Los últimos vigilantes

9ª parte

            Antonio la vio desaparecer con un nudo en el estómago. Se había deshecho del traje porque necesitaba cambiar el punto de mira del EICFD. Justo antes de quitárselo susurró una última orden: "En cuanto se lo ponga aparecerá en su casa y se olvidará de mi existencia".

            A él ya no le hacía falta esa tela pleyadiana. Podía lograr cualquier cosa sin ella aunque no le resultaba nada fácil. También sabía que Ángela le quería pero no era posible concederle su deseo de volver a estar con él. Lo mejor para todos era que no volvieran a verse nunca más y se olvidase de él.

            Se preguntó si hubiera podido resucitar a sus amigas de la otra línea temporal. Desde luego sin el traje sería muy difícil.

            —¿Ya se fue tu amiga? —Su mujer apareció detrás de él. No la escuchó entrar.

            —No era la que yo pensaba. La enviaron del EICFD, ha matado a mis amigas. Quería mi traje de los pleyadianos y tenía instrucciones de matarnos.

            —O sea, que era la de nuestro tiempo... Esa asquerosa nunca tiene buenas intenciones ¿Y la has fulminado? —Preguntó.

            —No, se lo he dado y la he hecho olvidarse de mí.

            —¿Cómo has dicho? —Brigitte abrió los ojos como platos.

            —Total, podemos tener más cuando queramos. ¿Puedes darme otro?

            —¡Eres tonto! ¿Cómo se te ocurre dárselo?

            —No lo entregará al EICFD.

            —¿Cómo lo sabes? ¿No dices que era su misión? Y... Si no lo lleva lo tendrá ella y te recuerdo que la última vez que tuvo poderes no fue haciendo obras de la caridad precisamente.

            Brigitte gesticulaba con las manos tan cerca de la cara de Antonio que creyó que le iba a pegar.

            —Nos ayudó y nos salvó. Confío en ella más que en el EICFD. Y con suerte se enfrentará a ellos y los eliminará para siempre. Esta vez no tiene jefe, ni órdenes. Creo que he hecho lo correcto.

            —¿Tu lo crees? ¿Y tú que vas a hacer sin uno?

            —¿Cómo? Dame otro. Solo tienes que pedirlo.

            —Sí claro, para que se lo regales al que pide en la esquina del supermercado. Esto es una gran responsabilidad, no puedes dárselo a cualquiera. Y menos aún a "esa".

            —¿No me lo vas a dar?

            —Sí, pero no te lo podrás quitar. Te concedo el poder del traje de los pleyadianos. No necesitarás llevarlo puesto porque serás tú el que tenga su poder. La única limitación que te impongo es que no podrás regalar esta magia a nadie.

            —¿Por qué? ¿Y si te quitan el tuyo?

            —Imposible, lo he destruido. Lo estuve pensando cuando me levanté por la mañana, es un engorro ponerlo y quitarlo. Y recordé lo que me dijo Amy ayer. No puedo exponerme a que me lo puedan robar y veo que no me equivoqué, hasta tú puedes quitármelo. Así que pedí que sus poderes pasaran a mi persona y luego lo hice desaparecer para siempre.

            —Bien hecho. Tú siempre piensas en todo —aprobó feliz de volver a tener el poder en sus manos—. Hora de probarlo, Thai ven aquí ahora mismo.

            Brigitte le miró con horror.

            —¿Qué he dicho? —Preguntó asustado.

            —No te lo he podido contar. Está muerta.

            —¿La has dejado morir?

            —Estaba muy viejita. Lo que hice fue acortar su dolor. Tuvo un ataque, se retorcía, se caía de lado y su columna se estaba torciendo haciéndola sufrir.

            —¡Y no podías haberla curado! —exclamó, enojado.

            —No es natural, amor. Tenía casi veinte años, ni escuchaba ni veía y ya estaba perdiendo el olfato. No somos Dios, no podemos retener a los animalitos que llama a su lado.

            —¿Crees que puedo traerla de vuelta si lo pido?

            —Hay cosas que no debemos hacer. Si nos otorgamos el poder de Dios, no merecemos estos poderes.

