Los últimos vigilantes

35ª parte

        Eran las seis de la tarde cuando Brigitte aparcó el coche a la puerta de su casa. Suspiró, sacó las llaves, cogió el bolso y salió del coche. Era un monovolumen gris con detalles plateados que compró un mes antes.

        Al llegar a la puerta de casa se acordó del año y medio que sufrió sabiendo que su marido no estaba esperándola, y que, aunque había muerto, le dejó en herencia muchas propiedades. La mejor, el traje de los pleyadianos.

        No existía una sola cosa que no pudiera hacer con él, lo llevaba puesto a diario, pero procuraba no usarlo porque temía llamar la atención. Solo quería una vida normal. Se lo ponía por evitar que otras personas sin escrúpulos pudieran hacerse con él.

        Ahora que estaba su marido regresó de una muerte que nunca sufrió, en apenas un día, la mujer más mala que había conocido en su vida exhibía los poderes del traje con tal dominio que no necesitaba ni pronunciar los deseos. Además, les convenció de que entregaran sus trajes a los pleyadianos cuando ellos dos eran los únicos que podían contenerla. Les engañó con la promesa de renunciar ella también... Pero no fue así. Y ahora estaban a su merced. El mundo entero dependía de sus caprichos. Era como darle a un niño una metralleta cargada.

        —Y lo peor —murmuró—es que Antonio no solo confía en ella, sino que la defiende y no se acuerda de lo que le ha hecho en el pasado.

        Abrió la puerta y colgó el bolso en la percha de la pared. Fue a la nevera y se sirvió un vaso de agua fresca. Antonio debía estar con los niños en el patio trasero, no le apetecía nada verle. Estaba tan enfadada con él... Se sentía tan vulnerable sin el traje...

        Entonces escuchó jaleo de niños en el patio del lado de la cocina, reconoció las risas traviesas de sus hijos y un chorro de agua empapó la ventana.

        —¿Qué hacen con la manguera?

        Se asomó con intención de preguntar a su marido por qué les dejaba hacer eso y se quedó sorprendida de que no estuviera con ellos.

        Miguel disparaba agua con la pistola a todas direcciones y Charly trataba de escabullirse tras los sillones del patio, ambos reían con sus risitas nerviosas de saber que hacían algo prohibido y al mismo tiempo divertido.

        —¿Dónde está Antonio? ¿Cómo ha podido dejarles solos con la manguera?

        —Miguel echó agua al patio de los vecinos de la izquierda y Charly le animó saltando de alegría y diciendo: ¡Más!

        El pequeño obedeció sin el menor pudor. Agarró la manija de la puerta y se dispuso a ponerlos en su sitio cuando escuchó la voz de su esposo en la planta de arriba. Luego le respondió una mujer... Ángela. La reconocería hasta debajo del agua.

        —No será capaz de estar en su cuarto con ella —susurró Brigitte.

        Se quitó los zapatos y subió sin hacer el menor ruido. Se quedó esperando en la puerta y escuchó con atención.

        —...Buscamos reiniciar nuestra relación con el sexo —decía Antonio—, y lo único que conseguimos fue alejarnos más.

        —¿Y qué quieres decir con todo esto? —Preguntó la otra. Por su tono debía estar enfadada por algo.

        —No me ama, ni me desea...  

        —Pero tú a ella sí —replicó Ángela.

        —Ya no sé qué hacer para que vuelva a ser lo mismo que cuando la conocí. Pero tú... Has conseguido que deje de intentarlo. No necesito que me lo digas para saber cuánto me quieres. Solo tengo que mirarte a los ojos, ella jamás me ha querido así... Ni yo, al menos como te amo y deseo. Quiero que me lleves contigo, necesito que me secuestres...

        Tuvo que taparse la boca para que su llanto no se escuchara.

        Con los ojos llenos de lágrimas bajó las escaleras, se puso los zapatos, cogió su bolso y se marchó sin molestarse en cerrar la puerta.

        Sus hijos se quedaban solos... ¿Qué importaba? Ya nada valía la pena. Y todo eso le pasó por estúpida, por empeñarse en devolver la vida a los muertos, por creer que podía hacer cualquier cosa.

        Se metió en el coche y cogió el teléfono. Recordó la conversación telefónica que tuvo unos minutos antes de llegar a casa con Abby Bright.

