Santa compaña

Se va con ella a su casa

 

    

 

            - De acuerdo, estaremos más seguros juntos - aceptó Antonio.

            Caminaron hasta su casa y allí ella le invitó a entrar.

            - ¿Quién es? - preguntó alguien, desde dentro.

            - Soy yo, mama - respondió ella, con tono aburrido.

            - ¿Mama? Quién eres, no tengo ninguna hija - replicó la anciana.

            Ise encogió de hombros y miró a Antonio con pesar.

            - La rutina de todos los días - le dijo -. Siento que tengas que ver esto.

            - No te preocupes mujer, siento no poder ayudarte.

            Le invitó al salón y luego, mientras él se sentaba ella se fue al piso de arriba a atender a su madre. Durante ese tiempo Antonio aprovechó para ordenar sus ideas y tratar de encontrar un culpable o una explicación a lo que estaba pasando. Sabía que había al menos dos asesinos ya que la mujer que le llamó, que no recordaba su nombre, aseguraba que se lo llevaron dos hombres arrastrándolo. Si lo llevaban a rastras debía estar inconsciente o muerto. Isa aseguraba que su padre estaba muerto, no sabía lo que había visto y después de esa horrible pesadilla no quiso quedarse ni un instante en la cueva. Si los culpables eran múltiples no podía descartar a Isa, que había evitado que viera nada y encima le había agredido. Ya tenía una cosa segura, Isa no era de fiar. De hecho, no lo era nadie en ese pueblo.

            Estaba claro que podía estar totalmente equivocado y haber solo dos asesinos. Isa podía estar diciéndole la verdad y en tal caso, solamente podía confiar en ella... Estaba confuso. Había tantas posibilidades de que ella fuera culpable como inocente. De que se empeñara en permanecer cerca para poder controlarlo como para estar seguros.

            - Debo seguir investigando sin que ella se entere.

            Se levantó del sillón, aprovechando que ella no estaba allí y salió de la casa intentando evitar hacer ruido al cerrar.

            ¿A dónde iría ahora?, pensó detenido en la puerta. Podía ir al hostal pero no podía dejarla sola, suspiró y pensó que lo más razonable era quedarse y esperar, decidir juntos qué debían hacer.

            Volvió a entrar y se sentó en el sofá a esperar.

           

            La tarea de Isabel, en casa, era muy dura. Le dijo que podía pasar la noche allí y que si quería podía ir a por sus cosas al hostal. Así lo hizo, matando el tiempo mientras ella la bañaba y le preparaba la cena.

            Cuando la acostó y pudo estar con él, Antonio estaba impaciente por verla.

            - Gracias por esperarme.

            - Menudo trabajo tienes aquí.

            - Sí, no me extraña que cobren un dineral por atender a los ancianos.  Mejor que pagarlo es no tener que ganarlo - añadió Isa.

            - ¿Qué viste en esa cueva? - preguntó Antonio, sin más preámbulos.

            - Una fosa común antigua y cuatro cadáveres decapitados. Seguramente...

            - ¿Tu padre?

            Ella asintió con la cabeza y llorando repentinamente.

            - Lo lamento de veras - dijo él.

            - Ya me lo esperaba, pero no deja de ser duro.

            - ¿No quieres volver para estar seguros de que él estaba allí? - preguntó él.

            - No podría.

            - Iré yo. Puedo ir mientras preparas la cena. ¿Me dejas una foto?

            - No puedes ir solo y menos de noche - le reprendió Isa -. ¿Y si te encuentras al asesino? ¿Si te matan a ti también? Además, no puedes ir y dejar tus huellas, pensarán que tú los mataste. Deberíamos ir a la policía y denunciar lo que hemos visto. Que sean ellos los que entren.

            Antonio negó con la cabeza.

            - ¿No decías que no hacían caso?

            - No vamos a denunciar una desaparición - alegó ella, descolgando el teléfono -. Hemos visto cadáveres.

           

            Isa llamó y un coche de la guardia civil se presentó en menos de una hora en su puerta. Les indicaron el lugar de la cueva y los agentes entraron con linternas. Les pidieron que por favor no se acercaran a la cueva mientras ellos investigaran.