            —Pues la voy a traer de vuelta —se empeñó—. No puedo imaginar esta casa sin ella, al menos para que esté con nosotros un par de años más.

            —Los niños ya han asumido que está en el cielo, no les confundas, sé razonable.

            Antonio apretó los labios y recapacitó. Su mujer siempre tenía razón, pero sentía que a su perrita negra aun le quedaba mucha vida por delante. Para él, hace una semana, estaba más sana que ellos. Pensaba que nunca se moriría... Creía que si abría la nevera y escuchaba su plato de comida aparecería, como todos los días. Saber de repente que eso nunca pasaría le dolió en el alma.

            —No lo pasé bien mientras moría en mis brazos —explicó Brigitte—. Ni siquiera estabas conmigo... También habías muerto.

            —Lo siento, lo he fastidiado todo.

            Antonio cerró los ojos y dejó escapar unas lágrimas. En seguida se recompuso y dijo:

            —Bueno pues entonces traeré de vuelta a Ángela y Amy. Quiero que  las que fueron asesinadas por la otra de este tiempo, resuciten y aparezcan en esta sala ahora mismo.

            Ante el asombro de los dos, no ocurrió nada.

            —¿Qué pasa? —Preguntó, asombrado.

            —Que aparezc...

            —¡No puedes pedir algo dos veces! —Exclamó su mujer.

            Antonio se quedó mudo. Si no las había podido resucitar quizás ya no tenía ese poder.

            —Voy a flotar en el aire a un metro de altura —volvió a intentar.

            Saltó y cayó como si nada hubiera pasado.

            —No funciona, prueba tú.

            Brigitte se miró sus manos y proclamó.

            —Quiero tener un billete de diez euros en la mano.

            Y no apareció.

            —No lo entiendo —protestó Antonio.

            —Yo sí lo entiendo, estúpido. Le diste el original a Ángela Dark. La has hecho olvidar quién se lo ha dado y ha debido pedir que quiere ser la única que mantiene el poder. Espero que estés contento.

 

 

 

 

            —Quiero una copia del traje, que su poder se transfiera a mi cuerpo y ninguna otra persona del mundo tenga su magia salvo yo —formuló Ángela apenas unos segundos antes de que Antonio solicitara el regreso de Thai.

            Ángela se quitó el traje y con los dos atuendos entre las manos llamó a Montenegro por teléfono y le informó.

            —Señor, misión cumplida —afirmó.

            —Mandaré a alguien a buscarla. Buen trabajo, capitana Dark —puso énfasis en las dos últimas palabras—. ¿Se encargó también de Antonio Jurado?

            ¿De quién? Pensó rápido y respondió como pudo.

            —Aun no, pero lo haré y le avisaré.

            De pronto recordó que fue él quien se lo dio y que tenía la misión de acabar con él y su mujer pero no sabía nada de ese tal Antonio, ni siquiera podía visualizar su rostro, y sin embargo lo acaba de ver. Colgó y se observó la marca del hombro y espalda.

            —Desaparece para siempre, maldita cicatriz —sonrió pletórica al contemplar cómo se diluía como un recuerdo lejano.

            En un pestañeo su piel volvía a ser suave, igual que en el derecho. Ahora el tatuaje también la molestaba de modo que lo hizo desaparecer con una sencilla orden directa. Se puso el traje de escamas y metió los dos pleyadianos en una bolsa de plástico. Su tela seguía brillando por sus suaves hilos de plata.

            —Quiero saber todo sobre ese tal Antonio Jurado y cómo conseguí este magnífico traje —murmuró.

            Al momento recordó por completo la conversación con Antonio Jurado. Sonrió y sintió pena y rabia porque significaba que prefería no volver a verla más. Sin embargo pudo eliminarla y la perdonó, le dio el traje por propia voluntad y apeló a su amistad para que les quitara de encima el EICFD a él y su familia.

            —Lamento tener que eliminaros... Pero no voy a ser yo quien os mate. Cumpliré tu deseo, Antonio Jurado.

 

 

 

 

 

            —Despierte capitana Dark —Montenegro en persona se encontraba en el salón de su casa.

            —¿Me he dormido? —Qué raro, no se sentía cansada.