        «Tenemos una de las peores crisis de seguridad que se recuerde —la había dicho—, Ángela tiene un poder sin precedentes, es por eso que el Consejo quería s toda costa esos trajes. Ahora está empeñada en destruir el mundo. Si sabes dónde puedo encontrarla llámame. Hay que acabar con ella como sea.»

        —Joder creí que nunca ayudaría a esa perra, pero me has obligado, Antonio.

        Seleccionó el contacto de la teniente y llamó.

 

 

 

        Antonio se había dormido junto a Ángela, abrazándola. No tendría mucho tiempo antes de que llegara su mujer y no pretendía quedarse dormido, pero su calor embriagador le envolvió hasta privarle del sentido. Estar cerca le privaba de toda voluntad y aún dormida producía un efecto imán con el que necesitaba un gran esfuerzo para separarse de ella.

        Un fuerte timbre le despertó. Era la puerta de casa, alguien estaba con el dedo pegado al botón de llamada.

        Ángela no se movió. Se levantó y miró la hora: ¡Las siete!

        Bajó a toda prisa y se encontró la puerta de casa abierta de par en par.

        Abby y John no necesitaron forzar la puerta.

        Al verlo asomarse, el vecino del chalet de la izquierda quitó el dedo del timbre. Pudo ver su cabeza sobresaliendo por encima de la valla de metro y medio.

        —Si no puede controlar a sus hijos, ¡no los tenga! ¿Tiene idea de la que me han liado en el patio?

        —Perdone, es que estaba ocupado y...

        —¡Han empantanado mi huerto!, esto me lo paga.

        «Encima que le riegan las plantas...»—Pensó Antonio divertido, pero prefirió no hacer el comentario.

        —¿Qué plantación tenía? —se burló sutilmente, pues no podía tener más de tres o cuatro ejemplares.

        —Patatas y tomates. Todo echado a perder —puso énfasis en la última frase como si le hubiera arruinado la vida.

        —Tenga —extrajo su cartera de su bolsillo y sacó cincuenta euros—. Con esto puede comprar lo que quiera el año entero.

        El vecino lo aceptó, aunque su mal humor no mejoró en absoluto.

        —Sugiero que les castigue porque si vuelve a pasar voy a tener que denunciarle.

        —No se preocupe, de esta se acuerdan.

        —Le deseo suerte. No le hacían mucho caso a su mujer.

        —¿Qué? Muchas gracias y perdone los problemas causados.

        Y se marchó.

        «¿Brigitte ha estado aquí?» —pensó alarmado.

        Antonio se fijó otra vez en la hora, las siete y diez. Ella solía llegar a las seis.

        Esa certeza le dejó sin respiración. Aunque lo que más le asustaba no era que le hubiera pillado con Ángela, sino que él mismo se alegrará por ello. Tenía cierto sentido que fuera ella quien abriera la puerta a John y Abby. Sin embargo, debía estar muy dolida para hacer algo así.

        Al volver al patio no encontró a Miguel ni a Charly.

        —¿Se ha llevado a los niños y nos ha traicionado? —Miró hacia la ventana de su habitación en la planta de arriba entre preocupado y emocionado. Su mente seguía festejando esas circunstancias por la mera idea de tener vida libre con Ángela—. Cómo se entere que Brigitte la ha delatado...

        Un pesado sudor frío surgió de su cuerpo cuando imagino lo que supondría su familia rota. Peor aún, que la mujer que dormía en su cuarto, quisiera cobrar venganza de la misma manera que lo hizo con los oficiales del EICFD.

        Como un zombi subió las escaleras y esperó indeciso frente la puerta de su habitación. Se preguntó si debía contarle lo de su tradición.

        Por otro lado, se preguntaba dónde habría ido con los niños. Entonces recordó que él mismo era capaz de saber su ubicación con el GPS de su teléfono móvil. Abrió la utilidad y seleccionó el icono de su mujer. En unos segundos le indicó que se alejaba de casa por la carretera nacional A—42, en dirección a Madrid.

        —Genial, ¿Y de qué me sirve esto? No puedo presentarme delante de ella usando esto ni nada. Pero, ¿de verdad quiero ir a buscarla? No tengo defensa posible.

        Suspiró y entró en su cuarto. Ángela se había marchado y su cama vacía fue como asomarse a un abismo de gran profundidad. Saber que ya no estaba a una puerta de la droga que emborrachaba sus sentidos fue doloroso.

        Y tuvo la extraña certeza de que las cosas estaban a punto de cambiar drásticamente.