            Antonio se apoyó en el todoterreno de la guardia civil y ambos esperaron impacientes sin decir nada.

            Cuando salieron, llamaron a la central y pidieron ambulancias para trasladar cuatro cadáveres.

 

            - Pueden irse a su casa, ya nos encargamos nosotros de esto - les dijo uno de los agentes -. No salgan del pueblo por si necesitamos una declaración en las próximas horas.

 

            Antonio durmió en la cama de la habitación de invitados y no pasó nada en todo el día siguiente. No tuvieron que declarar ya que la policía encontró pruebas que imputaban como culpable a un viejo solitario que todo el mundo, en el pueblo, le temía por ser un borracho y un hermitaño. No tenía amigos y según la policía, por las noches se dejaba llevar por sus creencias ocultas y se dedicaba a hacer rituales satánicos en aquella cueva. Antonio sabía que no podía ser el único culpable y fue a hablar con la mujer que le contrató. Ella le respondió que pudo haberse equivocado, quizás era un solo hombre el que se llevaba a la víctima ya que estaba muy oscuro.

           

 

            El caso estaba cerrado y una vez más, Antonio no había visto evidencia alguna de fenómenos paranormales.

            En cuanto a Isabel, llegaron a conocerse mejor ese día que estuvieron juntos pero había que ser realista. Ella no podía separarse de su madre y a él no le apetecía ir a verla cada poco tiempo, estaba demasiado lejos de Madrid. Las circunstancias les unieron más de la cuenta pero ninguno de los dos insinuó ningún tipo de afecto. Estaba claro que ambos preferían seguir solos o simplemente que a Isa no le gustó Antonio en ningún momento aunque a él le gustara pensar lo contrario.

 

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Comentarios: 5
  • #1

    tonyjfc (sábado, 22 enero 2011 10:29)

    Por favor, comentar qué os ha parecido la historia.

  • #2

    Lyubasha (sábado, 22 enero 2011 12:38)

    Hola Tony:
    Suelo seguir tus relatos con frecuencia y este me interesaba especialmente porque me gustó el otro que publicaste de Antonio Jurado.
    El relato en general me gustó, pero encuentro este final demasiado apresurado a partir del momento en que Isa realiza la llamada. Hubiera estado bien ver las impresiones de los guardias y saber un poco más sobre el pasado del borracho, explicar la reacción de la mujer cuando supo que solo se encontró un culpable...
    Pero lo dicho, en general me gustó mucho.
    Un saludo.

  • #3

    x-zero (sábado, 22 enero 2011 21:05)

    yo al igual que el de arriba suelo seguir tus relatos, tambien me gusto, aun que hubiera estado mejor si al final hubiera pasado algo paranormal
    saludos

  • #4

    Tony (lunes, 24 enero 2011 09:37)

    Podía haber contado algo más de lo que ocurre realmente pero este final es para animar a leer el otro, donde se cuenta todo lo que está pasando.

  • #5

    Carla (sábado, 02 julio 2011 00:43)

    Sigo todas tus historias en especial las de veronica y las de Antonio jurado, son muy buenas. Aunque me gusto la historia creo que el otro final le iba mucho mejor, este parecia que lo habias hecho con prisa.

Relatos olvidados

El mundo está lleno de misterios y secretos. Algunos tan grandes que necesitan ser silenciados (o puestos en duda a la luz pública) con el fin de no causar alarma social. ¿Podemos asegurar aquello que observamos? Incluso lo que nos cuentan lo dudamos. En definitiva, sólo creemos en algo si lo confirmamos con nuestros propios sentidos… Y a veces incluso dudamos de nosotros mismos. 

¿Cuántas cosas son reales de las que nos cuentan los periódicos? ¿Qué nos ocultan? La "verdad" es demasiado dura para que la sociedad la acepte. 

Ocurren sucesos dramáticos, impactantes, difíciles de creer y ya es hora de que alguien se atreva a contarlos.

 

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