            —¿Estos son los trajes? —Preguntó el comandante, cogiendo la bolsa donde estaban guardados—Vaya, ¿y esa armadura de dónde ha salido? Es formidable.

            Ángela sonrió complacida.

            —Se la quité a mi otra yo. Ella no la necesitaría más.

            —Buen trabajo, espero que entienda por qué tuvo que eliminarla.

            —Sí señor. Y no tiene que volver a preocuparse por Antonio y su familia, también los he borrado del mapa.

            Sintió un pinchazo de culpabilidad al comprender que les había enviado a una muerte segura. La convicción de no volverle a ver le pesó en el alma mucho más de lo que esperaba.

            —Me consta que han desaparecido. Hemos estado vigilando sus movimientos desde el aire, con un dron de cámara térmica. Los dos se volatilizaron al mismo tiempo. Es una pena que los niños...

            —Señor, no tendrá que preocuparse por ellos. Me encargué de todos usando un traje. Han corrido la misma suerte. Espero que no le importe que lo haya utilizado, pero así pude comprobar que eran auténticos.

            —Por supuesto que no, y además se lo ha quitado. Jamás pensé que fuera usted tan leal. Bienvenida a la plana mayor, capitana Dark.

            —Qué bien suena eso, señor. Gracias.

            Qué contento y que amable estaba el comandante. Temía que después de coger la bolsa la intentara matar, como predijo Antonio, pero realmente parecía impresionado por su éxito. Mientras pensaba eso el comandante examinaba uno de los trajes con una amplia sonrisa de en la boca.

            —¿Qué se siente? —Preguntó con ojos ambiciosos.

            —La verdad, uno nunca quiere quitárselo. Pero no me interesan los trucos. Prefiero el trabajo, no tiene mérito conseguir las cosas con un simple chasquido de dedos, la vida no sería igual.

            —Es usted toda una filósofa, me gusta su actitud.

            Montenegro suspiro y dobló el traje con sumo cuidado.

            —Estaba aterrado sabiendo que estaba en manos de ese patán —comentó—. El mundo está más seguro ahora que no está. La felicito, puedo confesarle que pensé que no lo conseguiría. ¿Cómo consiguió que se lo quitaran los dos?

            —Solo se lo quitó él. Ya sabe, utilicé mis armas de mujer, siempre me han dado mejor resultado que las letales. Después pedí que apareciera el traje de Brigitte en mis manos, fue pan comido.

            —¿Le dejó con las ganas de sexo? —Inquirió Montenegro, sonriendo con picardía.

            —Ni me tocó.

            —En todos mis años de servicio jamás he dado con alguien tan leal y efectivo. Lamento haber prescindido de usted en el pasado.

            Suspiró caminando hacia la terraza del ático.

            —¿Me acompaña? Quiero que el consejo sepa quién ha sido la persona que ha cumplido su encargo, a partir de ahora será mi mano derecha. No es fácil encontrar personas tan leales y créame que he conocido a muchos pelotas insufribles.

            —Por supuesto, señor. Pero... Si no confiaba en mí, por qué me asignó esta misión.

            —Capitana Dark, acaba de ser readmitida. Era una prueba. Si la superaba tendría su ascenso directo y sino seguramente no habría sobrevivido. Así funciona el EICFD, todos nos tenemos que ganar los galones a pulso. Además era la única que tenía alguna posibilidad —Esto último lo dijo en tono extraoficial—. No me equivoqué. Suba a mi nave. Algún día le contaré cómo conseguí yo este cargo. Es una historia tan interesante que si no fuera confidencial y alto secreto, la escribiría yo mismo y me forraría.

            Ángela le siguió al exterior y vio el aparato. ¿Montenegro había ido solo, sin escolta? ¿Tanto confiaba en ella? Ni siquiera la había ocultado con el escudo óptico. Los vecinos de las torres de al lado podían verla.

            Le hubiera gustado escuchar lo que pasaba por su cabeza, ese hombre nunca expresaba con tanta alegría sus pensamientos. También sabía que podía estar al tanto de lo que acababa de hacer con todos los trajes existentes, que los había inutilizado, y cuando lo miró tan intensamente en su salón temió que se lo quisiera poner para probarlo. La mentira se habría descubierto y estaría obligada a matarlo y enfrentarse a la poderosa organización ella sola. Si él lo sabía, podía estar fingiendo. No podía bajar la guardia.