 

 

 

        Montenegro esperaba en la sala de comunicaciones pues tenían una reunión urgente con el consejo, que convocó a las siete. Ningún monitor se encendía aún, cosa no tan extraña ya que los consejeros cumplían una agenda apretada y no se les pondría citar con tan poco tiempo de antelación.

        Incluso el americano, que fue el primero en confirmar su asistencia, seguía sin aparecer. El tema por el que fueron convocados sería el ataque a la desesperada a los dragones. No tenía ni idea de si los destruyó o, como profetizó Ángela, habría causado un cataclismo. Los satélites de la zona misteriosamente dejaron de emitir señales. La Polinesia francesa y gran parte del Pacífico sur estaban "apagados".

        Ángela anunció el fin del mundo y puede que fuera cierto, por ello quería hablar cuanto antes con el consejo, debía prepararlos y que tomaran las medidas oportunas para ponerse a salvo de un eventual terremoto apocalíptico.

        —Vamos, ¿Por qué no aparecen?

        Empezó a preocuparse pues, de haberse producido una catástrofe a escala mundial, podrían estar todos muertos y la base del EICFD sería el último lugar donde llegaría. Aquella isla estaba en las antípodas del silo desde el que fueron lanzados los misiles.

        —Iván, ¿Puedes conectar el televisor? —Llamó al técnico, pulsando el botón azul de la mesa central.

        —¿Desea ver alguna novela? Personalmente prefiero el porno pero para gustos... —Respondió intrigado, con tono jocoso.

        —Idiota, necesito saber si está pasando algo grave en el mundo.

        —Oh, creí que era Jorge gastándome una broma, disculpe señor. En seguida se lo miro, comandante.  

        —¡No tarde! —urgió, impaciente.

        —Estoy en ello.

        Escuchó que se movía al otro lado del comunicador mientras pensaba que ese técnico era un impresentable con el que resultaba complicado hablar en serio. Ambos, Sergio e Iván, eran muy buenos, pero se pasaban el día gastándose bromas.

        Entonces pudo oír una emisora de televisión, luego otra y así una buena cantidad de canales.  

        —¿Busca alguna noticia en concreto? —Preguntó—. Solo veo programación normal en todas las cadenas.  

        Montenegro se rascó la barbilla, pensativo. Eso significaba que no había noticias catastróficas. ¡Habría impedido Ángela la devastación! O simplemente se equivocó y la isla de los monstruos fue borrada del mapa.

        —He visto a Abby —dijo una mujer detrás de él—. No me preguntes dónde está ahora, no la volverás a ver, ni al capitán América. Os dije claramente que no me desafiarais.

        Al reconocerla, Montenegro se quedó blanco como la pared.  

        —Te juro que no sé de qué hablas.

        —Olvidas que no puedes ocultarme nada, comandante.

        Se volvió para verla con sudor frío en la frente. ¿Por qué había vuelto? ¿Quería destruir el EICFD? Desde luego nadie podría impedírselo.

        —Por eso sé que no le ordenaste que viniera a por mí. Pero tampoco se lo impediste.  

        —No me habría obedecido —se defendió, nervioso.

        —He acabado con los dragones, los grises y los misiles. También he roto algunos satélites del pacífico, pero ha sido sin querer por emocionarme aplastando las bombas en el espacio. La onda expansiva ahí arriba es terrible, no hay atmósfera que la frene.

        —¿Qué quieres de mí?... ¡coronel! —Se apresuró a completar Montenegro.

        —Quiero ver a mis amiguitos iluminados… ¿Cómo se hacen llamar? Iluminatis, Bilderberg… Rosacruces, Templarios…

        —Lo siento, para mí solo son "El consejo". Si supiera más no duraría...

        —Lo que un cristiano en un bar repleto de talibanes —le interrumpió.

        —Es tan secreto que nadie puede ni preguntar. Es mejor que no sigamos hablando del tema, lo escuchan todo.

        —A veces hablas como si fueras uno de ellos y otras pareces un peón sacrificable —Insistió melosa—. ¿Cuál es tu verdadero rostro, comandante?

        No necesitaba respuesta, ella escudriñaba su mente y sabía que debía la verdad. Quería que se sintiera insignificante y le divertía ver lo mucho que se indignaba y cómo se contenía por miedo a sus poderes.

        «Lograré que explotes, lástima que nos vayan a interrumpir.»—pensó.

        El monitor de más a la izquierda se encendió mostrando una silueta oscura protegido por una intensa luz detrás.

        —Montenegro, ¿cuál es la urgencia?

