chemo con chulería.

            —¿Y los que no? —Cuestionó Amy.

            —A su suerte quedarán.

            —Me encanta el plan —repuso Alfonso.

            —Quiero que seáis héroes, que escriban poemas épicos en el futuro por nosotros. Debemos hacer leyenda así que hay que ser discretos, dar ejemplo y sobre todo ser esperanza y un rayo de luz para el resto —Continuó Ángela.

            Esta vez nadie se atrevió a responder, ni siquiera la miraron a los ojos por vergüenza.

            —Vamos, no perdamos tiempo. Toma Amy, aquí tienes las coordenadas del destino —le dio una nota en papel—. Necesito un descanso, despertadme cuando estéis listos para salir de la nave.

            —Claro, descuida —apoyó la rubia.

            Se abrocharon los cinturones y Amy pilotó.

            —Todo esto suena de puta madre —comentó Jaime desde su asiento, mirando a Vanessa—. Pero sigo sin entender cómo vamos a matarlos.

            Su compañera sexual se encogió de hombros, sonriendo.

            —La veo muy confiada —respondió—. Ella y Amy saben algo que no nos están contando. Confía en la capi. Al fin y al cabo, nos ha salvado la vida. Le debemos lealtad.

            —Mira, Aquiles era un antiguo héroe griego y fue el mayor adicto al sexo que ha conocido la historia —intervino Alfonso—. Y lo peor es que murió en combate. No quiero seguir sus pasos para convertirme en leyenda como él. Aunque no veo por qué tendríamos que dejar de montar orgías. A mí me ha levantado el ánimo, ¿verdad, Yenny?

            —No retes a la capitana —respondió la aludida, temerosa.

            —¿Qué? También vosotros... —Protestó Chemo.

            —Y la capi se puso cachonda. Menuda guarrilla —explicó Alfonso—. Se las da de casta y yo creo que es la más viciosilla de todos.

            —¡Joder, nosotros estábamos primero! —exclamó Jaime—. Claro, la calentamos y se va mojadita... Y nos lo perdemos mientras disfrutáis del tema, no es justo. Yo también quiero rollo con la capitana.

            ­—¿También vas a correrte dentro de ella? —Se burló Chemo.

            —¡Basta! —Gritó Ángela.

            Se dio la vuelta de su asiento y miró a Alfonso, sonriente.

            —He dicho que seáis discretos. Haced lo que os apetezca, pero sin que se entere todo el mundo. Y, por cierto —esta vez se dirigió a Jaime, enfadada—, yo lo hago cuando me da la gana y con quien yo quiero, ¿ha quedado claro?

            —Pues yo propongo que podemos tener una orgía cada vez que derrotemos a uno de esos monstruos —propuso Chemo, como si el tema siguiera abierto a discusión—. Los vencedores en las guerras se fuman un puro, otros lo festejan emborrachándose. ¿Por qué no podemos hacerlo a nuestro estilo?

            —Arranca, esto empieza a descontrolarse —bufó Ángela—. Necesito silencio.

            —A mí me gusta tu idea Chemito —aprobó Amy, mirando a la capitana con media sonrisa retadora.

            —Genial, ¿estás contenta? Siempre consigues pervertir a todo el mundo —respondió, cerrando los ojos reposando la cabeza en el asiento.

            —Sí, capi, recuerdo el día que lo conseguí contigo. No te vi sufrir en absoluto.

            Ángela puso los ojos en blanco, fastidiada. ¿Qué no la vio? Estuvo escocida durante una semana. Aunque tenía que admitir que fue inolvidable.

 

            Cuando la antimateria les envolvió, ninguno pudo seguir hablando. Comenzaron el ascenso y Amy se despidió mentalmente, y para siempre, del viejo cuartel del EICFC.

            Una vez salieron de las entrañas de la montaña y sobrevolaban la isla, Ángela ya estaba dormida.

 

 

 

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    Vanessa (miércoles, 09 octubre 2019 01:52)

    Muy buena historia. Me dieron ganas de unos polvos con Jaime y ese Chemito. Nada más de pensarlo siento que...
    Lista para atacar a los dragones, capitan Ángela.

  • #6

    Alfonso (martes, 08 octubre 2019 04:49)

    Excelente historia. Nunca pensé ser el afortunado de hacerlo con Yenny y Ángela al mismo tiempo. Hasta mi esposa se divirtió imitando lo que hacía Ángela mientras le leía esta parte.
    Esperando la continuación.

  • #5

    Chemo (martes, 08 octubre 2019 03:12)

    Me ha gustado mucho esta parte. Los personajes bastante interesantes, jeje. Debería haber unas dos o tres partes como ésta en todas las historias.
    Esperando la continuación.
    Derrotar a los dragones debería ser fácil con los poderes de Dios.

  • #4

    Yenny (lunes, 07 octubre 2019 23:40)

    Has logrado captar la esencia de Chemo jeje.
    Parece que ya va a comenzar la acción, ojalá puedan salvar su mundo aunque espero que no sea tan fácil vencer a las dragones porque sería muy aburrido.

  • #3

    Jaime (lunes, 07 octubre 2019 03:49)

    Yo esperaba más acción de Jaime, pero aún así esta ha sido la mejor parte en cuanto a narrativa. Lo único que no me gustó es que la participación de Jaime no fue tan activa esta vez. Espero ver más de «Los Siete Magníficos».
    Bienvenido, Esteban. Ojalá te unas a los comentarios para hacer más grande esta comunidad de lectores de Tony.

  • #2

    Esteban (domingo, 06 octubre 2019 02:44)

    Vale, vale.
    Me apunto a la panda de viciosos de los comentarios.
    Excelente historia, por cierto.

  • #1

    Tony (viernes, 04 octubre 2019 11:48)

    Espero que hayáis disfrutado... Esta parte, quiero decir. Ya os gustaría haber estado allí, jeje.

    Esteban, como dije, me apunto tu disponibilidad para el futuro, si es que hay más partes así (que será difícil que no haya, con la panda de viciosos que intervienen en los comentarios y en el propio argumento). Y los que quieran apuntarse, ya saben lo que tienen que hacer, ¡a comentar se ha dicho!

Relatos olvidados

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