            No le gustaba la idea de destruirlos, quería seguir trabajando con ellos, luchar contra amenazas desconocidas, era apasionante y pagaban muy bien por ello. La hacía sentir bien, como si por ser la buena pudiera compensar los crímenes del pasado. No mintió al decir que no quería usar sus poderes abiertamente, todo seguiría igual y solamente los usaría en caso necesario. Cuando los científicos descubrieran que no había nada de magia en ellos siempre se acordarían lo que dijo Elias: Que los trajes no tenían ningún poder.

            Nunca descubrirían por qué dejaron de funcionar. Sospecharían de los... Pleyadianos... Pero ella era su ojito derecho, nunca la señalarían y si lo hacían podía convencerlos con una sola frase.

            Subió a la nave y se abrochó el arnés de acompañante, junto al comandante. Era una nave pequeña, similar al Halcón pero con unas curiosas alas triangulares. Cuatro motores tubulares los flanqueaban y sonrió al ver cómo flotaba en completo silencio.

            —Ahora que soy capitán, ¿me darán una de estas?

            —Ya le gustará, ¿Eh? —se jactó el comandante—. Para eso tendría que haber eliminado a Elías y todos los pleyadianos… Pero ahora que tenemos sus trajes no podrán esconderse de nosotros por más tiempo. Esto les va a encantar a los del Consejo.

            Activó la antimateria y volaron al cuartel.

            "Mierda"—pensó Ángela de repente—. Había inutilizado todos los trajes, pero no incluía a los que no lo necesitaban ¿Eso significaba que Elías y los pleyadianos aún podrían usar su magia? No había forma de saberlo.

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios: 6
  • #6

    Yenny (viernes, 14 diciembre 2018 03:08)

    Cierto que fue de Génesis en esta línea temporal?? Con tantos viajes de tiempo estoy algo pérdida.

  • #5

    Alfonso (jueves, 13 diciembre 2018 00:47)

    Menudo lío se ha vuelto esto. Antonio tiene que ser un verdadero imbécil para dar el traje a Ángela. La única forma en que puede terminar esto es que que Ángela sea traicionada y no le quede más remedio que traer de vuelta a la vida a Antonio.
    ¿Volveremos a tener noticias de nuevo sobre Génesis y a Verónica?

  • #4

    Tony (miércoles, 12 diciembre 2018 02:49)

    No, pero la organización sí.
    Publicaré la próxima parte antes del viernes.

  • #3

    Jaime (miércoles, 12 diciembre 2018 01:57)

    Yenny, de hecho ángela dice que Ángela desapareció a Antonio y su mujer, así que lo más probable es que dejaron de existir a partir de ese momento. Probablemente Ángela los volverá a revivir cuando el EICFD la traicione y su conciencia la haga recapacitar.
    Por cierto, en este mundo sin dragones, ¿todavía existe Alastor?

  • #2

    Yenny (martes, 11 diciembre 2018 22:44)

    Que triste que Thai ya no esté, me gustaba esa perrita y hubiera sido bueno verla en otra historia cazando sombras.
    Creo que Ángela debe haber ocultado a Antonio y su familia para protegerlos.
    Ya quiero saber como continuará, ojalá la otra parte se suba pronto

  • #1

    Tony (martes, 11 diciembre 2018 13:09)

    No olvidéis comentar.

Relatos olvidados

El mundo está lleno de misterios y secretos. Algunos tan grandes que necesitan ser silenciados (o puestos en duda a la luz pública) con el fin de no causar alarma social. ¿Podemos asegurar aquello que observamos? Incluso lo que nos cuentan lo dudamos. En definitiva, sólo creemos en algo si lo confirmamos con nuestros propios sentidos… Y a veces incluso dudamos de nosotros mismos. 

¿Cuántas cosas son reales de las que nos cuentan los periódicos? ¿Qué nos ocultan? La "verdad" es demasiado dura para que la sociedad la acepte. 

Ocurren sucesos dramáticos, impactantes, difíciles de creer y ya es hora de que alguien se atreva a contarlos.

 

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