        —Yo os he convocado —Se adelantó Ángela—. Quiero ver vuestros rostros, conocer el cargo que tenéis y que sepáis que yo lo sé todo de vosotros. Yo orquestaré lo que quiero que hagáis. No volveréis a tener la voz cantante en este circo que habéis montado.

        —Montenegro, ¿qué significa esto? Hasta la vista...

        Intentó cortar la comunicación y no pudo.

        —No seas grosero —le retó Ángela con voz suave—, yo no te he faltado al respeto.

        —Comandante, le ordenó que corte la comunicación. Hágalo o tendré que hablar con los Bilderberg.

        Al ver que no lo conseguía el consejero se retiró unos segundos de la pantalla. Poco después se asomó con prudencia y al presentarse por la izquierda vieron claramente su rostro.

        —¿Cómo es posible? Lo he desenchufado.

        —Venga, no se esfuerce, que solo consigue ponerse en evidencia —Se burló la coronel—. Ni siquiera he tenido que usar mis habilidades. Es tan idiota que no se da cuenta de que ese es un ordenador portátil. Pero claro, se lo han dado todo hecho con padres millonarios, rodeado de gente que cobra una miseria por hacer su trabajo... En Israel hay menos riqueza desde que usted se encarga de la política exterior, a diferencia de su cuenta suiza, que tiene más ceros que Novita, el de Doraemon. Usted conoce a esos Bilderberg, eso me ha quedado claro. Dígales que quiero asistir a su próxima reunión en Turín, Italia.

        —¿Cómo demonios sabe eso? —Protestó indignado, fuera de sí—. Yo soy el único que lo sabía, ni siquiera se lo he comunicado a ellos. No lo he comentado ni registrado en ningún documento.

        —No se me escapa ni una. Y por favor, deje de mirarme las tetas. Se le está poniendo dura y cuando pasa eso se le traba la lengua. Convoquemos a esa chusma el 30 de mayo. A las once de la mañana estará bien.

        El consejero se sentó en su sitio, frente a la pantalla y su rostro volvió a envolverse en sombras al interponerse entre la luz y la cámara.

        —Eso es dentro de dos días, es una locura —farfulló.

        —Ya he dicho lo que tenía que decirle —concluyó Ángela—. Conexión fuera.

        El monitor se apagó sin que nadie hiciera nada.

        —Esa gente no admite chantajes —advirtió el comandante—. No se burle de ellos, no sabe el poder que tienen.

        —Sí que lo sé. Siguiente, quiero ver al rubio americano.

        Al instante apareció otro rostro oculto entre las sombras gracias a una bombilla trasera. Era el monitor principal.

        —Montenegro, llevo casi una hora intentando conectar, ¿qué demonios pasa?

        —Hola amiguito —Ángela le saludó con la mano sonriendo seductoramente.

        —Otra vez esa mujer —bufó, enojado.

        —Qué desagradable, yo si ardía en ganas de verte.

        Montenegro se puso pálido al ver que se ponía en pie, encolerizado.

        —No finjas que no piensas en mí. Me esfuerzo mucho para provocarte fantasías sexuales. Es malo darle al coco y más aún, ordenar mi eliminación inmediata. Pero lo entiendo, suelo intimidar a los hombres. Ninguno soporta que pueda controlarles. Sobre todo, los machistas como usted. Creen que son más fuertes por serlo y lo único que consiguen es ser más previsibles.

        —No tiene ni idea de con quién está tratando.

        —Su nombre es Fernando. No quiero aburrirle con mis trucos. He venido a hablar con usted, que es el consejero de más reputación, prestigio y autoridad. El EICFD ya no es su equipo de matones. Todo ha cambiado y volverá a ser independiente. No recibiremos instrucciones del consejo, al contrario, ustedes acatarán las nuestras —Montenegro la miró asombrado—. No quiero perder el tiempo con resto de consejeros, sé que usted es quien maneja sus hilos así que transmítaselo. De todas formas, como le he adelantado al primer ministro israelí, nos vemos en Turín. Resérvenme un asiento cerca del suyo.

        —¿De verdad cree que voy a bailar al son de su batuta? —Replicó, asqueado.

        —No le ha gustado mi propuesta. Está bien —contestó tranquila—. ¿Es por ser mujer? ¿Si hubiera sido un hombre me tomaría más en serio?

        —No me salga con feminismos. Sé quién es usted y lo de sus poderes, no me asusta. Solo es "La puta", la asesina chapucera de Luís Escobedo Fernández. No era nada comparada con su mentor, Frank, el solitario.

        Ángela palideció al escuchar hablar de su antiguo amante.

        —Usted le mató, no solo apretó el gatillo, también le ablandó, le hizo vulnerable. Su leyenda era impecable, antes de conocerla a usted. Antes, nadie que le identificara vivía para contarlo.

        —Esto fue hace mucho tiempo.

        —Somos nuestro pasado, el presente es efímero y el futuro una cortina de humo que desaparece en nuestras manos apenas lo alcanzamos.

        —¿Cree que me conoce? —Preguntó, amenazadora.

        —Por supuesto. Solo es buena en una cosa, follar. Y lo digo desde mi admiración más profunda. No puedo decirle la cantidad de veces que me he masturbado con la cámara que instalamos en su apartamento, se nota que disfruta con el sexo y le garantizo que hace disfrutar a cualquiera que la vea en acción. Una pena lo de su cicatriz, da un poco de grima. Y ese tatuaje tan espantoso que se hizo para disimularla lo único que logró fue empeorar su estigma.

        La chica no contestó. Simplemente le miró con odio fulgurando en su mirada.

        —De modo que deja de dar órdenes, puta. No eres nadie.

        —No creo que sea necesario faltar al respeto, consejero —la defendió Montenegro, tembloroso y mirando a la coronel de reojo.

        —¿Han estado espiándome en mi apartamento? —Inquirió conteniéndose.

        —Oh, ¿no lo sabías todo? Pues sí, Desde que sobreviviste al misil del bar Alberti. Eliminar a Becket y sus secuaces fue algo que nos preocupó, la verdad. Dos mujeres sin apenas recursos desarmaron nuestras operaciones en el sur de Europa, fue admirable que pudiera acabar sola con Alfonso Uriarte.

        » Nos costó encontrar a alguien que supiera obedecer sin rechistar, como él. Pero nada cuesta demasiado si lo adornas de billetes. Aunque estamos en deuda con usted ya que fue capaz de borrar del mapa al maldito Alastor. Ese viejo, menudo grano en el culo. El creía que nos lideraba, y con sus trucos mentales nos cagábamos en los pantalones cada vez que ordenaba algo.

        —¿Y así me lo paga? Faltándome al respeto, riéndote de mí —respondió ella.

        —¿Y qué va a hacerme?

        Ángela no estaba dispuesta a seguir escuchándole.

        —Te he permitido hablar porque necesitaba escucharte decir que eres el hijo de la gran puta que ordenó mi muerte. Creí que al llegar a Alastor había aniquilado la cabeza de la serpiente, pero parece que estaba equivocada. Lo he pensado mejor, no soporto la idea de un mundo donde una cucaracha como tú viva a sus anchas. Montenegro, encárgate de avisar al resto.

        —¿De qué? —Preguntó, asustado.

        —De esto —pronunció con todo su odio y mirando al consejero americano.

        Después de un chasquido de dedos el personaje del monitor comenzó a reírse de forma burlona. No explotó como una asquerosa bomba humana. De hecho, ni siquiera fue capaz de saber dónde estaba ni pudo leer sus pensamientos. Era una caja fuerte impenetrable.

        Ángela pestañeó varias veces. No podía creerlo. ¿Se le habían agotado las baterías divinas?

        —Querida, no eres la única que tiene uno de estos.

        Se levantó, se puso a la luz y se soltó la corbata para mostrar una tela plateada bajo sus ropas.

        —Ahora que estamos aquí los tres y nadie nos ve, dele las gracias a Antonio Jurado y su esposa. Los hemos localizado por el GPS de sus teléfonos y encontramos el escondite de esas criaturas marinas, no opusieron resistencia. Ahora tenemos sus dos trajes. ¿Y sabes qué he averiguado? Espero que no te importe que te tutee, puedo ser muy educado.

        La mujer se limitó a mirarlo sintiéndose impotente.

        —Por lo visto, usted no lo lleva —la señaló—. De modo que entiendo que se ha hechizado con uno, ha levantado todos los escudos sobre su persona e incluso ha blindado su poder. Pero...

        Guardó silencio unos segundos para aumentar la tensión.

        —No ha protegido su memoria. Ahora vuelva a su apartamento, olvídese del EICFD, del consejo, trabaje de cualquier cosa, pero no mate. Limpiaremos su nombre y nunca me recordará. Ya le haremos llegar sus nuevos papeles con su nueva identidad.

        Mostró su mano frente a la pantalla y chasqueó los dedos.

 

 

 

 

 

Comentarios: 15
  • #15

    Esteban (jueves, 24 octubre 2019 02:43)

    ¡Qué guay! Voy a salir en esta historia. Me conformo con ligar a Ángela o Amy. El sexo vendrá después.

  • #14

    Chemo (jueves, 24 octubre 2019)

    ¿Y no van a salir Chemo, Jaime o Alfonso?
    Ya tengo mucha curiosidad sobre "Temblores". Me pregunto de qué será.

  • #13

    Tony (miércoles, 23 octubre 2019 11:16)

    Otra pista sobre “Temblores”: Llevo muchos meses dándole al tarro y buscando algo que ocurrió de verdad. Siempre da más miedo lo que sabes que pasó que una simple paranoia del escritor.

  • #12

    Tony (miércoles, 23 octubre 2019 11:12)

    Estoy dando las ultimas pinceladas al relato de halloween 2019. Intentaré publica la parte 36 entre hoy y mañana para que “Temblores” cobre todo el protagonismo la semana que viene.
    Solo puedo adelantar que sale Yenny, Vanessa, Alejandro y Esteban.
    Y no, no habrá sexo (lo digo para que no pidáis higos chumbos a una margarita). XD

  • #11

    Yenny (martes, 22 octubre 2019 05:23)

    Llegué un poco tarde pero también me uno a la petición de la historia de Halloween.
    Esto no lo esperaba y concuerdo con Vanessa, no creo que Ángela pierda la memoria tan fácilmente.
    Ojalá puedas subir la próxima parte estos días ya quiero saber que pasará.

  • #10

    Alfonso (martes, 22 octubre 2019 02:10)

    Me gusta la idea de la historia sobre suicidios en masa. Y sobre Ángela, concuerdo con Vanessa. Es muy lista para dejarse vencer por el Consejo así de fácil.

  • #9

    Vanessa (martes, 22 octubre 2019 02:07)

    Chemo siempre de chistoso.
    Yo creo que Ángela tiene un as bajo la manga y no va a perder la memoria así de fácil.
    Yo también quiero historia de terror especial. Y como está de moda American Horror Story, quedaría bien una con asesinos seriales.

  • #8

    Tony (domingo, 20 octubre 2019 18:42)

    Je je, ese es Ironman. Solo es un símil, no tiene que ver con el consejero americano.

  • #7

    Chemo (domingo, 20 octubre 2019 18:30)

    Por cierto, el tío en la imagen de esta parte tiene más pinta de homosexual con tantos anillos enjoyados que se carga que el líder del Consejo.

  • #6

    Chemo (domingo, 20 octubre 2019 17:50)

    No me esperaba que el Consejo pudiera controlar a Ángela. Supongo que nunca hay que subestimar a un enemigo., sobre todo uno que tiene tanta experiencia.
    Esperando la historia especial de Halloween.

  • #5

    Alfonso (sábado, 19 octubre 2019 22:49)

    Ahora que Ángela parderá su memoria, la contrataré para que trabaje en mi bar. Jajaja
    Cada vez se pone más interesante la historia. Esperando más de Ángela. Me imagino que el Consejo va a subestimar a Antonio quien se las arregeglará para devolver la memoria a Ángela.

  • #4

    Alejandro (sábado, 19 octubre 2019 00:42)

    Si hubiera sido el líder del Consejo pediría que Ángela pensara que era mi esclava sexual personal. Más con toda la rePUTAción que le antecede.
    Haría muchas cosas con ese traje.

  • #3

    Tony (viernes, 18 octubre 2019 05:51)

    Tengo previsto escribir una sí. Y con suicidios.

  • #2

    Jaime (viernes, 18 octubre 2019 02:36)

    Menudo lío en que se ha metido Ángela. No me imagino cómo pudo derrotar el EICFD a los pleyadianos, más teniendo el traje a su disposición. Supongo que al ser pacifistas y faltos de egoismo, no saben cómo defenderse. Y lo peor es que Antonio ya no tendrá ni cómo defenderse.
    Bastante interesante la historia. ¿Habrá historia especial de Halloween este año? Yo pido una con una con súcubos.

  • #1

    Tony (viernes, 18 octubre 2019 00:33)

    Desde ya os pido disculpas por ese final tan abrupto. Pero ya alargaba demasiado esta parte y no podía seguir alargándola más.
    Y también os pido disculpas a los que esperabais más sexo. Tendréis que esperar un poco más.

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